El eterno personaje… el eterno discutidor… el “Ruso”

Hay quienes nacemos para pasar desapercibidos por la vida a cuenta de rompernos el alma para trascender pero sin lograrlo a pesar de intensos esfuerzos.
Hay quienes sin buscarlo, lo logran, trascienden, generan seguidores, afines o detractores, pero seguidores.
El “Ruso” (Giovanoni), fue ese personaje que ya nació con una luz diferente. Tipo que, su foco encendió desde el primer momento y sin buscar mantenerlo hasta el final, lo hizo siempre sabiendo que vino al mundo a dejar huella.
Y la dejó. No fue uno de los tipos dialécticamente más finos, culturalmente más encumbrado, técnicamente dotado en la escritura, pero si fue un tipo “tocado” porque todo lo que hacía le salía bien.
Incluso desde la mentira. Una sola anécdota lo pinta de cuerpo y alma. Era domingo, había salido con su compañera de ruta a comprar un “dorado” para hacerlo a la parrilla. Se encuentra con un compañero del diario y su esposa en un lugar equis y le dice: “vení, tengo algo para mostrarte”.
Abre el baúl del auto y le dice: “este dorado lo pesqué hace un rato allá arriba”. Delante del auto su señora a la misma vez le decía a la esposa del compañero: “acá andamos, venimos de hacer mandados y comprar un dorado”.
Evidentemente hasta que ese compañero no llegó a su casa y se enteró de la otra versión se fue pensando que el “Ruso” era completo, hasta sabía pescar.
Nada más alejado de la realidad. La única vez que lo vi plantarse atrás de un aparejo y a orillas del río…..aguantó cinco minutos.ruso
No calentaba asiento en ningún lado y siempre esa cabeza estaba acelerando para encontrarle la vuelta a la vida y solución a los problemas. Lo demostró mil veces como cuando toda la policía buscaba a un delincuente y él, sin avisar, “fue y le hizo una nota al personaje más buscado”.
Era polémico, discutidor, calentón, busca vida, pero lo más importante es que con sus defectos y sus virtudes era “humano”. Capaz de perdonar a su peor enemigo y sentarse a comer un asado. Capaz de aceptar, solo para el adentro de él, que estaba equivocado y arreglarlo con una actitud que nadie esperaba.
Ese “Ruso”, el personaje, el discutidor, el peleador, no se fue nunca. Al contrario, dejó enseñanzas que algunos supieron aprovechar y que otros quizás en la búsqueda de cualquier ser humano, no logran aún encontrar a sabiendas que en esta carrera de la vida, la bajada se arrima muy rápido y si uno no reacciona a tiempo, como si lo hizo el “Ruso”, terminás de narices contra el paredón.
Ruso, se te extraña mucho viejo querido, te das cuenta que nada es como antes y que estás presente, en todas, siempre.
Te amamos.







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