La masonería el diseño de Plaza Artigas la supuesta intervención del Arq. Barbieri

En relación a una contratapa publicada por EL PUEBLO, hace más de tres años atrás, referida al proyecto de Plaza Artigas y la concepción definitiva del emplazamiento de los monumentos, recibimos una  solicitud de respuesta del Arq. Hugo Barbieri, hijo del Arq. Armando I. Barbieri, a quien se menciona en la nota de referencia, atribuyéndole determinadas decisiones.
Lo que sigue es la nota que recibimos y publicamos.
Montevideo,  21  de octubre de 2013
Sr. Alberto Rodríguez
Secretario de Redacción de diario “El Pueblo” de Salto
Presente.-
De mi mayor consideración:
En la edición de fecha 11/ 4/ 2010 de ese medio de prensa, se publicó un artículo que circula actualmente por Internet como fuente de información,  titulado:
“Edmundo Prati diseñó una plaza con simbología masónica pero Armando Barbieri la modificó. La Verdadera Historia de la Plaza Artigas”.
Allí se menciona una carta escrita a máquina, que Edmundo Prati envió en forma personal a un amigo suyo en los años 60 y que luego de la muerte de éste, un familiar decidió ponerla en conocimiento de quien escribe el artículo. Los términos no se transcriben literalmente y tampoco se emplean frases entrecomilladas que permitan conocer lo expresado textualmente por el autor.  Quien hace la nota, la maneja a su antojo revelando el “malestar e indignación del escultor por no respetársele sus ideas” y  porque “Armando Barbieri que era el Intendente de la época” (textual), modificó la implantación de los tres monumentos que componen el grupo escultórico, planificados originalmente según una clara simbología masónica. Agrega a su  criterio el periodista, que este supuesto cambio “es una afrenta a la masonería”.
Es común que a hombres que han tenido como mi padre, una larga y destacada actuación pública, se les adjudique la autoría  de muchas cosas que no hicieron.
Esta historia podría tomarse como una anécdota más de las tantas, si no fuera por dos razones  que considero inaceptables:
-La forma irreverente de presentarlo, sobre todo ante las nuevas generaciones que  no lo conocieron, como a un hombre autoritario que hacía y deshacía a su antojo. Esto lo rechazo enfáticamente por considerarlo un agravio gratuito a su memoria. Bastaría con recabar  el testimonio de algunos de los miles de ex alumnos que pasaron por sus aulas, a lo largo de treinta años de docencia, para saber que era un hombre firme en sus convicciones, pero que jamás imponía sus ideas por la fuerza.
-El reconocido poder de la prensa, unido al prestigio del medio que publica el artículo, hacen que al no tomar distancia de los dichos, se induzca a confundir la realidad. Prueba de ello, es que una historiadora salteña repitió por la Web  textualmente lo manifestado, avalando todo con una liviandad que sorprende, sin verificar su veracidad. Simplemente se limitó a mencionar el artículo de marras y el nombre del diario, como fuente de información confiable.
A nuestro juicio, el responsable del artículo incurrió en groseras  inexactitudes que falsean  la verdad histórica, involucrando a nuestro padre que era totalmente ajeno  a los hechos,  poniéndolo además en el lugar del villano de la película, como pretendo demostrarlo.
Debido a que él no puede defenderse a sí mismo, porque ya no está en este mundo,  me permito expresar mis argumentaciones en su lugar.
Comienzo por enumerar algunos hechos reales, documentados  e irrefutables, que pueden ser verificados fácilmente:
- El Monumento a Artigas se inauguró el 29 de setiembre de 1940 y a partir de ahí  la vieja plaza 18 de Julio pasó a llamarse plaza Artigas.
- Nuestro padre asumió su primer período como Intendente de Salto el 15 de febrero de 1951, once años después del magno acontecimiento.
- El Intendente de la época era el Arq. Pedro Invernizzi.
- El Presidente de la República era el Gral. Arq. Alfredo  Baldomir; cuñado del Dr. Gabriel Terra y que fuera Jefe de la Policía y posteriormente su Ministro de Defensa en el gabinete de la Dictadura del año 1933.
- Los batllistas continuaban proscriptos. Mi padre había sufrido cinco años antes, el confinamiento en la Isla de Flores por defender sus ideas y también fue destituido   de la Dirección de la Escuela Industrial, cargo que no volvió a ocupar y de sus cátedras en el liceo. Obviamente estaba enfrentado fuertemente con el Gobierno y no tenía ningún tipo de influencia política en ese momento.
- Nunca integró el Comité Ejecutivo Pro Monumento a Artigas, que presidía don Juan B. Hualde. Este Comité tenía el cometido exclusivo del seguimiento integral de los trabajos, trataba directamente todos los temas con el escultor y finalizó su actuación el día de la ceremonia inaugural, con la entrega simbólica del monumento al pueblo de Salto, representado en ese acto por quien era el Intendente Municipal.
- Tampoco su nombre figuraba en la nómina de los invitados especiales, presentes en el palco de honor.
Entiendo que con esto queda fehacientemente demostrado que el Arq. Armando I. Barbieri no era el Intendente de la época y que tampoco poseía ningún poder de decisión por encima  de nadie, para modificar las cosas a su solo criterio.
En nuestro país existe la ley de Derecho de Autor, Reglamentada el 17/ 12/ 1937, en la cual se podía haber amparado Prati ante una supuesta imposición que lo obligase a cambiar su obra. No solo no lo hizo, sino que expresó públicamente su conformidad y además como prueba de ello, hizo acto de presencia de manera muy complaciente durante la ceremonia inaugural.
El diario Tribuna Salteña del 29/ 9/ 1940, el mismo día del acontecimiento, publicó una extensa nota realizada al consagrado escultor, quien en forma distendida, expresó todo lo que quería decir sin guardarse nada.
Trascripción de algunas expresiones suyas en la referida entrevista:
“En el presente el monumento está finalmente emplazado, con el beneplácito de los salteños y yo muy satisfecho de haber cumplido con ellos como les había prometido. Lástima que la plaza no está pronta, habrá que esperar que crezcan los árboles y se vaya formando la jardinería, mientras el bronce y el granito irán tomando su pátina definitiva.”
En el año 1931 el Concejo Departamental de Administración salteño, a través de su Presidente don Orestes Lanza, aceptó el proyecto y le encargó la obra. Había transcurrido nueve años y Prati aprovechó la ocasión para justificar el atraso en el plazo, detallando los múltiples imprevistos ocurridos principalmente en Italia, donde se realizaron las estatuas, por la escasez de metales como consecuencia de la guerra en Europa.
En otra parte del reportaje, manifestó que el presupuesto presentado que se le aceptó, era por la suma de $ 55.000 y terminaron pagándole solamente $ 20.000. Esto le creó serios problemas económicos para hacer frente a la deuda contraída en el extranjero. Demostrando que no tenía nada para callar expresó:
“No se preocupen salteños, yo no pretendo cobrar esa pérdida.”
El proceso de la obra había insumido un largo tiempo, esta entrevista fue sin duda la última oportunidad que tuvo Prati para aclarar con seriedad todas las cosas. A partir de ahí solo quedaría lugar para  arrepentimientos.
No es posible concebir una historia verdadera  que no se fundamente en hechos reales, comprobados y documentados debidamente. No es suficiente lo que pueda expresarse en la intimidad de una carta de orden personal, escrita a más de veinte años de los hechos, donde supuestamente se atribuyen culpas ajenas sin asumir las propias, dando lugar a suspicacias de todo tipo.
Por todo lo expuesto, solicito por vuestro intermedio que estas consideraciones sean publicadas en ese prestigioso diario, de ser posible en  iguales condiciones al artículo en cuestión.
Agradeciendo la atención dispensada,  saludo a Ud. con mi mayor consideración.
Arq.  Hugo Barbieri

En relación a una contratapa publicada por EL PUEBLO, hace más de tres años atrás, referida al proyecto de Plaza Artigas y la concepción definitiva del emplazamiento de los monumentos, recibimos una  solicitud de respuesta del Arq. Hugo Barbieri, hijo del Arq. Armando I. Barbieri, a quien se menciona en la nota de referencia, atribuyéndole determinadas decisiones.

Lo que sigue es la nota que recibimos y publicamos.

Montevideo,  21  de octubre de 2013

Sr. Alberto Rodríguez

Secretario de Redacción de diario “El Pueblo” de Salto

Presente.-

De mi mayor consideración:

En la edición de fecha 11/ 4/ 2010 de ese medio de prensa, se publicó un artículo que circula actualmente por Internet como fuente de información,  titulado:

“Edmundo Prati diseñó una plaza con simbología masónica pero Armando Barbieri la modificó. La Verdadera Historia de la Plaza Artigas”.

Allí se menciona una carta escrita a máquina, que Edmundo Prati envió en forma personal a un amigo suyo en los años 60 y que luego de la muerte de éste, un familiar decidió ponerla en conocimiento de quien escribe el artículo. Los términos no se transcriben literalmente y tampoco se emplean frases entrecomilladas que permitan conocer lo expresado textualmente por el autor.  Quien hace la nota, la maneja a su antojo revelando el “malestar e indignación del escultor por no respetársele sus ideas” y  porque “Armando Barbieri que era el Intendente de la época” (textual), modificó la implantación de los tres monumentos que componen el grupo escultórico, planificados originalmente según una clara simbología masónica. Agrega a su  criterio el periodista, que este supuesto cambio “es una afrenta a la masonería”.

Es común que a hombres que han tenido como mi padre, una larga y destacada actuación pública, se les adjudique la autoría  de muchas cosas que no hicieron.

Esta historia podría tomarse como una anécdota más de las tantas, si no fuera por dos razones  que considero inaceptables:

-La forma irreverente de presentarlo, sobre todo ante las nuevas generaciones que  no lo conocieron, como a un hombre autoritario que hacía y deshacía a su antojo. Esto lo rechazo enfáticamente por considerarlo un agravio gratuito a su memoria. Bastaría con recabar  el testimonio de algunos de los miles de ex alumnos que pasaron por sus aulas, a lo largo de treinta años de docencia, para saber que era un hombre firme en sus convicciones, pero que jamás imponía sus ideas por la fuerza.

-El reconocido poder de la prensa, unido al prestigio del medio que publica el artículo, hacen que al no tomar distancia de los dichos, se induzca a confundir la realidad. Prueba de ello, es que una historiadora salteña repitió por la Web  textualmente lo manifestado, avalando todo con una liviandad que sorprende, sin verificar su veracidad. Simplemente se limitó a mencionar el artículo de marras y el nombre del diario, como fuente de información confiable.

A nuestro juicio, el responsable del artículo incurrió en groseras  inexactitudes que falsean  la verdad histórica, involucrando a nuestro padre que era totalmente ajeno  a los hechos,  poniéndolo además en el lugar del villano de la película, como pretendo demostrarlo.

Debido a que él no puede defenderse a sí mismo, porque ya no está en este mundo,  me permito expresar mis argumentaciones en su lugar.

Comienzo por enumerar algunos hechos reales, documentados  e irrefutables, que pueden ser verificados fácilmente:

– El Monumento a Artigas se inauguró el 29 de setiembre de 1940 y a partir de ahí  la vieja plaza 18 de Julio pasó a llamarse plaza Artigas.

– Nuestro padre asumió su primer período como Intendente de Salto el 15 de febrero de 1951, once años después del magno acontecimiento.

– El Intendente de la época era el Arq. Pedro Invernizzi.

– El Presidente de la República era el Gral. Arq. Alfredo  Baldomir; cuñado del Dr. Gabriel Terra y que fuera Jefe de la Policía y posteriormente su Ministro de Defensa en el gabinete de la Dictadura del año 1933.

– Los batllistas continuaban proscriptos. Mi padre había sufrido cinco años antes, el confinamiento en la Isla de Flores por defender sus ideas y también fue destituido   de la Dirección de la Escuela Industrial, cargo que no volvió a ocupar y de sus cátedras en el liceo. Obviamente estaba enfrentado fuertemente con el Gobierno y no tenía ningún tipo de influencia política en ese momento.

– Nunca integró el Comité Ejecutivo Pro Monumento a Artigas, que presidía don Juan B. Hualde. Este Comité tenía el cometido exclusivo del seguimiento integral de los trabajos, trataba directamente todos los temas con el escultor y finalizó su actuación el día de la ceremonia inaugural, con la entrega simbólica del monumento al pueblo de Salto, representado en ese acto por quien era el Intendente Municipal.

– Tampoco su nombre figuraba en la nómina de los invitados especiales, presentes en el palco de honor.

Entiendo que con esto queda fehacientemente demostrado que el Arq. Armando I. Barbieri no era el Intendente de la época y que tampoco poseía ningún poder de decisión por encima  de nadie, para modificar las cosas a su solo criterio.

En nuestro país existe la ley de Derecho de Autor, Reglamentada el 17/ 12/ 1937, en la cual se podía haber amparado Prati ante una supuesta imposición que lo obligase a cambiar su obra. No solo no lo hizo, sino que expresó públicamente su conformidad y además como prueba de ello, hizo acto de presencia de manera muy complaciente durante la ceremonia inaugural.

El diario Tribuna Salteña del 29/ 9/ 1940, el mismo día del acontecimiento, publicó una extensa nota realizada al consagrado escultor, quien en forma distendida, expresó todo lo que quería decir sin guardarse nada.

Trascripción de algunas expresiones suyas en la referida entrevista:

“En el presente el monumento está finalmente emplazado, con el beneplácito de los salteños y yo muy satisfecho de haber cumplido con ellos como les había prometido. Lástima que la plaza no está pronta, habrá que esperar que crezcan los árboles y se vaya formando la jardinería, mientras el bronce y el granito irán tomando su pátina definitiva.”

En el año 1931 el Concejo Departamental de Administración salteño, a través de su Presidente don Orestes Lanza, aceptó el proyecto y le encargó la obra. Había transcurrido nueve años y Prati aprovechó la ocasión para justificar el atraso en el plazo, detallando los múltiples imprevistos ocurridos principalmente en Italia, donde se realizaron las estatuas, por la escasez de metales como consecuencia de la guerra en Europa.

En otra parte del reportaje, manifestó que el presupuesto presentado que se le aceptó, era por la suma de $ 55.000 y terminaron pagándole solamente $ 20.000. Esto le creó serios problemas económicos para hacer frente a la deuda contraída en el extranjero. Demostrando que no tenía nada para callar expresó:

“No se preocupen salteños, yo no pretendo cobrar esa pérdida.”

El proceso de la obra había insumido un largo tiempo, esta entrevista fue sin duda la última oportunidad que tuvo Prati para aclarar con seriedad todas las cosas. A partir de ahí solo quedaría lugar para  arrepentimientos.

No es posible concebir una historia verdadera  que no se fundamente en hechos reales, comprobados y documentados debidamente. No es suficiente lo que pueda expresarse en la intimidad de una carta de orden personal, escrita a más de veinte años de los hechos, donde supuestamente se atribuyen culpas ajenas sin asumir las propias, dando lugar a suspicacias de todo tipo.

Por todo lo expuesto, solicito por vuestro intermedio que estas consideraciones sean publicadas en ese prestigioso diario, de ser posible en  iguales condiciones al artículo en cuestión.

Agradeciendo la atención dispensada,  saludo a Ud. con mi mayor consideración.

Arq.  Hugo Barbieri