José do Nacimento Coelho, oriundo de Portugal se afincó en barrio Artigas hace 55 años y en octubre cumplirá 100 años de edad

Con una lucidez  envidiable, pocas veces apreciada, don José Do Nacimento Coelho recuerda todos los detalles desde su partida de Portugal, hace de esto 76 años. En octubre de 2015 cumplirá 100 años y anhela hacerlo rodeado de hijos nietos y todos sus familiares.
Con todo el afecto de una familia maravillosa, conteniéndolo y disfrutando de su historia, sus recuerdos, pero por sobre todo, de su presencia.
Muy pendiente  de sus necesidades y sus alegrías, en un hogar muy cálido y rodeado de la naturaleza.
Se casó José, con María Elida da Cunha y siendo frutos de este amor, nacieron nueve hijos: Carlos María, Doris, Antonia, Raúl, Emilio, Teresita, Raquel, Ramón y Signorinhia.
También lo acompañan hoy diecinueve nietos, treinta y tres bisnietos y siete tataranietos, el menor de ellos muy pequeño.
Les acercamos hoy una maravillosa historia de vida, de alguien que es un ejemplo de tenacidad, de impulsos de caminar por la vida sin barreras. Un encantador y agradable ser humano, que para felicidad de mucha gente que lo rodea, llega muy pronto a sus 100 años:
¿Cuál es su pueblo natal?
Alte Aguas Frías, en Portugal.
¿Cuándo dejó Portugal para
venirse a Uruguay?
Salí de Portugal con un amigo, de Lisboa más precisamente en 1939.
Esperamos el barco, que venía de Inglaterra y seguía a Islas Canarias, estuvimos dos días y una noche allí,  llegando Pernambuco, el primer puerto brasilero y luego a Río de Janeiro, el 29 de Mayo de 1939.
Mi destino era el estado de Santos, desembarcamos y traía yo una dirección de una familia amiga que nos apoyó en todo. Estuvimos allí, siete días sin conseguir trabajo, luego de conseguirlo, solamente dormíamos en este hogar.
-¿Cuál fue su primer trabajo?
Lo primero que hicimos con mi compañero de viaje, fue ir a la selva.
Al llegar allí, “se me cayeron los brazos”.
Compramos un hacha cada uno y solicitamos trabajo en una empresa que se llamaba Cambriú, en la costa del mar.
Se trabajaba con el traslado de la leña que cortábamos de la selva en una zorra para la estación y de allí el tren la llevaba para Santos.
En toda la zona de la playa, estaba el contagio por una peste existente allí. Habían unos animalitos, del tamaño de una pulga, que hacían crecer una ampollita negra en nuestra piel y al reventarla, salía el bichito de allí.
Le llamaban bichito de piel, andaban los animales caseros, como los perros, todos deformados, por culpa de esta enfermedad.
Fue por esta situación que nos fuimos de allí al monte, cambiando de tarea en la misma empresa. En una vía del tren que trasladaba la leña del monte a la estación,  nuestra tarea era cargar el carro y empujarlo, hasta llegar a destino que eran unos metros.
Comenzamos con el problema de que el dinero que cobrábamos no nos rendía para nada.
Después que dejamos este lugar, comenzamos a trabajar en la ampliación del puerto de la zona, en Santos.
La  tarea era acarrear la tierra y piedras con palas para hacer la explanada, en nuestro lugar de destino.
Y mi trayectoria de vida, siguió siempre con trabajo pesado y con mucho sacrificio.
¿Cómo llega a Uruguay?
De allí de Santos, nos fuimos a Río Grande do Sul, nos trasladamos a Yaguarón, que queda entre Brasil y Río Branco  en Cerro Largo, y de allí a Montevideo.
Nos ofrecieron trabajo  al llegar, pero nuestra idea era irnos a Argentina, comenzando a buscar la manera de cruzar por el río ya que no teníamos documentos. Cuando llegó el momento, decidimos no ir, por motivos de dinero.
Nos vinimos para Salto y conocimos un señor que nos presenta a Masor, un conocido constructor que enseguida nos integra a su empresa, con un salario muy escaso. El mío era de $ 1, y el de mi compañero de $1.20 por día.
Y fue así que nos instalamos en calle Artigas y Piedras, en la casa del mencionado constructor, que gustosamente nos invitó.
¿Cómo solucionaron el problema de migración?
En ese entonces, abrieron migración para el Brasil y todo aquel que quería ir, sacaba los documentos y se volvía allí.
¿Cuál fue el trabajo que más le gustó realizar?
El más lindo en toda mi vida fue el de lidiar con animales.
Al tiempo de llegar a Salto, conozco a un señor portugués, que tenía quinta en  Tropezón y una bodega de vinos: Lusitana.
Comencé a trabajar en la chacra y mi compañero quedó trabajando en la construcción, me visitaba luego en la quinta los fines de semana.
El dueño de la quinta que me empleó, Don Antonio de Souza, compró una chacra luego en Garibaldi y es allí donde me dediqué a trabajar con animales y su vez le podaba la viña en Tropezón.
¿Cuándo se independizó?
Me propusieron trabajar una chacra a medias, y con un dinero que tenía ahorrado en el banco, compré unos caballos, unas herramientas manuales y me puse a trabajar.
Es allí que conocí a María Elida la que luego fue mi esposa, nos pusimos de novios y enseguida nos casamos.
¿Volvió a ver a su familia?
Como no sabía escribir ni leer, tuve que aprender y fue en dos meses que envié una carta a mi gente en Portugal.
Quedaron allí viviendo, mis padres y mis hermanos que eran cinco.
Tuve treinta años sin verlos, y después de estar durante mucho tiempo instalado en Barrio Artigas, me enviaron mis padres una carta, que me querían ver antes de morir, porque además deseaban distribuir todos sus bienes, y les respondo que no tenía los medios suficientes para viajar.
Un hermano político me abonó el pasaje, me trasladé a Montevideo luego a Buenos Aires y allí tomé el avión que me llevaría a destino.
Estuve con ellos unos cuantos meses, y luego de estar acá, nos escribimos muy seguido.
¿Cuándo se instaló en Bº Artigas?
Hace 55 años.
He participado socialmente en el barrio, siendo directivo de la Comisión Fomento de la Escuela Nº 14. Mis hijos y mi señora aprendieron mucho allí.
Estoy muy agradecido con este lugar de enseñanza y es por ello que hasta que estuve en condiciones de hacerlo, los apoyé.
¿Con qué disfruta?
Teniendo a la familia reunida, disfrutando de un asado. No tengo problemas en cuanto a la alimentación, como de todo, así que lo mismo da con otra comida, pero con la familia junta.
-Ya fui tres veces a Portugal, y disfrutaría volviendo, pero tengo una dificultad que es mi poca visión.
¿Cómo va a festejar su cumpleaños?
Toda mi gente me reclama esa fiesta. Así que esperaremos ansiosos que llegue ese momento.
Estamos bien preparados para festejarlo a lo grande y mi mayor satisfacción, es que  voy a tener a toda mi familia reunida.
Mary Olivera.

Con una lucidez  envidiable, pocas veces apreciada, don José Do Nacimento Coelho recuerda todos los detalles desde su partida de Portugal, hace de esto 76 años. En octubre de 2015 cumplirá 100 años y anhela hacerlo rodeado de hijos nietos y todos sus familiares.

Con todo el afecto de una familia maravillosa, conteniéndolo y disfrutando de su historia, sus recuerdos, pero por sobre todo, de su presencia.

Muy pendiente  de sus necesidades y sus alegrías, en un hogar muy cálido y rodeado de la naturaleza.

Se casó José, con María Elida da Cunha y siendo frutos de este amor, nacieron nueve hijos: Carlos María, Doris, Antonia, Raúl, Emilio, Teresita, Raquel, Ramón y Signorinhia.

También lo acompañan hoy diecinueve nietos, treinta y tres bisnietos y siete tataranietos, el menor de ellos muy pequeño.

Les acercamos hoy una maravillosa historia de vida, de alguien que es un ejemplo de tenacidad, de impulsos de caminar por la vida sin barreras. Un encantador y agradable ser humano, que para felicidad de mucha gente que lo rodea, llega muy pronto a sus 100 años:

¿Cuál es su pueblo natal?

Alte Aguas Frías, en Portugal.

¿Cuándo dejó Portugal para venirse a Uruguay?

Salí de Portugal con un amigo, de Lisboa más precisamente en 1939.

Esperamos el barco, que venía de Inglaterra y seguía a Islas Canarias, estuvimos dos días y una noche allí,  llegando Pernambuco, el primer puerto brasilero y luego a Río de Janeiro, el 29 de Mayo de 1939.

Mi destino era el estado de Santos, desembarcamos y traía yo una dirección de una familia amiga que nos apoyó en todo. Estuvimos allí, siete días sin conseguir trabajo, luego de conseguirlo, solamente dormíamos en este hogar.

-¿Cuál fue su primer trabajo?

Lo primero que hicimos con mi compañero de viaje, fue ir a la selva.

Al llegar allí, “se me cayeron los brazos”.

Compramos un hacha cada uno y solicitamos trabajo en una empresa que se llamaba Cambriú, en la costa del mar.

Se trabajaba con el traslado de la leña que cortábamos de la selva en una zorra para la estación y de allí el tren la llevaba para Santos.

En toda la zona de la playa, estaba el contagio por una peste existente allí. Habían unos animalitos, del tamaño de una pulga, que hacían crecer una ampollita negra en nuestra piel y al reventarla, salía el bichito de allí.

Le llamaban bichito de piel, andaban los animales caseros, como los perros, todos deformados, por culpa de esta enfermedad.

Fue por esta situación que nos fuimos de allí al monte, cambiando de tarea en la misma empresa. En una vía del tren que trasladaba la leña del monte a la estación,  nuestra tarea era cargar el carro y empujarlo, hasta llegar a destino que eran unos metros.

Comenzamos con el problema de que el dinero que cobrábamos no nos rendía para nada.

Después que dejamos este lugar, comenzamos a trabajar en la ampliación del puerto de la zona, en Santos.

La  tarea era acarrear la tierra y piedras con palas para hacer la explanada, en nuestro lugar de destino.

Y mi trayectoria de vida, siguió siempre con trabajo pesado y con mucho sacrificio.

¿Cómo llega a Uruguay?

De allí de Santos, nos fuimos a Río Grande do Sul, nos trasladamos a Yaguarón, que queda entre Brasil y Río Branco  en Cerro Largo, y de allí a Montevideo.

Nos ofrecieron trabajo  al llegar, pero nuestra idea era irnos a Argentina, comenzando a buscar la manera de cruzar por el río ya que no teníamos documentos. Cuando llegó el momento, decidimos no ir, por motivos de dinero.

Nos vinimos para Salto y conocimos un señor que nos presenta a Masor, un conocido constructor que enseguida nos integra a su empresa, con un salario muy escaso. El mío era de $ 1, y el de mi compañero de $1.20 por día.

Y fue así que nos instalamos en calle Artigas y Piedras, en la casa del mencionado constructor, que gustosamente nos invitó.

¿Cómo solucionaron el problema de migración?

En ese entonces, abrieron migración para el Brasil y todo aquel que quería ir, sacaba los documentos y se volvía allí.

¿Cuál fue el trabajo que más le gustó realizar?

El más lindo en toda mi vida fue el de lidiar con animales.

Al tiempo de llegar a Salto, conozco a un señor portugués, que tenía quinta en  Tropezón y una bodega de vinos: Lusitana.

Comencé a trabajar en la chacra y mi compañero quedó trabajando en la construcción, me visitaba luego en la quinta los fines de semana.

El dueño de la quinta que me empleó, Don Antonio de Souza, compró una chacra luego en Garibaldi y es allí donde me dediqué a trabajar con animales y su vez le podaba la viña en Tropezón.

¿Cuándo se independizó?

Me propusieron trabajar una chacra a medias, y con un dinero que tenía ahorrado en el banco, compré unos caballos, unas herramientas manuales y me puse a trabajar.

Es allí que conocí a María Elida la que luego fue mi esposa, nos pusimos de novios y enseguida nos casamos.

¿Volvió a ver a su familia?

Como no sabía escribir ni leer, tuve que aprender y fue en dos meses que envié una carta a mi gente en Portugal.

Quedaron allí viviendo, mis padres y mis hermanos que eran cinco.

Tuve treinta años sin verlos, y después de estar durante mucho tiempo instalado en Barrio Artigas, me enviaron mis padres una carta, que me querían ver antes de morir, porque además deseaban distribuir todos sus bienes, y les respondo que no tenía los medios suficientes para viajar.

Un hermano político me abonó el pasaje, me trasladé a Montevideo luego a Buenos Aires y allí tomé el avión que me llevaría a destino.

Estuve con ellos unos cuantos meses, y luego de estar acá, nos escribimos muy seguido.

¿Cuándo se instaló en Bº Artigas?

Hace 55 años.

He participado socialmente en el barrio, siendo directivo de la Comisión Fomento de la Escuela Nº 14. Mis hijos y mi señora aprendieron mucho allí.

Estoy muy agradecido con este lugar de enseñanza y es por ello que hasta que estuve en condiciones de hacerlo, los apoyé.

¿Con qué disfruta?

Teniendo a la familia reunida, disfrutando de un asado. No tengo problemas en cuanto a la alimentación, como de todo, así que lo mismo da con otra comida, pero con la familia junta.

-Ya fui tres veces a Portugal, y disfrutaría volviendo, pero tengo una dificultad que es mi poca visión.

¿Cómo va a festejar su cumpleaños?

Toda mi gente me reclama esa fiesta. Así que esperaremos ansiosos que llegue ese momento.

Estamos bien preparados para festejarlo a lo grande y mi mayor satisfacción, es que  voy a tener a toda mi familia reunida.

Mary Olivera.







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