Estela de Carlotto exhortó a la participación de los jóvenes en la lucha por verdad y justicia por hechos de la dictadura

Desde Montevideo, por Wenceslao Landarín

Aplaudida por todo el Paraninfo de la Universidad de la República, la maestra Estela de Carlotto, presidente de la asociación “Abuelas de Plaza de Mayo” (una organización de familiares de detenidos desaparecidos durante la última dictadura en Argentina) integró la mesa en la jornada de reflexión “A 42 años del Golpe de Estado” en Uruguay, organizado por el Centro de Estudiantes de Derecho de esa Facultad de la Universidad de la República, el pasado lunes 12 de junio, evento del que participó EL PUEBLO.
ABUELAS
De Carlotto preside la Asociación Civil del vecino país, que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias a todos los niños secuestrados y que figuran como desaparecidos por represión política y crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, exigiendo castigo a todos los responsables de estos actos.
La visitante destacó el ámbito de la jornada “ya que este lugar de la formación y educación de jóvenes, nos preocupa mucho a las Abuelas. Aparte de la búsqueda de los hijos y nietos, el paso más profundo de nuestra lucha e inquietud es la juventud”.
CAMBIO DE VIDA
Para la maestra jubilada “la dictadura cívico militar argentina le cambió la existencia”. En la ciudad de La Plata (donde vive, ubicada en la Provincia de Buenos Aires) las desapariciones eran “cotidianas y a la luz del día, y a la noche se escuchaban los tiros y los gritos y era todo clandestino, no aparecían las víctimas”. “En las calles circulaban los famosos autos Ford Falcon sin patente, engrosados con armas adentro donde capturaban a estudiantes, que no volvían”. En esa oportunidad “a nuestras hijas les dijimos: no piensen, no hagan, hagan otra cosa. Y por supuesto que ellas nos decían que no se iban a ir del país. Les decíamos que las iban a matar, pero nos decían que si pasaba, su muerte no iba a ser en vano. Esa era la juventud consciente, que teniendo todo (familia, belleza, futuro, poca edad) entregaban hasta la vida sabiendo qué era lo que debían hacer. ¡Qué ejemplo para nosotros!”, exclamó De Carlotto.
HEROÍNAS NO, SOLO MUJERES COMUNES
Refiriéndose a quienes la acompañan en esa organización, dijo que “no somos heroínas, somos mujeres comunes que tenemos el dolor enorme de la muerte de un hijo y de una hija, y de la búsqueda del hijo de ellos como parte de una vida imposible de dejar. Porque no podríamos vivir sin hacerlo”, expresó. Estela de Carlotto encontró a su nieto luego de 36 años de buscarlo. Fue el pasado 5 de agosto de 2014. “Pero nunca estuvimos solos, siempre junto a otras abuelas y a la sociedad nacional e internacional que nos ayudó y nos protegió” en esa lucha, indicó la destacada mujer argentina.
ATENTADO
Recordó que en el año 2002 (en plena democracia) sufrió un atentado en su casa, donde quisieron matarla. Así lo relató: “yo vivo sola en La Plata y en la madrugada escuché explosiones tremendas, pensé que era una garrafa de la cocina de un vecino y salí pisando vidrios y pedazos de pared y era en mi casa. La prensa me preguntó si tenía miedo y yo miré las balas tiradas en el garaje y dije que no tenía miedo, porque esas mismas balas estaban en el cráneo de mi hija cuando la exhumamos. Quiere decir que son los mismos los que me hicieron ese ataque. Y si todavía están los mismos ¡cómo voy a tener miedo y no voy a seguir luchando para que esto no siga!”.
LUCHA SIN RECETAS
Reconoció que el camino “no fue fácil y fuimos haciendo mucha docencia, hablando con aquellos que no creían, porque la prensa monopólica decía que nuestros hijos estaban en Europa, que nunca habían desaparecido, o que no teníamos nietos”. Dijo que esa “forma de lucha no se hizo encapsulada en una institución, sino que abrimos los brazos y la casa y dijimos: vengan todos los que quieran y salimos al exterior”.
“Cuando encontramos un resto o un nieto seguimos trabajando para encontrar a los que faltan. Y para esta lucha de Latinoamérica, no hay recetas. Cada país tiene su historia y su manera, lucha en los tiempos que puede y cómo puede. En la Argentina hay ya una década ganada”, dijo añadiendo que “centenares de centros clandestinos hoy son lugares de vida. La recomendación es que se sumen todos los jóvenes y que lo hagan en paz, porque la violencia no sirve. Las Abuelas hemos tenido esa conducta. Jamás denunciábamos al que no teníamos que denunciar, tardábamos más pero lo hacíamos a conciencia de no molestar al que no debíamos, e implacablemente pedir justicia para el asesino, para el torturador y para el ladrón de niños. Y eso es lo que mantenemos hasta ahora”.
JÓVENES DE PIE
Ya sobre el final de sus comentarios ante un auditorio repleto de gente, mayoritariamente jóvenes, expresó que su palaba “siempre es de aliento, de fe, de confianza en uno y en otro. De participación. No hay que mirar pasar la historia, hay que meterse en ella, donde más nos guste. Yo soy nada más que una abuela, ni mejor que ninguna mujer. Las mujeres tenemos una fuerza interior que nadie conoce hasta que nos provocan. Y si nos provocan en lo más sagrado que es con un hijo, esas mujeres nos transformamos en leonas para luchar. Y eso es lo que pasó. En Latinoamérica hay miles de mujeres que luchan diariamente, algunas anónimas”.
“Hemos cruzado el Río de la Plata infinitas veces viniendo a Uruguay a reunirnos con los familiares de los desaparecidos. Hemos encontrado, menos tres, a todos los nietos desaparecidos robados de origen uruguayo, que están viviendo allá o acá. Tenemos un símbolo muy grande en Macarena Gelman”, comentó. “Nos podemos morir tranquilas si ustedes, los jóvenes, están de pie. Son el presente y también el futuro de nuestros países”, dijo y el Paraninfo explotó en aplausos y se puso de pie. El Centro de Estudiantes de Derecho, en la oportunidad, la nombró “socia Honoris Causa”.







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