El cura salteño que le hace los números al Cardenal Sturla

Desde Montevideo. Por: Wenceslao Landarín

Pablo Coimbra es un salteño que con 18 años de edad se vino a Montevideo, se recibió de contador público, trabajó en el Banco de Previsión Social (BPS), y ya de grande se le dio por ser cura, es hoy el ecónomo de la Iglesia Católica de Montevideo. Sigue diciendo en todos lados que Salto es el mejor lugar del mundo y recuerda su infancia, sus andanzas con amigos, su familia y la vocación a la que se abrazó de grande.
INFANCIA Y ADOLESCENCIAcoimbra caricatura
Nació en Salto el 7 de noviembre de 1970, es el mayor de 7 hermanos e hijo de José Pablo Coimbra y Ofelia Achigar, actualmente jubilados, con 47 años de casados y sobre los cuales no duda en decirnos que “son un gran ejemplo de amor matrimonial”. Su abuelo paterno, José Coimbra era brasileño y su abuela paterna, María Angélica Muffolini, aún vive, tiene 90 años, nacida en Salto e hija de padres italianos.
Su abuelo materno, Pedro Achigar, nacido en Paysandú, es de origen vasco, fue gerente de la embotelladora Orange Crush (de donde su padre, José Coimbra, era jefe) y su abuela materna, Adilcia Juanicotenea, también es salteña y de origen vasco.
Hasta los 18 años de edad, Pablo vivió en Salto. “Durante mi niñez y la primer etapa escolar vivimos primero en una casa de altos por avenida Barbieri esquina Bilbao”. Recuerda que los fines de semana, concurrían a la misa de las 11 horas a la parroquia Nuestra Señora Del Carmen y luego del almuerzo solían ir a las matinés del cine Plaza, frente a la Plaza de Deportes.
“Como era común en la época, solíamos juntarnos todos los gurises del barrio a jugar a las escondidas, tomando como límites toda la ciudad de Salto, jugábamos en la calle al fútbol y pasábamos de casa en casa de todos los vecinos del barrio. Era horrible jugando al fútbol, pero igual jugábamos. En el verano hacía natación en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ), formaba parte del plantel y en invierno practicaba Judo. Un par de años estuve participando de algunas prácticas en el club de básquet Universitario y en la escuela Hiram asistía a un taller de dibujo”, comentó.
Al iniciar la etapa liceal “con mis amigos organizábamos idas a las termas de Daymán en bicicleta a pescar debajo del puente, llevábamos (por las dudas) unos chorizos para hacer a la parrilla y de paso nos hacíamos de algunas naranjas de las quintas al costado de la ruta, camino a las termas. Frecuentemente organizábamos algunos días de campamento en algún monte a orillas del Arapey o el Daymán, donde pasábamos unos días de pesca en bote, truco, folclore y guiso. Entre las travesuras de niños no faltó el ring raje, las llamadas telefónicas molestando a algún vecino de Salto, las bombitas de agua en carnaval que tirábamos desde lo alto de la plazoleta Roosevelt a los transeúntes que pasaban para la Costanera Norte”.
MONTEVIDEO
En 1989 Coimbra se mudó a Montevideo, viviendo inicialmente en una pensión de estudiantes en la zona del Cordón. Fueron años complicados, comenzaba sus estudios en la Facultad de Ciencias Económicas y al año siguiente ya estaba trabajando. Le tocó afrontar las dificultades y sacrificios propios de los muchachos que, dejando la comodidad del hogar paterno, migraban del interior del país hacia la capital, en busca de una oportunidad; oportunidad que “yo recibí gracias a la generosidad de mis tíos Enzo y Álvaro”.
Integró el grupo de jóvenes de la Casa de Salto. “Con una barra de amigos salteños organizábamos bailes para universitarios, que en la época se hicieron bastante famosos, con el fin de recaudar fondos para la construcción de la casa de estudiantes salteños. Nos juntábamos algún fin de semana con la excusa de alguna comida y a recordar las cosas buenas de Salto, alimentando así la nostalgia por lo que considerábamos era la octava maravilla del mundo, es decir Salto. Las cosas y los recuerdos de la tierra natal en el exilio suelen exagerarse, aunque siempre tuvimos los salteños, fama de camiseteros”.
EL MEJOR LUGAR
En Salto viven sus padres y su abuela paterna, también el penúltimo de sus hermanos, Joaquín Manuel, que por otro lado es su ahijado; además de un par de tíos y primos con sus hijos y familia. Por supuesto tiene amigos que viven en Salto a pesar de que hace tiempo no los ve. “Salto para mí, y creo que para todo salteño, es, como dice el poema, el jardín sublime que perfuma el litoral. No es por nada pero es sin dudas el mejor lugar que he conocido”.
EL CONTADOR
Pablo Coimbra es Contador Público, egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. Realizó también, un postgrado en la Facultad de Ingeniería sobre Reingeniería de Procesos de Gestión. Con 18 años comenzó a trabajar como auxiliar contable en el sector privado y en agosto de 1992, por concurso de oposición y méritos, ingresó a trabajar en el BPS, en el área de Recaudación. Una vez que se recibió de Contador Público abrió, con un colega, un estudio contable.
EL LLAMADO
El padre Pablo, siempre fue católico, “aunque he pasado por períodos de críticas y rebeldías propias de la edad, luego comprendí lo equivocado que estaba. Me ordené sacerdote el 31 de octubre de 2008, con casi 38 años de edad, luego de 7 años de estudios filosóficos y teológicos”. En cuanto a su decisión de ser sacerdote, “algunos habrán sospechado falta de cordura, lavado de cerebro, incluso ignorancia, ingenuidad o irracionalidad”, pero según él, Dios lo llamó para “entregarse en forma especial”.
Recordó un hecho puntual que le marcó el camino. “No recuerdo exactamente el año. Iba rumbo a mi trabajo, caminando por la peatonal Sarandí de la Ciudad Vieja, en una mañana como tantas. Previamente, me había bajado del ómnibus unas cuadras antes de la parada habitual, con el propósito de caminar un poco. De pronto, como en otras varias oportunidades, comenzó a irrumpir en mi pensamiento y en mi corazón la idea acerca del llamado del Señor a seguirlo más especialmente como sacerdote. Abstraído del mundo, ensimismado en mi propio pensamiento, comencé a pedir, a exigir, a implorarle a Dios que si esto procedía de Él, me enviara una señal y prometía que, de concederme esa gracia, ya no dudaría. Fue en plenas lucubraciones mentales, en medio de la peatonal Sarandí, cuando de improviso me encuentro con un micrófono frente a mi rostro, una cámara de televisión apuntándome y una periodista que me pregunta: “¿Usted sería sacerdote?”.
“Sin tiempo para pensarlo o para elaborar una respuesta menos comprometedora, respondí que sí. Luego siguieron otras preguntas de la periodista, que ya ni recuerdo. Pero inmediatamente supe descubrir, en este acontecimiento insólito, que Dios me pedía una respuesta que solo yo podía y debía dar a lo que ya era evidente”.
SECRETARIO DEL CARDENAL
El cardenal Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo, le pide al padre Coimbra que colabore con él en los asuntos económicos realizando una auditoría. “Es en estas circunstancias que me nombra como su secretario personal”. Luego de 5 meses de trabajo, junto con el Cr. Gonzalo Noseda, presentamos el informe final que determinó la existencia de un importante déficit en el presupuesto anual de la Arquidiócesis”. Inmediatamente lo nombran Ecónomo y se toman medidas para el abatimiento de ese déficit. “Se logra reducir sustancialmente, sin embargo persiste un déficit, que ya es estructural, por lo que hay que tomar otras medidas adicionales. Basados en la transparencia, en el orden de las registraciones contables y en la prudencia administrativa, surge la idea y la necesidad de llevar a cabo una campaña de concientización y recaudación dirigida principalmente a los fieles para que colaboren con la Iglesia en esta necesidad puntual”. Con el cardenal Daniel Sturla “me siento muy cómodo, porque todo se basa en la transparencia de las intenciones, en la honestidad de las relaciones y en el trabajo duro y abnegado por el Reino de Dios. Tengo la oportunidad de trabajar con él a diario en diferentes frentes y para mí ha sido una experiencia muy enriquecedora, tanto sacerdotal, humana, como profesional”.







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