Familia de Roberto Cámpora concibe donación de objetos arqueológicos como “Misión cumplida”

Con un acto formal en Casa de Gobierno y con la presencia de las autoridades departamentales, se realizó en forma oficial la donación de las piezas arqueológicas pertenecientes a la colección del arqueólogo salteño Roberto Cámpora, quien en forma autodidacta dedicó varios años de su vida a rescatar los hallazgos que datan de épocas pasadas de nuestra historia.
357 PIEZAS DE ARQUEOLOGÍA
Las piezas que fueron donadas son una Tapa de Urna de cerámica (Técnica de rodete – Período Guaraní), un estribo de campana con el primer Escudo de Armas de la Banda Oriental, un Estribo de bronce con detalles andinos, dos estribos de bronce, una punta de lanza de Caballería de hierro, un Trabuco de Avancarga, un Machete de cosecha de yerba, un Clavo de forja, un tercio final de hoja de sable con trozo de la vaina adherido, dos ceniceros de barro negro crudo y técnica de aplaste realizados por Horacio Quiroga (con sus iniciales grabadas, traído desde Misiones, Argentina).
En la oportunidad, el Director de Cultura de la Intendencia de Salto, Leonardo Garet, en su discurso hizo referencia al significado y valor histórico de las piezas que supo acuñar a lo largo de su vida Roberto Cámpora.
MARTHA CÁMPORA:
“SENTIMOS QUE
HEMOS CUMPLIDO
CON NUESTRO PADRE”
Martha Cámpora –una de las hijas del extinto arqueólogo salteño– señaló  a EL PUEBLO que “es un proceso que lleva muchos años a nivel familiar, que comenzó a gestarse en vida de mi padre, que primeramente dejó las piezas a la custodia del museo y después en el transcurso del tiempo esa custodia empezó a rectificarla nuestra madre, quien atestiguó también que la voluntad de papá era que la colección debía quedarse en su tierra, lugar a donde pertenece”.
Martha Cámpora hizo esta aclaración pues en algún momento hubo intenciones de trasladar la colección a Montevideo, determinación a la que la familia se opuso.
“Mi hermana y yo en la época del gobierno departamental de Fonticiella empezamos a implementar la donación definitiva que se concretó el pasado martes. Después de las emotivas palabras del Profesor Garet, se destacaron los hallazgos de nuestro padre y otras personas que formaron el grupo de los Juntapiedras, personas sin formación académica que lo hicieron por amor a una tarea que los llevaba a encontrarse con el pasado considerando que todo ese patrimonio tiene que quedar en nuestra tierra”, agregó la hija del extinto arqueólogo.
La misión fue –después del proceso– dar por cerrada la etapa, culminando la donación definitiva.
“El patrimonio histórico que es hallado por una persona, pero pertenece a un pueblo, ese pueblo tiene el deber de conservarlo en el departamento como muestra de nuestra riqueza”, sostuvo.
Martha Cámpora reflexionó a su vez que para rescatar hallazgos y hacer investigaciones se requiere de especial apoyo y recursos monetarios para sostener los laboratorios.
LOS “JUNTAPIEDRAS”
“Empezaron de a poco llamados por la curiosidad, por el amor al conocimiento, por la vocación de saber más del pasado. Seguramente cada uno por su lado intercambiaron experiencias, se empezaron a reunir, a ayudar, a darse mutuamente lo que sabían y lo que tenían”, manifestó.
“Aprendieron, salieron a los campos y a los montes; tienen que haber cometido sus errores. Volvieron a empezar, siempre con una tímida alegría, con una serena convicción de que hacían algo valioso, positivo, sin molestar a nadie, sin pedir nada. Y deben haber enfrentado la indiferencia y la ignorancia sin descomponerse, ni enojarse”.
“Se asociaron, decidieron formar colecciones de todos, aumentaron sus expediciones. Cavaron, desenterraron, limpiaron, restauraron, ordenaron, se instalaron y debieron encajonar, trasladarse, quedarse medio arrinconados.
No renunciaron, consiguieron nuevos adeptos, sangre joven. Una y otra vez explicaron que ya tenían lo suficiente para enseñar y enseñaron”.
“Fueron a escuelas y liceos, montaron muestras. Siempre con mínimos medios, siempre poniendo más de su propio interior que dinero o instrumentales. Paso a paso, como se aconseja, se fueron introduciendo en las ciencias, más que aficionados, fueron expertos, sin perder la modestia y bonhomía. Y alguna vez convencieron a alguien de que estos cuarenta, cincuenta años o más, dedicados a las ciencias naturales, a la arqueología, merecían un destino, valían la pena”.
“Como casi siempre nadie es profeta en su tierra, tuvo que ocurrir Salto Grande y la Misión de la Unesco, para que otros se convencieran de las valiosísimas piezas del pasado que existían en estos enterraderos.
Tampoco fue fácil, pero fue mejor el último trayecto y hoy los amigos de la Arqueología, podrán tener la inmensa y justificada emoción de exhibir su Museo, provisoriamente, pero ya nunca más precariamente”.
“Este es un hecho definitivo: Salto tiene un museo Arqueológico y de Ciencias Naturales. Se lo debemos a ellos, a esos vecinos que desde hace tanto hicieron su tarea con amor y humildad elogiables, a esa gente que con tanto respeto, pero con inmenso cariño llamaremos los «Juntapiedras». En cierto sentido, duros como la piedra, su paciencia y tenacidad, han triunfado”.
“Nosotros queremos rendirles el tributo de nuestro testimonio: los hemos acompañado desde hace casi treinta años porque siempre los vimos llegar a nuestra redacción o pedirnos una nota en su casa con el mismo talante y la misma fuerza interior que tiene  quien sabe que hace lo debido.
Dejamos constancia de que lo hicieron por sí mismos y que si ahora hay ayudas, más que elogiables también, no hacen más que reconocer un trabajo ímprobo, inmedible y que ahora podrá ser apreciado por nosotros y nuestras próximas generaciones y por los visitantes”.
“El Museo Arqueológico es una demostración de lo que puede el hombre, como puede vencer el tiempo, la omisión, la indiferencia y la ignorancia, sin necesidad de ira ni de garrote”.
“Esta gente son como aquel Galileo, porfiado en su e pur si muove. Sí señores, Salto tiene este museo, porque ellos no cedieron nunca. No queremos hacer nombres, porque alguno incluso ya no está, pero todo Salto los conoce”.
“Son gente como nosotros, no son super sabios, ni alocados extraños, son aquellos que además de sus labores habituales, creyeron que era importante descubrirle los secretos al tiempo y mostrar lo que fue nuestra evolución histórica y humana”. “A ese admirable tesón, a esa paciencia y esa fuerza interior se deben las grandes y permanentes conquistas de la humanidad.- En estos queridos «Juntapiedras», testimoniamos nuestra admiración y destacamos su ejemplo”.
“Si para todo, si todos los hombres empeñaran la acción de esta forma, muchas cosas notables se verían en nuestra comarca y en el mundo”. (Editorial de El Pueblo, marzo 1989).

Con un acto formal en Casa de Gobierno y con la presencia de las autoridades departamentales, se realizó en forma oficial la donación de las piezas arqueológicas pertenecientes a la colección del arqueólogo salteño Roberto Cámpora, quien en forma autodidacta dedicó varios años de su vida a rescatar los hallazgos que datan de épocas pasadas de nuestra historia.

357 PIEZAS DE ARQUEOLOGÍA

Las piezas que fueron donadas son una Tapa de Urna de cerámica (Técnica de rodete – Período Guaraní), un estribo de campana con el primer Escudo de Armas de la Banda Oriental, un Estribo de bronce con detalles andinos, dos estribos de bronce, una punta de lanza de Caballería de hierro, un Trabuco de Avancarga, un Machete de cosecha de yerba, un Clavo de forja, un tercio final de hoja de sable con trozo de la vaina adherido, dos ceniceros de barro negro crudo y técnica de aplaste realizados por Horacio Quiroga (con sus iniciales grabadas, traído desde Misiones, Argentina).

En la oportunidad, el Director de Cultura de la Intendencia de Salto, Leonardo Garet, en su discurso hizo referencia al significado y valor histórico de las piezas que supo acuñar a lo largo de su vida Roberto Cámpora.

MARTHA CÁMPORA: “SENTIMOS QUE HEMOS CUMPLIDO CON NUESTRO PADRE”

Martha Cámpora –una de las hijas del extinto arqueólogo salteño– señaló  a EL PUEBLO que “es un proceso que lleva muchos años a nivel familiar, que comenzó a gestarse en vida de mi padre, que primeramente dejó las piezas a la custodia del museo y después en el transcurso del tiempo esa custodia empezó a rectificarla nuestra madre, quien atestiguó también que la voluntad de papá era que la colección debía quedarse en su tierra, lugar a donde pertenece”.

Martha Cámpora hizo esta aclaración pues en algún momento hubo intenciones de trasladar la colección a Montevideo, determinación a la que la familia se opuso.

“Mi hermana y yo en la época del gobierno departamental de Fonticiella empezamos a implementar la donación definitiva que se concretó el pasado martes. Después de las emotivas palabras del Profesor Garet, se destacaron los hallazgos de nuestro padre y otras personas que formaron el grupo de los Juntapiedras, personas sin formación académica que lo hicieron por amor a una tarea que los llevaba a encontrarse con el pasado considerando que todo ese patrimonio tiene que quedar en nuestra tierra”, agregó la hija del extinto arqueólogo.

La misión fue –después del proceso– dar por cerrada la etapa, culminando la donación definitiva.

“El patrimonio histórico que es hallado por una persona, pero pertenece a un pueblo, ese pueblo tiene el deber de conservarlo en el departamento como muestra de nuestra riqueza”, sostuvo.

Martha Cámpora reflexionó a su vez que para rescatar hallazgos y hacer investigaciones se requiere de especial apoyo y recursos monetarios para sostener los laboratorios.

LOS “JUNTAPIEDRAS”

“Empezaron de a poco llamados por la curiosidad, por el amor al conocimiento, por la vocación de saber más del pasado. Seguramente cada uno por su lado intercambiaron experiencias, se empezaron a reunir, a ayudar, a darse mutuamente lo que sabían y lo que tenían”, manifestó.

“Aprendieron, salieron a los campos y a los montes; tienen que haber cometido sus errores. Volvieron a empezar, siempre con una tímida alegría, con una serena convicción de que hacían algo valioso, positivo, sin molestar a nadie, sin pedir nada. Y deben haber enfrentado la indiferencia y la ignorancia sin descomponerse, ni enojarse”.

“Se asociaron, decidieron formar colecciones de todos, aumentaron sus expediciones. Cavaron, desenterraron, limpiaron, restauraron, ordenaron, se instalaron y debieron encajonar, trasladarse, quedarse medio arrinconados.

No renunciaron, consiguieron nuevos adeptos, sangre joven. Una y otra vez explicaron que ya tenían lo suficiente para enseñar y enseñaron”.

“Fueron a escuelas y liceos, montaron muestras. Siempre con mínimos medios, siempre poniendo más de su propio interior que dinero o instrumentales. Paso a paso, como se aconseja, se fueron introduciendo en las ciencias, más que aficionados, fueron expertos, sin perder la modestia y bonhomía. Y alguna vez convencieron a alguien de que estos cuarenta, cincuenta años o más, dedicados a las ciencias naturales, a la arqueología, merecían un destino, valían la pena”.

“Como casi siempre nadie es profeta en su tierra, tuvo que ocurrir Salto Grande y la Misión de la Unesco, para que otros se convencieran de las valiosísimas piezas del pasado que existían en estos enterraderos.

Tampoco fue fácil, pero fue mejor el último trayecto y hoy los amigos de la Arqueología, podrán tener la inmensa y justificada emoción de exhibir su Museo, provisoriamente, pero ya nunca más precariamente”.

“Este es un hecho definitivo: Salto tiene un museo Arqueológico y de Ciencias Naturales. Se lo debemos a ellos, a esos vecinos que desde hace tanto hicieron su tarea con amor y humildad elogiables, a esa gente que con tanto respeto, pero con inmenso cariño llamaremos los «Juntapiedras». En cierto sentido, duros como la piedra, su paciencia y tenacidad, han triunfado”.

“Nosotros queremos rendirles el tributo de nuestro testimonio: los hemos acompañado desde hace casi treinta años porque siempre los vimos llegar a nuestra redacción o pedirnos una nota en su casa con el mismo talante y la misma fuerza interior que tiene  quien sabe que hace lo debido.

Dejamos constancia de que lo hicieron por sí mismos y que si ahora hay ayudas, más que elogiables también, no hacen más que reconocer un trabajo ímprobo, inmedible y que ahora podrá ser apreciado por nosotros y nuestras próximas generaciones y por los visitantes”.

“El Museo Arqueológico es una demostración de lo que puede el hombre, como puede vencer el tiempo, la omisión, la indiferencia y la ignorancia, sin necesidad de ira ni de garrote”.

“Esta gente son como aquel Galileo, porfiado en su e pur si muove. Sí señores, Salto tiene este museo, porque ellos no cedieron nunca. No queremos hacer nombres, porque alguno incluso ya no está, pero todo Salto los conoce”.

“Son gente como nosotros, no son super sabios, ni alocados extraños, son aquellos que además de sus labores habituales, creyeron que era importante descubrirle los secretos al tiempo y mostrar lo que fue nuestra evolución histórica y humana”. “A ese admirable tesón, a esa paciencia y esa fuerza interior se deben las grandes y permanentes conquistas de la humanidad.- En estos queridos «Juntapiedras», testimoniamos nuestra admiración y destacamos su ejemplo”.

“Si para todo, si todos los hombres empeñaran la acción de esta forma, muchas cosas notables se verían en nuestra comarca y en el mundo”. (Editorial de El Pueblo, marzo 1989).