Hoy nos acompaña la interna D.R. Recluída en I.N.R. por rapiña

D.R, como es de imaginarse a una jovencita de su edad, se presentaba ante la vida con gran expectativa y colmada de sueños.
Se encargó el destino de mostrarle el lado más oscuro primero y comenzó en plena adolescencia a consumir droga.
Se inició con la pasta base, luego siguió con marihuana y luego con cocaína.
Vivía en Barrio La Tablada y junto a su familia tuvo la irremediable pérdida de un hermanito. Lo que asegura la ha desestabilizado de una manera cruel para internarla en el consumo.
Hoy tiene 19 años y se encuentra recluida desde hace más de un año en el Instituto Nacional de Rehabilitación de nuestro departamento por rapiña.D. R
Al dialogar con ella nos manifestaba:
“Soy la única mujer de la familia y la mayor, junto a cuatro hermanos varones.
También la integra mi papá, mi mamá, mi tío, hermano de mamá y mi abuela”.
¿Cómo es la relación con todos ellos?
Fue buena. Yo me torcí a la droga y empecé a fumar, no iba casi nunca a mi casa.
A veces a bañarme o a comer, si no ni iba.
Mamá me salía a buscar pero en la primera oportunidad, me iba.
Estaba una semana o dos fuera de casa, volvía y me iba otra vez.
Así pasaba mi vida.
¿Lo hacía porque había algún tipo de problemas en su casa?
Sí. De a ratos sí. Con mamá, papá. Me relajaban, de ¿qué era lo que estaba haciendo en la droga?, y unas cuantas cosas más. Pero antes de eso era la relación muy buena.
¿Por qué probó la droga?
Fue desde el día que falleció mi hermano, el bebé.
¿Quiere contarnos cómo sucedió?
Mamá estaba embarazada, todo el embarazo bien, con un parto normal y cuando lo fue a tener, estaba muerto.
Se llamaba Agustín.
Ahí empecé a fumar.
Me afectó mucho. Era muy chiquitito y verlo me conmovió muchísimo.
No sé cómo no se dieron cuenta antes los médicos.
Mamá iba a todos los controles, tenía toda la ropita y todo para esperarlo, pero no lo pudo tener con ella.
Habíamos preparado la cuna, el cochecito, todas las cosas y falleció.
Era una ilusión que no te imaginas. Porque era el más chiquito.
Yo a él lo cuento entre los cinco cuando me preguntan cuántos hermanos somos.
Al tiempo mamá volvió a quedar embarazada y tuvo que hacer un gran tratamiento para conservar al bebé, dándose inyectables y demás.
Tiene la presión alta. Hoy tiene cuatro años este hermanito.
¿Cómo fue el primer día que probó la droga?
Me acuerdo que me invitaron a probar ese día mismo del velorio.
Yo me sentía re mal por la pérdida de mi hermanito.
Me quedé sola con mi otro hermanito, lo bañé y papá se fue al entierro.
Al rato yo salí, me fui a la esquina de mi casa y me invitaron a que probara y no sentí nada.
Era pasta base.
Y cuando fueron pasando los días, empecé a darme cuenta de que me dejaba quietita.
Me acuerdo de que ese día, amanecí y fumé durante cuatro días de corrido… y quería más.
Y cada vez fumaba más.
Ahí empecé a robar, a salir a la calle. Le robaba a mi padre o a mi madre.
Si había ropa en la vuelta, la agarraba, la llevaba a la calle y la vendía.
Cualquier plata que agarrara, todo servía.
Ni comía ya, porque ni siquiera tenía hambre y era de fumar. Llegué acá, re flaquita, arruinada con la que era mi cuñada.
¿Probó alguna otra droga?
Sí, marihuana, merca también. Cocaína.
Después, ya cuando salía a la calle y robaba, mamá me iba a buscar, me llevaba para casa y dormía un poco, comía y me iba otra vez. Había veces que por días ni aparecía en casa.
Pasaba solo fumando.
¿Su papá qué opinaba de la situación?
Papá me mataba a palos.
Me traía, me fajaba y yo esperaba…
Cuando él se dormía, yo abría la puerta despacito y me iba.
A mi tío también, ¡cuántas veces le robé!
Él trabaja en la Intendencia, ¡y los días que cobraba…!
Un día, recuerdo que terminé de fumar y me iba a acostar.
Y se me da por pasar por el cuarto donde estaba él y veo ahí arriba de la mesita de luz que estaba la billetera.
Justo había cobrado él. La abrí y le saqué cuatro palos.
Me fui, fumé un rato y volví. Entré al cuarto de él de nuevo y le saqué dos mil más, hasta que le robé toda la plata que tenía.
¿Cuánto gastaba en cada compra de droga que hacía?
Hasta mil pesos por compra
¿Cuánto sale?
Cien pesos, sale un chasqui.
Ahí tengo que prepararlo.
A veces en una pipa, otras, los hacía en una hojilla, porque como tenía cigarros, ponía el chasqui en el cigarro, ahí lo armaba y lo fumaba.
Hay que aguantar el humo y después soltarlo.
Yo lo apagaba fumaba un poco y lo volvía a prender.
Por las dudas que viniera mamá, trataba de fumarlo rápido, pero el corazón me hacía, toc, toc, toc. ¡Bien acelerado!
Fumaba re nerviosa.
Ya después fumaba más tranquila.
Fue tan grande el dolor de haber perdido a mi hermanito, que no me podía conformar.
¿Probó alcohol?
Sí, de a ratos.
Tenía una barra que tomaba cerveza y vino.
¿Cómo conseguía la droga?
En el barrio donde vivía.
En casi todas las casas hay.
De vez en cuando cae alguien preso, pero los demás siguen vendiendo igual.
Y si no había en mi barrio, me iba para otro.
Malvasio, Caballero, Calafí, Salto Nuevo.
A cualquier lado, con tal de conseguirla.
Me iba con un compañero o compañera.
¿Tenía novio?
Sí y él consumía, fumaba mucho también.
Nos enganchamos los dos a fumar.
“Cayó” él preso y seguí fumando yo. “Caí” presa yo y en unos días, salió en libertad él, que era menor en ese entonces. Pero ahora cumplió los 18 y sigue fumando.
¿Por qué estuvo él procesado?
Fue por hurto.
¿Y usted?
Por rapiña.
Solíamos andar juntas mi cuñada y yo.
Me invita un día para ir para la Avenida Barbieri que era donde mantenía relaciones con los hombres por plata. ¡Pero me cuidaba!
Y llega un señor a donde estábamos y ella le pide plata.
Me dice que él le iba a dar trescientos pesos por mí y yo muy boba me fui con el señor.
Íbamos caminando y ella atrás de nosotros, cuando llegamos a Reyles, siento que el señor grita.
Ella le mete la mano en el bolsillo y sale corriendo.
Yo cuando vi mil, dos mil pesos caídos, le fui a manotear. El hombre me pega una pedrada en el pie y salí corriendo para el barrio.
Ahí compró ella, fumé y al rato la vienen a buscar los Policías. Y a mi al otro día, me vienen a buscar a casa la Policía con ella.
Y me echaba la culpa a mí, de que yo le había robado al hombre.
Y allí me pusieron rapiña con ella.
Pero yo no tenía nada que ver.
Yo andaba, si. Pero supuestamente soy cómplice. Intenté robarle la plata del piso, pero nunca le robé, eso es una tentativa de hurto y me pusieron rapiña.
¿Cómo es el momento en que la apresan?
Yo dormía. Viene mí hermano, me despierta y me dice que estaba la Policía.
Cuando me visto y salgo, estaba lleno de Policías.
Mi mamá gritaba mucho.
Me llevaron primero al Hospital, después a la Segunda, al calabozo. ¡Tenía un hambre…!
Al otro día fuimos al Juzgado y ella me decía de todo a mí.
Yo también.
Tuvimos un careo delante de la Jueza y ella me decía: “dale nena, decí que fuiste vos que le pegaste y le robaste, todavía”.
“No, nada que ver”, le dije yo.
Al rato, estaba yo sentada, esposada y viene un Policía y me dice: “¡Perdiste! ¡Y con 18 años, por rapiña!”
¡Yo quedé helada! Recuerdo que me sacaban las huellas de los dedos y yo estaba como ida, no entendía que fuera cierto.
Y ta, fuimos las dos para “adentro”.
En febrero tuvimos un careo donde ella se hizo cargo de todo.
Solo espero la decisión del fiscal. A ver si me sacan la rapiña.
¿Cuándo fue?
Eso pasó el 5 de Mayo de 2016.
Por un lado mejor.
Porque estaba realmente mal. Mi madre me servía la comida y me daba asco.
Me bañaba y me iba. Volvía a los dos o tres días.
¿No tenía forma de justificar de que usted no había tomado el dinero?
No, no. Pasa que mi cuñada se fue pensando que yo agarré la plata.
¿Y el señor no atestiguó que no fue usted?
Él andaba en el juzgado y yo pedí un careo con él para ver si él decía quién fue que le robó la plata.
Les quería hacer entender que yo era la primera vez que “caía” y por rapiña todavía. ¡Que no fue!
Me hicieron firmar un papel y cuando me llevaron a firmar otro, les dije: “no, yo no te firmo nada más, porque yo no cometí ningún delito”.
¿Cómo se siente hoy?
Ahora estoy bien.
Cuando llegué acá había una cantidad de mujeres conocidas.
¿Cómo fue su llegada al I.N.R.?
Estaba muy asustada. No podía creer que me habían traído para la cárcel.
Cuando llegamos acá en la camioneta, andaba una banda de negras afuera y pensé: “¡Hay no, que tengo que pelear acá!” “Bueno, si alguna se me viene al humo, yo me voy a parar por las dudas”.
Me sacaron las esposas y siento que alguien dice: “¡nena!” y a mi me dicen nena en el barrio.
Ahí me dio el tal alivio, me tranquilicé.
Me dieron ropa las demás gurisas, vino mi padre y mi madre y me pasaron para el pabellón cuatro.
Y ahora re bien.
¿Cómo fueron los primeros días en el Instituto?
Primero pasaba solo llorando. Por la abstinencia esa que te da de ganas de fumar.
Quería fumar, fumar y fumar.
Me acuerdo que me decían que me fuera a acostar y yo me quedaba despierta hasta la una de la mañana.
Pero me daba cuenta de que no podía hacer nada.
¿Cómo fue al otro día?
Seguía con esas ansias y vino el Director del Centro, habló conmigo y me dijo que me iba a mandar a Ciudadela.
Es un Dispositivo que tenemos en Salto, donde van las personas que tienen problemas de adicciones.
Y me dieron un tratamiento para hacer con medicación para las drogas y hasta ahora no siento más ganas de fumar.
Capaz de fumar marihuana sí, un porro ahí, capaz.
Pero pasta base no.
¿Piensa que Ciudadela puede seguir ayudándola?
Sí, creo que sí.
Hay cosas para hacer ahí con talleres. Hay música, está la cocina y diferentes actividades y eso ayuda a la mente.
¿Cómo se relaciona con sus compañeras de cuarto?
Es un grupo re lindo.
Somos todas re compañeras.
De a ratos hay algún cruce de palabras, pero es lo normal, como en una casa.
¿Tiene alguna actividad aquí?
Sí, estoy trabajando en la chacra.
Son ocho horas. Fui a estudiar al liceo, pero no quise seguir.
¿Cuál es la pena que le adjudicaron?
No lo sé.
Espero la respuesta del fiscal. Tengo abogado pero no sé nada todavía.
¿Se siente apoyada por el I.N.R?
Me siento muy bien.
Te ayudan en todo lo que uno necesite.
¿Cómo visualiza su primer día en libertad?
Quiero salir y empezar a estudiar. A ayudar a mi madre y a mi hermano. Trabajar.
Pero no quiero más drogarme. Me hizo mal.
¿Realmente piensa así, o es un gran deseo que tiene?
No, no. No quiero. Si no, voy a “caer” de nuevo acá y así pasar toda mi vida presa.
Le voy a dar por fin la razón a mi mamá. Sé que va a quedar re contenta.
Cuando yo “caí”, hice fajina, estuve en tareas del baño, en la cocina, ahora estoy en la chacra trabajando.
Plantamos cebollín, frutilla, a veces tomate, lechuga, boniato, con canteros re largos, sacamos pasto y más.
¿Cómo espera que la reciba su barrio de vuelta?
Trataré de no salir de casa, porque está toda esta gente que consume afuera.
¿Se encuentra preparada para estar viviendo allí?
No saldré de casa. Me acostaré temprano, saldré un ratito y entro de nuevo.
Porque sé, que salgo “para abajo”, en la esquina de casa y me engancho de nuevo a fumar.
¿No se siente muy segura de sí misma?
(No responde, mira para abajo y sacude la cabeza).
¿Espera ansiosa el día de visita?
Algún familiar viene.
Viene mamá, papá y algunos hermanos.
Me retan mucho, me dice mamá: “Viste que yo te hablaba, te dije que ibas a caer presa. La droga, no te sirve de nada.
La mala junta, no te hace bien. Yo a veces me acuesto y pienso, a ver, qué vas a hacer cuando salgas. ¡Yo no quiero que fumes más!”.
Yo le digo, que se quede tranquila que yo no fumo más. Quiero hacer algo, empezar a estudiar.
Pero lo que pasa que yo empiezo a fumar de nuevo y empiezo a robar.
¿Le envía un mensaje a la sociedad de lo que ha vivido hasta hoy?
Lo que quiero decirle a la gurisada es que no se enganche en la droga.
Hay una chiquitita que es muy flaquita y vive en mi barrio, que con 13 años, anda fumando en la calle.
Pero también gurises más chiquitos todavía.
Que traten de hacer cosas positivas.
Quiero que sepan que al entrar, no salís más.
Te dan ganas de seguir, seguir y seguir consumiendo y hacés de todo. Desde robar, salir a la calle.
Yo al prostituirme estaba muy consciente de lo que hacía. Pero era porque la droga me llevaba a eso.
A veces iba drogada sí, pero a veces iba bien consciente. Me pagaban y me iba.
¿Estaba esto en conocimiento de su madre?
No. Pero de todas formas creo que alguien le habrá contado, porque cuando ella me lo decía, yo le decía que era mentira.
¿Le va a comentar sobre esta entrevista?
Sí.
¿Se enterará por ella de todas formas?
Sí, lo sé. Pero también quiero que sepa mi mamá, que quiero salir de acá del I.N.R. bien rehabilitada.
No importa si no salgo ahora, enseguida. Es más, quiero quedarme un poco más acá.
Porque yo salgo ahora, me dan la libertad y yo me engancho de nuevo a fumar.
Quiero estar por lo menos un año más.
Después sí, me quiero ir.
Mientras tanto no.
¿Ha pensado en mudarse de barrio?
Sí, el tema es complicado para cuando me den la libertad.
Tengo una compañera de mi barrio que salió en libertad y sigue fumando, como siempre.
Es muy difícil escapar de la situación, porque quiero estar con mi familia y ellos viven allí.
Mis padres, mis hermanos, mi tío, mi abuela.
Y yo no quiero separarme de ellos. Es mi familia y yo los quiero.
Y es muy feo con la droga.
Te arruina, perdés a tu familia, pensás solo en fumar.
¿Ha tomado en cuenta de lo que significa para su familia, verla consumir?
Sí, es horrible para mis padres verme así.
Yo cuando “caí”, pensé que ellos no iban a venir a verme, pero vienen y me traen paquetes de cosas.
Los días fuera de visita, también me traen cosas.
No se olvidan de mí y tengo que agradecerles todo eso cuando salga.
Cuando ellos vienen a las visitas, les doy un abrazo bien apretado y les digo: ¡cuánto los quiero y que no voy a consumir más!







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