El salteño Ramiro Ferreira reflexiona en el marco del Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia

Activista LGBTI Independiente

Ramiro Ferreira, activista LGBTI independiente compartió una reflexión con EL PUEBLO, en el marco del Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia.
“¡Viva! ¡Vivan los locos que inventaron el Amor!”
Hoy celebramos como comunidad el hecho de que en 1990, la Organización Mundial de la Salud, el organismo de la Organización de las Naciones Unidas, especializado en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención en salud a nivel mundial, eliminara la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.
Hasta entonces, las instituciones rectoras de la sociedad, la Academia y el Estado, operaban en función de la noción general previa, es decir, de asumir la disidensia a la heteronorma en la identidad de género o la orientación sexual, como un padecimiento psicológico, cuya manifestación era peligrosa, indeseable, necesaria de intervenir y “sanar” y en última instancia, delictiva.
Hasta entonces, la comunidad LGBT estaba indefectiblemente destinada a determinadas formas de exclusión, tanto socio culturales como jurídicas, tales como la prisión, la internación forzada en instituciones de todo tipo, la marginación, la indigencia, el ultraje, el silencio y el ocultamiento.
Todas legitimadas flagrantemente por la ciencia, el derecho y los usos y costumbres de las llamadas “sociedades libres”. El Reino Unido, por ejemplo, promulgó su primera “ley de sodomía” gubernamental, previamente esta materia era competencia de los tribunales eclesiásticos, en 1533, durante el reinado de Enrique VIII.
Establecía como pena la muerte por ahorcamiento, además de la incautación de los bienes del condenado (no dan puntada sin hilo, decía mi abuela).
No fue sino hasta 1967 que la reformada “ley de delitos sexuales” despenalizó las prácticas homosexuales consentidas.
En total 434 años de un Estado que en su derecho pune el libre ejercicio de la libertad sexual, promoviendo un modelo excluyente de sociedad. En los Estados Unidos, no fue sino hasta el siglo XX que las personas de la comunidad pudieron hacer pública su expresión de género, superando el temor a las brutales redadas de la Policía. Hasta entonces, la comunidad LGBT era relegada a una vida de aislamiento, que generó la creación de espacios de subcultura donde estas personas podían manifestarse en plenitud y sin miedos. En este país, la primera derogación de la ley de sodomía fue en Illinois, en 1962. En otros estados, sin embargo, los actos homosexuales podían ser penados hasta 2003. Pese a sus promesas de campaña de 2016, la Administración Trump recibe la renuncia de seis de los miembros del Consejo de Asesoría Presidencial en VIH- SIDA, quienes sostuvieron que la administración alentaba a la Policía a ser violentos contra personas con VIH. El Stalinismo soviético encarceló desde 1933 por el nuevo delito impuesto en su código penal, que penalizaba exclusivamente la actividad homosexual masculina, alrededor de 800 y 1000 varones por año. Desde entonces, la homosexualidad continuó siendo un delito criminal serio hasta que la ley fue retirada en 1993. Hace pocos años, el gobierno de Putin auspició una serie de leyes discriminatorias contra las personas que «promocionan la homosexualidad».
Nuestro pequeño y joven país, castiga la disidencia sexual de la heteronorma de una forma que me gusta llamar “coerción social”, los mecanismos de los colectivos sociales para validar o invalidar conductas y patrones.
A diferencia del derecho, sujeto al principio de legalidad y limitado por sí mismo, la coerción social no conoce límites y no se guía por procesos cuidadosamente ideados. Adopta las formas más diversas y creativas de manifestarse. Desde gritos en la calle o exclusión social a golpizas organizadas, la sociedad tiene diversas vías por las cuales hacernos entender cuáles son los patrones que considera válidos y cuáles son las consecuencias de no seguirlos. Nuestro derecho, no obstante, es bastante liberal y avanzado respecto a estas temáticas, teniendo un auge en la última década, donde el derecho uruguayo reconoce y repara a través de la legislación, las desigualdades jurídicas específicas que provocaban que las personas LGBT no pudieran ejercer en plenitud sus derechos.
La realidad, es que el embate de grupos conservadores de corte religioso y político, tanto contra los derechos de nuestra comunidad, como contra las conquistas de las compañeras feministas, es la prueba de que el retroceso tiene una base social que lo incentiva y pone en peligro todo lo alcanzado hasta el momento. La realidad, es que pese a todo lo anteriormente expuesto, en 2018 seguimos lidiando con personas que pertenecen a la comunidad, que expresan comentarios del tipo “no entiendo por qué salen a la calle con una bandera”.
¿En serio no entendés?
Simplificando, el hecho de que no estés preso o brutalmente golpeado o ambas por ser lgbt, es gracias a que muchas personas “salieron a la calle con una bandera” antes de que nacieras, para que hoy tengas los privilegios desde los cuales decís eso con displicencia. La lucha hoy es contra el odio, su discurso, su mezquindad, su miseria. La lucha sigue siendo lucha, a no confundirnos por papelitos de colores. El marketing y la “moda” de los arcoiris es legítima y hasta un síntoma probablemente feliz de nuestro tiempo. Pero nunca un banner, ni un descuento de turista conquistó derechos fundamentales para nuestra colectividad.
De nosotros depende afianzar estos derechos y ganar la cancha con el discurso de la integración, del respeto y la unión para las generaciones venideras.
Que puedan hacer novio en una plaza de día y no escondidos por ahí, en la oscuridad, en el ocultamiento.
Que puedan manifestar su amor y vivir la verdad de su historia sin burlas, ni violencia.
Las organizaciones LGBT del mundo eligieron Solidaridad y Alianzas como temática global 2018.
Protegernos entre nosotros, cuidar las infancias LGBT, cuidar las trayectorias educativas, cuidar la libre expresión genuina de la identidad.
Cuidémonos, que la discordia no nos gane. Tenemos este regalo del amor, pero el amor es como una preciada planta. No puedes simplemente aceptarlo y dejarlo en el armario o pensar que se va a conseguir por sí mismo. Tienes que mantenerlo a regla. Tienes que cuidarlo y nutrirlo.” John Lennon.







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