Jóvenes sirias llegaron hasta el Hospital anoche junto a sus otros hermanos para que le vean un esguince de tobillo

La sala de Emergencias del Hospital estaba desbordada anoche. Parecía ser que el fenómeno de la súper luna y el cálido clima que inundaba la calle incidían hasta en ese hecho. Entre el aglutinamiento de pacientes padeciendo la espera de ser atendidos, parecían primar los malestares y los estados febriles.
Fue así que una niña, de apenas 5 años, entre que se dormía y se desplomaba del estado febril. Estaba recostada en la falda de su abuela y al lado suyo las acompañaba un heroico primo de la pequeña de apenas 11 años de edad, con el bolso con ropas de recambio cruzado al pecho se había aguantado estoico las cuatro horas que hacía que esperaban ser atendidos.
A su lado, mucha gente aguantando por la misma cosa, todos querían que el médico los viera y regresar a casa. Hasta allí llegó EL PUEBLO que observó el movimiento de una noche en la sala de emergencia, donde la espera para un paciente que quiere llegar a ser atendido lo más rápido posible, puede ser lo más parecido al purgatorio.
Al rato, la guardia de seguridad de la puerta de la emergencia se levanta y le toca la frente. “Está volando de fiebre”, le comenta a su abuela con lamento. Alguien le sugiere que la haga entrar a un block y ésta le hace caso. La niña ingresa abrazada de la guardia de seguridad, su abuela la sigue y su primito espera afuera.
Con valentía y bronca por lo ocurrido el niño dice “vinimos a las 6 de la tarde desde el barrio Caballero y todavía estamos esperando, yo creo que estando acá sentados le aumentó la fiebre”.
Pero no era la única con fiebre. Había otro joven que era consolado por su novia porque volaba de fiebre y malestar y los minutos se le hacían eternos, mientras un veinteañero con el esguince de tobillo a flor de piel, saltaba en un pie de aquí para allá, hasta que lo llamaran.
En tanto, el signo de la estigmatización a flor de piel por parte del Estado nunca falta, cuando de repente un jovencito ingresó rodeado de policías para el chequeo médico obligatorio que deben llevar a cabo los efectivos tras cada detención. No había una entrada lateral para recibir este tipo de casos al parecer y el adolescente debió cruzar por el medio de decenas de personas que aguardaban ser atendidas.
ADOLESCENTE
LASTIMADA
Pero en el monitor donde se llama a los pacientes para que ingresen a los distintos box de atención, había un nombre que saltaba a la vista, era el de Nada Merii Al Shebli, la ciudadana siria, integrante de una numerosa familia que fue traída durante el gobierno de José Mujica al país, en calidad de refugiados.
Desde hace unos meses ellos viven en Salto, en una chacra de la Colonia Osimani que le fue cedida por el Instituto Nacional de Colonización para el programa de realojo. Nada de veinte y pocos años se había caído de la bicicleta y tenía un severo esguince que estaba a ojos vista. Así salió de su atención, apoyada en el hombro de su hermana que junto a otros dos de los hermanos varones estaban junto a ellas en el lugar.
Nada Merii y sus hermanos llegaron al lugar trasladados por la Policía, ya que tras el accidente por ella sufrido pero que afortunadamente no pasó a mayores, fue activado el sistema institucional de apoyo a ellos, que los ayudan en la reinserción social y en obtener la atención por lo menos adecuada cuando acuden a un servicio del Estado.
La joven salió del Hospital y junto a un equipo técnico que la acompañaba esperaban un móvil policial que pudiera trasladarlos hasta su residencia.
En la oportunidad, EL PUEBLO aprovechó para presentarse y dialogar con ellos, quienes saludaron con suma cortesía y en un español bastante precario dieron una primera impresión aunque muy superflua de cómo los han tratado los medios de comunicación del país hasta ahora. Igualmente manifestaron su agradecimiento por la preocupación y la joven que en su cara reflejaba dolor, también sonreía.
Tras esto, la sala de espera seguía cada vez más abarrotada de gente y los médicos llegaban de a uno con la posibilidad de quizás llegar a curar a quienes más lo necesitan, en el caso de Nada Merii le recomendaron ponerse hielo y no le dieron nada. Su tobillo lucía hinchado, su cabello cubierto y su rostro con dolor e incertidumbre por lo que vendrá.