En las instituciones norteamericanas hay un docente cada 23 alumnos y miran la educación de forma más individualizada

En las instituciones norteamericanas hay un docente cada 23 alumnos y miran la educación de forma más individualizada

Participantes del programa Fulbright contaron su experiencia.

Los tres docentes salteños (de un total de 26 en todo el país) que participaron del programa de intercambio en Estados Unidos denominado Fulbright, se mostraron sumamente agradecidos con la organización por lo que significó el viaje y comentaron a EL PUEBLO todo lo que significó para ellos como docentes esta experiencia.
El viaje duró casi tres semanas, fue del 31 de enero al 19 de febrero de este año, y en EEUU permanecieron una semana en Washington DC y dos semanas en Austin Texas. Visitaron la Universidad de Washington y participaron de una jornada donde expertos norteamericanos expusieron sobre diferentes temas como educación, tecnología, inclusión, entre otros, finalizando con un plenario e intercambio entre los docentes. En Austin, las familias anfitrionas que alojaron a los 26 docentes uruguayos los esperaron en el restaurante más antiguo de la ciudad para llevar a cada uno de los integrantes de la delegación uruguaya a sus nuevos hogares donde permanecieron durante las dos semanas en que participaron de la experiencia Fulbright.
Se trata de Etelvina Rosconi (31), maestra de la escuela Nº 119 de Salto; José Echeverría (38), director del Liceo Rural de Valentín y actualmente subdirector del liceo Nº 3 y Matías Ciol (24), profesor de inglés del liceo rural de Colonia Lavalleja y UTU.
Los docentes afirmaron que tras la experiencia que calificaron como “sumamente enriquecedora”, deberán elaborar una tesis para presentar ante la organización con un proyecto donde puedan aplicar algo de lo aprendido en cada una de las instituciones donde se desempeñan en nuestro país.
Sobre lo vivido en tierras norteamericanas y la experiencia adquirida en instituciones educativas de ese país, los docentes fueron optimistas en que “algunas cosas se pueden aplicar acá”, mientras otras no, porque la educación en EEUU es muy diferente y allí cuentan con otro tipo de recursos y apoyo tanto al personal docente como a cada estudiante de forma individualizada.
LA MOTIVACIÓN DE “QUERER SUPERARSE”
Los docentes asistieron a diferentes centros educativos públicos de Austin, con la particularidad que en su mayoría contaban con un alto número de alumnos inmigrantes, por estar en un estado donde hay una gran masa de población extranjera. En general, encontraron en común un mayor respaldo económico a todas estas instituciones, con personal docente y no docente que trabaja en conjunto para atender los problemas de los alumnos de forma más individualizada y sobre todo una motivación en el estudiante que lo impulsa a querer superarse, vinculado tal vez a esa realidad tan dura que muchos de esos alumnos debieron afrontar para estar allí.
“Nosotros como docentes somos magos, con los pocos recursos que tenemos y en las condiciones en que estamos. Allá, lo que vimos fue un importante apoyo del personal multidiscipliario que forma parte de cada institución desde psicólogos, asistentes sociales, personal de salud, y si algún alumno tiene problemas, allí mismo le dan una respuesta de forma inmediata”, comentaron.
LA EXPERIENCIA DE CIOL EN UN CENTRO DE REFUGIADOS E INMIGRANTES
“Yo estuve en una escuela que en su mayoría estaba integrada por refugiados o inmigrantes de países en guerra y eso llevaba a una realidad muy particular respecto a otros centros educativos. Se trata de una institución pensada justamente para enseñar el idioma a los inmigrantes y tratar de ayudarlos en su integración al país”, explicó Ciol.
El joven profesor recordó algunos testimonios de adolescentes inmigrantes que cargan con historias muy duras de la guerra, violencia y hambre. A modo de ejemplo dijo: “uno de los estudiantes de alrededor de 15 años que era de El Salvador me dijo que se vino de su país por un tema de violencia porque las Maras (grupos pandilleros) que dominan los barrios porque la Policía no puede entrar, mataban a muchas personas. Ahí, se paga un monto de dinero para poder vivir, la familia de este muchacho pagaba quince dólares por día y si un día no les pagaba (a las Maras) matan un integrante de tu familia. A este muchacho le pasó que una vez no pudieron pagar y le dispararon al tío y murió. Cuando me contó eso hizo una pausa mientras hablaba y después me preguntó cuanto pagaba yo en Uruguay para seguir viviendo. Eso me marcó mucho y me hizo darme cuenta de la difícil realidad en que se vive en otros países de América, sin tener que irnos más lejos. Este joven se fue de El Salvador a México solo con 14 años, cruzó la frontera con EEUU y enseguida se entregó a la Policía, porque al ser menor lo protegen. Después otro muchacho me contó cómo cruzó el desierto desde México, eran como quince y al quinto día una muchacha embarazada que venía con ellos dijo qué ya no podía seguir más y se quedó en el desierto. Cuando le pregunté que había hecho me dijo -no miré para atrás-. Y si les preguntás si vale la pena te dicen -sí-, porque es eso o morir en el país. Después tenés muchos alumnos que vienen de campos de refugiados con historias muy duras también”, comentó Ciol.
En dicho centro educativo, el profesor destacó el hecho de que se identifique a los alumnos que presentan dificultades como por ejemplo de dislexia, de conducta o con una mayor facilidad de aprendizaje para trabajarlos de forma diferenciada en grupos particulares en otros horarios dentro de la institución, lo que permite una educación más individualizada.
ECHEVERRÍA DESTACÓ LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA DE LOS DOCENTES
“Yo estaba en un liceo que es público pero donde el nivel económico de los estudiantes era muy bueno, había inmigrantes, pero eran los menos. Lo que pasa que allí los ingresos de cada escuela dependen de lo que aporte la población que paga una vez al año los impuestos pero ellos deciden a que institución apoyan”, puntualizó Echeverría.
Ante la consulta de cómo identifican a Uruguay, el subdirector del liceo Nº 3 reconoció que “no lo conocen, si le preguntás a los estudiantes africanos te dicen que queda en África, porque ni ellos saben dónde están en el mapa, es triste pero es real, algunos ni siquiera habían ido en toda su vida a una institución educativa. En la institución que yo estaba había más de dos mil estudiantes que cumplían ocho horas en el centro, donde la aprobación de los cursos es a través de créditos y así los chiquilines se motivan para adquirir más puntos y poder ir avanzando, además quienes tienen baja calificación no participan de las actividades deportivas y eso para ellos es fundamental, por eso se esfuerzan mucho”, comentó. Una de las cosas que tiene interés de aplicar el subdirector en su centro es la posibilidad de conocer con mayor rapidez lo que le está pasando a cada alumno a través de reuniones semanales que les permita saber cómo está el chiquilín, de forma tal de conocer la biografía de cada estudiante. También, destacó el nivel profesional de los docentes de educación secundaria que tienen una formación universitaria y cada curso o especialización que realizan es muy valorada y significa un mayor ingreso para el docente,lo que les lleva a continuar su formación constantemente.
UN DOCENTE CADA 23 ALUMNOS
“En mi caso, estuve en una escuela pequeña, donde el 80% del alumnado era extranjero, donde habían muchos latinos, chinos, africanos, hindúes, de todo. El tema de la discriminación es un tema real, pero ellos tratan de evitarlo muchísimo y hay toda una campaña para eso, desde la cartelería hasta cada actitud que se busca cuidar todo”, comentó Rosconi.
Sobre como afecta la nueva política de Donald Trump a los inmigrantes, la maestra agregó “no es tan así como llega acá la información. Allá dicen que es más bien contra los inmigrantes con antecedentes delictivos, pero muchos de los que están como ilegales tienen miedo”, señaló. Otra de las puntualizaciones que precisó la docente es que en las escuelas que visitaron hay un docente cada 23 alumnos y ante la llegada de uno más se incorpora un docente asistente al grupo. Además, luego de que termina el horario escolar los estudiantes pueden permanecer en el centro hasta la hora que salen los padres de sus trabajos que es generalmente a las 18 horas. Por eso, después de las tres o las cuatro de la tarde que es cuando terminan las clases, la mayoría de los estudiantes se quedan y participan de clases de apoyo, hacen los deberes, actividades deportivas. Y ahí se les atiende desde el almuerzo a la merienda. Algo particular que los tres docentes notaron fue el saludo a la bandera norteamericana que hacen cada mañana en los centros educativos y más allá de que sean inmigrantes allí tratan de hacerles llegar que el saludo es en agradecimiento al país que los acogió y a pesar de eso los mismos jóvenes mantienen con orgullo el recuerdo por su propio país de origen, concluyeron.