El crimen de servir y el acto de ser vil

Recibimos y publicamos 

Dr. Guillermo de Nava

Días atrás, las autoridades de la Intendencia de Salto retiraron los retratos de dos intendentes no-electos de este departamento de la galería correspondiente, en el marco de la conmemoración por “el Golpe de Estado y en el Mes de los Derechos Humanos”.
Cuando uno analiza el texto y tenor de los discursos que ha reproducido la prensa, es imposible no pensar que, más que un acto de defensa de valores supremos de las personas y de la democracia, se parece más bien a un acto partidario, con sus características frases hechas y sus particulares fuegos de artificio.
Es que si auténticamente se desea contribuir al “Nunca Más”, si en verdad se desea ejercer una genuina defensa de los derechos más elementales de las personas, entonces los auspiciantes deberían comenzar por hacer una autocrítica y asumir la cuota parte de responsabilidad que tuvieron en su tiempo ciertos partidos de izquierda y, particularmente, aquellos que entendieron que la lucha armada contra la democracia era una manera genuina de alcanzar el poder. Es probable que esa autocrítica deba alcanzar también a aquellos quienes, desde distintos ámbitos, los justificaron, fomentaron, o fueron condescendientes con ellos. Porque fue precisamente esa lucha terrorista la que dio el puntapié inicial y atentó contra las instituciones democráticas, y esa agresión empezó a darse ya en los primeros años de la década del 60 en nuestro país, lo que comenzó a debilitar paulatinamente nuestra democracia que, dicho sea al pasar, muchos de los grupos y subgrupos que hoy integran el Frente Amplio, consideraban peyorativamente como “valores burgueses”.
Celebramos que actualmente no sea así, y que el tiempo y las circunstancias les hayan enseñado que la democracia, con sus defectos e imperfecciones, es el mejor sistema al que podemos aspirar.
Sin embargo, si el deseo de fortalecer las Instituciones democráticas por sus devenidos defensores es auténtico, si esa intención de defender valores fundamentales que garantizan nuestra convivencia pacífica es genuina, quizás convenga sugerir que aquellos que llevaron a cabo el acto de marras, abandonen esa memoria hemipléjica que solo recuerda malamente lo que mezquinamente conviene recordar, para comenzar a contemplar toda la historia y asignar también responsabilidades a los actos de sus propios partidos y sus propios dirigentes. Solo así su discurso dejará de ser exclusivamente “para la tribuna”, trascenderá y se cargará de significado, para llegar con buen poder de convicción a los ciudadanos.
Eso quizás suponga también, la necesidad de mantener ese “chip de defensa de la democracia” para hechos de actualidad, condenando cuando se deba condenar, – y esto solo lo mencionamos como meros ejemplos-, aquellos actos como los del Presidente Maduro de Venezuela, que encarcela opositores y oprime a los ciudadanos, la inconmensurable corrupción de gobierno de los Ex Presidentes Lula y Russeff en Brasil, o a la dictadura más duradera de América Latina, la de los hermanos Castro, en Cuba.
Pero independientemente de las anteriores consideraciones, me interesa subrayar, como hijo de uno de los intendentes cuyo retrato fue retirado en ese acto de “Apartheid”, algunos aspectos que conviene dejar a consideración, sobre todo de aquellos más jóvenes, que no conocen bien la historia y solo escuchan las voces, no siempre bien intencionadas ni objetivas, de los revisionistas de lo acontecido por aquellos años tan difíciles. Mi padre era Subdirector de la Escuela Militar cuando, unos días después de la trágica muerte del intendente electo de Salto, el Arq. Nestor Minutti, recibe la orden del mando castrense de hacerse cargo del Municipio de este departamento. Así que en ese momento tuvo que dejar un destino en el que se sentía a gusto, para ir a un cargo que, no solo no se encuadraba dentro de su vocación, sino al que jamás aspiró ni consideró ocupar. Al hacerse cargo de la Intendencia, comenzó por formar un equipo de trabajo eficiente, -muchos de sus integrantes trabajaron en comisiones honorarias-, del cual pronto comenzó a sentirse orgulloso, con gente de diferente filiación política, incluso algunos votantes del Frente Amplio.
Dirigió una administración seria y austera, pero que llevó a cabo una increíble cantidad de obras. En el lapso que va desde el 28 de julio de 1977 al 24 de febrero de 1983, se construyeron y repararon 2.900 kms. de caminos rurales, incluida construcción de 8 puentes. Se trazó y construyó los 20kms. de bitumen de acceso a Termas del Arapey, en donde no solo se llevó la luz eléctrica, se construyeron nuevas piscinas, 25 viviendas para el personal, el Hotel Municipal, se puso cordón cuneta y bitumen a sus calles, sino que se recuperó para la Intendencia unas 18 hectáreas en el corazón de las Termas, en donde estaba su pozo, que habían sido enajenadas en el pasado.
En las Termas del Daymán no solo se construyeron 3 nuevas piscinas circulares, los parkings, los vestuarios, el sauna, los enjardinados y el parador, sino que además se llevó la luz eléctrica (hasta entonces se manejaban con un motor generador), tan importante para ese centro turístico.
En la ciudad, se amplió el Palacio Municipal en 4.500 mt2, se construyó la Oficina de Turismo en calle Uruguay, el gimnasio en Salto Nuevo, se remodeló el viejo liceo Ipoll de calle Brasil, se pusieron 2.304 nuevos focos de alumbrado público, se construyeron cordón cuneta y pavimentaron 309 cuadras, se unió la costanera Norte y Sur con un nuevo puente en los Algarrobos. Se construyeron 474 viviendas en Barrio Artigas y 174 viviendas precarias para inundados en Barrio Minervine.
Por primera vez en Salto, se organizó el trabajo de Asistentes Sociales en los barrios, en una labor social extraordinaria. Se construyó el nuevo Frigorífico Municipal y la Plaza de los Recuerdos (en donde había viviendas que se inundaban a menudo).
Se construyeron 13 kms. de Costanera Norte hasta la represa de Salto Grande y se adquirieron 43 hectáreas del entonces Parque Indígena, hoy parque Horacio Quiroga.
Se adquirieron las 553 hectáreas del Parque del Lago, con la plantación de 800 mil árboles de distintas especies, y el desarrollo de ese hermoso lugar.
Se elaboraron viveros municipales con una capacidad instalada de 2 millones de plantas. Y esta es solo una lista incompleta de una labor extraordinaria que los devenidos detractores ignoran, o pretenden ignorar, y que dejó la Intendencia no solo saneada, sino con un monto de dinero importante en sus arcas para la siguiente administración.
Una vez restaurada la democracia en Uruguay, y con los sucesivos gobiernos electos, mi padre, ya como General, fue Jefe de la Casa Militar de la Presidencia, Jefe de la División de Ejército III, y Comandante en Jefe del Ejército. Una vez retirado, fue además Presidente del Supremo Tribunal Militar, hasta incluso durante el primer Gobierno del Dr Vázquez, quién agradeció su labor y servicios prestados cuando renunció, en una carta que tuve oportunidad de leer.
El Palacio Córdoba, el recinto desde donde los detractores lanzaron sus discursos el otro día, y desde donde se pretende someter la figura de mi padre a una especie de escarnio público, también se adquirió durante su Intendencia, por lo que se me antoja que, más allá de la ubicación circunstancial de su retrato y del hecho que momentáneamente esa Casa cobije a gobernantes “de tiro corto” y sin visión de futuro, el mismísimo Palacio se erige como una especie de monumento, silencioso pero imponente, que homenajea con toda justicia, no solo su obra, sino su vocación de servicio, su honestidad y su estatura moral.