El hijo del camionero

Walter Martínez… El Hombre

Walter Martínez, ¿dónde nació usted?
“Nací en Salto, en la calle que hoy es Javier de Viana casi Uruguay, a 20 metros de calle Uruguay, ahí donde se inicia el barrio Progreso”.
¿En qué trabajaban sus padres?
“Mi padre era camionero; trabajaba con la gente de Zunini, de El Revoltijo, con Walter Piastri, y fue el primero que introdujo un camión de doble rueda atrás, que todo el mundo salía a mirar”.
¿Era propietario del camión?
“Era propietario del camión y propietario de la casa, incluso se hizo un galpón donde guardaba el camión porque venía de afuera cargado de lana”.
¿A qué escuela fue usted?
“Cuando estaba en esa dirección de Javier de Viana casi Uruguay, fui 3 días a la Escuela Migliaro”.
¿Tres días solo?
“Tres días. Me llevaba un amigo, un vecino de apellido Pereira. Mamá me cortaba las flores para que le llevara a la maestra”.
¿Y así mismo fue tres días?
“Fui dos días bien, y al tercer día este muchacho Osvaldo Pereira no fue, fui solo. Resulta que al entrar en el salón, entré donde estaba la calavera que había ahí y me pegué un susto que salí marcha atrás. Salí y me fui. En ese intermedio mi padre vendió la casa y compró en el Monumento a Garibaldi, bien pegado al Monumento a mano derecha, eran alrededor de 15 hectáreas. Entonces de ahí fui a la Escuela 64, la que está cerca de la cancha de Nacional. Me venía a caballo en un petiso. Un día mi madre me regaló un par de zapatos de charol, brillosos, y a mí se me dio por venir a la escuela con los zapatos de charol; mi mamá rezongaba pero accedió. Usted sabe que cuando volví estaban blancos, tenían escamas y quedaron inservibles. De ahí seguí viniendo a caballo. Habré venido 2 o 3 meses a esa escuela, entonces mi madre consiguió con Orlando Invernizzi, que tenía la línea de ómnibus de la Colonia Osimani, que el “turco” Caram era el chofer”.
¿En esa época ya trabajaba un poco en la chacra usted, o no?
“Ah sí, ayudaba a mi padre, sí, cuando había que recoger la uva o la chaucha. La naranja no porque mi padre siempre le vendía a Eugenio Ferrari y él mismo levantaba”.
Walter, ¿cuándo empezó a trabajar usted?, ¿cuándo salió de su casa a trabajar afuera?
“Después de la Colonia 18 de Julio, mi padre vendió la quinta esa que era de Torterolo  y compró una chacra acá en el Agua Salto, cerca de donde estaba la Urreta. A los 14 años empecé a trabajar en la fábrica, ahí en el Agua Salto. Con el primer sueldo que cobré, el regalo que le hice a mi madre fue una caja de cien Aspirinas, porque ella vivía con dolor de cabeza”.
El trabajo a los 14 años
¿Le compró una caja de aspirinas a su madre?
“Sí, no podía creer el regalo que yo le llevaba”.
¿Desde los 14 años hasta qué edad trabajó usted en la Urreta?
“Empecé en la Urreta a los 14 años limpiando botellas. A los 2 años nos dieron para etiquetar por un tanto a mí y a Nicolás Píriz, un muchacho que tiene mi edad y era hijo del capataz. Mi sueldo en la Urreta era alrededor de 50 pesos, una cosa así, en aquel entonces. Entonces, al empezar a etiquetar  vi que etiquetando  sacaba un sueldo de 100, 120 pesos, que era un sueldo que ganaba gente que llevaba ahí 15 o 20 años. Ahí me compré una bicicleta y me vine a estudiar particular al Instituto Irrazábal, que estaba en calle Artigas frente al Ateneo. Ahí enseñaban contabilidad y a escribir a máquina.
Fui fundador del cuadro Los Manantiales. Ahí estaba mi padre y estaba Simari. Yo era el dueño de la pelota, la pelota era mía, picaba y venían 20 o 30 a la canchita. En eso que yo trabajaba en el Agua Salto, Héctor Llona, no sé si me vio jugar, vino y me invitó a jugar en Nacional y  vine a jugar a Nacional. En aquel momento el reglamento amparaba jugar en la Liga Agraria -que era el lugar del club- y en la Liga de Salto, y jugué. A los 15 o 16 años ya estaba en Nacional, jugué en las inferiores, en la cuarta y ya entré al plantel de primera que estaba Ferreira San Martín, que fue el entrenador que me llevó a primera y estaba a la expectativa, alternando. En un partido que  estaba debutando allá en cancha de Salto Uruguay, con Ferro Carril, se armó un lío de la masita, se pusieron todos los jugadores de Nacional, me pusieron a mí también en el arco para no dejar patear un penal, se armó un lío que invadió todo el público la cancha. Yo andaba ahí y me decía el “Fosforito”, uno muy hincha de Nacional, “che Martínez, no vayas a pelear”,  y le dije “no, ando buscando un lugar para disparar”. Yo lo que quería era irme, si era infernal eso, una cosa de locos”.
¿Al estar en Nacional consiguió trabajo en la Barraca Americana?
“Al estar en Nacional hablé con Macció, le pedí trabajo y me dijo sí, vení a trabajar y me fui a trabajar con él. Una cosa que siempre dije era que nunca iba a ser cobrador, y justito me dieron una parte de la cobranza.
Con mi sueldo me compré una bicicleta con motor y me recorría cuanto lugar había. Tengo anécdotas, por ejemplo que el primer listado que me dieron, me dieron una gente amiga de Macció; yo fui y la señora me trató a cara de perro, y le dije “señora, discúlpeme, pero yo soy empleado, por algo me dieron esta lista para cobrar”, y me dijo la señora “usted es un atrevido”. Llegué a la Barraca y todo el mundo le tenía terror a Macció. Él me llevó al escritorio y me dijo “tenés que ser más suave con los clientes”; le dije “usted me puso a mí para cobrar, yo con todo respeto trato de cumplirle y le voy a cumplir, yo no voy a salir a la calle a pasear”. De ahí hicimos una amistad con Macció”.
Seguir preparándose para la vida
¿Después qué hizo?
“En ese tiempo estudiaba en el Instituto Irrazábal. Cuando terminé, me recibí, me dieron el título, me puse a estudiar contabilidad bancaria con Cancedo que era el gerente del Banco República. En el Banco Rural di el examen y por una falta en el dictado no pude entrar, quedé afuera. Y di en el Comercial, en el Rural, en Caja Obrera, que ahí éramos 60 y yo fui bien preparado y entré en segundo lugar. En primer lugar salió Falcioni, que después se fue de gerente a la sucursal Tacuarembó, y a mí me llamó don Marquizá -que era el gerente- a ver si yo quería ir a Bella Unión a la Financiera Oro, que era una filial del Banco. Le dije que sí, y me dijo “el gerente está acá, es Juan Arbiza”. Dije “ah bueno”, agarré mi mochila y me vine al  Banco, entré por una puerta y salí por otra con él para Bella Unión el mismo día, en el 61; bueno, ahí empecé en la Financiera Oro.
Alfredo Remedi Frioni tenía una distribución de cigarrillos y yo vi que con mi sueldo me daba para vivir bien pero era un sueldo. Entonces lo trasladaron  a Melo y me dijo si yo quería quedar con la distribución. Le dije que sí. Empecé con una bicicleta, que la tengo ahí en el Diario El Pueblo. Me ponía el bolsito al hombro y empecé con los cigarrillos. Después, en el año 63 me casé con mi esposa Teresita Cordero Gómez. Todo el mundo me daba una mano, pero había un comercio grande que estaba cerca del puerto al  que nunca le pude vender nada. Era un señor Cuello, que no sé si era de Santa Rosa -la contra de Uruguay-, y yo pensaba cómo podía entrarle. Yo les digo a los vendedores y nuevos vendedores que tomen en cuenta lo que  voy a decir. Un día le dije: “Cuello, esta sí usted no me puede fallar, usted tiene que ayudar”, y me pregunta “¿Qué te pasa, tenés algún problema?”; le dije “estoy esperando un hijo”. ¡Ah!, me abrazó y desde ese entonces no me dejó de comprar nunca más.
Tenía también la representación exclusiva de Conaprole, de Pepsi Cola, de Vino Los Ranchos, de Los Chicles, tenía Vino Viejo Viñal, Vino Brisas del Litoral, tenía como 12 o 13 representaciones”.
El tiempo de Cambio Bella Unión
¿Y Cambio Bella Unión cuándo empezó?
“El Cambio Bella Unión empezó allá por el año 67. Después, en el 76 levantaron las restricciones de las casas de cambio, y en ese año abrimos en Bella Unión y nos vinimos acá a Salto. En Salto abrimos al lado de donde estaba Fotos Murguía; de ahí fuimos donde está El Quijote, después  compramos el local de enfrente. Teníamos sucursal acá en Salto en el Puerto, tenía en Bella Unión, teníamos en Maldonado, en Punta del Este, en el Chuy y después abrí en Montevideo. Montevideo nunca me dio plata”.
Walter, usted después decidió cambiar la vida de cambista e hizo negocio con el diario, con la radio, con el cable. ¿Ese fue un error táctico suyo o no?
“Mire, la gente que trabajaba en casa de cambio era palabra sagrada, pero en el ramo este del cable, eran unos tránsfugas bárbaros”.
Después se cerró el Cambio y usted en ese tiempo compró el Diario El Pueblo.
“Yo no cerré el Cambio, yo lo vendí. Pero antes de vender el Cambio, los Padres Pigurina y Bisio me encontraron en la calle y me dijeron “che Martínez, comprate Diaro El Pueblo”. Yo me iba para Bella Unión con los jugadores. Nunca había entrado a un diario y compré el Diario por Pigurina y Bisio, fue una operación relámpago. Empezó el diario con colaboradores como usted, Adriana -que se puso los pantalones largos-, vino Kosuk que era pariente mío, muy bien la parte social, la parte de afuera, pero en la parte de adentro del Diario se ven los problemas, hasta que un día le tuve que decir que lamentablemente no seguía más”.
¿Y quedó Adriana al frente con usted?
“Quedamos nosotros y todos los días en el escritorio teníamos a alguno, y les hablamos, algunos no aceptaron y se fueron, otros renunciaron y les aceptamos la renuncia”.
Walter, fue una vida de trabajo la suya, ¿no?
“Sí”.
Usted se pudo haber quedado sentado arriba de una pelota de plata y no lo hizo por seguir invirtiendo, para seguir dando trabajo.
“Usted sabe que a mí cuando me hicieron una inspección de la DGI, me dijo el inspector, “Martínez, cerrá las persianas y dejate de embromar”, y usted sabe que yo le dije “no, lo que pasa es que yo tengo 50 familias” y me dijo “no, dejate de joder”. Porque después me vino una multa de un millón de dólares en el Cambio, y lo arreglamos con la DGI por 100 mil dólares que les pagamos, pero los abogados querían masticar, porque ellos no intervinieron en nada, hasta que después se dejaron de embromar”.
Cuando hablamos de Bella Unión, pasamos de largo todo lo que hizo usted con el Club Con los Mismos Colores: el estadio, la piscina, el club, en fin, un montón de dinero…
“Fui a jugar a Uruguay, fui jugador de Uruguay de Bella Unión, fui técnico de Bella Unión de Uruguay. Me dieron la dirección técnica pero era yo el que mandaba, y en un momento dado expulsaron a un jugador de Uruguay, zaguero izquierdo; lo penaron por dos partidos, él cumplió los dos partidos y yo puse un juvenil. Me rindió el juvenil, entonces el tercer partido jugó el juvenil. Antes del otro partido me llamó la comisión directiva, toda gente mayor, y me dijeron por qué yo no ponía al jugador titular. Dije “miren, yo soy el técnico y no recibo presión de nadie, si ustedes están de acuerdo con el sistema que yo tengo -yo había sacado campeón a Uruguay que hacía años que no salía campeón-, si no,  pongo mi renuncia y me voy”. Y me fui, entonces llamé a varios amigos y fundamos Con Los Mismos Colores de Uruguay. Ganamos 10 campeonatos del 88 al 91, el del 93, 94 y 96 y algún otro año que no recuerdo exactamente”.
Hoy se lo pregunté al pasar. Si tuviera que vivir de vuelta la vida que vivió, ¿usted haría la misma movida o dejaba algo sin hacer?
“No, lo que uno sabe tiene que hacerlo, en lo que no sabe y depende de otro, por ejemplo como en el asunto del cable, no debe hacerlo”.
El perfil del hombre sigue siendo el mismo, tranquilo en su hablar. Justo y preciso en el momento de impartir su punto de vista. Yo lo conozco desde siempre, pero tuve la suerte de haber trabajado con él durante diez años.
Un hombre que las supo todas, con años de infinidad de amigos, con tiempos de no tantos pero de los buenos, con un espíritu luchador, perseverante, optimista y que hoy puede mirar la vida desde  su experiencia y, como lo ha dicho más de una vez, “Dios aprieta pero no ahorca”.
(En base a la edición aniversario de
“Mano a Mano”,de Luis A.Giovanoni)

Walter Martínez, ¿dónde nació usted?

“Nací en Salto, en la calle que hoy es Javier de Viana casi Uruguay, a 20 metros de calle Uruguay, ahí donde se inicia el barrio Progreso”.

¿En qué trabajaban sus padres?

“Mi padre era camionero; trabajaba con la gente de Zunini, de El Revoltijo, con Walter Piastri, y fue el primero que introdujo un camión de doble rueda atrás, que todo el mundo salía a mirar”.

¿Era propietario del camión?

“Era propietario del camión y propietario de la casa, incluso se hizo un galpón donde guardaba el camión porque venía de afuera cargado de lana”.

¿A qué escuela fue usted?

“Cuando estaba en esa dirección de Javier de Viana casi Uruguay, fui 3 días a la Escuela Migliaro”.

¿Tres días solo?

“Tres días. Me llevaba un amigo, un vecino de apellido Pereira. Mamá me cortaba las flores para que le llevara a la maestra”.

¿Y así mismo fue tres días?

“Fui dos días bien, y al tercer día este muchacho Osvaldo Pereira no fue, fui solo. Resulta que al entrar en el salón, entré donde estaba la calavera que había ahí y me pegué un susto que salí marcha atrás. Salí y me fui. En ese intermedio mi padre vendió la casa y compró en el Monumento a Garibaldi, bien pegado al Monumento a mano derecha, eran alrededor de 15 hectáreas. Entonces de ahí fui a la Escuela 64, la que está cerca de la cancha de Nacional. Me venía a caballo en un petiso. Un día mi madre me regaló un par de zapatos de charol, brillosos, y a mí se me dio por venir a la escuela con los zapatos de charol; mi mamá rezongaba pero accedió. Usted sabe que cuando volví estaban blancos, tenían escamas y quedaron inservibles. De ahí seguí viniendo a caballo. Habré venido 2 o 3 meses a esa escuela, entonces mi madre consiguió con Orlando Invernizzi, que tenía la línea de ómnibus de la Colonia Osimani, que el “turco” Caram era el chofer”.

¿En esa época ya trabajaba un poco en la chacra usted, o no?

“Ah sí, ayudaba a mi padre, sí, cuando había que recoger la uva o la chaucha. La naranja no porque mi padre siempre le vendía a Eugenio Ferrari y él mismo levantaba”.

Walter, ¿cuándo empezó a trabajar usted?, ¿cuándo salió de su casa a trabajar afuera?

“Después de la Colonia 18 de Julio, mi padre vendió la quinta esa que era de Torterolo  y compró una chacra acá en el Agua Salto, cerca de donde estaba la Urreta. A los 14 años empecé a trabajar en la fábrica, ahí en el Agua Salto. Con el primer sueldo que cobré, el regalo que le hice a mi madre fue una caja de cien Aspirinas, porque ella vivía con dolor de cabeza”.

El trabajo a los 14 años  ¿Le compró una caja de aspirinas a su madre?

“Sí, no podía creer el regalo que yo le llevaba”.

¿Desde los 14 años hasta qué edad trabajó usted en la Urreta?

“Empecé en la Urreta a los 14 años limpiando botellas. A los 2 años nos dieron para etiquetar por un tanto a mí y a Nicolás Píriz, un muchacho que tiene mi edad y era hijo del capataz. Mi sueldo en la Urreta era alrededor de 50 pesos, una cosa así, en aquel entonces. Entonces, al empezar a etiquetar  vi que etiquetando  sacaba un sueldo de 100, 120 pesos, que era un sueldo que ganaba gente que llevaba ahí 15 o 20 años. Ahí me compré una bicicleta y me vine a estudiar particular al Instituto Irrazábal, que estaba en calle Artigas frente al Ateneo. Ahí enseñaban contabilidad y a escribir a máquina.

Fui fundador del cuadro Los Manantiales. Ahí estaba mi padre y estaba Simari. Yo era el dueño de la pelota, la pelota era mía, picaba y venían 20 o 30 a la canchita. En eso que yo trabajaba en el Agua Salto, Héctor Llona, no sé si me vio jugar, vino y me invitó a jugar en Nacional y  vine a jugar a Nacional. En aquel momento el reglamento amparaba jugar en la Liga Agraria -que era el lugar del club- y en la Liga de Salto, y jugué. A los 15 o 16 años ya estaba en Nacional, jugué en las inferiores, en la cuarta y ya entré al plantel de primera que estaba Ferreira San Martín, que fue el entrenador que me llevó a primera y estaba a la expectativa, alternando. En un partido que  estaba debutando allá en cancha de Salto Uruguay, con Ferro Carril, se armó un lío de la masita, se pusieron todos los jugadores de Nacional, me pusieron a mí también en el arco para no dejar patear un penal, se armó un lío que invadió todo el público la cancha. Yo andaba ahí y me decía el “Fosforito”, uno muy hincha de Nacional, “che Martínez, no vayas a pelear”,  y le dije “no, ando buscando un lugar para disparar”. Yo lo que quería era irme, si era infernal eso, una cosa de locos”.

¿Al estar en Nacional consiguió trabajo en la Barraca Americana?

“Al estar en Nacional hablé con Macció, le pedí trabajo y me dijo sí, vení a trabajar y me fui a trabajar con él. Una cosa que siempre dije era que nunca iba a ser cobrador, y justito me dieron una parte de la cobranza.

Con mi sueldo me compré una bicicleta con motor y me recorría cuanto lugar había. Tengo anécdotas, por ejemplo que el primer listado que me dieron, me dieron una gente amiga de Macció; yo fui y la señora me trató a cara de perro, y le dije “señora, discúlpeme, pero yo soy empleado, por algo me dieron esta lista para cobrar”, y me dijo la señora “usted es un atrevido”. Llegué a la Barraca y todo el mundo le tenía terror a Macció. Él me llevó al escritorio y me dijo “tenés que ser más suave con los clientes”; le dije “usted me puso a mí para cobrar, yo con todo respeto trato de cumplirle y le voy a cumplir, yo no voy a salir a la calle a pasear”. De ahí hicimos una amistad con Macció”.

Seguir preparándose para la vida ¿Después qué hizo?

“En ese tiempo estudiaba en el Instituto Irrazábal. Cuando terminé, me recibí, me dieron el título, me puse a estudiar contabilidad bancaria con Cancedo que era el gerente del Banco República. En el Banco Rural di el examen y por una falta en el dictado no pude entrar, quedé afuera. Y di en el Comercial, en el Rural, en Caja Obrera, que ahí éramos 60 y yo fui bien preparado y entré en segundo lugar. En primer lugar salió Falcioni, que después se fue de gerente a la sucursal Tacuarembó, y a mí me llamó don Marquizá -que era el gerente- a ver si yo quería ir a Bella Unión a la Financiera Oro, que era una filial del Banco. Le dije que sí, y me dijo “el gerente está acá, es Juan Arbiza”. Dije “ah bueno”, agarré mi mochila y me vine al  Banco, entré por una puerta y salí por otra con él para Bella Unión el mismo día, en el 61; bueno, ahí empecé en la Financiera Oro.

Alfredo Remedi Frioni tenía una distribución de cigarrillos y yo vi que con mi sueldo me daba para vivir bien pero era un sueldo. Entonces lo trasladaron  a Melo y me dijo si yo quería quedar con la distribución. Le dije que sí. Empecé con una bicicleta, que la tengo ahí en el Diario El Pueblo. Me ponía el bolsito al hombro y empecé con los cigarrillos. Después, en el año 63 me casé con mi esposa Teresita Cordero Gómez. Todo el mundo me daba una mano, pero había un comercio grande que estaba cerca del puerto al  que nunca le pude vender nada. Era un señor Cuello, que no sé si era de Santa Rosa -la contra de Uruguay-, y yo pensaba cómo podía entrarle. Yo les digo a los vendedores y nuevos vendedores que tomen en cuenta lo que  voy a decir. Un día le dije: “Cuello, esta sí usted no me puede fallar, usted tiene que ayudar”, y me pregunta “¿Qué te pasa, tenés algún problema?”; le dije “estoy esperando un hijo”. ¡Ah!, me abrazó y desde ese entonces no me dejó de comprar nunca más.

Tenía también la representación exclusiva de Conaprole, de Pepsi Cola, de Vino Los Ranchos, de Los Chicles, tenía Vino Viejo Viñal, Vino Brisas del Litoral, tenía como 12 o 13 representaciones”.

El tiempo de Cambio Bella Unión

¿Y Cambio Bella Unión cuándo empezó?

“El Cambio Bella Unión empezó allá por el año 67. Después, en el 76 levantaron las restricciones de las casas de cambio, y en ese año abrimos en Bella Unión y nos vinimos acá a Salto. En Salto abrimos al lado de donde estaba Fotos Murguía; de ahí fuimos donde está El Quijote, después  compramos el local de enfrente. Teníamos sucursal acá en Salto en el Puerto, tenía en Bella Unión, teníamos en Maldonado, en Punta del Este, en el Chuy y después abrí en Montevideo. Montevideo nunca me dio plata”.

Walter, usted después decidió cambiar la vida de cambista e hizo negocio con el diario, con la radio, con el cable. ¿Ese fue un error táctico suyo o no?

“Mire, la gente que trabajaba en casa de cambio era palabra sagrada, pero en el ramo este del cable, eran unos tránsfugas bárbaros”.

Después se cerró el Cambio y usted en ese tiempo compró el Diario El Pueblo.

“Yo no cerré el Cambio, yo lo vendí. Pero antes de vender el Cambio, los Padres Pigurina y Bisio me encontraron en la calle y me dijeron “che Martínez, comprate Diaro El Pueblo”. Yo me iba para Bella Unión con los jugadores. Nunca había entrado a un diario y compré el Diario por Pigurina y Bisio, fue una operación relámpago. Empezó el diario con colaboradores como usted, Adriana -que se puso los pantalones largos-, vino Kosuk que era pariente mío, muy bien la parte social, la parte de afuera, pero en la parte de adentro del Diario se ven los problemas, hasta que un día le tuve que decir que lamentablemente no seguía más”.

¿Y quedó Adriana al frente con usted?

“Quedamos nosotros y todos los días en el escritorio teníamos a alguno, y les hablamos, algunos no aceptaron y se fueron, otros renunciaron y les aceptamos la renuncia”.

Walter, fue una vida de trabajo la suya, ¿no?

“Sí”.

Usted se pudo haber quedado sentado arriba de una pelota de plata y no lo hizo por seguir invirtiendo, para seguir dando trabajo.

“Usted sabe que a mí cuando me hicieron una inspección de la DGI, me dijo el inspector, “Martínez, cerrá las persianas y dejate de embromar”, y usted sabe que yo le dije “no, lo que pasa es que yo tengo 50 familias” y me dijo “no, dejate de joder”. Porque después me vino una multa de un millón de dólares en el Cambio, y lo arreglamos con la DGI por 100 mil dólares que les pagamos, pero los abogados querían masticar, porque ellos no intervinieron en nada, hasta que después se dejaron de embromar”.

Cuando hablamos de Bella Unión, pasamos de largo todo lo que hizo usted con el Club Con los Mismos Colores: el estadio, la piscina, el club, en fin, un montón de dinero…

“Fui a jugar a Uruguay, fui jugador de Uruguay de Bella Unión, fui técnico de Bella Unión de Uruguay. Me dieron la dirección técnica pero era yo el que mandaba, y en un momento dado expulsaron a un jugador de Uruguay, zaguero izquierdo; lo penaron por dos partidos, él cumplió los dos partidos y yo puse un juvenil. Me rindió el juvenil, entonces el tercer partido jugó el juvenil. Antes del otro partido me llamó la comisión directiva, toda gente mayor, y me dijeron por qué yo no ponía al jugador titular. Dije “miren, yo soy el técnico y no recibo presión de nadie, si ustedes están de acuerdo con el sistema que yo tengo -yo había sacado campeón a Uruguay que hacía años que no salía campeón-, si no,  pongo mi renuncia y me voy”. Y me fui, entonces llamé a varios amigos y fundamos Con Los Mismos Colores de Uruguay. Ganamos 10 campeonatos del 88 al 91, el del 93, 94 y 96 y algún otro año que no recuerdo exactamente”.

Hoy se lo pregunté al pasar. Si tuviera que vivir de vuelta la vida que vivió, ¿usted haría la misma movida o dejaba algo sin hacer?

“No, lo que uno sabe tiene que hacerlo, en lo que no sabe y depende de otro, por ejemplo como en el asunto del cable, no debe hacerlo”.

El perfil del hombre sigue siendo el mismo, tranquilo en su hablar. Justo y preciso en el momento de impartir su punto de vista. Yo lo conozco desde siempre, pero tuve la suerte de haber trabajado con él durante diez años.

Un hombre que las supo todas, con años de infinidad de amigos, con tiempos de no tantos pero de los buenos, con un espíritu luchador, perseverante, optimista y que hoy puede mirar la vida desde  su experiencia y, como lo ha dicho más de una vez, “Dios aprieta pero no ahorca”.

(En base a la edición aniversario de “Mano a Mano”,de Luis A.Giovanoni)







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