LA BANDA SONORA DE TU VIDA

MÁS SENTIMENTALES QUE DE COSTUMBRE

Ante la proximidad de “La Noche de los Recuerdos” o “La Noche de la Nostalgia”, nos vamos poniendo más sentimentales que de costumbre.
Y aunque uno no lo quiera empezamos a evocar épocas pasadas, desde la niñez en adelante. Va más allá de la música o de los oldies, que nos hacen pensar qué hacíamos en determinado momento al compás de esos sonidos.
Desde que lo escuchaábamos por la radio, en un viejo pasadiscos, en el equipo de audio, en el auto, o donde sea, en

Bailemos otra vez twist con Chubby Checker

Bailemos otra vez twist con Chubby Checker

forma de vinilo, cassette, o en disco compacto, que a propósito días pasados estuvo de cumpleaños, celebrando su lanzamiento mundial.
Si habrán caído rápido las hojas del calendario, que todo eso ya va quedando atrás, ahora se oye en la pc, en el celular o en el diminuto pendrive, que si no prestás atención o sos precavido, se te pierde en cualquier instante, debido a su minúsculo tamaño.
Pero, sin irnos del tema, son aquellas canciones, aquellos éxitos, aquellas historias que uno tiene, y que muchas no puede olvidar. Es la propia banda sonora de tu vida la que te invade, y te transporta a rememorar un tiempo pasado donde no se si fue mejor, pero sí que hubo dicha, felicidad, y por qué no, momentos de los otros.
Nos quedamos con los mejores instantes, con los más alegres, y entretenidos que nos tocó en suertes disfrutar. De eso se trata.

UN CAPITÁN QUE JUGABA A LOS VAQUEROS

Era un divertente capitán que estaba acompañado por un “boy scout” a quien llamaban Siemprelisto. Ambos tenían un parentesco familiar: tío y sobrino que con sus diabluras y locuras protagonizaban una tarde sumamente llevadera y entretenida en la tele. Fue una costumbre llegar de la escuela y poder ver las andanzas del tan querible “Capitán

Album de cromos de Marisol

Album de cromos de Marisol

Cañones”, de vaquero luchando con los indios, o emitiendo a “Los tres chiflados”, mientras merendábamos con alguna torta casera que hacía mamá Brígida acompañada por un vascolet caliente. ¡Me parece verlo! Quizás a ustedes les pasó algo parecido. Es que era un botija y tenía muchos amiguitos, nos reuníamos en una placita, ahí jugábamos a la pelota, pero no teníamos la oficial, que íbamos a tener, eso era inconseguible, le pegábamos a la de plástico o de goma, y hacíamos partido en la calle, quince contra quince, no había tantos y tantos autos como ahora. Nos divertíamos sanamente, más allá de romper algún vidrio o de hacer irritar a Doña María porque la pelota fue a parar a la azotea. Y también nos quedaba tiempo para jugar a la bolita, con “el piojito, la favorita, y el bochón” haciendo “chanta y cuarta”, o juntar “Donald Campeón”, con lo que venía después con las figuritas, “el sapito” o “la tapadita”, y la tan conocida “arrimadita”, la que estaba primero les ganaba a las demás. Hasta me acuerdo del álbum “Un rayo de luz” de Marisol con unos cromos en colores que se vendían en sobres por los kioscos. También estaban “el trompo” o “el balero”, pero decididamente eso no era mi fuerte.

BILLIKEN, DOMINGOS ALEGRES, PATORUZÚ e ISIDORO

El Agente de CIPOL en Domingos Alegres.   2

El Agente de CIPOL en Domingos Alegres

Acaso no recordás las revistas de ese momento. Billiken, de aparición semanal, mi padre me la traía cuando salía de trabajar, acompañado de un chocolatín Águila; eso si me portaba bien. Los “Domingos Alegres” de chistes con “Henry”, “Lassie”, “Rin Tin Tin”, “Furia”, “Jim de la Selva”, “El agente secreto de C.I.P.O.L.”, “Mi marciano favorito”, “Paquita la traviesa”, “El señor Magú”, “Paco Perico” y muchos títulos más. Hasta que aparecieron “Patoruzú”, “Isidoro”, con sus andanzas y locuras, “Anteojito”, “El Tony”, las de guerra, o tantas otras. Fui seguidor de aquellos números llamados extraordinarios de muchas páginas. Más adelante, el cine me atrapó con sus matinés, continuados y estrenos.
Hoy me considero amante del cine de antes, que se crió hasta con el olor del celuloide de las latas de película, es que vivía frente a un cine. Si estaba aburrido me entretenía en su sala. Ví cintas de todos los colores, nacionalidades, argumentos, y grandes producciones de larga duración. Y cuando veo “Cinema Paradiso” se me eriza la piel, porque bien podría ser, humildemente, una partecita de mi vivir infantil.

LOS DISCOS DE CHUBBY CHECKER

Cuando me tiré para el lado de la música, fue por una de esas grandes casualidades. Yo no tenía tocadiscos, ni tampoco combinado -de aquellos grandes que lo reunían todo en el gabinete- radio, tocadiscos, etc. pero un amigo un poco mayor que yo sí tenía y le gustaba. Ahí conocí los long-play y los tenía frente a mí. Recuerdo que ponía “Bailemos otra

El Castillo de Lancelot

El Castillo de Lancelot

vez twist” de Chubby Checker y alguno de Ray Charles. Ya adolescente estudiaba y trabajaba y me compré por fin el tan ansiado pasadiscos.
¡Qué placer!… Ya podía tener mis discos y además escucharlos… La pasión por este “hobby” llámemosle de esa manera, no se detuvo ahí, me fui para las radios y bueno… Mil historias hasta el día de hoy. Recordando cosas muy puntuales, carátulas de LP’s como por ejemplo la de Los Beatles y “Sgt. Pepper Lonely Heart’s Club Band”, Creedence C. Revival y “Willy and the poor boys” y “The wall” con Pink Floyd. Y esto me trae reminicencias de los boliches de la época cuando íbamos a bailar juntitos, caso “Zum Zum”, “La Cachila”, “A baiuca”, “Zorba” de Solymar, “Ton Ton”, “Sunset”, y el siempre recordado “Lancelot”. Más allá de la nostalgia.
juanjoalberti@hotmail.com







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