El arte de estimular la lectura y la creatividad de los niños

Programa de Acercamiento a la Literatura Infantil «Te regalo un sueño» 

La lectura no es una vocación natural en la mayoría de los niños y, además, la asocian siempre con una obligación de tipo escolar o como una manera de sustraerlos de ocupaciones que les son más gratas, como ver la televisión, o cualquier otra actividad que les produzca placer y diversión. Surge en México y luego se divulga en los diferentes proyectos de lectura el Programa de Acercamiento a la Literatura Infantil “Te regalo un sueño”.lecturaniños001
Los hombres sabios no solamente transmitían conocimientos sino el espíritu que llegaba de manera oral, vivo, de familia en familia. Los sabios, eran los directores de esta intención educativa; hacer que los hombres tuvieran cara y corazón. No era suficiente con impartir conocimientos, había que dar a la persona cara con que presentarse y formar el corazón, es decir dar integridad a la persona. Hacerlo el dueño de su rostro y de su corazón, tener dominio de sí mismo, ser dueño de su mirada, de sus expresiones faciales.
Una escuela, se incorporaba al niño o al joven a las formas de vida y cultura de la comunidad.
Cuando los padres entregaban a sus hijos a los maestros decían: – hijo aquí estamos tu madre y tu padre que te hemos engendrado, pero aquí están tus verdaderos padres y tus verdaderas madres que te han de abrir los ojos y los oídos y te enseñarán las cosas de nuestro señor.
Durante estos siglos y después de la llegada de los españoles esta intención de cultivar las bellas artes y educar integralmente a las nuevas generaciones, continuó. El espíritu de entrega absoluta predominó en el maestro, había congruencia entre padres y maestros. Había entrega deliberada consciente de mi paternidad a ti maestro; recepción consciente de ti maestro de la paternidad mía que ahora es tuya.
Pero vinieron los cambios, se perdió la congruencia de padres y maestros. Unos cuantos tomaron en sus manos la educación, impusieron leyes y programas que fueron matando el espíritu de dar, enseñar, transmitir conocimientos. Dar rostro y corazón a los educandos, dar integridad a las personas.
La educación ha perdido el humanismo en el laberinto de la técnica, se ha despersonalizado, en una educación masificada, sin valores éticos, fría, sin corazón, que ha dado por resultado, en incontables ocasiones, analfabetismo funcional.
¿Y cómo rescatar ese espíritu?
Todos básicamente somos educadores, el mundo en el que vivimos no es el mismo de los sabios del Calmécac o el cuicacalli, hoy día nuestros hijos, nuestros alumnos no se asombran al ver una estrella fugaz, ni un eclipse de luna o de sol. Este poder de asombro se ha perdido. Los niños de hoy poco han heredado de sus ancestros o poco han querido tomar de ellos.
¿Y LOS PADRES DE HOY, Y LOS MAESTROS DE HOY…?
Sin embargo no son pocos los que han querido construir su propio cuicacalli y, con el espíritu de los sabios nahuas y de tantos otros que nos antecedieron, luchar por educar, por formar personalidades.
Y aquí estamos en vísperas del siglo XXI llenos de anhelos, ilusiones y deseos de pulir y acrecentar el trozo de cristal que junto con otros forman el caleidoscopio del hombre íntegro.
El cristal ámbar de las letras y su lectura. El libro, que recoge la antigua sabiduría, el recuerdo de nuestro pasado y tanto más. Cuenta Sahagún que en tiempos remotos en el mítico lugar Tamo a chan, los sabios eran poseedores de los libros de pintura y todas las artes. Pero un día estos sabios, obedeciendo la inspiración de su Dios, tuvieron que marcharse a oriente, hacia la región de las aguas inmensas.
El cristal ámbar, de la literatura sólo lo podremos pulir e integrar si estamos poseídos de un espíritu de entrega, si estamos enamorados de nuestra tarea. El amor es la mejor pedagogía: el amor es el que impulsa todo el quehacer educativo. Pero «no sólo de amor vive el hombre». Conocimientos, creatividad, sensibilidad, son indispensables para dar brillo y valor a nuestro trabajo.
HACER QUE LOS NIÑOS LEAN
Nuestro trabajo, nuestro empeño.
Hacer que los niños lean, que gocen sus lecturas, que se manifiesten oralmente y por escrito. Recoger el cúmulo de palabras llenas de sabiduría, de amor y humor de los libros antiguos o recién nacidos. Atrapar los sonidos, los ecos, de las leyendas, los consejos, las metáforas, la poesía, el canto que aún sale de boca de los ancianos que repiten y reinventan lo que sus antepasados y los antepasados de sus antepasados han contado y fabulado.
Apropiarse de los juegos que han jugado los niños americanos generación tras generación.
Nuestro trabajo, nuestro empeño.
Llegar a la lectura cantando, contando, jugando, leyendo.
Nuestro trabajo, nuestro empeño.
Jugar, con las palabras, con los cuentos, con sus personajes. Habitar sus lugares, adivinar sus pensamientos, Hermanar los libros, la literatura, la palabra con los juegos tradicionales, los nuevos o los inventados formará lectores.
¿Cuántos niños en nuestras tierras estarán apretando botones y con la vista fija en muñecos que destruyen para tener éxito? ¿Cuántos de nuestros niños son totalmente ajenos a la magia de la palabra?
Padre, madre, maestro, maestra, es tiempo que todos construyamos nuestro cuicacalli, ese lugar impregnado de arte, de palabras que suenan y se quedan en el corazón, lleno de sensibilidad y sabiduría.
Con la nostalgia de otros tiempos, pero con la esperanza en el presente y con el pleno convencimiento de que hoy, más que nunca, la lectura atraviesa por una fuerte crisis y se encuentra en franca y desventajosa competencia con la promoción de una cultura insulsa, banal y peligrosa, es necesario encontrar la forma de acercar a los niños a la lectura. La tarea no es fácil, los padres quieren que sus hijos lean pero ellos no lo hacen, la educación no está organizada para que el niño piense, sino para que memorice, a muchos maestros no les interesa si el niño comprendió o no, lo único que cuenta es que den la respuesta adecuada.
La lectura no es una vocación natural en la mayoría de los niños y, además, la asocian siempre con una obligación de tipo escolar o como una manera de sustraerlos de ocupaciones que les son más gratas, como ver la televisión, o cualquier otra actividad que les produzca placer y diversión.







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