Familiares de los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos estuvieron en Montevideo y EL PUEBLO estuvo presente

Hugo Lemos. Montevideo.
Viernes 29 de mayo al mediodía, mientras en todo el país se hablaba de lo que estaba pasando en Salto con la declaración oficial del intendente Manuel Barreiro de que no tenía dinero en las arcas municipales para pagar los sueldos de los funcionarios de la Intendencia, en Montevideo se vivía otra instancia casi tan dura pero mucho más trágica.
Tarde gris con cielo plomizo que amenazaba con llovizna y de repente se arma, por lo que muchos miran al cielo y no se hubieran sorprendido que las gotas se dejaran caer. Aunque en la Ciudad Vieja hay lugares donde los ruinosos edificios hacen que todo parezca gris por sí mismo.
Curso de Periodismo y Derechos Humanos en la Casa de Fomento de la Cooperación Española de la Embajada de ese país en conjunto con el Instituto Interamericano de Derechos Humanos de la ONU, al lado, la sede de la Embajada de México, enfrente y rodeando ambos edificios, con extenso vallado amarillo de por medio y unos cuantos policías protegiendo ambas fachadas diplomáticas, una manifestación pide a gritos que el “Gobierno mexicano pague por sus crímenes”.
Al rato, la variopinta enraizada con la causa cuenta al unísono: “¡1, 2, 3, 4…!”, así hasta llegar a 43 y al final a viva voz se hace sentir el eco de sus gargantas: “¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!”. Ahí entendemos, se trataba de la visita de una delegación de padres del horror vivido con los estudiantes del Instituto Normal de Ayotzinapa (donde se estudia magisterio), en el estado de Guerrero, en México, que sacudió al mundo entero por lo aberrante de ese hecho.
La sorpresa para que los que allí estábamos era saber quiénes hablaban y qué es lo que tenían para decir. La embajada azteca cerrada hasta las ventanas y con policías bien parados frente a la puerta cosa que nadie quiera entrar al lugar, tal como lo consignó la crónica del diario mexicano “La Jornada”, uno de los más importantes de la capital de ese país, se trataba de “un grupo de familiares de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa en septiembre pasado, (que) marchó este viernes en Montevideo hasta la embajada mexicana para pedir justicia por sus seres queridos”.
“Bajo pancartas con consignas como “Fue el Estado” o “Todos somos Ayotzinapa”, unas 300 personas dejaron al mediodía del viernes la céntrica Plaza Independencia para protestar delante de la representación diplomática mexicana, que apareció rodeada de vallas y custodiada por policías. Nadie de la delegación salió para recibir a los manifestantes”, indica el informe periodístico.
Así, pasó, esa fue la respuesta que recibieron por parte de los representantes del Estado mexicano. Pero en esa movilización social, no había representantes del gobierno uruguayo, solamente activistas estudiantiles de la FEUU y algunos sindicalistas, además de otros grupos étnicos y sociales como el Movimiento de la Nación Charrúa, integrado por descendientes de los nativos de esta tierra, así como también de la organización Plenaria Memoria y Justicia.
DOLOR
La parte más dura de toda la manifestación no fueron los cánticos, ni los carteles que portaban los manifestantes con leyendas que acusaban a determinadas personas de haber cometido actos criminales, sino la oratoria de los visitantes del país azteca.
Quienes se dirigieron a los presentes para explicar el motivo de su presencia en nuestro país, en el marco de lo que llamaron “Caravana Sudamérica por los 43, Brasil, Argentina y Uruguay”, se refirieron a cómo tuvieron que enfrentar el duro episodio que les tocó vivir con el asesinato de los jóvenes, por protestar ante la Gobernación del estado de Guerrero, cuyas principales autoridades hoy están presas en México por esta masacre.
Los visitantes aclararon que su arribo a estas “tierras hermanas del sur, no son financiadas por ninguna organización extranjera, como lo han dicho desde el gobierno mexicano que señalan que nosotros estamos haciendo turismo con el horror de nuestros hijos y amigos, nosotros llegamos hasta este lugar por la voluntad de los pueblos que se juntan y lo hacen posible de forma espontánea, y llegamos para denunciar lo que pasa en nuestro país, donde los más pobres y los indígenas somos castigados, y si protestamos somos asesinados por la Policía, bajo la vista del gobierno que no hace nada y cubre todas estas cosas”, decían con el dolor en sus voces.
Los discursos eran pronunciados por un estudiante del Instituto Normal de Ayotzinapa, un matrimonio y una mujer sola, en ambos casos se trataba de padres de dos de los hasta hoy 43 desaparecidos, ya que poco se ha informado sobre su presunta aparición y aún no se obtuvieron elementos que permitan corroborar que han sido ellos los encontrados en un basurero de la ciudad de Ayotzinapa como en su momento informaron las autoridades mexicanas.
“LE PEDÍAMOS QUE NO FUERA”
En la oportunidad estaban presentes las madres de los estudiantes Jorge Antonio Tizapa Legideño y de César Manuel González Hernández, quienes reclamaron “saber la verdad” sobre sus hijos. La madre de González dijo que junto a su esposo querían que su hijo se dedicara a estudiar en otra escuela universitaria, en vez de ser maestro rural. “Le pedíamos que no fuera pero fue lo que él decidió, lo que a él lo hacía feliz, pero no nos escuchaba y quiso seguir adelante con su vida, investigamos en Internet y vimos que la de Ayotzinapa era una escuela muy ideologizada y combativa, y ese día ellos marcharon hacia Guerrero para protestar por las injusticias y lo último que supimos fue que se los llevó la Policía. Luego pasamos por muchas cosas, desde insultos, amenazas y presiones para que no investigáramos más, hasta que nos convenciéramos de que nuestros hijos están muertos, pero nosotros no queremos creer que nuestros hijos están muertos, por el contrario sabemos que están vivos en algún lado y los vamos a encontrar”, dijo Hilda Hernández, madre del estudiante desaparecido.
“Yo sé que mi hijo está vivo junto con sus compañeros”, afirmó la madre del estudiante desaparecido César Manuel González, quien sospecha que ante que hayan sido secuestrados para someterlos a esclavitud en el cultivo de drogas. Durante la marcha afuera de la embajada de México en Montevideo, por la calle 25 de Mayo al 500, el sobreviviente del ataque a los estudiantes normalistas del 26 de setiembre, Sánchez Nava, denunció la actuación de un gobierno “corrupto” y “asesino” que funciona como un “narcoestado” y relató que aquella noche, cuando se acercaron las autoridades, les dejaron claro que eran estudiantes y pidieron que los dejaran ir, pero los dispararon y “masacraron” a tres de sus compañeros porque “así es el terrorismo de Estado en México”, gritó a viva voz mientras el auditorio los aplaudía.
La actividad se repitió luego en la tardecita en el Paraninfo de la Universidad de la República, donde se encontraron casi las mismas caras, para relatar lo vivido. Fue un viernes de relatos dramáticos y cuando esto pasó, la lluvia cayó sobre la ciudad, confirmando el tenor de esa historia.