El centralismo también impacta en nuestro bolsillo

Viajar es una necesidad. La mayoría de las veces es una necesidad social, mental y psicológica. Porque precisamos como seres humanos poder distendernos y poner la mente en blanco. Pero es necesario poder salir a conocer diferentes mundos y formas de vivir que tiene la gente por ahí.
Además de conocer lugares y saber que hay muchas otras cosas que también existen y que pueden cambiar nuestra forma de ver el mundo.
Pero también está la necesidad de viajar por situaciones personales, las que nos obligan a salir del terruño y a tener que llevar adelante algunas actividades que impactan en nuestra vida cotidiana, como ser casos de trabajo, o asuntos familiares que resolver.
Este tipo de situaciones siempre están presentes en nuestra sociedad y nos pasan a todos. El tema es que cuando debemos salir por un imprevisto, que por lo general son hechos que nos obligan a ir sea donde sea, tenemos que mirar el bolsillo antes y decidir cómo hacer para viajar sin salirnos del presupuesto.
Por eso, en esta edición de nuestra sección semanal Detrás de los Números, describiremos los costos que pueden llegar a surgir, si tenemos que aprontar un bolso y salir rápido hacia un lugar para realizar trámites, o atender situaciones que no podemos impedir.
HACIENDO EL BOLSO
Desde que surge la salida, tenemos que entrar a buscar la manera de hacer todo rápido y corto. Chequear el dinero que tenemos en el bolsillo y buscar la forma de viajar con lo necesario para el tiempo que vamos a estar en el lugar de destino.
Por lo general, las salidas rápidas como éstas, requieren de nuestra inteligencia, dedicación y sapiencia para poder hacer las cosas bien y aprovechando el tiempo al máximo posible.
Supongamos que el lugar es Montevideo, donde todo se concentra. Y donde tenemos que estar muchas veces hasta por lo más mínimo. Por eso, lo primero que hacemos es ir a comprar un pasaje. Allí ya desembolsamos 1.200 pesos, de una. No tenemos muchas opciones.
Pero esto viene acompañado de otras cosas, como por ejemplo, tener que salir con algo puesto. Comprar víveres para el camino, y así  gastamos otros 200 pesos, entre refrescos por 30 pesos, galletitas por un monto similar, el diario para leer, 19 pesos, chicles, yerba para el mate, un desodorante 76 pesos y pasta de dientes 97 pesos, infaltables en esta ocasión.
Salir hay que salir, pero no hay que dejar de hacerlo sin estar preparado. Al llegar al lugar, en este caso la capital, salimos al lugar determinado y el taxi nos impone la tarifa en 100 pesos redondos. Y luego depende de la diligencia que fue a cumplir los costos que se suman.
Póngale que se trató de documentación que debe tener en sus manos para traer a casa. Y los costos nunca son inferiores a los 500 pesos, entre fotocopias, timbres y algún impuesto que debe abonar para acceder a los trámites deseados.
A la salida de la oficina a la que fue a hacer el trámite, otra vez volver atrás. Pero antes hay que almorzar, o merendar, depende de la hora a la que haya terminado de hacer sus vueltas, y los costos son variados. Desde un menú ejecutivo por 250 pesos con plato principal, refresco y postre incluido. Hasta un almuerzo completo que puede llegar a costar unos 450 pesos por persona.
Aunque quien anda rápido y está cansado de haber tenido que salir corriendo de casa, para volver a tener que hacer esa cantidad de kilómetros de  inmediato, lo mejor es comer al paso. Carritos o expendedores de comida rápida son lo mejor y pueden ofrecerte un menú por 100 pesos.
Con todo, volvemos y si no nos fueron a esperar tenemos que irnos en taxi, que en Salto, de noche, sea para donde sea, no baja de 120 pesos.
En pocas horas, se nos fueron cerca de 2 mil pesos del presupuesto y todo por el centralismo.

Viajar es una necesidad. La mayoría de las veces es una necesidad social, mental y psicológica. Porque precisamos como seres humanos poder distendernos y poner la mente en blanco. Pero es necesario poder salir a conocer diferentes mundos y formas de vivir que tiene la gente por ahí.

Además de conocer lugares y saber que hay muchas otras cosas que también existen y que pueden cambiar nuestra forma de ver el mundo.

Pero también está la necesidad de viajar por situaciones personales, las que nos obligan a salir del terruño y a tener que llevar adelante algunas actividades que impactan en nuestra vida cotidiana, como ser casos de trabajo, o asuntos familiares que resolver.

Este tipo de situaciones siempre están presentes en nuestra sociedad y nos pasan a todos. El tema es que cuando debemos salir por un imprevisto, que por lo general son hechos que nos obligan a ir sea donde sea, tenemos que mirar el bolsillo antes y decidir cómo hacer para viajar sin salirnos del presupuesto.

Por eso, en esta edición de nuestra sección semanal Detrás de los Números, describiremos los costos que pueden llegar a surgir, si tenemos que aprontar un bolso y salir rápido hacia un lugar para realizar trámites, o atender situaciones que no podemos impedir.

HACIENDO EL BOLSO

Desde que surge la salida, tenemos que entrar a buscar la manera de hacer todo rápido y corto. Chequear el dinero que tenemos en el bolsillo y buscar la forma de viajar con lo necesario para el tiempo que vamos a estar en el lugar de destino.

Por lo general, las salidas rápidas como éstas, requieren de nuestra inteligencia, dedicación y sapiencia para poder hacer las cosas bien y aprovechando el tiempo al máximo posible.

Supongamos que el lugar es Montevideo, donde todo se concentra. Y donde tenemos que estar muchas veces hasta por lo más mínimo. Por eso, lo primero que hacemos es ir a comprar un pasaje. Allí ya desembolsamos 1.200 pesos, de una. No tenemos muchas opciones.

Pero esto viene acompañado de otras cosas, como por ejemplo, tener que salir con algo puesto. Comprar víveres para el camino, y así  gastamos otros 200 pesos, entre refrescos por 30 pesos, galletitas por un monto similar, el diario para leer, 19 pesos, chicles, yerba para el mate, un desodorante 76 pesos y pasta de dientes 97 pesos, infaltables en esta ocasión.

Salir hay que salir, pero no hay que dejar de hacerlo sin estar preparado. Al llegar al lugar, en este caso la capital, salimos al lugar determinado y el taxi nos impone la tarifa en 100 pesos redondos. Y luego depende de la diligencia que fue a cumplir los costos que se suman.

Póngale que se trató de documentación que debe tener en sus manos para traer a casa. Y los costos nunca son inferiores a los 500 pesos, entre fotocopias, timbres y algún impuesto que debe abonar para acceder a los trámites deseados.

A la salida de la oficina a la que fue a hacer el trámite, otra vez volver atrás. Pero antes hay que almorzar, o merendar, depende de la hora a la que haya terminado de hacer sus vueltas, y los costos son variados. Desde un menú ejecutivo por 250 pesos con plato principal, refresco y postre incluido. Hasta un almuerzo completo que puede llegar a costar unos 450 pesos por persona.

Aunque quien anda rápido y está cansado de haber tenido que salir corriendo de casa, para volver a tener que hacer esa cantidad de kilómetros de  inmediato, lo mejor es comer al paso. Carritos o expendedores de comida rápida son lo mejor y pueden ofrecerte un menú por 100 pesos.

Con todo, volvemos y si no nos fueron a esperar tenemos que irnos en taxi, que en Salto, de noche, sea para donde sea, no baja de 120 pesos.

En pocas horas, se nos fueron cerca de 2 mil pesos del presupuesto y todo por el centralismo.

Los Números:

1.200 pesos por un pasaje

450 pesos por un almuerzo

500 pesos en trámites

120 pesos un taxi

2 mil pesos de costo







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