Familia carenciada hace meses que cuida motos en un estacionamiento y vive en una casa abandonada

Sin agua y sin luz, lavan sus ropas en el Sauzal, cerca de Palomar

Partes de tarde, sobre las seis de la tarde, una esquina de la ciudad de mucha concurrencia, y una presencia que puede pasar desapercibida para la mayoría de los que transitan por el lugar. Una pareja foránea, desde hace un tiempo está apostada cuidando motos, con la particularidad de que sus hijos pequeños los acompañan siempre. Son pobres, no tienen casi nada, pero, nos dicen, han recibido “la calidez del salteño y su solidaridad”.

En ese lugar, EL PUEBLO dialogó con ellos, intentando mostrar a sus lectores un testimonio familiar crudo y duro, que merecería en cada uno la reflexión.

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Miguel Sosa dialogando con EL PUEBLO.

CUIDAMOTOS

Magdalena Osimani y Miguel Sosa no son de Salto. Ella es oriunda de Mercedes (Soriano) y Miguel de Fray Bentos (Río Negro). Tienen dos hijos, Santiago de 3 años y Florencia de 1 año. Hace unos tres meses que están en Salto, y más de un mes que cuidan motos en los estacionamientos que están ubicados en las distintas esquinas del cruce de 19 de Abril y Osimani Llerena. “Vinimos a Salto buscando algún trabajo mejor” nos dijo Magdalena. Allá (en Mercedes) es más complicado cuidar motos porque hay menos cantidad y menos movimiento. Estábamos todo el día y era una esclavitud”.

En el caso de esta familia concurre por la mañana (desde las 10 hasta las 12 aproximadamente)  y por la tarde (desde las 16 hs hasta que cierra el supermercado existente en el lugar, sobre las 20:30).

Magdalena expresó que están tramitando la tarjeta del Plan Alimentario porque “no tenemos nada”, y también comenzará la del MIDES (Ministerio de Desarrollo Social). Por ahora solo está cobrando la asignación de los niños.

VIVIR A LA INTEMPERIE

Viven en una casa abandonada que se ubica por avenida Barbieri, entre Zorrilla de San Martín y Julio Delgado, cerca de la sede del Club Nacional. “Vivimos de agregados”, nos dice Magdalena. “Es una casa vieja, deteriorada, en donde falta todo: tiene solo los marcos de las puertas y ventanas, y las paredes, porque se ve que arrancaron y llevaron todo. No hay baño, ni cisterna, ni water”. No tienen agua, ni luz, ni lugar para bañar ni siquiera a los niños, “y ese es el problema más grande que tenemos” nos indica Sosa. “En el Club Nacional nos dan agua y algunos vecinos nos han ayudado pero nosotros no nos metemos con nadie. Algunos vecinos nos saludan y otros no”. Solo tienen los colchones en el piso. Osimani nos indicó que “parece que esa casa hace más de 20 años que está abandonada y supuestamente es de la Intendencia”. Ingresaron a la misma un día “que estaba lloviendo y no teníamos adonde ir”, nos dice Sosa. Ni bien entraron la Policía fue a sacarlos porque alguien había denunciado, pero “luego de eso no hemos tenido problemas”.

NECESIDADES

BÁSICAS

No tienen nada en donde cocinar: “compramos pan y fiambre, y leche para los gurises”, aunque “a Florencia todavía la amamanto, pero toma leche también”. 

Una vecina, hace poco, les regaló un paquete de pañales para los nenes, “con el que nos revolvemos”.  La ropa de los niños y de ellos la lava en el arroyo Sauzal que pasa por detrás de la placita que está en el barrio Palomar. Han efectuado un pedido de vivienda “pero no nos han dado mucha atención”, nos dice Magdalena, “porque no somos de acá, y no conocemos mucho”. Presentaron también una carta en Desarrollo Social, y hemos solicitado una canasta provisoria para los gurises aunque sea, pero “no hemos tenido respuesta”.

Los niños no van aún a un CAIF, “aunque está averiguando alguno cerca de su casa”. Según nos dijo el padre el próximo mes lo tomarían en el horario de 8 a 16 hs y eso sería muy bueno para los niños.

INSPECTORES DE

TRÁNSITO Y POLICÍA

En el estacionamiento que cuidan están “porque era uno de los pocos en los que no había nadie, y no tenemos problemas. Los inspectores vinieron a reclamarnos y nos pidieron que tramitemos ante la dirección de Tránsito un permiso para estar autorizados como “Cuidadores de Vehículos” en la vía pública.

La Policía los ha investigado de todas formas “pero como no tenemos antecedentes no pasa nada. Hasta incluso algún agente nos ha regalado comida, son buena gente”. La Policía sabe que estamos acá.

La gente del supermercado no ha hecho problema alguno, “y hasta nos ha regalado una canasta para fin del año pasado, con pan dulce, sidra, turrón, y otras cosas más”.

LA GENTE ES MUY BUENA

Magdalena relató que “la gente acá es muy buena, nos regala galletitas para los gurises, y siempre nos da algo”. Miguel nos indica que la gente misma en la calle compra alguna cosita y le da a los niños. “El que no tiene para darte una moneda te da leche u otra cosa. Vemos que el salteño es más comunitario y solidario”.

Por día recogen unos cien o doscientos  pesos más o menos, pero algunas veces “hacemos cincuenta pesos entre los dos”.

PAREJA JOVEN

DESOCUPADA

Magdalena tiene 36 años de edad y Miguel es algo mayor. Ella tiene “escuela, liceo y taquigrafía, pero por ahora no encuentro trabajo”. Su compañero tampoco consigue trabajo. Sosa nos dice que para ellos cuidar motos es un trabajo “que hacemos entre los dos, porque así nos defendemos mejor, e intentamos hacer la diaria y llevamos para los gurises”.

Ambos trabajaron en la época en que estaba BOTNIA en Fray Bentos “en una pizzería cuando se movía bastante, pero luego que terminó la construcción de BOTNIA  quedamos sin trabajo”. Sosa sabe hacer “hornos de barro, y en Mercedes tiene varios ya construidos”.

Por ahora piensan quedarse en Salto, aunque les preocupa lo que pueda ocurrir cuando llegue el invierno “con el frío”.

SOLIDARIDAD

PUNTUAL

Un trabajador de la construcción, mientras dialogábamos con Sosa le regaló dos manzanas a Santiago. La gente toda colaboró, incluso una señora les dejó un litro de leche y otro hombre mayor unas galletas. La niña presentaba una alergia, producto del calor según su mamá, y Santiago tenía un pañal todo “mojado”. Jugaron con el celular del cronista de EL PUEBLO mientras dialogaba con sus padres, y más de una vez ingresaron al super de la esquina, con la vitalidad de niños que les gusta correr y observar todo. Los niños, nos dijeron sus padres, “tienen los carné de asistencia en Salud Pública”, pero Magdalena y Miguel no tienen ninguna cobertura. Magdalena nos indica que le gustaría contactarse con gente de la Cruz Roja, ya que en Mercedes le ayudaron empila, y le regalaron el cochecito (bastante deteriorado) que siguen usando, como con ropa y calzado, porque les hace falta.

VÍNCULO CON SALTO

Según Sosa, Magdalena tiene familiares en Salto (hermanos). Ella no nos dijo. Hace un tiempo vivió acá con su madre que falleció en un episodio especial que enlutó a la sociedad salteña, por involucrar a un profesor de literatura, en el año 1998.

Sosa nos dice que “quizá alguno puede decir que estamos currando con los gurises, pero no es así porque no tenemos donde dejarlos, y no nos queda otra. Nosotros no le pedimos plata a la gente, si nos dan, nos dan”.

Wenceslao Landarín.