El niño Gregorio y el Maestro Julio

El Gral. Gregorio Alvarez fue alumno, en la Escuela Sanguinetti del Maestro Julio Castro. El Maestro Julio Castro fue detenido por la SID el 1º de agosto de 1977. En octubre de ese año la esposa de Julio Castro, Zaira Gamundi, le envió una carta a Álvarez. Nunca obtuvo respuesta.

El 10 de octubre la tierra empezó a hablar. Bajito susurraba cual niño inquieto del banco del fondo. Hubo que hacer un esfuerzo para comprenderle. El 1º de diciembre se supo lo que decía.

La tierra estaba gritando. Gritaba llorando: ¡Maestro Julio Castro!.

En la Escuela “Sanguinetti”, muchos años atrás, los niños también pronunciaban ese grito.

En especial, el pequeño niño “Gregorio” gritaba con frecuencia el nombre del Maestro Julio. ¿Tal vez para que le explicara un dos más dos?, ¿para saber el significado de alguna palabra?

¿o para ir al baño? Vaya uno a saber por qué.

¿Cuántas veces el pequeño niño Gregorio no entendía la lección?

Seguramente muchas. Ahí estaba el Maestro, para con paciencia, dulzura y con toda la pedagogía, explicarle una y otra vez al niño Gregorio, hasta que comprendiera y asimilara.

El Maestro Julio no golpeaba con la regla, no usaba orejas de burro, y mucho menos arrodillaba a los niños sobre maíz.

Todo lo contrario. Era investigador e impulsor de una enseñanza inspirada en valores y pedagogía.

El niño Gregorio creció y se convirtió en General. Seguramente muchas cosas pasaron por su vida entre el aula del Maestro Julio y su Generalato. Tantas que aquel niño volvió a olvidar la lección.

Olvidó la dulzura del Maestro, olvidó que se aprendía más con amor que con golpes. Inundó su mente de odio. Archivó su alma en el guardarropas, junto a la vieja túnica blanca de la escuela, que mantenía alejada del verde uniforme.

Tomó el fusil, e impartió el miedo.

El Maestro seguía predicando amor. Buscaba nuevos horizontes para la educación pública, y en su cabeza una y otra vez recordaba al niño Gregorio, aquel que pedía para ir al baño, y hoy bañaba de sangre a su país.

El General Álvarez también se acordó de su maestro. No pudo soportarlo.

Quiso borrarlo de su memoria. No podía. Las enseñanzas del Maestro no se olvidaban.

Entonces el General, quiso combatirlo de la misma manera que combatía todo lo que era diferente a su pensamiento: a golpes y muerte.

El niño Gregorio miraba a los ojos a su Maestro. El General no se animó a hacerlo, sus subordinados cumplieron la misión. Si hubiera tenido al menos la valentía y el coraje de hacerlo, hubiera visto en los ojos del Maestro la misma dulzura que en el aula de la Escuela Sanguinetti.

Pensó que así lo borraría. Como en la escuela, cuando no entendía la lección, Gregorio se equivocó. No se borran las ideas, no se mata el ideal.

Alejandro Domostoj

2-12-11