Escenario actual y retos para el comercio de alimentos en América Latina y el Caribe

Ignacio Bartesaghi y Emilio Silva1
El comercio de alimentos de América Latina y el Caribe (ALC) es superavitario. Desde el año 2000, los intercambios de alimentos de la región con el mundo presentan un creciente superávit, en parte debido al gradual incremento de los precios de dichos productos en el período. La región -y en particular América del Sur- está en proceso de consolidarse como uno de los principales abastecedores mundiales de alimentos, dada sus condiciones naturales y sus competencias en materia de agrobusiness.
Esta posición constituye un activo estratégico, ya que, según las proyecciones recientes, la población mundial aumentaría entre 2019 y 2050 de 7.500 millones a 9.725 millones de habitantes. Al mismo tiempo se producirá una notable expansión de las clases medias en las diversas regiones en desarrollo, proceso que abrirá grandes oportunidades a los envíos de alimentos de mayor valor agregado. Esto también posibilitará mejores condiciones para el suministro de alimentos a nivel intrarregional, en tanto se profundicen los mecanismos de integración comercial.
Potencial de complementariedad en el comercio de ALC. Existen importantes coincidencias entre la canasta de productos alimenticios que América Latina y el Caribe importa desde la propia región y desde Estados Unidos. Maíz, trigo, porotos y tortas de soja, preparaciones alimenticias y la carne bovina son los diez principales productos del sector alimentos que América Latina y el Caribe importa tanto desde la propia región, como desde Estados Unidos. Los principales productos alimenticios que la región adquiere desde dicho país y que no compra en montos importantes desde la propia región son la carne de cerdo, la leche en polvo, trozos y despojos de gallo o gallina, frescos o refrigerados.2
Se registran participaciones significativas en las exportaciones mundiales de algunos de los principales productos alimenticios que importa desde el resto del mundo, y en particular desde los Estados Unidos. Por ejemplo, en 2015:
• Brasil y Argentina representaron en conjunto el 31% de las exportaciones mundiales de maíz (no destinado a siembra).
• Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay representaron el 55% de las exportaciones mundiales de porotos de soja.
• Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia representaron el 65% de las exportaciones mundiales de tortas de soja.
• Brasil, México, Argentina, Paraguay y Uruguay representaron el 18% de las exportaciones mundiales de carne bovina fresca o refrigerada, deshuesada.
• Brasil, México y Chile representaron el 18% de las exportaciones mundiales de las demás carnes de cerdo congeladas.
En estos casos, las posibilidades de sustituir importaciones extrarregionalas por importaciones intrarregionales parecen claras y se debería analizar cuáles son los factores que actualmente impiden dicha sustitución (por ejemplo, distancia geográfica, obstáculos arancelarios, sanitarios o técnicos).
En el caso de otros productos que la región adquiere en cantidades relevantes desde proveedores extrarregionales, las posibilidades de sustitución por importaciones intrarregionales son limitadas en la actualidad:
• Solo Argentina está entre los diez principales exportadores mundiales de los demás trigos y de leche en polvo, en ambos casos con una participación del 3%.
• Ningún país de ALC se encuentra entre los 20 principales exportadores de las demás preparaciones alimenticias, los 25 principales exportadores de piernas de cerdo, ni los 30 principales exportadores de trozos y despojos de gallo o gallina (frescos o refrigerados).
ALC ha realizado importantes esfuerzos en la liberalización del comercio intrarregional de alimentos en las últimas décadas. Los acuerdos amplios y 3 profundos, también denominados acuerdos de libre comercio, cubren 186 de las 528 relaciones bilaterales entre los países de la región, lo que representa un 35% del total. En los acuerdos de libre comercio se establecen cronogramas de desgravación arancelaria que finalizan con preferencias del 100%, por lo que exoneran del pago de aranceles. Los productos sensibles son exceptuados de los programas de desgravación y, frecuentemente, se tratan de productos agrícolas.
La liberalización más profunda del comercio de alimentos es, por lo general, intrabloque. Las diez relaciones bilaterales entre los países miembros del Mercado Común Centroamericano se encuentran liberalizadas por este mecanismo de integración. El comercio entre los países de la Caricom comprende un total 91 relaciones bilaterales, lo cual implica un nivel de avance importante en materia de liberalización. Finalmente, 52 de las 78 relaciones bilaterales entre los países miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) se encuentran bajo acuerdos de libre comercio, lo que representa dos tercios del total.
Sin embargo, el grado de liberalización declina en el comercio interbloques. Solo 33 de las 349 relaciones bilaterales existentes entre países de América Latina y el Caribe pertenecientes a diferentes bloques subregionales se encuentran amparadas por acuerdos amplios de desgravación arancelaria, lo que representa un escaso 9% del total. Por ejemplo, los países del Caricom, exceptuando Costa Rica, no disponen de acuerdos preferenciales con los países de Sudamérica, ni con Centroamérica o México.
En América del Sur, solo Chile, Colombia y Perú poseen acuerdos preferenciales importantes con Centroamérica y México. En este contexto, el principal “casillero vacío” es la falta de acuerdos preferenciales amplios entre los miembros del Mercosur, por una parte, y Centroamérica y México, por la otra2. Esto implica, por ejemplo, que el comercio de alimentos de Brasil y Argentina (los dos principales exportadores de alimentos regionales) y México (que es el principal importador) no se ve facilitado por condiciones preferenciales. Ello contrasta con el acceso libre de aranceles de las exportaciones de Estados Unidos a México. Esto explica en parte,4
que un 73% de las importaciones de alimentos de México procedan de Estados Unidos, y que solo un 1,3% se origina en la Argentina y el Brasil, sumados.
En el ámbito del Mercado Común Centroamericano y del Caricom la cobertura y la profundidad de las preferencias arancelarias es amplia y está asegurada en la medida en que se han concretado zonas de libre comercio.
En el caso de la ALADI, si bien la cobertura y la profundidad de la desgravación arancelaria de los productos alimenticios varían en cada relación bilateral, el avance en general es significativo. Entre los países que cuentan con un acuerdo bilateral o subregional suscrito en el marco de la ALADI, las preferencias arancelarias en materia de alimentos comprenden actualmente el 74% de los alimentos, en promedio.
El análisis por país permite observar que la mayoría goza de preferencias arancelarias para un porcentaje importante de los alimentos. Cuba y Panamá son excepciones a esta situación, dado que los acuerdos en que participan son, en general, de tipo selectivo.