La igualdad de género: ¿Es posible?

Uruguayos no consideran que la violencia doméstica sea un problema prioritario en el país

g2Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer es el tercero de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio y por lo tanto una de las prioridades del desarrollo a nivel mundial. Sin embargo, en el año 2002 Uruguay al presentar el segundo Informe oficial ante el Comité de Expertos de la CEDAW (Convención sobre la Eliminación de toda Discriminación contra la Mujer), obtuvo como resultado una evaluación muy insatisfactoria con respecto a la situación de la mujer en nuestro país y por la lentitud con la cual se accionaba para la obtención de la equidad de género, se criticó principalmente la inacción con respecto a la discriminación, las políticas contra el aborto, el embarazo adolescente e incluso el casamiento entre los menores y la violación.

Actualmente desde la creación del Ministerio de Desarrollo Social e INMUJERES en el año 2005, el problema de la desigualdad de género ha alcanzado un poco más de difusión a nivel nacional a modo de concientizar a la población de la necesidad de reducir la desigualdad entre el hombre y la mujer y erradicar la violencia doméstica. Sin embargo, cabe destacar que la violencia doméstica es uno de los principales problemas sociales actuales que afecta principalmente a mujeres de todas las clases sociales, en tanto en el 2010 murieron 35 mujeres por esta causa (con un aumento del 18% con respecto al 2009).

¿Por qué es tan difícil la igualdad hacia la mujer?

El problema del incumplimiento de los derechos, reducida creación de oportunidades y menor bienestar de la mujer es un problema estructural que lleva siglos gestándose y reproduciéndose en las unidades más básicas de la sociedad como la familia, las instituciones educativas y ya desde hace algunas décadas en los medios de comunicación. Hoy, un número significativo de mujeres son asesinadas y agredidas por causa de violencia doméstica, su tasa de desempleo es superior a la del hombre, su remuneración está por debajo, su representación en los altos cargos y mandos políticos también es muy inferior con respecto a la del hombre pero principalmente detrás de todas esas situaciones se esconde una imagen de la mujer que permanece hace siglos en la cual se la sub-valoriza ubicándola por debajo del hombre y haciendo que las desigualdades de género se sigan reproduciendo más allá de la igualdad formal de derechos existentes.

En Uruguay el nivel educativo y los logros académicos femeninos son superiores pero sin embargo su éxito profesional no alcanza el nivel y trascendencia masculina. A esto se agrega el hecho de que no es lo mismo una mujer joven que una de más edad, una flaca o gorda, intelectual o no; mientras que en el hombre aunque sea de avanzada edad siempre se le puede resaltar su inteligencia, capacidad de liderazgo y atractivo físico (se suelen observar propagandas y películas televisivas de parejas con hombres de entre 40 y 50 años y mujeres siempre de entre 25 y 30 años, al igual que mujeres muy jóvenes con hijos y realizando tareas domésticas). Nadie niega que hoy hay más presidentas que antes, que la mujer hoy puede ser abogada, doctora, boxeadora, mecánica, todas situaciones impensables hace más de medio siglo, pero el colectivo social muy pocas veces la trata y la reconoce (en términos materiales e inmateriales) de igual forma que a los hombres.

Como afecta la pobreza a las mujeres

En términos de pobreza en Uruguay en el año 2006 el 27,7% de los hombres estaba por debajo de la línea de pobreza mientras que un 26% de las mujeres estaba en esa misma situación, sin embargo como la posición de las mujeres en los hogares es distinta se advierten desigualdades de género en la permanencia o incluso en la superación de la pobreza. La forma diferente en la cual se estructuran los hogares; si son unipersonales, biparentales sin hijos (los dos padres solamente), biparentales con hijos de ambos, biparentales con al menos un hijo de uno, monoparental femenino o masculino (solo madre o solo padre con hijos); permite advertir una mayor incidencia de la pobreza en la población femenina que la observada al comparar mujeres y hombres pobres solo por la línea de pobreza y el método de ingreso (26% y 27,7% respectivamente). 

En Uruguay según la Encuesta Continua de Hogares del año 2007 (Instituto Nacional de Estadística) casi un 50% de los hogares pobres son biparentales con hijos (de ambos o de al menos uno de los cónyuges) y un 16,7% de los hogares pobres son monoparentales femeninos frente a un 9,3% de hogares monoparentales femeninos no pobres. En el caso de los hombres, hay un 1,9% de los hogares pobres que son monoparentales masculinos y un 1,2% de los hogares no pobres que lo son.

Desigualdades de género según trabajo remunerado y no remunerado

De acuerdo a los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, en febrero del 2011 la tasa promedio de desempleo fue de un 6,3% mientras que la de los hombres solo fue de un 4,6% y la de las mujeres fue de un 8,3% casi el doble de la tasa masculina de desempleo.

Al mismo tiempo, cabe destacar que las mujeres en promedio dedican 35,8 horas semanales al trabajo remunerado valor que asciende a 40,1 horas si se incluye el desplazamiento al trabajo, mientras que el hombre dedica 45,7 horas semanales al trabajo remunerado y 50,6 horas semanales con desplazamiento.

Si se considera el trabajo no remunerado la tasa de participación femenina es de 95,7% con un promedio de 36,3 horas semanales de dedicación, en el hombre la tasa de participación es de un 85,4% (10,3 puntos porcentuales menos que la femenina) con un promedio de 15,7% horas semanales (20,6 puntos porcentuales menos que la dedicación semanal de la mujer). 

La violencia doméstica como expresión de la desvalorización y opresión histórica sobre la mujer

Un “Estudio de Opinión Pública sobre Género y Violencia Doméstica en Uruguay” llevado a cabo en julio y agosto del 2010 por la Red Uruguay contra la Violencia Doméstica y Sexual muestra como una cuarta parte de la población responde de acuerdo a los estereotipos tradicionales de los roles de género (papeles asignados a la mujer y al hombre), de este grupo alineado a los modelos tradicionales de hombre y mujer la mayoría son preferentemente varones de nivel socioeconómico medio bajo y bajo y se encuentran en el tramo de edad de entre los 50 y 64 años.

Por otra parte, para más de dos tercios de la población encuestada la mujer está en desventaja en el mercado laboral y en los altos cargos y para más del 50% esta situación también se da en los cargos políticos y en las tareas del hogar.

-Cabe destacar que la mayoría considera que los problemas más importantes a nivel país son la seguridad y la delincuencia seguido de los problemas económicos pero espontáneamente solo un 6% respondió que la violencia doméstica era un problema importante. Si bien los encuestados al responder directamente por la violencia doméstica casi la totalidad consideró que era un problema por lo menos importante y para 3 de cada 4 personas un problema muy importante, se observa que la violencia doméstica no es uno de los primeros temas en la agenda de los uruguayos pero sí se le reconoce como relevante cuando se interroga directamente por parte del encuestador.

Con respecto a la prevalencia de este problema, casi el 50% conocía algún caso de violencia doméstica en su entorno más cercano como familiares, vecinos, conocidos y amigos (en ese orden), 14% conocía más de un caso. Más de dos tercios del total y tres cuartas partes de las mujeres respondieron que la mayoría de las víctimas son mujeres.

Un 25% de los varones y 16% de las mujeres está de acuerdo con la frase “Un hombre no maltrata porque sí; ella también habrá hecho algo para provocarlo”, de estas personas la tercera parte era de nivel socioeconómico bajo.

De acuerdo al estudio mencionado una importante mayoría, dos tercios de la población encuestada, culpabiliza a la mujer por continuar la situación de violencia doméstica y están de acuerdo con la frase “Si una mujer es maltratada continuamente la culpa es suya por seguir conviviendo con ese hombre” por lo cual no creen que haya que continuar la situación de violencia doméstica “por la familia”.

Sin embargo, la mayoría de las veces las mujeres se niegan a abandonar su hogar no solo por evitar la separación de sus hijos con el padre sino que también  por no tener independencia económica como para poder solventarse a sí misma y a sus hijos, además de querer evitar la imagen de familia incompleta sin la presencia del jefe de hogar masculino.

Por Lic. María Nohelia Lorda