La información y la basura

Mario se levanta a las seis de la mañana para ir a trabajar. Lo primero que mira, como la mayoría de las personas de su edad que nacieron en la última década del siglo pasado, es su teléfono celular. Allí ve la hora, apronta su desayuno, se da una ducha y sale raudamente contestando mensajes que le llegaron a la red social WhatsApp.
Allí, hay varias salutaciones, comentarios e invitaciones de amigos suyos para distintas actividades. Pero Mario también integra varios grupos, en uno de ellos, el de los amigos del fútbol, hay un vídeo que anda circulando, y lo vuelve a ver y es un asalto, dos delincuentes la emprender contra un hombre que iba saliendo de su casa en un auto, quizás también como Mario hacia su trabajo, y mientras uno le rompe el vidrio de la parte trasera el otro golpea ferozmente al infortunado conductor para llevarse la plata.periodismo
“¡Qué hijos de puta”!, comenta Mario y sigue leyendo los comentarios que hay abajo en el grupo. “Así se no puede más, el gobierno se tiene que ir”, y siguen otros “ya no se aguanta, a estos giles hay que romperles la cabeza” y así una serie de comentarios más hasta que uno del grupo de WhatsApp pregunta “¿dónde fue?” y otro responde, “debe haber sido en La Tablada o por ahí”. Pero nadie se percata que el hecho no solo ocurrió en Argentina, por la matrícula del auto y por el colectivo que iba pasando que decía “González Catán”, una zona de Buenos Aires, sino que además no era actual.
Aunque Mario quizás ni lo advirtió y así se fue hacia su trabajo como en un día cualquiera y encima comentó el hecho con los compañeros de trabajo, donde todos y cada uno siempre tenía una perla que agregar. Hablaron del episodio hasta el cansancio, le agregaron detalles a la escena como si la misma fuera real, y luego siguieron con sus vidas como si nada hubiera ocurrido.
Ese fue un caso de los miles que se registran a diario en nuestro medio, cuando las personas ingresan a las redes sociales y se encuentran con una montaña gigantezca de basura que dan por veraces, las comentan y encima las maldicen cuando se encuentran con casos que son injustos, como el vídeo que le compartieron a Mario sus amigos del fútbol, este con los de la oficina y los susodichos con el resto del planeta y así seguimos generando una bola de nieve más grande que el Everest de basura.
A esto, le llaman Fake News, noticias falsas y las mismas lo que hacen es generar desinformación, caos e inseguridad entre la población, porque hay quienes se les ocurrió que aprovechando la importante alienación que tiene la gente con las redes sociales a las cuales consumen más que cualquier otra cosa, y como por ende, las mismas han pasado a ser los medios de comunicación más poderosos del planeta, introducir contenidos con intencionalidad maliciosa para irrumpir en la opinión pública, es fácil, gratis y encima lamentablemente, se ha vuelto moneda corriente.
Antes hacer circular una noticia falsa costaba mucho más tiempo. Hoy basta para que algún gracioso, malintencionado o mandadero de algún político despechado quiera hacer circular un rumor sobre una persona o generar opinión malintencionada sobre un hecho, suba un comentario con alguna foto o vídeo que no correspondan al caso y viralizarlo en las redes, que el contraataque será muy difícil, costoso y lento. Y seguramente el daño estará hecho y será casi irreversible, antes de que el damnificado pueda defenderse y decir su verdad.
Ese grave problema del mal uso de las redes sociales no corresponde a un grupo determinado, no se ciñe a determinadas personas, no se circunscribe a un pequeño conjunto de personas, sino que son miles y miles las que practican las fake news a diario en todo el mundo y eso a quienes tomamos la información como un valor y lo situamos como algo serio, nos pone en jaque.
Cuando en el año 2010, el fallecido maestro del periodismo uruguayo, Claudio Paolillo nos dijo en uno de los cursos del cual tuve el honor de participar que el avanece de Internet iba a ser irrefrenable y ante esa vorágine de basura que se le iba a dar a los consumidores el rol del periodismo aparecía como la única solución para poder filtrar lo que es veraz y lo que es basura, era un todo un adelantado.
Claudio, que murió siendo director del semanario Búsqueda, pero que también fue muchas otras cosas, entre ellas un gran maestro del periodismo nacional, fue un visionario de los problemas que iba a tener la opinión pública para el consumo de información en los tiempos que corren. Hoy la gente se informa de cosas falsas todo el tiempo y encima, las publica como si fueran verdades absolutas.
Las campañas electorales están teñidas de fake news, vemos lo que pasa en Brasil con miles de personas que, desesperadas porque seguramente Jair Bolsonaro (un tipo con un pensamiento desagradable demás está decirlo) va a ganar las elecciones, generan contenidos basura mostrando personas heridas vaya uno a saber por quién, cómo y dónde, pero las hacen el rostro de la campaña del miedo contra el candidato favorito, diciendo que son víctimas de la xenofobia que distingue a los seguidores del preferido.
Y en Uruguay que en pocos meses entrará en la cuenta regresiva de las elecciones más competitivas de los últimos quince años, se verá contaminado en gran parte por todo esto, algo que ya está pasando y que se puede ver en las redes a cada instante.
Por lo tanto y en el marco de celebrarse mañana el Día del Periodista, es muy importante hacer énfasis en que hoy ante la basura que se consume a través de las redes sociales, la cual impone falta de responsabilidad y de compromiso alguno, porque el propio formato de las mismas así lo permite, donde muchos suben información falsa y nadie se hace cargo, hay que reivindicar más que nunca el rol del periodismo y el de los medios de comunicación que informan en el error o en el acierto, con veracidad, responsabilidad y compromiso, lo que se traduce en credibilidad y transparencia.
Por eso apelo a que la gente en estos tiempos del avance de Internet, se informe a través de los medios de comunicación establecidos, que muestran seriedad y pueden dar la cara ante un error y hacerse cargo de lo que publican, lo que constituye la garantía más sólida para la opinión pública de que lo que se informa, es tal cual se dice.
También y como cada año, quiero recordar a quien fue un gran periodista y padre de familia, Juan Miguel Ambrosoni Macció, el Juancho, que nos dejó hace algunos años, luego de sufrir un accidente un 23 de octubre, cuando venía para su casa después de trabajar en forma incansable durante horas como lo hacen los periodistas agropecuarios, el accidente le costó la vida ya que meses después lo perdimos físicamente pero lo guardamos en la memoria y en el corazón.
Con él también recuerdo a Claudio Paolillo, que lo perdimos el 19 de enero de este año y con ellos vaya mi reconocimiento a quienes trabajan consiguiendo información y publicando la verdad, duela a quien duela y no le hacen mandados a nadie esperando que ganen una elección para tener un cargo. Viva la libertad de expresión.