En el Uruguay el 30 % de los adultos mayores se jubila y sigue trabajando y aportando o no se jubila

En el Uruguay el 30 % de los adultos mayores se jubila y sigue trabajando y aportando o no se jubila

La Psicóloga Mónica Lladó es especializada en Envejecimiento y Vejez y estuvo brindando ayer en Ajupensal una charla sobre “Envejecimiento y Derechos”.

Hoy por hoy se habla de las personas adultas mayores y de un proceso de envejecimiento y de la vejez.

En la charla se pusieron en conocimiento todos los elementos que se necesitan considerar y repensar por parte de la sociedad y también de los propios “envejecientes”, en la medida de empoderarnos de la realidad y las situaciones.

- ¿Qué connotaciones tiene la temática?

“Por lo general vivimos en una paradoja constante porque por un lado tenemos una calidad y expectativa de vida cada vez más extensa donde los seres humanos podemos vivir más años, sin embargo sigue prevaleciendo el rechazo y el temor al envejecimiento.

Por lo tanto, seguimos enfrentándonos a una condición de subjetividad muy negativa en relación al envejecimiento, por ello la importancia de este tipo de charlas.

Es necesario hacer mucho énfasis en los trabajos de investigación, generando

conciencia de lo que debería ser un proceso de aceptación y adaptación al envejecimiento sin temor, pero también con la necesidad de una sociedad que se deben ajustar a una población que va envejeciendo aceleradamente.

La expectativa de vida es cada vez mayor y se prevé para el año 2050 se calcula que en el Uruguay la cuarta parte de la población pasará a ser mayor de sesenta años”.

“EN EL URUGUAY UN 30% DE LAS PERSONAS MAYORES SIGUEN APORTANDO Y TRABAJANDO”

-¿A qué edad se entiende que la persona entra en la etapa de la vejez?

-“En realidad siempre hablamos de una convención en relación a lo que sería entrar en la vejez que lo determina más que nada el proceso productivo y la jubilación.

Pero ello es solamente una convención social porque todos sabemos que mucha gente o se jubila y sigue trabajando o no se jubila y trabaja hasta la edad que le interesa hacerlo.

De hecho en Uruguay casi un 30% de personas mayores siguen aportando y trabajando”.

Así que la edad que se maneja es la que está en torno a los 65 años que se maneja como la franja que marca el comienzo de la vejez.

Pero en realidad es solamente una convención y una construcción normativa legal y cultural.

Llega un momento en que el cuerpo nos comienza a marcar un montón de alertas poniéndonos límites de todo tipo.

También influye la vida que lleve cada persona, de los hábitos y de la capacidad de acomodarnos y tomar medidas para mejorar ese proceso de adaptación a la edad y a los límites que supone un cuerpo más viejo.

Es muy difícil hablar de una edad donde se llega a viejo.

Lo que sucede es que los otros nos marcan rápidamente y nos ponen en nuestro lugar.

La sociedad nos dice que a determinada edad estamos viejos para trabajar, para pedir un préstamo en el banco o salir con una persona más joven.

Esos actos debemos reconsiderar, que no significa negar el envejecimiento, porque los límites existen.

Nada de lo que pasa en el envejecimiento nos impide vivir y lo que yo quiera vivir… el tema es que me voy a tener que acomodar y adaptarme a vivirlo de otra manera.

Allí es donde entran a tallar el ajuste y la conciencia propia un reconocimiento de uno mismo, pero también social.

Porque la sociedad también tiene que adaptarse y acomodarse a la realidad de que estamos envejeciendo y necesitamos generar una sociedad más accesible en todo sentido”.

Los adultos mayores tienen derecho al trabajo, a poder estudiar, a tener una buena atención y a ser reconocidos como personas con todos los derechos; “poder reconocer los derechos de las personas mayores en un reconocimiento del envejecimiento y de las necesidades específicas de esta población”.

La sociedad debe brindarles un mejor trato a sus viejos para que éstos puedan retornar toda la experiencia y sabiduría que tienen acumulada.

En el país se están promoviendo algunas actividades aisladas de adultos mayores con adolescentes y en algún momento con niños en el ánimo de promover un intercambio intergeneracional, pero no hay nada sistemático porque también reviste cierta complejidad el preparar actividades o programas que estimulen dicho intercambio.

Se deben preparar a ambas partes para luego promover ese proceso de interacción y también está latente la posibilidad de que los eventos culturales masivos tengan también una conciencia intergeneracional, dando lugar a espacios accesibles para todas las edades o habilitando esos reconocimientos de que se está compartiendo con gente de diferentes edades.

- ¿Qué lectura hace del trabajo que ha venido desarrollando la Redam?

“Creo que es bellísimo el trabajo realizado por la Red; han sabido aprovechar todos los recursos de la sociedad y han logrado trabajar con otras organizaciones y diferentes sectores sociales y considero que van bien por ese camino.

Es una red que no se cierra solo hacia sí  misma, sino que se abre a la comunidad, trabaja y sensibiliza”.

Las cuestiones que preocupan siempre son las relaciones intergeneracionales, aislamiento de mucha gente y en las actividades que se realizan participa siempre el público más activo.

“Somos conscientes que hay un público al cual no se está llegando y allí hay que seguir trabajando.

Hay miedos de todo tipo que tienen que ver mucho con los prejuicios sobre el envejecimiento y otras cosas que se solapan; tienen que ver con las diferencias de género”.

a Psicóloga Mónica Lladó es especializada en Envejecimiento y Vejez y estuvo brindando ayer en Ajupensal una charla sobre “Envejecimiento y Derechos”.
Hoy por hoy se habla de las personas adultas mayores y de un proceso de envejecimiento y de la vejez.
En la charla se pusieron en conocimiento todos los elementos que se necesitan considerar y repensar por parte de la sociedad y también de los propios “envejecientes”, en la medida de empoderarnos de la realidad y las situaciones.
- ¿Qué connotaciones tiene la temática?
“Por lo general vivimos en una paradoja constante porque por un lado tenemos una calidad y expectativa de vida cada vez más extensa donde los seres humanos podemos vivir más años, sin embargo sigue prevaleciendo el rechazo y el temor al envejecimiento.
Por lo tanto, seguimos enfrentándonos a una condición de subjetividad muy negativa en relación al envejecimiento, por ello la importancia de este tipo de charlas.
Es necesario hacer mucho énfasis en los trabajos de investigación, generando
conciencia de lo que debería ser un proceso de aceptación y adaptación al envejecimiento sin temor, pero también con la necesidad de una sociedad que se deben ajustar a una población que va envejeciendo aceleradamente.
La expectativa de vida es cada vez mayor y se prevé para el año 2050 se calcula que en el Uruguay la cuarta parte de la población pasará a ser mayor de sesenta años”.
“EN EL URUGUAY
UN 30% DE LAS
PERSONAS MAYORES
SIGUEN APORTANDO
Y TRABAJANDO”
-¿A qué edad se entiende que la persona entra en la etapa de la vejez?
-“En realidad siempre hablamos de una convención en relación a lo que sería entrar en la vejez que lo determina más que nada el proceso productivo y la jubilación.
Pero ello es solamente una convención social porque todos sabemos que mucha gente o se jubila y sigue trabajando o no se jubila y trabaja hasta la edad que le interesa hacerlo.
De hecho en Uruguay casi un 30% de personas mayores siguen aportando y trabajando”.
Así que la edad que se maneja es la que está en torno a los 65 años que se maneja como la franja que marca el comienzo de la vejez.
Pero en realidad es solamente una convención y una construcción normativa legal y cultural.
Llega un momento en que el cuerpo nos comienza a marcar un montón de alertas poniéndonos límites de todo tipo.
También influye la vida que lleve cada persona, de los hábitos y de la capacidad de acomodarnos y tomar medidas para mejorar ese proceso de adaptación a la edad y a los límites que supone un cuerpo más viejo.
Es muy difícil hablar de una edad donde se llega a viejo.
Lo que sucede es que los otros nos marcan rápidamente y nos ponen en nuestro lugar.
La sociedad nos dice que a determinada edad estamos viejos para trabajar, para pedir un préstamo en el banco o salir con una persona más joven.
Esos actos debemos reconsiderar, que no significa negar el envejecimiento, porque los límites existen.
Nada de lo que pasa en el envejecimiento nos impide vivir y lo que yo quiera vivir… el tema es que me voy a tener que acomodar y adaptarme a vivirlo de otra manera.
Allí es donde entran a tallar el ajuste y la conciencia propia un reconocimiento de uno mismo, pero también social.
Porque la sociedad también tiene que adaptarse y acomodarse a la realidad de que estamos envejeciendo y necesitamos generar una sociedad más accesible en todo sentido”.
Los adultos mayores tienen derecho al trabajo, a poder estudiar, a tener una buena atención y a ser reconocidos como personas con todos los derechos; “poder reconocer los derechos de las personas mayores en un reconocimiento del envejecimiento y de las necesidades específicas de esta población”.
La sociedad debe brindarles un mejor trato a sus viejos para que éstos puedan retornar toda la experiencia y sabiduría que tienen acumulada.
En el país se están promoviendo algunas actividades aisladas de adultos mayores con adolescentes y en algún momento con niños en el ánimo de promover un intercambio intergeneracional, pero no hay nada sistemático porque también reviste cierta complejidad el preparar actividades o programas que estimulen dicho intercambio.
Se deben preparar a ambas partes para luego promover ese proceso de interacción y también está latente la posibilidad de que los eventos culturales masivos tengan también una conciencia intergeneracional, dando lugar a espacios accesibles para todas las edades o habilitando esos reconocimientos de que se está compartiendo con gente de diferentes edades.
- ¿Qué lectura hace del
trabajo que ha venido
desarrollando la Redam?
“Creo que es bellísimo el trabajo realizado por la Red; han sabido aprovechar todos los recursos de la sociedad y han logrado trabajar con otras organizaciones y diferentes sectores sociales y considero que van bien por ese camino.
Es una red que no se cierra solo hacia sí  misma, sino que se abre a la comunidad, trabaja y sensibiliza”.
Las cuestiones que preocupan siempre son las relaciones intergeneracionales, aislamiento de mucha gente y en las actividades que se realizan participa siempre el público más activo.
“Somos conscientes que hay un público al cual no se está llegando y allí hay que seguir trabajando.
Hay miedos de todo tipo que tienen que ver mucho con los prejuicios sobre el envejecimiento y otras cosas que se solapan; tienen que ver con las diferencias de género”.