Desde Salto y en la búsqueda de sus raíces italianas, María Florencia cambió su vida por completo al llegar a Costalta

“Una Zappaccini che è tornata dall´America”

A fines del siglo XIX y principios del XX llegó a nuestro país una gran oleada de inmigrantes, sobre todo europeos, que huyendo en muchos casos de la guerra, vieron en “la América”, un futuro mejor.
Aventurados en ese viaje y con la esperanza puesta en el trabajo y las ganas de salir adelante, se instalaron a Uruguay, un país recién parido a la vida independiente, que se transformó desde entonces en la patria de sus hijos, a quienes no dejaron de transmitir su amor por su tierra natal, esa que siempre recordaron con nostalgia.

María Florencia Balori Zappaccini en EL PUEBLO

María Florencia Balori Zappaccini en EL PUEBLO

Uno de esos inmigrantes fue Guerino Zappaccini, que llegó desde Italia junto a su familia a “hacer la América” y empezó a crear ladrillos. De sus tres hijos, Luigi Zappaccini, que había llegado siendo apenas un niño, con el tiempo se instaló en el pueblo de San Antonio (en Salto – Uruguay) y junto a su esposa, Teresa Vignoli continuaron con la empresa familiar hasta que ya no dio más y se dedicaron a construir fachadas al estilo italiano.
Desde entonces, su vida giró en torno a ese pueblo y la ciudad de Salto; y sus descendientes continuaron su legado sin pensar siquiera en que algún día volverían a la tierra natal de los Zappaccini.
Sin embargo, la presencia italiana continuó muy prendida en la familia y la bisnieta de Luigi, María Florencia Balori Zappaccini sintió desde pequeña la herencia italiana y todo lo referido a ese país le atraía.
COMO SI FUERA EL DESTINO
“Mi abuela siempre me hablaba de mis antepasados y eso siempre me quedó, pero nunca hubo una intención directa de mi parte de irme a vivir a Italia, las cosas se dieron después, como si fuera el destino”, comenzó diciendo a EL PUEBLO, María Florencia, en una mezcla de castellano e italiano que al hablar no la define de un lugar ni de otro, como si se sintiera con dos nacionalidades (tal como la definen sus documentos).

Primera generación de Zappaccini uruguayos en San Antonio y  al centro se ve a Teresa Vignoli esposa de Luigi Zappaccini

Primera generación de Zappaccini uruguayos en San Antonio y
al centro se ve a Teresa Vignoli esposa de Luigi Zappaccini

Después de terminar su carrera de arquitectura en Montevideo, viajó al lejano oriente, donde sus padres tienen contactos comerciales. “Como tengo facilidad para los idiomas, decidí aventurarme en esa nueva experiencia y me fui a vivir a Pequín (China), estuve enseñando español en una universidad y trabajé como arquitecto. Al tiempo me volví a Uruguay porque me resultó asfixiante el estilo de vida y unas amigas italianas que conocí en Pequín, me invitaron a ir a Italia en unas vacaciones. Cuando estuve allí, me enamoré definitivamente de ese lugar”, comentó.
EN BUSCA DE SUS RAÍCES
En Italia, quiso conseguir la nacionalidad italiana pero al no saber con precisión el pueblo donde habían nacido sus antepasados, todo se volvió cuesta arriba.
“Yo había prácticamente abandonado la posibilidad de conseguir la ciudadanía italiana y un día, buscando en internet, me apareció el nombre de Celso Zappaccini, que formaba parte de una página donde se recordaba a todos los que habían muerto en la Primera Guerra Mundial y decía que había nacido en Pecorara. Eso me hizo pensar que podían ser familiares, entones escribí al Comune de ese lugar para averiguar si había algún registro. Creo que a las dos horas que les pregunté me respondieron al correo diciendo que sí, que tenían todos los documentos y a partir de ahí fue como ¡wow, los encontré! y el camino se hizo más fácil”, relató Florencia, a la vez que agradeció especialmente la ayuda que le dio Federico Vero en todo ese proceso para conseguir su ciudadanía italiana.
“UN ENCUENTRO INCREÍBLE”
“Finalmente, me fui un 25 de abril al pueblo de mis antepasados para conseguir lo que me faltaba, tuve que tomar muchos ómnibus para llegar a Pianella (un lugar cerca de Pecorara, el objetivo de Florencia) y ese día era feriado así que no tenía como llegar. Pero yo no podía quedarme allí a medio camino, así que otra vez me fui a internet, vi que

Florencia junto a Fermo Zambianchi hijo de María Zappaccini en Italia

Florencia junto a Fermo Zambianchi hijo de María Zappaccini en Italia

quedaba a 12 km de donde estaba, así que me fui a pie por entre las colinas. Cuando llegué, entré en contacto con el Síndaco del lugar y enseguida me facilitó los documentos para conseguir mi ciudadanía italiana. Yo estaba feliz”, señaló.
“Era la primera descendiente de italianos que reclamaba la ciudadanía en ese lugar. Entonces, empecé a preguntar si quedaba algún Zappaccini en ese pueblo y resulta que sí había y estaba cerca. “Cuando lo vi me di cuenta que tenía que ser Zappaccini porque era idéntico a mi abuelo, verlo era una cosa impresionante, por el parecido que tenía con mi abuelo. Después, me llevaron a su casa que queda en Fracción de Costalta, otro pueblo muy próximo a Pecorara, de 40 habitantes, que fue donde nació mi tatarabuelo. Me recibieron de maravilla, para ellos era “la parienta que volvió de la América” y fue un encuentro increíble, porque siempre se habían preguntado qué había sido de sus parientes que se habían ido a América. Ellos prácticamente me adoptaron con su cariño y su amabilidad y me ayudaron en todo, así que a los dos meses conseguí la ciudadanía. Al tiempo mi familia de aquí de Salto pudo ir a visitarlos y yo me quedé en Milán, me compré ahí mi casa y formé mi familia. Cada tanto vamos al pueblo a ver a los parientes, ellos me enseñaron a hablar el dialecto piacentino, que es muy cerrado y a cocinar sus platos típicos. Es muy gracioso, a todo el mundo me presentan como la parienta italiana que volvió de América y me han hecho sentir que soy su familia, su sangre y estoy muy feliz”, concluyó María Florencia.







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