El último cierre para un negocio familiar con seis décadas en el mismo lugar

El último cierre para un negocio familiar con seis décadas en el mismo lugar

“Antes era otro Salto” y “se trabajaba bien”, dijeron Liba Torres y Marisa Alegre

El verano de 1958, no fue el inicio de un año más para la familia Alegre Torres. Desde entonces, la vida de Ángel Alegre y Liba Torres se abocó al trabajo en su negocio familiar y a criar los hijos.
En el principio fue Tintorería Alegre, con los años se fue transformando en Bazar y Tintorería Alegre, hasta terminar en estos días únicamente como Bazar Alegre.
Un comercio con historia en el micro centro de nuestra ciudad, en plena calle Uruguay, con 60 años de trabajo y dedicación, que hoy, por motivos económicos y familiares se ve obligado a cerrar sus puertas.
Clientes, de esos que tienen cuenta hace muchos, muchos años en el bazar, todavía no pueden creer que el comercio que soportó tantas crisis económicas y avatares del país, que vivió el crecimiento de esta ciudad desde mediados del siglo pasado, cuando “era otra época”, como dice Liba Torres, ya no abra sus puertas al público.
Sin lugar a dudas, fueron seis décadas de trabajo para toda una familia y un lugar de referencia para quienes buscaban hacer un regalo, comprar aquello que necesitaban para el hogar o un juguete para los más pequeños en el día de Reyes.
“SE TRABAJABA MUY BIEN”
La familia de los Alegre ya venía con su dedicación a los negocios en diferentes departamentos del país y en Salto, Ángel Alegre y su hermano apostaron a poner una tintorería, que luego pasó a ser el negocio familiar de Ángel.
“Se trabajaba muy bien”, dijo Liba, recordando los inicios del comercio “era otra época”, remarcó, tras una leve pausa al inicio de la conversación que mantuvo con EL PUEBLO y que la llevó a emocionarse al recordar viejos tiempos.
“Como tintorería trabajábamos precioso, llegamos a tener seis o siete empleados solo en la tintorería y como el salón era tan grande empezamos a traer cosas de bazar y empezó a marchar lindo. Antes se progresaba”, comentó.
“ANTES, ERA OTRO SALTO”
Los Alegre, siempre alquilaron el mismo local, en calle Uruguay al 900 y hasta hoy, el comercio se mantuvo casi igual.
“Antes, era otro Salto, en todo sentido, había plata, la gente era distinta. En época de Reyes se llenaba de clientes y se tomaba más gente para trabajar en esos días, cerrábamos a la una o las dos de la madrugada. Últimamente, aguantábamos hasta las diez de la noche esperando, a ver si caía alguien”, señaló Marisa Alegre (la hija del matrimonio que hoy está al frente del local), sobre los cambios en la actividad comercial y la baja de las ventas, uno de los principales motivos de cierre de la empresa.
“También era otra cosa el tema de la inseguridad. Antes no había lo que hay ahora, que trabajás con miedo. No existía esto en que vivimos ahora, era una maravilla, en todo sentido”, agregó Libia.
El comercio fue víctima de algunos hurtos, una vez le rompieron la vidriera y le robaron algunos artículos que tenían en exhibición, a raíz de lo cual pusieron una reja al frente. Otra vez, le entraron por el fondo del local y por fortuna robaron pocas cosas de valor.
Más allá de esos episodios puntuales, las dos mujeres que pilotearon el bazar en estos últimos años vivían “con el corazón en la boca porque pudiera pasar algo”, en materia de inseguridad y robos.
LOS IMPUESTOS Y LOS ALQUILERES, MATAN
“Los impuestos y los alquileres, matan, por eso cerramos. Hace dos años que la venta bajó, de una forma que es impresionante. No hay plata en la calle, la gente se queda con ganas de comprar las cosas, a veces te dan una tarjeta para pagar y no les da el saldo y te dan otra y así. Esto viene mal de la crisis anterior. Pero el 2002 no fue así, lo pasamos, fue una crisis distinta, cayó y levantó enseguida y ahora es como que va en cuesta abajo, como que no termina nunca”, comentaron Libia y su hija.
EL ÚLTIMO CIERRE
Marisa fue creciendo a la par del bazar y “al no poder seguir hoy, siento un dolor en el alma que no puedo explicar. Parece mentira que tenga que salir de acá”, comentó.
Sus padres ya están jubilados y con la vida hecha, pero para Marisa, ahora, el bazar es todo y cerrar el negocio e irse del lugar significará “un cambio grande”.
La decisión la comenzaron a pensar al inicio de este año y finalmente fue marzo el mes en que se concretó.
Ángel Alegre y Liba Torres, se casaron en 1966, llevan “toda una vida juntos y hoy, cerrar el bazar me duele mucho, pero estoy muy agradecida con Dios por todo lo que me dio y sobre todo por los hijos, que son muy buenos, muy compañeros los dos, lo mejor que tengo”, concluyó Libia, con una veta de tristeza en su sonrisa porque este mes cerrará las rejas del bazar por última vez.







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