“La justicia está con los ojos abiertos y tiene la sensibilidad en el bolsillo”, dijo Mujica en Una Oveja Negra al Poder

“La justicia está con los ojos abiertos y tiene la sensibilidad en el bolsillo”, dijo Mujica en Una Oveja Negra al Poder

“Cuando termina su gobierno, Mujica tuvo un incidente con los jueces que terminó por afirmar su fastidio con la Justicia. Fue por un tema de dinero, de esos que siempre lo irritaron. Los magistrados exigieron un aumento salarial debido a que los ministros del Poder Ejecutivo habían tenido un incremento. Y el gobierno se lo negó. Como en Uruguay el sueldo de los jueces está atado al de los secretarios de Estado, la decisión final la tomaron los tribunales. El presidente estaba indignado y se sentía solo. La soledad de la oveja negra”, relata en su capítulo 4 el libro “Una oveja negra al poder. Confesiones e intimidades de Pepe Mujica”, de los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, del semanario Búsqueda, el cual será presentado esta noche en la sede de la Universidad Católica de Salto, a las 19:30 horas, en un evento auspiciado por la editorial Penguin Random House y Diario EL PUEBLO.
En la oportunidad, los autores de la publicación, actualmente la más vendida en Uruguay y que viene siendo un éxito de ventas en todo el continente por las declaraciones que allí se vierten, ya que el mismo es fruto de decenas de charlas que a lo largo de los últimos años, y sobre todo los cinco en los que fue presidente, los periodistas compartieron en ámbitos más discretos e informales.
En el capítulo 4, revelan la sensación que tuvo Mujica siendo presidente con el conflicto que aún persiste con los miembros del Poder Judicial. La presentación del libro será con entrada libre y gratuita.
MUJICA Y LA JUSTICIA
“La Justicia me tiene desencantado. Ahí se manifiesta la lucha de clases también. La justicia no es comparable en el sentido de que decide lo que le piden o porqué le pagan. Pero defiende la de ella y a veces tiene poco de justicia. Tiene fallas humanas importantes. Y para colmo los jueces son los únicos que levantan centros y van a cabecear para su bolsillo. Igual no podés dejarle la justicia al Poder Ejecutivo. Ya la humanidad sufrió mucho por eso”, reflexiona Mujica en el libro.
“Ahora no me vengan con la vieja vendada y todo eso como símbolo de la Justicia. Está con los ojos muy abiertos y tiene la sensibilidad en el bolsillo. ¿Dónde se vio que 400 jueces reclamen por sus sueldos y se asuman como juez y parte? A mí me mata eso. Veo que nadie se preocupa por lo general. En todos los ámbitos está lo chiquito y eso es difícil. Son los tipos que tienen que laudar por el país. Han mantenido instituciones que son insostenibles y después me vienen a decir que la ley ante todo. Ni ellos se lo creen”, comentó el entonces presidente de la República José Mujica, molesto con la situación por la que atravesaba el país con un conflicto que pervive hasta hoy.
En el libro los periodistas afirman a propósito de estos comentarios que “el pasado de Mujica también tiene mucho que ver con todo esto. Es comprensible que una persona que estuvo más de diez años deseando ver un colchón y un inodoro reste importancia a las formalidades. Que alguien que dependía de otro para abrir una puerta o ver el cielo, ahora prefiera que nadie haga esa tarea por él.
Que un expresidiario que soportó la parte más fructífera de su vida en un calabozo diminuto, sin un juicio previo, no tenga mucha confianza en las leyes y en la justicia”.
“Ya desde la época de tupamaro y clandestino registró que las convenciones están para esquivarse y que mandan mucho más las personas que los articulados preestablecidos. Una vez al hablar sobre su forma de ser tan poco políticamente correcta, recordó una anécdota de la época de la guerrilla que seguro estuvo muy presente en sus pensamientos, al menos durante los primeros años de reclusión. Allí también se fueron forjando las fronteras difusas de lo que iba a venir después”, comentan los periodistas Danza y Tulbovitz, ambos de destacada trayectoria en el ambiente periodístico y quienes han estado incluso en los viajes que Mujica hizo al exterior del país, en la Casa Blanca, Cuba o el Vaticano.
En la anécdota que ambos mencionan dicen que Mujica señala “acá siempre se negoció por abajo de la mesa, así que no me vengan con formalidades. Le voy a contar una que me sirvió para entender cómo son las cosas. Allá por principios de los 70, me reuní con Sendic y con el Ñato, que estaban presos y yo estaba afuera. La idiosincrasia del Uruguay sirvió mucho para eso. Llegué a tener una reunión dentro del Batallón Florida siendo yo clandestino. Y Sendic también, cuando todavía no había caído. Sendic entró en el Florida y negociaba y se iba. Y los milicos cumplían la palabra. Andá a explicar esas cosas en el exterior”.
“Entre los milicos que estaban negociando estaba Armando Méndez y algunos capitanes. Pero un día les batieron a los jefes y se pudrió todo. A los milicos los cagaron los políticos. Habíamos avanzado mucho en la negociación. Yo negociaba desde afuera. Había un monte de eucaliptus al lado del Batallón 13 y dormía en ese monte. Todo esto fue después de la fuga del Abuso de Punta Carretas. Hicimos una especie de congreso de noche en el monte. Ahí dijimos que aceptábamos la rendición pero que ellos se comprometían a nacionalizar algunas estancias y nosotros las íbamos a trabajar. Era una propuesta del Bebe (Sendic). A los negociadores los mandaron a la mierda los milicos de más arriba y los políticos. A Legnani que era el que estaba al frente del Batallón Florida, lo barrieron. El general Esteban Cristi fue el que barrió con todo”.
“El Bebe decía que una derrota si lográbamos esto, era muy buena. Era muy negociador. Aprendí mucho con él. Una de las propuestas de los milicos era que el Bebe fingiera una caída espectacular y los mandó a cagar. Nosotros le decíamos que se fuera del país. Lo queríamos mantener porque era una especie de símbolo. Son todas cosas por las que atravesábamos y que explican mucho lo de hoy. Pero no podíamos pensar lo que vendría después. Yo andaba en bicicleta con un sobre de nailon y me acostaba en cualquier lado, a la intemperie, vestía un mameluco de la construcción”.
Los autores del libro cuentan que muchas de las charlas que mantuvieron con Mujica siendo presidente, ocurrieron en uno de nuestros domicilios en el barrio Parque Rodó. Llegaba alrededor de las ocho de la noche y se iba en la madrugada. Hablábamos de todo un poco, sin agenda. Se distendía entre botellas de vino, algunos cigarros y comida.
Así se hizo “Una oveja negra al poder. Confesiones e intimidades de Pepe Mujica” que será presentado a las siete y media de la tarde en la Universidad Católica (Artigas 1251), con entrada libre y gratuita.