Falleció Niní Alvareda de Portugau, una mujer que enseñó a varias generaciones una de las asignaturas más difíciles

Recordamos fragmentos de una entrevista publicada en nuestra sección Al Dorso

De niño siempre jugaba en esa esquina. La barra de amigos, que después crucé en mi adolescencia, estaba en ese enclave, el de Rivera y Las Piedras. Enfrente estaba la cancha del Liceo Ipoll y el fútbol no era una opción, era la pasión de todos los que allí estábamos. Antes de que se hiciera el Hogar Estudiantil, había dos palmeras y se salía a la calle Artigas justo al lado del centro educativo en el que mi madre daba clases hasta jubilarse tras 40 años de docencia. nini

Pero en esa esquina, ocurría algo muy particular. Siempre estaba llena la casa porque estaba Nini enseñando. Había una mesa larga con una decena de estudiantes, a toda hora, de mañana, de tarde, y hasta la noche. No importa si era verano o invierno, allí estaban todos, aprendiendo.
Porque Gladys Alvareda, Nini, la esposa del Cacho (Juan José) Portugau, daba clases de matemática y enseñó a cientos de alumnos durante varias generaciones. Gente de todos los colores partidarios y de todas las clases sociales. Ella, los preparaba para dar exámenes y para los cursos regulares.
Sus hijos Pierre, Jean, Marcel y Michelle, estaban ahí, revoloteando, jugando con los amigos de su edad y creando algo. Siempre había algo para hacer. Por eso no me sorprendió cuando ocurrió la anécdota con Tabaré Vazquez, que ocurrió en 2014 y que tras el rescate en las redes por Fernando Alonso, le sumo otra, una entrevista que le hice a Niní para nuestra sección semanal Al Dorso en el 2015. Para mí, hijo de docente de la educación pública, entrevistar a la madre de mis amigos Marcel y Michel, fue un honor.
LA ANÉCDOTA (publicada por EL PUEBLO en 2015)
Era un mediodía de octubre, hacía calor y el cielo estaba plomizo. Igualmente las milanesas ya estaban prontas y humeantes. De repente alguien golpea la puerta, era un veterano, de media estatura, canoso, tenía cara conocida, pero la dueña de casa no lo había distinguido a través del vidrio del ventanal que da hacia el enclave de las calles Rivera y Las Piedras.
Se dirigió hacia la puerta y le preguntó: “¿qué quiere?”. Cuando al verlo sonreír se dio cuenta de que estaba ante el mismísimo Tabaré Vázquez, que al venir a Salto en medio de la campaña electoral, salió a recorrer la ciudad en auto, llegó a la esquina de Rivera y Las Piedras donde divisó un cartel con su nombre y la insignia del Frente Amplio, por lo cual paró la marcha y decidió llegar. Allí estaba Gladys Alvareda (o también conocida como Niní Portugau, por el apellido de su difunto esposo Juan José “Cacho” Portugau). Charlaron, le contó su historia, le ofreció milanesas pero Vázquez no aceptó y tras una charla de una media hora, siguió viaje. La anécdota la reconfortó siempre. Enseñó matemática desde los 15 años hasta hace siete, cuando se jubiló con 70 años de edad. Estuvo en Secundaria antes de la dictadura y solamente un año después de la misma, cuando fue reintegrada tras ser destituida por el régimen. Miles de jóvenes pasaron por sus manos para aprender la asignatura más complicada a la hora de aprender. Tiene cuatro hijos, todos con nombres franceses Pierre, Jean, Marcel y Michel.
LA CRÓNICA (publicada por EL PUEBLO en 2014, el día después de la visita de Vázquez)
Dice: «Sobre las diez de la mañana del viernes y luego de un acto que dio que hablar por la cantidad de personas que participaron del mismo en la Plaza Artigas, el expresidente de la República y candidato del Frente Amplio, Tabaré Vázquez, aún permanecía en Salto, ya que partiría a Paysandú recién después del mediodía donde seguiría la gira nacional que emprendió desde el 1º de octubre, por lo cual decidió salir a recorrer la ciudad por algunos minutos.
Luego de tomar por calle Rivera y pasar despacio en el automóvil en el que iba junto a uno de sus guardias, una camioneta Chevrolet con matrícula de Punta del Este, observando el moderno edificio de la Regional Norte y lo que el mismo representa para el mundo académico del cual el presidenciable formaba parte desde la Facultad de Medicina, llegó a la esquina de Rivera y Las Piedras, donde observó que la casa que está justo en ese enclave, tenía un letrero del Frente Amplio, alusivo a su candidatura.
En señal de agradecimiento, Vázquez se bajó del auto y golpeó la ventana de la casa, por lo cual la moradora, una profesora de Matemática ya jubilada, en principio sin conocerlo, lo atendió, cuando notó la presencia de Vázquez quedó gratamente sorprendida y lo invitó a pasar, a lo que el candidato aceptó y se quedó por espacio de 15 minutos. Allí había vivido un militante y exedil del Frente Amplio el conocido Juan José “Cacho” Portugau.»
LA ENTREVISTA (publicada en la sección Al Dorso en 2015)
-¿Cómo ve hoy la sociedad en la que vivimos?
Y … ha cambiado mucho. (Piensa, hace un silencio y se le pierde la mirada), se han perdido los valores, el respeto, pero hay de todo, porque todavía encontrás gente joven que está luchando, peleando, haciendo cosas interesantes, pero la mayoría está viviendo en el momento, está haciendo cosas de manera individual y eso aleja a la gente de muchas cosas que antes no era tan así, antes estábamos todos más cerca de todos. Con mas respeto y otras cosas, pero no se, es complicado.
-¿Ve positivo el avance de la tecnología y el uso masivo de la misma por parte de la gente?
Bueno …(risas) eso juega en contra del razonamiento, totalmente. Por ejemplo, yo en general no dejaba que mis alumnos en clase usaran la calculadora, porque quería ayudarlos a pensar, aunque a veces por alguna cuestión de rapidez, de tener un resultado por algo en especial, bueno vaya y pase, entonces una vez encontré en mi clase a un chico multiplicando por 10 con la calculadora (se ríe…) y le dije ‘entonces cuando vayas a sumar 1 + 1 también lo vas a hacer con la calculadora’.
Era una dependencia total. Yo me jubilé hace siete años y hoy está mi hijo dando clases, porque si bien los cuatro (hijos varones que tiene) eran buenos en matemáticas, éste (Michelle, el menor de los cuatro) tiene predilección por la matemática y lo vi siempre más afecto a esto, además tiene carisma y le llega a los chiquilines y eso es importante para la pedagogía que se necesita en esos casos.
Yo siempre estuve muy cerca de mis alumnos, aunque con la edad te vas alejando.
Antes venía gente buscándome a mí y se encontraban con él, incluso vinieron hasta nietos de exalumnos acá a mi casa a buscarme para que les de clases.

Crónica de Hugo Lemos