La causa de los pueblos

Estimados lectores. Controvertida fue la visita de la primera mandataria argentina, Dra. Cristina Fernández, en su paso por Montevideo; la entrega de las llaves de dicha ciudad, que conlleva el nombramiento de Ciudadano Ilustre de la misma, provocó el repudio de ciudadanos, dirigentes políticos, y la correlativa reacción de los miembros del oficialismo nacional y departamental de la comuna anfitriona.
Los defensores del reconocimiento, argumentaron la representación del Pueblo Argentino de la que se encuentra investida la Presidenta; también la demostración de buena voluntad del gobierno uruguayo, frente a un gobierno argentino que ha sido bastante hostil durante muchos años, en un sin fin de situaciones.
En el bando detractor, se esgrime precisamente esa hostilidad que produjo innumerables perjuicios al Uruguay y a su economía principalmente, que la tornarían no merecedora de la distinción; recordemos el tiempo en que se mantuvo cerrado el puente Gral. San Martín, que erosionó el comercio de Fray Bentos en una aberrante violación al Tratado de Asunción, piedra fundamental del Mercosur; el nunca concretado y siempre postergado dragado del Canal Martín García, allende los compromisos firmados y de los discursos salomónicos vertidos por la verborrágica Presidenta; o la denuncia de Paraíso Fiscal que realizó la Sra. y motivó al Presidente de Francia Sarkozy a defenestrarnos públicamente etcétera; etcétera.
Consideramos que ambas posturas, tienen sus razones respetables. Es verdad que la Sra., no nos ha brindado un trato demasiado romántico que digamos, a pesar de los arrumacos que desde siempre le profesa el Presidente Mujica, los que aumentaron considerablemente luego del lamentable episodio de los insultos proferidos a la dama, que por más que se los justifiquen por ser la “forma sincera” de ser del “Pepe”, no dejaron de ser una verdadera ordinariez; pero es válido demostrar, que como Nación seria y responsable que supimos ser y que deseamos continuar siendo, tenemos la obligación de ejercer la diplomacia y demostrar la bonhomía que nos caracteriza; lo cortés, no quita lo valiente; y dicho sea de paso, enmarcamos sin querer queriendo, al decir del Chavo, a los hermanos y vecinos, en una costumbre ajena a sus actuales gobernantes: el respeto y la educación.
No podemos olvidar que el actuar diplomático ha sido a lo largo de la historia un modus operandi esencial en la política exterior de nuestro país. Muchos mandatarios extranjeros recibieron honores y quizás, no fueron personajes demasiado merecedores en el contexto mundial; de todas formas, como anfitriones, siempre, actuamos con altura y nivel, y es bueno reconocerlo.
Pasaron individuos buenos, regulares y malos; lo que tenemos que rescatar es el significado de la actitud amistosa; no se recibió al Presidente George W. Bush con honores, precisamente por ser un abanderado de la paz y pese a ser un gobierno izquierdista el dueño de casa; sí, por ser la persona que tendió una mano imprescindible en el peor momento económico-financiero de la historia patria, al otorgar un préstamo de MIL QUINIENTOS MILLONES DE DÓLARES AMERICANOS, que bloqueó la declaración de default; en el caso argentino, es menester respirar aires de buena vecindad, pues lo que es cierto e ineludible, es que de barrio, no nos cambiaremos, no tanto por cuestiones de afinidad, sino por realidad geográfica.
Los que arremetieron contra el merecido o inmerecido homenaje, defienden la dignidad nacional, desde su óptica, rechazando y con criterio, los permanentes desplantes proferidos desde el otro lado del charco; lo que no deben de perder, es la visión del bosque por tapárselo el árbol; y comprender que el partido de gobierno utiliza las herramientas a las que tanto criticaron, por entenderlas débiles y vende patria; lo que significa que, las buenas costumbres son asimilables, inclusive para los radicales.
Uruguay debe ser ejemplo de altivez. Lo dijo Artigas: “La causa de los pueblos no admite, la menor demora”.
Adrián Baez