“En la vida para ser feliz hay que hacer lo que a uno le gusta”

“En la vida para ser  feliz hay que hacer lo que a uno le gusta”

Militar de carrera, de la cual se siente orgulloso y la que no hubiese logrado concretar sin el incondicional apoyo de su esposa, como lo reconoce; el Cnel. Carlos Bruno, se considera a si mismo un agradecido a Dios y a la vida, por transitar por la misma haciendo lo que le gusta. Retirado de su actividad castrense, hoy se desempeña como docente universitario y se encuentra entre uno de los impulsores de un nuevo emprendimiento educativo llamado Proyecto Ibirapitá.
Convencido de que hay que animarse a colaborar con los menos favorecidos desde el lugar que a cada uno le toque, aplica un concepto tan simple y al mismo tiempo poco considerado, como lo es la coherencia entre lo que se pregona y se hace.
De la siguiente forma dialogó con EL PUEBLO, para esta edición de AL DORSO

Disciplina, patriotismo, herencia, ¿fueron algunos de los motivos que lo llevaron a elegir la carrera militar?
Tengo que dar gracias a Dios, pues no siempre lo que uno desea lo puede llevar a cabo; yo desde niño supe que quería ser militar, era un sentimiento que tenía. Recuerdo que muy chico veía los desfiles y sabía que era eso lo que deseaba hacer, era un llamado interior que me decía que era eso y no otra cosa, fue siempre algo vocacional.
Ingresé al Liceo Militar bastante joven, a los 14 años, después hice el internado en Durazno, luego estuve los cuatro años que corresponden para llegar a Oficial en Toledo, recibiéndome bastante joven, siendo Oficial con 21 años. Inmediatamente me casé, y continué la carrera de una manera muy intensa, porque la viví desde varias ciudades de nuestro país, facilitando y nunca oponiéndome a los traslados, pues los vi siempre como un enriquecimiento, y como herramientas a aplicar en la vida, las que pongo en práctica inclusive ahora que estoy retirado.
Quiero dejar algo bien claro, pude hacerlo posible, por el incondicional apoyo de mi esposa, la que nunca objetó un traslado, con lo que ello significa, en 37 años de actividad militar.
¿Culminó su actividad castrense en nuestra ciudad?
Llegué a Salto en el 2008, cuando estaba por irme hacia Haití nombrado como Jefe; en ese momento me ofrecieron venirme como Comandante de Brigada y naturalmente no lo dudé; llamé a mi señora y le dije: nos vamos para Salto, te parece bien?; sabiendo siempre, que contaba con el respaldo de mi familia.
Ocupé todos los cargos de comando posibles en la vida de un militar, desde Segundo Jefe; Jefe de Estado Mayor; Segundo Comandante de Brigada y por último como Comandante de Brigada aquí en Salto, donde después de retirarme con el grado de Coronel de Infantería, soy paracaidista, aunque hace tiempo que ya no me tiro más de ningún avión, planté bandera. Por lo cual puedo decir que disfruté mi carrera desde ese punto de vista, me ayudó mucho el nunca quedarme anclado en un solo lugar.
¿Cómo ve el rol actual de las Fuerzas Armadas a través de su experiencia?
El tema de las Fuerzas Armadas es complejo, el cual obviamente se viene manejando desde hace mucho tiempo. Cuidado con la idea de la reducción por la reducción misma, porque cuando se propone algo hay que hacerlo con madurez. Nosotros tenemos unas Fuerzas Armadas que además de cumplir con su rol principal, tiene actividades accesorias las que hemos visto en muchísimas oportunidades como la labor en las inundaciones y en otras tareas; por ende, esa es la parte más visible. Pero está también la parte que es intangible, que cualquier nación que se precie de seria y que tenga los conceptos bien armados como patria, soberanía u otros que se manejan a veces con mucha liviandad, no puede prescindir de unas Fuerzas Armadas profesionalizadas, cuyo rol está enmarcado en la defensa nacional, como factor principal; por lo tanto, tengo mucha confianza en que con los actuales mandos, así como en su momento con los anteriores, todos los planteos que se realicen respecto a las mismas, lo van a manejar de la mejor manera.
¿Considera que se ha estigmatizado a las Fuerzas Armadas a causa del pasado reciente?
Venimos con unas Fuerzas Armadas totalmente estigmatizadas en algunos aspectos a causa de lo ocurrido hace 40 años, y naturalmente, las generaciones actuales sufren de alguna manera ese tema, donde cada día es una guerra psico-política permanente, que lleva a que se esté siempre pasando factura, por lo tanto, creo que hay que mirar hacia adelante, porque el país es de todos y el bien común es de todos, sin signos.
Háblenos de su familia
Tenemos cuatro hijos y cuatro nietos; tres varones y la menor. De alguna manera los hijos fueron los que me llevaron a quedarme por Salto, al estudiar en la Universidad y quedándose aquí; entonces, una vez terminado mi Comando en el 2010, puse en la balanza el quedarme o el irme a Montevideo, y la misma se inclinó por el establecernos aquí.
¿Alguno de sus hijos siguió sus pasos en lo profesional?
Mi hijo mayor, es precisamente Mayor de la Fuerza Aérea, piloto de combate, si bien todos hicieron una parte de la vida militar a través de mi, él fue el único que decidió seguirla, los otros eligieron otros rumbos. Nunca hubo de mi parte una presión, lo que si hubo fue fomentarles el discernimiento a cada uno, inclusive otro hijo comenzó la carrera y en determinado momento me dijo: papá me voy, a lo que le contesté, perfecto, si es lo que tu sentís, hacelo. Porque qué pasa, tengo este concepto, en la vida para ser feliz hay que hacer lo que a uno le gusta.
Ahora el militar le dio paso al hombre, que se encuentra comprometido con otras tareas, entre ellas la filantropía, ¿a qué se debe?
La verdad es que estoy muy orgulloso de mi profesión, la siento en el corazón y considero que fue la felicidad de mi vida, pero son etapas que se cumplen y ahora estoy en otra de esas etapas de la vida.
Tengo un concepto en el que me baso y es que hay que sentirse bien en la vida o tratar de hacerlo; lamentablemente tenemos la idea de que nuestros problemas son los más grandes del mundo, y ante eso en casa aplicamos una regla práctica que trato de transmitirle a mis hijos como experiencia, que si pensamos que nuestros problemas no son tan graves como los de las otras personas, y no es un consuelo, es algo positivo, buscando de alguna manera servir al otro dentro de las posibilidades; si no se tiene dinero, bueno, gestionando soluciones, convencidos de que cada uno desde su lugar, puede ayudar; ahora, si uno se encierra en su casa y no sale de su zona de confort, se pierde la posibilidad de colaborar con una persona más desfavorecida, y que la misma tenga una mejor calidad de vida.
¿Influye en su criterio, la fe y el ser creyente?
Yo lo digo abiertamente, soy católico, apostólico y romano, y me gusta la coherencia, trato de ser coherente con lo que digo y con lo que hago, si decimos ser tal cosa, tratamos de llevarlo a la práctica. La coherencia es lo que más veo y me gusta de las personas, si bien he tenido mis fracasos, los he tomados como aprendizaje. El Uruguay es un país solidario, lo vimos en el evento de lanzamiento del Proyecto Ibirapitá del que formo parte, en el que nos fue muy bien, ya que la gente respondió muy bien; el tema pasa por tener muchas veces que despertarle ese sentimiento, motivarlo un poco, pero en si es muy solidario. Sucede que hay dos lecturas al respecto, antes se decía que lo que se daba con la mano izquierda no se tenía que enterar la mano derecha, pero hoy en día lo que no se comunica no existe, entonces, si una persona ayuda, hay que compartirlo, porque de esa forma se contagia ese deseo de ayuda. Un ejemplo es Aldea Solidaria, un emprendimiento de la Iglesia Católica que atendió a mucha gente, donde muchas personas anónimas estaban atrás de la colaboración, así como otros que lo hicieron público.
Las Instituciones como la que será en breve el Liceo Ibirapità, ¿trata de saciar un vacío existente ante la falta de más Estado?
Pienso que si; se están ocupando espacios que no están bien atendidos o atendidos directamente por “x” razón; en el tema educativo y en el de la alimentación, tenemos dos ejemplos de huecos reales, donde se trata de llenarlos con la colaboración y el esfuerzo común, buscando el bien común.
En su calidad de docente universitario, ¿cuáles serían los pasos a seguir para encarar una educación del futuro?
Las últimas evaluaciones hechas en el área de la educación, indican que estamos bastante lejos en calidad; hay un libro que siempre recomiendo leer de Andrés Oppenheimer, “Basta de Historias”, donde habla de los niveles educativos, poniendo como ejemplo a Singapur, a la India y a otros países que uno veía bastante atrás, y que pasaron adelante en lo educativo. Lamentablemente Uruguay está lejos en el ranking, lo cual es medular. Yo estoy muy preocupado por la educación en términos generales, en lo macro, cuya brecha con los países desarrollados es enorme, entonces, creo que hay que sentarse en serio, a tomar decisiones serias a largo plazo, sino siempre se estará apagando incendios, y lo que necesita la educación es que seamos proactivos y no reactivos. Por lo tanto, para mi la educación está en problemas.