La historia de Eduardo Pérez Silveira: salteño torturado y desaparecido, cuya muerte fue atribuida a Nino Gavazzo

“Yo fui el que tiré la granada de gas” para controlar al Gordo Marcos, dijo el represor

Desde Montevideo por Wenceslao Landarín

En el libro “Gavazzo sin piedad”, el periodista Leonardo Haberkorn, aborda la historia de Eduardo Pérez Silveira, un militante político salteño, detenido, torturado y desaparecido en 1974. El autor del libro, que se reunió con EL libro3PUEBLO en Lagomar, un balneario de Canelones en el área Metropolitana, lugar donde reside, indicó que ya está recibiendo nuevos testimonios sobre el salteño que bien podrían formar parte de una ampliación para una nueva edición.
EL PUEBLO comparte algunos apuntes textuales y registros gráficos de la publicación, autorizados exclusivamente por su autor.
MILITANTE CATÓLICO Y POLÍTICO
Eduardo Pérez Silveira nació el 13 de octubre de 1950. En su juventud participaba y militaba en movimientos juveniles de la Iglesia Católica, en épocas en que, al decir de Haberkorn, “muchos de los curas adherían a los postulados de la Teología de la Liberación”, citando el caso de sacerdotes obreros: Jean Paul Bidegain, que era cañero en Bella Unión, y Juan Carlos Zaffaroni, que era obrero de la construcción en Salto. Se menciona también el caso del cura Manuel Dibar que dejó los hábitos para “hacerse tupamaro” y la del Obispo Marcelo Mendhiarat, “afín a las nuevas líneas libertadoras, quien miraba con simpatía a las nueva guerrilla tupamara”.
“Eduardo participaba de un grupo de reflexión de la Parroquia de la Santa Cruz”, tocaba la guitarra y escribía canciones. Luego se mudó a Montevideo, en donde pasó a formar parte del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), una vez que su amigo “Neri Mutti lo reclutó”.
Se lo llamaba “el Gordo Marcos” y formaba parte activa de la organización política.
LA TORTURA
Fue detenido el 5 de mayo de 1974 en “Colón, mientras intentaba realizar un contacto en la calle con otro integrante del MLN. Lo trasladaron a una base de la Fuerza Aérea y luego al Grupo de Artillería 1 (La Paloma, en el Cerro de Montevideo), donde lo interrogaron y torturaron con saña para que hablara”.
En ese cuartel, el coronel José Nino Gavazzo era el segundo jefe al mando. Un compañero de Eduardo expresó que “no hablaba en la tortura. Aunque le daban, no hablaba. Y además les pedía a los otros que no hablaran, por eso lo torturaron tanto”.
Otro testimonio indica que “los gritos del Gordo Marcos fueron oídos durante días en el cuartel” a lo que se agrega otro que menciona que Eduardo decía: “me muero, me muero”. Es llevado al Hospital Militar el 9 de mayo de 1974. En ese lugar Eduardo manifiesta que es de Salto y que tiene un hijo de un mes, Martín: “Soy trabajador de Salto. Soy leñador. Yo no hice nada”.
El 10 de mayo de 1974, Eduardo muere. En la noche anterior había pasado muy mal y al amanecer dejó de existir. En ese tiempo el director del Hospital Militar (donde eran trasladados muchos de los presos políticos) era el coronel Guillermo de Nava, que años después ocupara el cargo de intendente designado de Salto (entre 1977 a 1983).
¿ASMÁTICO?
Consultado concretamente Gavazzo, por el autor del libro, respecto de la muerte de Eduardo Pérez Silveira, el militar responde: “El Gordo Marcos era un hombre muy grande que sufría de asma y nadie lo sabía. Y un día se desacató totalmente de tal forma que no se podía con él. Era un hombre grande y fuerte. Eran cuatro o cinco soldados y no se podía con él. Entonces la forma en que se trató de reducirlo fue con una granada de gas, tirando una granada de gas, que es, digamos, el medio primario para reducir a una persona. Pero nadie sabía que era asmático. Entonces ahí se desmayó y … alguien dijo, o él dijo, que era asmático y se le trajo al hospital”.
GAVAZZO: YO TIRÉ LA GRANADA DE GAS
En otra parte del libro Gavazzo vuelve sobre el tema: “… Yo le tiré la granada de gas. Pero usted pone una granada de gas y la gente capaz que piensa que era de quien sabe qué gas. No, era un gas lacrimógeno… ¿Por qué sucede todo eso con Marcos? Él era un hombre muy fuerte. No sé si venía de la enfermería, sí venía del baño, pero yo pasaba por ahí… Y usted no se olvide que nosotros no somos policías, somos soldados y actuamos diferente y hasta tenemos armamento diferente”.
El torturador y hoy procesado con prisión excoronel Gavazzo dice en el libro Sin Piedad: “el soldado anda todo el tiempo con el fusil o su carabina acá, en la espalda… entonces para el manejo de una tercera persona es una molestia… y la orden que tiene es que si el preso se le quiere escapar, le tiene que tirar…” .
“Vi que los soldados patinaban con él, y que las carabinas se le caían y me daba miedo también que él, aunque estaba esposado, pudiera agarrar una carabina… podía pasar cualquier cosa… entonces el tipo agarra y pasa por un lugar donde había una obra de mantenimiento… estaban haciendo mezcla y había un pedazo de tabla de enconfrado y una pala. Entonces él, con las manos esposadas, no es difícil, agarra la tabla y empezó a los tablazos. Entonces los milicos se corrieron… entonces (cuando quedó) arrinconado, digo ta, le tiro una granada y el tipo va a … es muy agresivo para los ojos…Pero no sabíamos que el tipo era asmático. Ese es el motivo por el cual le tiré la granada”, cuenta el represor.
Luego de la cita textual a los dichos de Gavazzo, el escritor Leonardo Haberkorn indicó a EL PUEBLO que “Eduardo Pérez Silveira nunca tuvo asma ni ninguna enfermedad respiratoria importante”, según lo pudo recoger de lo que le dijeron familiares y amigos.
RECUPERAR LA HISTORIA DE MI PADRE
Al final el libro recoge el testimonio de Martín (Castellini, salteño de 42 años de edad que reside en Montevideo), el hijo de Eduardo, quien hace poco comenzó a “meterse en la historia de su padre”, a “recuperarla, a preocuparse por saber más”.
Tenía un mes cuando lo mataron. “Soy Eduardo Pérez… tengo un hijo de un mes, Martín” fueron las palabras que dijo el Gordo Marcos cuando lo llevaron al Hospital Militar. Esas frases y un viejo saco que algunos presos lograron sacar del cuartel son símbolos de un ser al que no conoció”. Expresa Martín que “a veces piensa qué sería si hoy estuviera mi padre. Pero trato de no acordarme de eso. Trato de seguir, de mirar para adelante. La vida es una sola. Y yo no quiero vivirla sintiendo odio”.