Ellos tienen un lema, “si a nosotros nos ayudaron en el peor momento de Taiwán, hoy que Taiwán puede ayudar, va a ayudar”

Irene Eguiluz, representante de Uruguay en encuentro internacional realizado en Taiwán

La salteña Irene Eguiluz, representó al Uruguay, junto a dos compatriotas más, en el Taller de Planificación de Promoción del Proyecto “Un Pueblo, Un Producto” (OTOP) – en su siglas en inglés- (exclusivo para Latinoamérica), que tuvo lugar en Taiwán el pasado mes de julio.
El país asiático viene llevando a cabo dichos encuentros para aportar a diferentes países sus experiencias y así compartir su aprendizaje a través de los tiempos, que permitan el progreso de otros lugares, por medio del incentivo de la creatividad, el uso de técnicas tradicionales y el empeño en mostrar el trabajo local.
EL PUEBLO dialogó con la “embajadora”, quien nos comentaba su experiencia de la siguiente manera.
¿Cuál fue la actividad específica que llevaron adelante en Taiwán?
Estuvimos trabajando en todo lo que respecta al área de promoción, desarrollo y Pymes, quizás no tanto desde la óptica institucionalizada, pero sí desde la individual, lo cual lleva sin lugar a dudas su tiempo.
Las actividades estaban muy enfocadas en el comercio internacional, en el marketing, entre otras asimiladas, las que conformaban un conjunto de materias que son muy interesantes.
¿Serían proyectos a implementar en Uruguay?
Estamos pensando en cómo poder implementar un montón de herramientas que nosotros las tenemos en el común de la gente, y poder llevarlas a buen puerto; por ejemplo: la abuela que en el horario de la tarde cuando mira la tele le teje un buzo para su nieto, o hace croché, o alguna artesanía; o la ama de casa rural, cuando hace un dulce de leche o alguna otra comida típica. Pero, lo que no tenemos en Uruguay -y también en el resto de América Latina-, es aprender, es saber aprovechar ese tipo de producto que elaboraba la abuela, la tía, nuestra madre, cosas que tienen su tradición e historia, y transformarlo en un producto nuestro, típico y poder comercializarlo.
Esta es una idea surgida en Japón, cuyo proyecto elaboró, que se llama OTOP (Un Producto, Un Pueblo), que lo pudimos conocer en nuestro viaje a Taiwán,
La idea es poder traer proyectos para Salto y trabajar en pos de disminuir el desempleo, apuntando sobre todo al área de mujeres.
Existe una problemática real que es el desempleo de mujeres mayores a 35 años; por ejemplo, hacen un llamado, y uno de los requisitos son: “mayores de 32, no”. Una barbaridad; si una mujer tiene 35 años, está en la flor de la edad y se acaba de recibir de tal o cual profesión, ya no entra; qué hace en ese caso, o se deprime o se termina por conformar con un trabajo que no le gusta o para el que no se preparó. Por eso, estamos apuntando a ese sector, que no quita que, si un hombre de 40 años nos presenta un buen proyecto, no lo tengamos en cuenta, no. Reitero, apuntamos a dicha área por la situación por la que está pasando Salto en el tema desocupación, y queremos apoyar nuestro lugar, aprovechando esta iniciativa y oportunidad que se nos dio en Taiwán al abrirnos la puerta, y otorgándonos su experiencia y respaldo logístico, lo cual agradezco muchísimo.
Ellos tienen un lema, “si a nosotros nos ayudaron en el peor momento de Taiwán, hoy, que Taiwán puede ayudar, va a ayudar”; algo que realmente eriza la piel, y llega muy hondo.
Ya se va realizando el quinto curso a nivel internacional, donde reciben a 22 personas de diferentes países, pagándoles pasajes, estadía, comida. En esta oportunidad fue exclusivo para países latinoamericanos: Honduras, República Dominicana, Perú, Paraguay, Colombia, Guatemala, Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, etc.
En Taiwán se valora mucho lo tradicional; ellos salieron a vender, por ejemplo, cerámicas, cuya técnica, valor agregado, es milenario, y ese es el que tendrá el mayor valor. Hablamos del año 400 antes de Cristo; le dan suma importancia a su historia, a sus ancestros, a sus costumbres.
Eso es en gran parte la gran diferencia que existe entre los productos hechos o elaborados en China y en Taiwán; la calidad es superior en Taiwán, por ese valor agregado especial que le ponen a sus productos.
Para usted ¿cuál sería la principal virtud de ese pueblo tan diferente al nuestro, pero que parece ser más avanzado?
Es un pueblo que de todo hacen algo productivo. Un ejemplo que me tocó, fue la visita que hicimos a una salina, con un sistema de extracción de sal primitivo, pero que era insalubre e inhumano. Ese lugar, que se cerró cuando dejó de trabajar el último trabajador, pues desde que tomaron la decisión de cerrarla no tomaron más trabajadores, hoy es un museo. Ahí se cuenta la historia de ese lugar y de sus trabajadores, como recuerdo de lo que se hacía y de cómo se han superado.
Esa es la comparación que realicé, si bien las comparaciones son odiosas, de qué ellos, siendo un país más chico que el nuestro, no teniendo toda nuestra riqueza natural, pudieron avanzar y progresar; entonces, ¿por qué nosotros no lo podemos hacer?
Tengo la enorme alegría de que el 17 de agosto vendrá a visitarnos a nuestra ciudad el Embajador de Taiwán, por medio de una invitación que realizamos y que afortunadamente fue aceptada.
Es bueno que se conozca nuestro Salto y las bondades naturales y productivas que tiene; debemos tomar conciencia de que, cada localidad del Departamento, desde Pueblo Fernández, pasando por Constitución y llegando a cada barrio de Salto, tienen algo que aportar, una idea que presentar y compartir, un producto al que se le pueda sumar valor agregado y así transformarlo en un “producto típico” del lugar.
Pensamos en tres etapas que se deberían transitar: la primera, la de elaboración local, con venta local; la segunda, la presentación y comercialización en Montevideo; y la tercera y más ambiciosa, la exportación, como marca registrada de Uruguay.
Se podrá decir que es algo aventurado; la verdad que lo es, pero es algo que no sabremos si funcionará, hasta que se lo ponga en marcha.
Esto es un principio; falta mucho, pero ya tenemos un equipo que está pensando en cómo implementar los métodos de trabajo, y sumados a las ideas que cada interesado aporte, y la invalorable colaboración de Taiwán, se estarán creando en un futuro, soluciones verdaderas a la problemática de la desocupación.







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