La guerra de las pantallas

Como decíamos la semana pasada, salir de casa tiene sus costos. Máxime si esa salida trae cola y la familia no puede quedarse en casa y tiene que venir con nosotros, porque el verdadero disfrute tiene que darse en familia. Pero hay todo tipo de salidas, y entre las más variadas pero menos frecuentes, está la ida al cine, que vuelve a tener su lugar dentro del elenco de opciones al momento de elegir un momento de disfrute.
Desde el advenimiento del videocasette y el alquiler de películas a través de este sistema, que fue una ebullición que se dio a finales de los años 80 y que disparó la venta de los vídeoreproductores, así como los televisores colores de todos los tamaños e impuso una nueva modalidad de divertimento a través de las reuniones en casa de amigos, antes de salir a las discotecas e incluso suplantando la salida final, la ida al cine sufrió el proceso de quiebre antes de empezar a renovarse para mejorar su oferta.
Esta situación perduró hasta principios de los años 90, donde tuvo su auge la reunión en casa frente al televisor y el consiguiente alquiler de películas en momentos que pululaban los videoclubs y como una cosa lleva a la otra, esta situación determinó poco a poco la compra por teléfono de la comida que deleitaría a los espectadores y cuyo creciente dinamismo terminaría imponiendo la aparición de los deliverys, para saciar la demanda.
Más adelante, antes de llegar a mediados de los 90, aparecería el videocable, que aumentó y diversificó la oferta televisiva con creces, lo que arraigó aún más esa modalidad de divertimento en casa, frente al televisor que mejoró su tecnología, se hizo cada vez más sofisticado y ofrece en los últimos tiempos el cine en casa.
Pero al momento de plantearnos cuáles son los planes en familia, volvemos a preguntarnos ¿qué nos sale más barato, ir al cine o quedarnos en casa?
LOS NUMEROS MANDAN
Más allá del paso del tiempo y de que el uso de las nuevas tecnologías genera la sensación de tener una sala de cine en casa, ir a ver la proyección de una película en esas inmensas pantallas, a oscuras, con un sonido que hace mover los asientos y que te abstrae del mundo exterior, tiene lo suyo.
Pero llegar al cine tiene una parada obligada antes de ingresar a la sala escogida, la compra del pop acaramelado y el refresco. El costo de este refrigerio, que es tan importante como la película misma, ronda entre los 60 y 80 pesos el cono de pop y entre 25 y 30 pesos el refresco. A esto hay que sumarle que pagar un asiento en el estreno de una película 3D, cuesta 120 pesos, mientras que un asiento para ver una película que no es producida con esa tecnología, cuesta 80 pesos.
Aunque la previa, los chicles, que valen entre 5 y 12 pesos, galletitas entre 18 y 39 pesos y otras golosinas que puedan acompañar la ocasión con un costo no inferior entre los 25 y los 60 pesos por persona, también suman a esa salida, que se vuelve mágica una vez adentro de la sala.
Pero del vídeo ahora pasamos al DVD, pese a que los comercios de plaza que expenden este tipo de productos, se siguen llamando videoclub, y está bien porque así nacieron y es el nombre comercial por el cual se los reconoce.
Al momento de elegir alquilar una película para compartir en casa, ronda los 50 pesos uruguayos. Pero si ya contamos en casa con un equipo de DVD, cuyo valor en el mercado ronda los 1.100 pesos y queremos alquilar tres películas para pasar una velada a puro cine, pagamos unos 100 pesos y nos las llevamos.

Como decíamos la semana pasada, salir de casa tiene sus costos. Máxime si esa salida trae cola y la familia no puede quedarse en casa y tiene que venir con nosotros, porque el verdadero disfrute tiene que darse en familia. Pero hay todo tipo de salidas, y entre las más variadas pero menos frecuentes, está la ida al cine, que vuelve a tener su lugar dentro del elenco de opciones al momento de elegir un momento de disfrute.

Desde el advenimiento del videocasette y el alquiler de películas a través de este sistema, que fue una ebullición que se dio a finales de los años 80 y que disparó la venta de los vídeoreproductores, así como los televisores colores de todos los tamaños e impuso una nueva modalidad de divertimento a través de las reuniones en casa de amigos, antes de salir a las discotecas e incluso suplantando la salida final, la ida al cine sufrió el proceso de quiebre antes de empezar a renovarse para mejorar su oferta.

Esta situación perduró hasta principios de los años 90, donde tuvo su auge la reunión en casa frente al televisor y el consiguiente alquiler de películas en momentos que pululaban los videoclubs y como una cosa lleva a la otra, esta situación determinó poco a poco la compra por teléfono de la comida que deleitaría a los espectadores y cuyo creciente dinamismo terminaría imponiendo la aparición de los deliverys, para saciar la demanda.

Más adelante, antes de llegar a mediados de los 90, aparecería el videocable, que aumentó y diversificó la oferta televisiva con creces, lo que arraigó aún más esa modalidad de divertimento en casa, frente al televisor que mejoró su tecnología, se hizo cada vez más sofisticado y ofrece en los últimos tiempos el cine en casa.

Pero al momento de plantearnos cuáles son los planes en familia, volvemos a preguntarnos ¿qué nos sale más barato, ir al cine o quedarnos en casa?

LOS NUMEROS MANDAN

Más allá del paso del tiempo y de que el uso de las nuevas tecnologías genera la sensación de tener una sala de cine en casa, ir a ver la proyección de una película en esas inmensas pantallas, a oscuras, con un sonido que hace mover los asientos y que te abstrae del mundo exterior, tiene lo suyo.

Pero llegar al cine tiene una parada obligada antes de ingresar a la sala escogida, la compra del pop acaramelado y el refresco. El costo de este refrigerio, que es tan importante como la película misma, ronda entre los 60 y 80 pesos el cono de pop y entre 25 y 30 pesos el refresco. A esto hay que sumarle que pagar un asiento en el estreno de una película 3D, cuesta 120 pesos, mientras que un asiento para ver una película que no es producida con esa tecnología, cuesta 80 pesos.

Aunque la previa, los chicles, que valen entre 5 y 12 pesos, galletitas entre 18 y 39 pesos y otras golosinas que puedan acompañar la ocasión con un costo no inferior entre los 25 y los 60 pesos por persona, también suman a esa salida, que se vuelve mágica una vez adentro de la sala.

Pero del vídeo ahora pasamos al DVD, pese a que los comercios de plaza que expenden este tipo de productos, se siguen llamando videoclub, y está bien porque así nacieron y es el nombre comercial por el cual se los reconoce.

Al momento de elegir alquilar una película para compartir en casa, ronda los 50 pesos uruguayos. Pero si ya contamos en casa con un equipo de DVD, cuyo valor en el mercado ronda los 1.100 pesos y queremos alquilar tres películas para pasar una velada a puro cine, pagamos unos 100 pesos y nos las llevamos.

Los Números:

30 a 50 pesos de golosinas y refresco antes del cine.

60 a 80 pesos pop acaramelado

80 pesos la entrada a una película

120 pesos la entrada a película 3D

100 pesos alquiler de 3 películas en videoclub

160 pesos alquiler de 4 películas y un equipo DVD

1.100 pesos costo de un DVD