La historia de los Mundiales

Fritz Walter fue el hombre decisivo en el equipo alemán que, para sorpresa de muchos, se adjudicó el Mundial de Suiza 1954, ganándole en la final al gran favorito y mejor equipo del torneo, Hungría, que llevaba un invicto de casi cuatro años, y que había vapuleado por 8-3 a la propia Alemania en la fase de grupos de ese torneo.

Fritz Walter, que murió el 17 de junio de 2002, durante la disputa del Mundial de Corea y Japón, era el capitán y cerebro de “los héroes de Berna”, como pasaron a la historia los jugadores de aquel seleccionado de Alemania Federal que se convirtió en todo un símbolo de la reconstrucción alemana de la posguerra.
“Me acuerdo de la final de Berna como si fuera hoy”, recordó Walter en sus memorias. “Caía una lluvia torrencial y en esas condiciones siempre hacíamos buenos partidos”. Desde entonces se habla del “clima Fritz-Walter” para describir los partidos que se juegan en campo barroso, en días lluviosos.
“Sepp Herberger (el mítico director técnico alemán), que fue el verdadero artífice de aquel campeonato, nos mandó a la cancha con la orden de mantener el 0-0 lo máximo posible”, contó Walter, recordando que sin embargo él, “que era el brazo prolongado del entrenador en la cancha” no pudo impedir que al principio todo saliera al revés: la máquina húngara con Puskas, Czibor y Kocsis “empezó a jugar a velocidad de bomberos y literalmente nos pasaron por encima”. A los ocho minutos, aventajaban a los alemanes 2-0.
HÚNGAROS NERVIOSOS
Pero descontó Morlock, “los húngaros empezaron a ponerse nerviosos y nosotros nos dimos cuenta que no todo estaba perdido”. Vino el empate 2-2 de Helmut Rahn y “se asustaron, quedaron como paralizados. En el vestuario, en el entretiempo, les dije a mis compañeros que podíamos lograr la proeza y la logramos, con el segundo gol de Rahn, cuando apenas faltaban seis minutos para que terminara el partido”, contó.
Walter jugó en total 61 partidos internacionales, la mitad de ellos como capitán, y convirtió 33 goles.
En 1942 fue convocado a la “Wehrmacht” para combatir como soldado en la Segunda Guerra Mundial y destinado al “frente oriental”, donde fue capturado por tropas soviéticas. “La guerra me robó los mejores años”, se quejó después en sus memorias. En 1945 pudo dejar el campo de prisioneros de guerra y regresar a su país, donde retomó su trayectoria deportiva.
Fue un incondicional de su equipo, el Kaiserslautern, para el que jugó entre 1937 y 1959, desestimando incluso millonarias tentaciones del Atlético de Madrid y el Inter de Milán. “En 1951 el Kaiserslautern me pagaba poco más de 300 marcos y de pronto apareció el Atlético ofreciéndome la barbaridad de medio millón de marcos por dos años, una suma fantástica. Le pregunté a mi esposa, Italia, y ella decidió que nos quedáramos”, rememoró el capitán mundialista del 54, admitiendo que por ese título recibió una prima de 2.500 marcos y un juego de sillones con sofá.
ALEMANIA NO
PUDO REPETIR
Después del Mundial ganado en Suiza, volvió a participar a los 37 años de edad en una cita mundial, en 1958, esta vez en Suecia, donde el equipo no pudo reeditar los laureles y cayó en semifinales ante el combinado local para quedar cuarto. A diferencia de su gran presencia en el campo de juego, donde era un excelente estratega con un radio de acción muy amplio, Walter reconoció que en lo personal su aplomo era otra cosa: “Durante años, los partidos internacionales me ponían muy, pero muy nervioso, tanto que me sentía mal. Solía suceder que debía ir al baño y me quedaba encerrado hasta pocos minutos antes de empezar el partido”.

Fritz Walter, que murió el 17 de junio de 2002, durante la disputa del Mundial de Corea y Japón, era el capitán y cerebro de “losSport héroes de Berna”, como pasaron a la historia los jugadores de aquel seleccionado de Alemania Federal que se convirtió en todo un símbolo de la reconstrucción alemana de la posguerra.

“Me acuerdo de la final de Berna como si fuera hoy”, recordó Walter en sus memorias. “Caía una lluvia torrencial y en esas condiciones siempre hacíamos buenos partidos”. Desde entonces se habla del “clima Fritz-Walter” para describir los partidos que se juegan en campo barroso, en días lluviosos.

“Sepp Herberger (el mítico director técnico alemán), que fue el verdadero artífice de aquel campeonato, nos mandó a la cancha con la orden de mantener el 0-0 lo máximo posible”, contó Walter, recordando que sin embargo él, “que era el brazo prolongado del entrenador en la cancha” no pudo impedir que al principio todo saliera al revés: la máquina húngara con Puskas, Czibor y Kocsis “empezó a jugar a velocidad de bomberos y literalmente nos pasaron por encima”. A los ocho minutos, aventajaban a los alemanes 2-0.

HÚNGAROS NERVIOSOS

Pero descontó Morlock, “los húngaros empezaron a ponerse nerviosos y nosotros nos dimos cuenta que no todo estaba perdido”. Vino el empate 2-2 de Helmut Rahn y “se asustaron, quedaron como paralizados. En el vestuario, en el entretiempo, les dije a mis compañeros que podíamos lograr la proeza y la logramos, con el segundo gol de Rahn, cuando apenas faltaban seis minutos para que terminara el partido”, contó.

Walter jugó en total 61 partidos internacionales, la mitad de ellos como capitán, y convirtió 33 goles.

En 1942 fue convocado a la “Wehrmacht” para combatir como soldado en la Segunda Guerra Mundial y destinado al “frente oriental”, donde fue capturado por tropas soviéticas. “La guerra me robó los mejores años”, se quejó después en sus memorias. En 1945 pudo dejar el campo de prisioneros de guerra y regresar a su país, donde retomó su trayectoria deportiva.

Fue un incondicional de su equipo, el Kaiserslautern, para el que jugó entre 1937 y 1959, desestimando incluso millonarias tentaciones del Atlético de Madrid y el Inter de Milán. “En 1951 el Kaiserslautern me pagaba poco más de 300 marcos y de pronto apareció el Atlético ofreciéndome la barbaridad de medio millón de marcos por dos años, una suma fantástica. Le pregunté a mi esposa, Italia, y ella decidió que nos quedáramos”, rememoró el capitán mundialista del 54, admitiendo que por ese título recibió una prima de 2.500 marcos y un juego de sillones con sofá.

ALEMANIA NO PUDO REPETIR

Después del Mundial ganado en Suiza, volvió a participar a los 37 años de edad en una cita mundial, en 1958, esta vez en Suecia, Alemania (pag7)donde el equipo no pudo reeditar los laureles y cayó en semifinales ante el combinado local para quedar cuarto. A diferencia de su gran presencia en el campo de juego, donde era un excelente estratega con un radio de acción muy amplio, Walter reconoció que en lo personal su aplomo era otra cosa: “Durante años, los partidos internacionales me ponían muy, pero muy nervioso, tanto que me sentía mal. Solía suceder que debía ir al baño y me quedaba encerrado hasta pocos minutos antes de empezar el partido”.