La LUC comienza a ver la luz

Como pasa cuando la selección uruguaya gana un partido de fútbol importante o un campeonato; como pasa cuando desde diferentes lugares del mundo se mira y se elogia el trabajo de Uruguay para sobrellevar la emergencia por Coronavirus; así debe ser –para nosotros al menos lo es- la satisfacción de ver que cada día un Parlamento Nacional tan diverso, dedica largas jornadas a intercambiar ideas, en paz, sobre el presente y el futuro del país.

No debe haber en la política cosa más reconfortante.CONTRATAPA. Parlamento

Que Manini diga eso y Andrade «retruque» con esto otro y viceversa. Que Bergara maneje estos números y Gandini oponga aquellos otros, y viceversa. Son solo un par de ejemplos para hacer visible esa diversidad ideológica que allí convive mediante casos puntuales, claros y concretos (sin caer en abstracciones como sería decir que «la democracia y representatividad se cumplen a cabalidad»).

Pero lo que más reconforta es saber que ninguno de ellos entró y ocupó un sillón y empezó a hablar porque se le antojó hacerlo; fue el pueblo uruguayo el que los eligió, el que libremente decidió, el que en el acierto o en el error quiso que esas personas y no otras estuviesen ahí.

Por estos días, el Parlamento se ocupa de la Ley de Urgente Consideración, que ya comienza a ver la luz, ley a la que nos hemos acostumbrado a llamar por la sigla «LUC», y que también ocupa la atención de la ciudadanía en general. Hay quienes la ven con buenos ojos, otros que no, otros que tienen dudas sobre algún punto en particular, en fin. Es normal y está bien que así sea.

Pero en medio de todo esto, y en medio de una paralización en buena medida de todo el país a raíz de la pandemia que se vive, aunque parezca contradictorio (paro en un país paralizado), hubo un paro de actividades el pasado jueves, impulsado por el PIT CNT, cuyo motivo fundamental fue «en contra la ley de urgencia». Así, a secas (más allá que ciertas voces hayan aparecido después intentando especificar algunas cuestiones).

Llama la atención que por un lado haya quienes cuestionan que no es buena esta LUC porque es una ley muy amplia, muy compleja –lo que sin dudas es cierto- y que entonces no ha sido suficiente el tiempo para un adecuado debate, y por otro lado, los mismos, al mismo tiempo, hagan nada menos que un paro contra toda ella. Si es tan amplia y compleja, y ven eso como negativo, ¿no es contradictorio un paro «contra la LUC», como si fuera una sola cosa, sencilla, simple, concreta, puntual? Parece lógico que debería haberse dicho en todo momento: «el paro es contra tal cosa de la LUC». Porque si no, hay que pensar entonces que quienes promovieron el paro están en contra también, por ejemplo, de que haya penas más graves para violadores, secuestradores, asesinos, etc., y no es lógico pensar que alguien pueda oponerse a eso, cuando la realidad rompe los ojos en cuanto a que la delincuencia nos ha pasado por arriba y, en gran medida, por la debilidad y permisividad de algunas leyes.

El Presidente de la Cámara de Diputados, Martín Lema, justamente dijo en un momento que si no se decía contra qué artículos o temas concretos era el paro, lo llevarían a creer que se trataba de «oponerse por oponerse nomás», sin razón.

Ahora bien, ¿alguien duda a esta altura de los acontecimientos que el PIT CNT es un brazo de un partido político? Nosotros al menos no. No debería ser así, pero lo es.

Entonces cabría preguntarse: quienes se oponen, ¿lo hacen por oponerse nomás o porque la ley es impulsada por partidos que no son precisamente ese al que ellos responden? No estamos en condiciones de evaluar -no sabríamos hacerlo-, si es poco o no el tiempo que dispusieron los legisladores para estudiar la ley. Sí tenemos claro que desde enero están a la vista los borradores, que de hecho sufrieron múltiples modificaciones. Pero antes aún, en plena campaña electoral, sabía quien quisiera saber, cuáles eran los temas que incluía.

Claro, no se conocía detalladamente la redacción, pero los temas, los ejes, y sobre todo el espíritu o la tendencia con las que serían encarados esos temas se sabía, imposible decir que no.

Pero lo esencial, creemos, es ante esto preguntarnos, ¿qué dijo el pueblo uruguayo; qué prefirió en ese momento de elegir entre una coalición de partidos que tenía esta ley en sus manos y la otra coalición que se oponía y se opone? Dijo que quería a la que impulsaba esta ley, prefirió a esa coalición, a la que nos estamos acostumbrando a llamar «multicolor».

Pero democráticamente lo dijo, en las urnas lo dijo, el último domingo de noviembre lo dijo. Entonces, no logramos entender ¿a qué le llaman «baja calidad democrática» algunos de quienes impulsaron el paro del pasado jueves, ya que es uno de los rasgos que ven como negativo de esta ley? Baja calidad democrática es otra cosa.

De baja calidad democrática sería quizás, en un sentido amplio, el panorama de nuestro país si no existiera el escenario parlamentario que describíamos en el comienzo de estas líneas.

Baja calidad democrática es, en un sentido más restringido, por ejemplo embanderar liceos y universidades públicas con mensajes de «No a la LUC» o en su momento «No a la reforma» (inspirada por Larrañaga) y tantas otras aberrantes violaciones a la laicidad a la que nuestros niños y jóvenes tienen derecho. Un derecho que sin embargo «pisotean» muchos de esos mismos que hablan de «defender derechos», de «no retroceder en los derechos», o de que «los derechos conquistados no se tocan».

¿Acaso los que no se tocan son solamente los derechos conquistados en los últimos años y los de la época de Varela, por ejemplo, sí pueden desconocerse?
Pero volvamos a nuestros días y a esta LUC. Si es buena o mala aún no lo sabemos.

Porque justamente tiene tantos artículos que seguramente algunas cosas serán buenas, otras no tanto. Si en general dará buenos resultados, tampoco lo sabemos. ¿Cómo saberlo, si todavía falta nada menos que empezar a aplicarla? De lo que sí estamos convencidos es de que la mayoría de los uruguayos tiene confianza en que sí, no más que eso.

Habrá que esperar. Pero vale la pena insistir: podrá ser una ley cargada de equivocaciones, pero es la ley que trae una serie de grandes cambios que la gente eligió. Ni más ni menos.

Me guste o no. Oponerse es querer cambiar el cambio que la gente en su mayoría votó.Contratapa JORGE PIGNATARO

Convengamos que se puede estar en contra de muchos artículos de esta LUC, pero de ahí a decir que es enteramente mala, sabiendo que tiene cientos de artículos, hay una diferencia grande. Hacer entonces un paro en contra de toda una ley de cientos de artículos parece, sinceramente, más el reflejo de un fanatismo político partidario, que la consecuencia de una serena reflexión sobre qué es lo mejor para el país.

Contratapa por Jorge Pignataro