Jubilados de Telecomunicaciones comparten su experiencia que acompasó avance tecnológico y se enorgullecen de su función

Carlos Pereira Grilli (75), Nelson Ruiz (67), Elder Machiavello (62), Juan Pedro Carballo (63) y Daniel Barbieri Paiva (65) pertenecen a la última camada de telegrafistas, un oficio que marcó un hito en la historia de las telecomunicaciones en el orbe.
Retirados ya de la profesión,  en carácter de jubilados de la Administración Nacional de las Telecomunicaciones reflotan anécdotas y experiencias de un trabajo que requirió en su momento, una instrucción y preparación previa de un año y como ellos mismos lo expresan “se requería tener muy buen oído y puño para manejar el alfabeto Morse.
UNA MISIÓN
FUNDAMENTAL
EN MANOS DE
LOS TELEGRAFISTAS
Esta función en la primera etapa correspondió al Telégrafo Nacional y posteriormente en 1974 fue una función  que pasó a ser absorbida por ANTEL.
La organización en el Telégrafo tenía a merced funcionarios en cada tarea específica; estaba la persona que atendía el público que era llamada “ventanillero”; estaba el telegrafista y el que ordenaba el trámite, conocido como “galopín”, que era el mensajero.
El telegrama era pasado a la sala de transmisión en donde estaban ubicados los telegrafistas que mantenían conexión con la capital del país, Mercedes, Paysandú y Salto… se copiaba y se pasaba por medio del galopín a la distribución… ese mensajero llevaba el telegrama a los domicilios.
Esa era la misión del telégrafo.
El telegrama internacional se recepcionaba en Concordia, pues había una instalación de cables subterráneos y así se mantenía una línea directa.
Con Montevideo la comunicación se hacía a través de la Estación Cerrito, que  a su vez establecía conexión con Balcarce y desde allí a otros puntos estratégicos.
“Entré a trabajar en el Telégrafo en 1961; ya allí trabajaba mi padre que había entrado en la década del 40…  cuando surgieron los pioneros.
Nosotros vivimos el impase, salimos del Telégrafo y empezamos a trabajar en ANTEL  con el advenimiento de las nuevas tecnologías” – remarcó Nelson Ruiz.
LA APARICIÓN DE LAS
TELETIPO: UN PASO AL
DESARROLLO
TECNOLÓGICO
En 1975 aparecieron las  máquinas teletipo, que eran una especie de grandes cajones que para los funcionarios era “algo nuevo en la tecnología…  algunas eran de origen alemán y otras italianas, similares a una máquina de escribir”.
La función del telegrafista fue de gran trascendencia y quien desempeñaba la función “debía tener muy buen oído y muñeca”, pues el código del Alfabeto Morse es un punto y una raya.
Para saber diferenciar  las combinaciones del punto y la raya se requiere de una práctica por un tiempo considerable.
La velocidad en que se transmite la información y se recibe es verdaderamente sorprendente…  no solamente se transmitía a velocidad de mano,  sino también de cinta.
Se podía aumentar la velocidad, dependiendo del telegrafista que estaba recibiendo en el otro extremo.
“Había telegrafistas que tenían una capacidad impresionante, capaces de recibir y transmitir hasta 70 palabras por minuto”.
Los telegramas de congratulaciones se trabajaban a gran escala… Salto recibía entre 25 y 30.000 telegramas por mes (entre transmitidos y recibidos).
En fechas como Navidad y Año Nuevo,  comenzaban a recibirse los mensajes en diciembre y se continuaban repartiendo hasta el mes de febrero.
Como se sabía que eran mensajes de salutación y no se daba abasto para transmitirlos, venían remesas por onda y se dividía el reparto en cuatro zonas.
EL ALFABETO MORSE
El código morse o también conocido como alfabeto morse es un sistema de representación de letras y números mediante señales emitidas de forma intermitente.
Fue desarrollado por Alfred Vail mientras colaboraba en 1830 con Samuel Morse en la invención del telégrafo eléctrico.
Vail creó un método según el cual cada letra o número era transmitido de forma individual con un código consistente en rayas y puntos, es decir, señales telegráficas que se diferencian en el tiempo de duración de la señal activa.
La duración del punto es la mínima posible.
Una raya tiene una duración de aproximadamente tres veces la del punto.
Entre cada par de símbolos de una misma letra existe una ausencia de señal con duración aproximada a la de un punto. Entre las letras de una misma palabra, la ausencia es de aproximadamente tres puntos.
Para la separación de palabras transmitidas el tiempo es de aproximadamente tres veces el de la raya. Morse reconoció la idoneidad de este sistema y lo patentó junto con el telégrafo eléctrico.
En sus comienzos, el alfabeto Morse se empleó en las líneas telegráficas mediante los tendidos de cable que se fueron instalando.
Más tarde, se utilizó también en las transmisiones por radio, sobre todo en el mar y en el aire, hasta que surgieron las emisoras y los receptores de radiodifusión mediante voz.
En la actualidad, el alfabeto Morse tiene aplicación casi exclusiva en el ámbito de los radioaficionados, y aunque fue exigido frecuentemente su conocimiento para la obtención de la licencia de radio operador aficionado hasta el año 2005, posteriormente, los organismos que conceden esa licencia en todos los países están invitados a dispensar del examen de telegrafía a los candidatos.
En las cartas de navegación está indicada la frecuencia junto con una señal Morse que sirve, mediante radio, para confirmar que ha sido sintonizada correctamente.
“EL TELÉFONO
ERA HABLADO
Y EL TELEGRAMA
DOCUMENTADO”
En 1963, había en Salto 33 funcionarios, 9 mensajeros y 11 telegrafistas que formaban turnos de tres, hubo una época en que los sueldos de los telegrafistas estaban equiparados a lo que comprendía – por ejemplo – la remuneración de un comisario.
Las comunicaciones del país se movilizaban en torno al Telégrafo, la información llegaba a diario  y se mantenía un contacto directo con Presidencia de la República.
En la primera etapa las oficinas estuvieron instaladas en Artigas y Juan Carlos Gómez, luego se trasladaron a Uruguay No. 526 y posteriormente al edificio de Antel.
La función de telegrafista fue considerada como trabajo insalubre, por eso se trabajaban seis horas diarias.
La “manquera” y las dificultades auditivas son algunas de las secuelas que quedan a nivel físico, luego del trabajo de muchos años como telegrafista.
En 1959 cuando la gran inundación, se perdieron las comunicaciones y lo único que funcionaba era la radiotelegrafía.
Merced a la colaboración del entonces Párroco de la Iglesia del Carmen, se pudo colocar una antena que permitió  que se restableciera la comunicación.
“La gente estaba desesperada por noticias” – recordó uno de los funcionarios.
Ese mes se trabajó prácticamente las 24 horas.
UNA ANÉCDOTA
“Había escasez de papel y se recurrió a un comité del Partido Colorado a fin de utilizar provisoriamente el  dorso para escribir los telegramas.
Una hija de un caudillo blanco recibió un telegrama con la figura de Batlle en el lado posterior y fue a reclamar furiosa.
Le explicamos la situación y luego que se recibieron los nuevos formularios se le envió nuevamente el telegrama”.
El grupo de funcionarios hoy mantiene reuniones de camaradería y están haciendo los trámites para donar al Museo del Hombre y la Tecnología, una de las máquinas que tiene un valor histórico y testimonial y seguramente planificarán alguna charla para los estudiantes.

Carlos Pereira Grilli (75), Nelson Ruiz (67), Elder Machiavello (62), Juan Pedro Carballo (63) y Daniel Barbieri Paiva (65) pertenecen a la última camada de telegrafistas, un oficio que marcó un hito en la historia de las telecomunicaciones en el orbe.

Retirados ya de la profesión,  en carácter de jubilados de la Administración Nacional de las Telecomunicaciones reflotan anécdotas y experiencias de un trabajo que requirió en su momento, una instrucción y preparación previa de un año y como ellos mismos lo expresan “se requería tener muy buen oído y puño para manejar el alfabeto Morse.

UNA MISIÓN

FUNDAMENTAL

EN MANOS DE

LOS TELEGRAFISTAS

Esta función en la primera etapa correspondió al Telégrafo Nacional y posteriormente en 1974 fue una función  que pasó a ser absorbida por ANTEL.

La organización en el Telégrafo tenía a merced funcionarios en cada tarea específica; estaba la persona que atendía el público que era llamada “ventanillero”; estaba el telegrafista y el que ordenaba el trámite, conocido como “galopín”, que era el mensajero.

El telegrama era pasado a la sala de transmisión en donde estaban ubicados los telegrafistas que mantenían conexión con la capital del país, Mercedes, Paysandú y Salto… se copiaba y se pasaba por medio del galopín a la distribución… ese mensajero llevaba el telegrama a los domicilios.

Esa era la misión del telégrafo.

El telegrama internacional se recepcionaba en Concordia, pues había una instalación de cables subterráneos y así se mantenía una línea directa.

Con Montevideo la comunicación se hacía a través de la Estación Cerrito, que  a su vez establecía conexión con Balcarce y desde allí a otros puntos estratégicos.

“Entré a trabajar en el Telégrafo en 1961; ya allí trabajaba mi padre que había entrado en la década del 40…  cuando surgieron los pioneros.

Nosotros vivimos el impase, salimos del Telégrafo y empezamos a trabajar en ANTEL  con el advenimiento de las nuevas tecnologías” – remarcó Nelson Ruiz.

LA APARICIÓN DE LAS

TELETIPO: UN PASO AL

DESARROLLO

TECNOLÓGICO

En 1975 aparecieron las  máquinas teletipo, que eran una especie de grandes cajones que para los funcionarios era “algo nuevo en la tecnología…  algunas eran de origen alemán y otras italianas, similares a una máquina de escribir”.

La función del telegrafista fue de gran trascendencia y quien desempeñaba la función “debía tener muy buen oído y muñeca”, pues el código del Alfabeto Morse es un punto y una raya.

Para saber diferenciar  las combinaciones del punto y la raya se requiere de una práctica por un tiempo considerable.

La velocidad en que se transmite la información y se recibe es verdaderamente sorprendente…  no solamente se transmitía a velocidad de mano,  sino también de cinta.

Se podía aumentar la velocidad, dependiendo del telegrafista que estaba recibiendo en el otro extremo.

“Había telegrafistas que tenían una capacidad impresionante, capaces de recibir y transmitir hasta 70 palabras por minuto”.

Los telegramas de congratulaciones se trabajaban a gran escala… Salto recibía entre 25 y 30.000 telegramas por mes (entre transmitidos y recibidos).

En fechas como Navidad y Año Nuevo,  comenzaban a recibirse los mensajes en diciembre y se continuaban repartiendo hasta el mes de febrero.

Como se sabía que eran mensajes de salutación y no se daba abasto para transmitirlos, venían remesas por onda y se dividía el reparto en cuatro zonas.

EL ALFABETO MORSE

El código morse o también conocido como alfabeto morse es un sistema de representación de letras y números mediante señales emitidas de forma intermitente.

Fue desarrollado por Alfred Vail mientras colaboraba en 1830 con Samuel Morse en la invención del telégrafo eléctrico.

Vail creó un método según el cual cada letra o número era transmitido de forma individual con un código consistente en rayas y puntos, es decir, señales telegráficas que se diferencian en el tiempo de duración de la señal activa.

La duración del punto es la mínima posible.

Una raya tiene una duración de aproximadamente tres veces la del punto.

Entre cada par de símbolos de una misma letra existe una ausencia de señal con duración aproximada a la de un punto. Entre las letras de una misma palabra, la ausencia es de aproximadamente tres puntos.

Para la separación de palabras transmitidas el tiempo es de aproximadamente tres veces el de la raya. Morse reconoció la idoneidad de este sistema y lo patentó junto con el telégrafo eléctrico.

En sus comienzos, el alfabeto Morse se empleó en las líneas telegráficas mediante los tendidos de cable que se fueron instalando.

Más tarde, se utilizó también en las transmisiones por radio, sobre todo en el mar y en el aire, hasta que surgieron las emisoras y los receptores de radiodifusión mediante voz.

En la actualidad, el alfabeto Morse tiene aplicación casi exclusiva en el ámbito de los radioaficionados, y aunque fue exigido frecuentemente su conocimiento para la obtención de la licencia de radio operador aficionado hasta el año 2005, posteriormente, los organismos que conceden esa licencia en todos los países están invitados a dispensar del examen de telegrafía a los candidatos.

En las cartas de navegación está indicada la frecuencia junto con una señal Morse que sirve, mediante radio, para confirmar que ha sido sintonizada correctamente.

“EL TELÉFONO

ERA HABLADO

Y EL TELEGRAMA

DOCUMENTADO”

En 1963, había en Salto 33 funcionarios, 9 mensajeros y 11 telegrafistas que formaban turnos de tres, hubo una época en que los sueldos de los telegrafistas estaban equiparados a lo que comprendía – por ejemplo – la remuneración de un comisario.

Las comunicaciones del país se movilizaban en torno al Telégrafo, la información llegaba a diario  y se mantenía un contacto directo con Presidencia de la República.

En la primera etapa las oficinas estuvieron instaladas en Artigas y Juan Carlos Gómez, luego se trasladaron a Uruguay No. 526 y posteriormente al edificio de Antel.

La función de telegrafista fue considerada como trabajo insalubre, por eso se trabajaban seis horas diarias.

La “manquera” y las dificultades auditivas son algunas de las secuelas que quedan a nivel físico, luego del trabajo de muchos años como telegrafista.

En 1959 cuando la gran inundación, se perdieron las comunicaciones y lo único que funcionaba era la radiotelegrafía.

Merced a la colaboración del entonces Párroco de la Iglesia del Carmen, se pudo colocar una antena que permitió  que se restableciera la comunicación.

“La gente estaba desesperada por noticias” – recordó uno de los funcionarios.

Ese mes se trabajó prácticamente las 24 horas.

UNA ANÉCDOTA

“Había escasez de papel y se recurrió a un comité del Partido Colorado a fin de utilizar provisoriamente el  dorso para escribir los telegramas.

Una hija de un caudillo blanco recibió un telegrama con la figura de Batlle en el lado posterior y fue a reclamar furiosa.

Le explicamos la situación y luego que se recibieron los nuevos formularios se le envió nuevamente el telegrama”.

El grupo de funcionarios hoy mantiene reuniones de camaradería y están haciendo los trámites para donar al Museo del Hombre y la Tecnología, una de las máquinas que tiene un valor histórico y testimonial y seguramente planificarán alguna charla para los estudiantes.







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