Juan Pablo II en el corazón de los salteños

Cada tanto es agradable caminar sin apuro por nuestra ciudad, observando edificios, casas y monumentos. Y mejor si lo hacemos acompañados con gente memoriosa, que enriquece esta mirada con el paisaje humano, histórico y cultural. Recorrer con este espíritu exige una pequeña dosis de información e imaginación. Algo semejante a lo que sucede cuando visitamos otros lugares. Roma antigua, por ejemplo, es un lugar donde en cada esquina, puente o callecita aparecen huellas de un pasado que convive amablemente con el presente. Desde el foro romano donde entre columnas, escalinatas o arcos uno tiene que imaginar y oír a Cicerón declamando sus Catilinarias. O cuando compartiendo una pizza con amigos en una vereda y de pronto la mirada se detiene en un punto, es una estatua de los primeros siglos donde un tal Pasquino colgaba en el siglo XVI sus sátiras contra políticos o papas de la época y de allí viene nuestro término “pasquín”.
JUAN PABLO II en la MEMORIA de los SALTEÑOS
Mons. Pablo Galimberti

Cada tanto es agradable caminar sin apuro por nuestra ciudad, observando edificios, casas y monumentos. Y mejor si lo hacemos acompañados con gente memoriosa, que enriquece esta mirada con el paisaje humano, histórico y cultural. Recorrer con este espíritu exige una pequeña dosis de información e imaginación. Algo semejante a lo que sucede cuando visitamos otros lugares. Roma antigua, por ejemplo, es un lugar donde en cada esquina, puente o callecita aparecen huellas de un pasado que convive amablemente con el presente. Desde el foro romano donde entre columnas, escalinatas o arcos uno tiene que imaginar y oír a Cicerón declamando sus Catilinarias. O cuando compartiendo una pizza con amigos en una vereda y de pronto la mirada se detiene en un punto, es una estatua de los primeros siglos donde un tal Pasquino colgaba en el siglo XVI sus sátiras contra políticos o papas de la época y de allí viene nuestro término “pasquín”.

JUAN PABLO II en la MEMORIA de los SALTEÑOS

Mons. Pablo Galimberti

Una memoria en el corazón de los salteños

Me refiero a una memoria que no es nostalgia ni marketing turístico sino oportunidad de evocar páginas de la historia reciente cuyas huellas siguen vivas en personas y lugares de nuestra ciudad.

Quién era el Papa Wojtyla que nos visitaba

Para la multitud silenciosa y expectante que aguardaba curiosa luego de la “fumata bianca” en Plaza San Pedro, cuandogalimbertipablose anunció con solemnidad ¡Habemus Papam” resultaba un extraño. El mismo Cardenal Felici, que debía pronunciar su nombre desde el balcón, preguntó a un cardenal austríaco cómo se escribía el nombre y murmuró ¡qué ortografía terrible! Sin embargo su trayectoria no era desconocida por la mayoría de los cardenales electores.

Wojtyla fue elegido el 16 de octubre de 1978 después del cuarto escrutinio y al preguntársele si aceptaba la elección, asumió la responsabilidad que se le encomendaba expresando: “Con la obediencia de la fe delante de Cristo mi Señor, abandonándome a la Madre de Cristo y de la Iglesia, consciente de las grandes dificultades, ¡acepto!”. Y cuando el maestro de ceremonias lo invitó a tomar asiento para recibir el saludo de los cardenales, Wojtyla rompió el protocolo. Dijo “¡a mis hermanos los recibo de pie!”. El anciano cardenal polaco Wysynski, con la experiencia de los años y la sabiduría de la memoria histórica de los eslavos, le dijo a Juan Pablo II que Dios lo había elegido para conducir a la Iglesia hacia el tercer milenio.

La visita a Uruguay y a Salto se inscribe en ese espíritu cargado de urgencia y novedad, para que la fe de los cristianos y de la comunidad católica, tocada por la novedad que le es intrínseca, sea capaz de inyectar savia nueva en la iglesia y la sociedad. Ese fue el mensaje que nos trajo Juan Pablo II. Era un hombre “todoterreno”, madurado en las adversidades y que podía testimoniar cómo se puede ser cristiano con esperanza, sagacidad y audacia en escenarios complejos como los del fin del milenio que se avecinaba.

Evocar la visita del Papa Juan Pablo II a Salto, escuchando memorias, anécdotas y vivencias de quienes pasaron la noche en vela y volver al lugar, puede ser un paseo no sólo para el visitante sino para quienes allí estuvimos.

Los obispos acompañamos al Papa en el avión que  despegó en Montevideo con tiempo inestable y leves lloviznas, pero al aterrizar en Salto las condiciones habían mejorado.

En el lugar de la celebración numerosas personas estaban preparadas para asegurar el mejor desarrollo de la ceremonia religiosa pero también para intervenir en cualquier emergencia; las medidas sanitarias incluían contar con  sangre del mismo grupo sanguíneo del Papa ante cualquier emergencia.

Multitud entusiasta

Llegados al lugar el paisaje era de una multitud entusiasta, muchos de ellos instalados desde la medianoche, agitaban banderas o levantaban carteles con mensajes. Una era de los adolescentes de la Diócesis que le pedían a Juan Pablo que los mencionara en algún momento, como lo hizo. Otros pedían la canonización del Padre Pío. Los que estaban atrás levantaban sus voces pidiendo que bajaran los carteles porque les tapaban la visual. El coro Cantares tuvo una participación de excelente nivel al inicio y al final. Los cantos de la Misa con la entusiasta participación del pueblo dieron calor y ritmo gracias a un buen número de guitarras coordinadas con mucha paciencia y destreza.

La bienvenida al comienzo de la  celebración correspondió al obispo Monseñor Marcelo Mendiharat, quien trazó a vuelo de pájaro algunos perfiles de la situación  religiosa, social, humana y laboral de la ciudad, el campo y del litoral norte del país, que abarca los cuatro departamentos de la Diócesis más extensa en superficie del país, desde Artigas hasta Fray Bentos.

Mensaje del Papa

Juan Pablo II dirigió su mensaje a partir de las palabras del Evangelio que se habían proclamado en la misa, resaltando el dinamismo y la eficacia de la Palabra de Dios. Proclamar un pasaje de la Biblia no es mera información, como quien lee una página histórica. “Jesucristo es el primer evangelizador”, enfatizó. Es así que “dondequiera que se anuncia la Buena Nueva en nombre de Cristo, allí mismo actúa él como mensajero de salvación”. Cuando uno expresa “tal palabra me tocó”, puede también decir, Jesucristo “tocó” una fibra de mi vida.

Evangelio y promoción humana, social y cultural

Juan Pablo II ubicó Salto y el país dentro de un mapa cultural de América del Sur. Hizo memoria de los primeros evangelizadores de estas tierras americanas, quienes realizaron una labor admirable para acercar a Cristo a los pueblos recién conocidos. Al mismo tiempo, “llevaron a cabo un ingente trabajo de promoción social y cultural que hoy es orgullo y patrimonio de todo el Continente y forma parte del ser nacional de todos estos países. Monumentos artísticos y literarios, gramáticas y catecismos en las principales lenguas indígenas,… son algunos de los frutos de esa obra de civilización”. El Evangelio “se extendió en muchas ocasiones, antes de que se instalaran de manera permanente los pobladores europeos y fue siempre un factor de armonía y defensa de los derechos de los más débiles”.

El Papa saludó también durante sus palabras a los fieles llegados de otros puntos del país y de lugares limítrofes de Argentina y Brasil.

El núcleo central consistió en un llamado a “una nueva evangelización”. La novedad no es novelería. Nace de un ardor nuevo y lleva a métodos y expresiones nuevas. Era el programa que el  Papa había empezado a proponer a todos los obispos de América Latina y el Caribe a partir del año 1983. Invitó con energía a no ocultar nunca la propia fe o ponerla entre paréntesis cuando hay que enfocar o resolver problemas de convivencia.

¡No tengan miedo! Cuidado con la táctica de avestruz

Juan Pablo II repitió entre nosotros el mismo llamado realizado cuando inauguró  su pontificado: No tengan miedo. Intuía que ante los desafíos de los tiempos actuales una estrategia frecuente es esquivar el bulto, esconder la cabeza y eludir dar una respuesta. En términos criollos “la táctica del avestruz”. No utilizó esta expresión pero expresó lo mismo: “No tengan miedo a las dificultades ni a las incomprensiones tantas veces inevitables que produce en el mundo el esfuerzo por ser fieles al Señor! Ya sabemos que el cristianismo nunca fue un camino cómodo. Y también sabemos que vale la pena gastar la vida, día a día, en un trabajo constante por ser coherentes con la fe que hemos recibido”.







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