El Mercado Inmobiliario

Es uno de los temas fundamentales para nuestra especie
desde el comienzo mismo de los tiempos, y no lo es menor en nuestra actual sociedad: el hábitat y su conformación alrededor del núcleo familiar. En el presente informe les traemos algunas de las claves para comprender un mercado que muestra
singularidades propias.

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En tiempos electorales como los actuales es común encontrar todo tipo de planteos en torno a la “cuestión de la vivienda”; la sociedad uruguaya se caracterizó durante la primera mitad del siglo XX por la generación de una “cultura” de la propiedad inmobiliaria bastante específica, tener la vivienda propia era casi la segunda aspiración de las clases medias (la primera era acceder a un empleo público en sus diversas formas).

Esta aspiración se sustentaba en diversos aspectos relacionados a la economía, en primer lugar el alto nivel adquisitivo al que accedían las clases medias, pero además al fuerte rol interventor y promotor de soluciones habitacionales que desde el Estado se impregnó a toda la sociedad. No es casual que Uruguay haya sido de las primeras experiencias en América en que se creó un Banco Hipotecario con fines de intervención y generación directa de soluciones habitacionales, pero concomitantemente desde el Estado se promovió la generación de un amplio abanico de cooperativas para la construcción de viviendas en los sectores de menores recursos.

En este primer informe relacionado a este tema les proponemos una descripción generalizada de cómo se encuentra la situación de la titularidad de los ocupantes de viviendas en nuestra ciudad. El 62% de los ocupantes de inmuebles en nuestra ciudad son propietarios de los mismos. Como vemos algo más de 6 de cada 10 ocupantes son titulares del bien ocupado, este es el dato más sustantivo de la investigación. Veamos qué sucede con el restante 38% que no es propietario: existe un 19% de familias salteñas que ocupan su vivienda en situación de “inquilinos”, es decir que pagan un alquiler mensual por ocupar dicha vivienda. Un 7% de quienes encuestamos ocupan la vivienda en diversas modalidades de “ahorristas”, es decir son personas y familias que están pagando el bien que ocupan y que al finalizar el pago serán titulares de la vivienda. Pero otro grupo importante, del 11% de dicho mercado, es de personas y familias que ocupan la vivienda en diversidad de situaciones que hemos agrupado bajo el nombre de “otras”. Allí tenemos desde quienes están allí porque la vivienda está en diversidad de situaciones judiciales y legales, quienes están porque les han prestado la vivienda para vivir, quienes simplemente las ocupan, también quienes están esperando la resolución de una situación judicial de desalojo.

Podemos afirmar que como mínimo este 19% de familias salteñas que ocupan en condición de inquilinos representan varios miles de viviendas que conforman un mercado que se mueve al influjo directo de la economía y que muestra variaciones importantes según la capacidad de oferta y demanda de la misma.  En este sentido además muestras las rigideces propias de un mercado que no puede generar soluciones de manera rápida. Construir, además de  llevar recursos económicos, también lleva tiempo.
Uno de los aspectos sociológicamente importantes es observar a qué se dedican los “sostenes de hogar” (es decir las personas que aportan más recursos económicos) de las familias inquilinas. Allí podemos observar que la mayoría son empleados privados, luego los jubilados y/o pensionistas, luego se ubican los empresarios, luego trabajadores zafrales y changadores, luego diversidad de trabajadores calificados y empleados públicos.

La realidad del mercado inmobiliario salteño muestra entonces algunos aspectos bastante específicos de anotar, otros en cambio muestran fluctuaciones importantes al influjo de la economía. La consolidación del crecimiento económico, así como el fuerte direccionismo e intervención estatal han sido hasta ahora en Uruguay condición sine qua non para que dicho mercado genere soluciones en cantidad importante, aunque nunca suficiente.
El comienzo del siglo XXI nos encuentra con el mayor “déficit” histórico en esta materia. Los próximos años serán decisivos para aumentar o reducir la brecha entre propietarios e inquilinos.







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