La Periodista Adela Dubra comparte en Salto su libro “Basta de Tanto”

La Periodista Adela Dubra comparte  en Salto su libro “Basta de Tanto”
Tendremos el honor de recibir en Salto a Dubra.
Periodista y autora del “Basta de tanto”.
Criar hijos, gastando menos, durmiendo más siestas y con pocos juguetes”…”Una ayuda para padres cansados.
Un libro que está a favor de la pareja y de la mujer que trabaja fuera de casa”.
Adela Dubra dará una charla abierta para padres, madres y abuelos en el colegio Salesiano el próximo jueves 11 a las 19.00 hs.
Recordamos también que Dubra realizará una charla el próximo viernes 12 a las 19.30 horas en el Salón de Conferencias del Salto Hotel y Casino a iniciativa del Colegio y Liceo Vaz Ferreira, entrada libre para todo público.
REFLEXIONES
DE LA AUTORA
“Basta de tanto, criar hijos, gastando menos, durmiendo más siestas y con pocos juguetes”
¿En qué momento nos empezó a parecer normal? Que en las casas de gente adulta en las que se escuchaba rock ahora solo suenen temas como “El Elefante Trompita”. Que sean los niños y no los mayores los que decidan qué se come esta noche.“Que a nuestros hijos les hagamos la mochila, ordenemos su cartuchera y los mandemos a la escuela con alcohol en gel en el bolsillo.
Que para asegurar un crecimiento sano y fuerte sean necesarios los complementos nutricionales y las clases de yoga y los alimentos orgánicos.
Que se necesiten más clases y más expertos para las distintas etapas de la vida de los niños.
Que, a pesar del esfuerzo y la dedicación que se vuelca en la crianza, continuamente nos encontremos con la sensación de que no estamos haciendo las cosas bien.
Que nada alcance, que todo nos parezca poco.
El carrito último modelo, el calienta mamaderas y la mamadera diseñada para reducir cólicos, la estimulación temprana, el lenguaje de signos, la versión de “The Wall” para bebés.
Que las niñas vayan enteramente vestidas de princesitas y con uñas pintadas al dentista o a un velorio. Que parezcan adolescentes jibarizadas.
Todo esto, ¿en qué momento nos empezó a parecer normal?
El tiempo dirá si la sobrepaternidad le hace bien a los hijos y en qué medida les dulcifica la infancia o les complica la adultez.
Lo cierto, aún con una perspectiva breve, es que esta relación casi obsesiva le está pasando factura seguramente a la pareja y con certeza a la mujer de hoy.
En los últimos veinte años hemos vivido una revolución silenciosa y aparentemente inofensiva que cambió la forma de criar a los hijos. Voces especializadas aseguran que esta nueva forma de maternidad está minando la libertad de la mujer y genera desorden.
GRANDES
INTERROGANTES
¿Estamos educando bien a nuestros hijos? ¿Logramos equilibrar el trabajo, la vida de pareja, nuestra realización personal y el tiempo dedicado a ellos? ¿Qué pasó en una generación que ayer tomaba Coca-Cola solo en los cumpleaños y hoy la tiene como un elemento casi fundamental en la vida?
Tan importante es que genera una discusión de pareja.
Y frente al niño. Y en público. Y termina en que una mujer humilla a su marido por una estupidez tan grande.
Algún día entenderemos por qué una cantidad de madres como yo, que usábamos poleras heredadas de nuestros hermanos y ropa que nos pasaban nuestras primas, nos encontramos de pronto pensando que a nuestra hija le haría falta otro par de zapatitos de tal color o qué lindo sería conseguirle un sacón como el del aviso que aparece en la contratapa de las revistas.
MÁS DE LO NECESARIO
Muchos niños tienen más ropa y juguetes de lo necesario; el bolsillo de la familia muchas veces se resiente por eso.
La mayoría de las madres y padres que conozco se refieren a su hija o hijo como “pobrecito”, porque no tiene el o la del momento.
¿Qué nos pasa? ¿Por qué ese mismo padre que, como la gran mayoría, añora una forma más austera de crianza, ahora compra en 36 cuotas un carrito que cuesta mil o 1.599 dólares? (Es el precio del cochecito más caro en una conocida cadena de venta de hardware de Montevideo). ¿Por qué no podemos escuchar buena música o ver en la tele lo que queremos? ¿Por qué terminamos paseando en familia tantos sábados de tarde por los shoppings? Si nos aburre, ¿por qué lo hacemos? No es la vida que queríamos tener. ¿Por qué a tantos matrimonios nos está costando disfrutar de la crianza de los hijos?
En el marco de una investigación sobre infancia en Estados Unidos, un niño le dijo a un experto: “Desearía que mis padres tuvieran otro hobby que no sea yo”. La frase es dura y va directo al grano; en eso consiste la actual sobrepaternidad.
Que al final, además de agotadora, termina siendo contraproducente.
La obsesión por ser madres perfectas y padres perfectos viene con una lista de tareas que van mucho más allá de la de alimentar y abrigar a los hijos.
Desde luego, hay que aclarar desde el vamos que hay infancias e infancias.
Este trabajo se refiere a aquellas cuyas necesidades básicas están cubiertas, si bien ciertos comportamientos exceden los marcos exclusivos de una clase social o económica.
En ciudades de Estados Unidos y de Europa, donde el “niñismo” prospera y se expande, el listado de obligaciones incluye darles solo comida orgánica, usar de nuevo los pañales de tela (los otros son poco ecológicos), llevarlos de la mano a las clases de ballet/teatro/plástica/mandarín/violín/cocina vegetariana para preescolares, ir a todas las competencias deportivas y a las actividades con los demás padres.
En Europa y Estados Unidos cada vez son más las periodistas y escritoras que alertan sobre esta nueva forma de maternidad que está haciendo que bajen las tasas de natalidad y que muchas mujeres, si bien optan por tener hijos, dejen de lado su potencial profesional para ser madres lo más presentes y perfectas posible. Nadie puede tener una carrera vigorosa si dedica varios cientos de horas y una parte de su cerebro a lograr el disfraz perfecto de la fiestita de fin de año o si pasa tardes enteras cocinando y decorando galletitas caseras.
Así llegan las presiones, la ansiedad y el terror de no estar haciendo las cosas bien (entre otros detalles, porque siempre hay alguien —real o inventado por el — que parece hacerlo mejor).
Así llegan el andador súper dinámico, una cuna eléctrica que sube y baja lentamente cual ascensor —lo último llegado a nuestras vidrieras—, el cochecito de alta gama y la mamadera que reduce cólicos y malestares y que no se vende en la farmacia a dos cuadras de tu casa. Así llegan las cremas de luxe, el teatro para bebés, los discos de los Beatles, Pink Floyd o los Redondos para bebés, las clases de natación, de cocina y el minigimnasio con luces y sonidos. La paternidad se convierte en una industria que exige actualización constante. El dato más relevante es que, en su mayoría, estos productos y esta gama de servicios son sorprendentemente inútiles. Quienes los inventan saben dirigirlos a padres que están: 1) inseguros, 2) buscando soluciones, 3) queriendo comprar lo último y lo mejor y 4) presos de un momento en el cual el hijo se ha convertido en un símbolo de status.

Tendremos el honor de recibir en Salto a Dubra.

Periodista y autora del “Basta de tanto”.

Criar hijos, gastando menos, durmiendo más siestas y con pocos juguetes”…”Una ayuda para padres cansados.

Un libro que está a favor de la pareja y de la mujer que trabaja fuera de casa”.

Adela Dubra dará una charla abierta para padres, madres y abuelos en el colegio Salesiano el próximo jueves 11 a las 19.00 hs.

Recordamos también que Dubra realizará una charla el próximo viernes 12 a las 19.30 horas en el Salón de Conferencias del Salto Hotel y Casino a iniciativa del Colegio y Liceo Vaz Ferreira, entrada libre para todo público.

REFLEXIONES DE LA AUTORA

“Basta de tanto, criar hijos, gastando menos, durmiendo más siestas y con pocos juguetes”

¿En qué momento nos empezó a parecer normal? Que en las casas de gente adulta en las que se escuchaba rock ahora solo suenen temas como “El Elefante Trompita”. Que sean los niños y no los mayores los que decidan qué se come esta noche.“Que a nuestros hijos les hagamos la mochila, ordenemos su cartuchera y los mandemos a la escuela con alcohol en gel en el bolsillo.

Que para asegurar un crecimiento sano y fuerte sean necesarios los complementos nutricionales y las clases de yoga y los alimentos orgánicos.

Que se necesiten más clases y más expertos para las distintas etapas de la vida de los niños.

Que, a pesar del esfuerzo y la dedicación que se vuelca en la crianza, continuamente nos encontremos con la sensación de que no estamos haciendo las cosas bien.

Que nada alcance, que todo nos parezca poco.

El carrito último modelo, el calienta mamaderas y la mamadera diseñada para reducir cólicos, la estimulación temprana, el lenguaje de signos, la versión de “The Wall” para bebés.

Que las niñas vayan enteramente vestidas de princesitas y con uñas pintadas al dentista o a un velorio. Que parezcan adolescentes jibarizadas.

Todo esto, ¿en qué momento nos empezó a parecer normal?

El tiempo dirá si la sobrepaternidad le hace bien a los hijos y en qué medida les dulcifica la infancia o les complica la adultez.

Lo cierto, aún con una perspectiva breve, es que esta relación casi obsesiva le está pasando factura seguramente a la pareja y con certeza a la mujer de hoy.

En los últimos veinte años hemos vivido una revolución silenciosa y aparentemente inofensiva que cambió la forma de criar a los hijos. Voces especializadas aseguran que esta nueva forma de maternidad está minando la libertad de la mujer y genera desorden.

GRANDES INTERROGANTES

¿Estamos educando bien a nuestros hijos? ¿Logramos equilibrar el trabajo, la vida de pareja, nuestra realización personal y el tiempo dedicado a ellos? ¿Qué pasó en una generación que ayer tomaba Coca-Cola solo en los cumpleaños y hoy la tiene como un elemento casi fundamental en la vida?

Tan importante es que genera una discusión de pareja.

Y frente al niño. Y en público. Y termina en que una mujer humilla a su marido por una estupidez tan grande.

Algún día entenderemos por qué una cantidad de madres como yo, que usábamos poleras heredadas de nuestros hermanos y ropa que nos pasaban nuestras primas, nos encontramos de pronto pensando que a nuestra hija le haría falta otro par de zapatitos de tal color o qué lindo sería conseguirle un sacón como el del aviso que aparece en la contratapa de las revistas.

MÁS DE LO NECESARIO

Muchos niños tienen más ropa y juguetes de lo necesario; el bolsillo de la familia muchas veces se resiente por eso.

La mayoría de las madres y padres que conozco se refieren a su hija o hijo como “pobrecito”, porque no tiene el o la del momento.

¿Qué nos pasa? ¿Por qué ese mismo padre que, como la gran mayoría, añora una forma más austera de crianza, ahora compra en 36 cuotas un carrito que cuesta mil o 1.599 dólares? (Es el precio del cochecito más caro en una conocida cadena de venta de hardware de Montevideo). ¿Por qué no podemos escuchar buena música o ver en la tele lo que queremos? ¿Por qué terminamos paseando en familia tantos sábados de tarde por los shoppings? Si nos aburre, ¿por qué lo hacemos? No es la vida que queríamos tener. ¿Por qué a tantos matrimonios nos está costando disfrutar de la crianza de los hijos?

En el marco de una investigación sobre infancia en Estados Unidos, un niño le dijo a un experto: “Desearía que mis padres tuvieran otro hobby que no sea yo”. La frase es dura y va directo al grano; en eso consiste la actual sobrepaternidad.

Que al final, además de agotadora, termina siendo contraproducente.

La obsesión por ser madres perfectas y padres perfectos viene con una lista de tareas que van mucho más allá de la de alimentar y abrigar a los hijos.

Desde luego, hay que aclarar desde el vamos que hay infancias e infancias.

Este trabajo se refiere a aquellas cuyas necesidades básicas están cubiertas, si bien ciertos comportamientos exceden los marcos exclusivos de una clase social o económica.

En ciudades de Estados Unidos y de Europa, donde el “niñismo” prospera y se expande, el listado de obligaciones incluye darles solo comida orgánica, usar de nuevo los pañales de tela (los otros son poco ecológicos), llevarlos de la mano a las clases de ballet/teatro/plástica/mandarín/violín/cocina vegetariana para preescolares, ir a todas las competencias deportivas y a las actividades con los demás padres.

En Europa y Estados Unidos cada vez son más las periodistas y escritoras que alertan sobre esta nueva forma de maternidad que está haciendo que bajen las tasas de natalidad y que muchas mujeres, si bien optan por tener hijos, dejen de lado su potencial profesional para ser madres lo más presentes y perfectas posible. Nadie puede tener una carrera vigorosa si dedica varios cientos de horas y una parte de su cerebro a lograr el disfraz perfecto de la fiestita de fin de año o si pasa tardes enteras cocinando y decorando galletitas caseras.

Así llegan las presiones, la ansiedad y el terror de no estar haciendo las cosas bien (entre otros detalles, porque siempre hay alguien —real o inventado por el — que parece hacerlo mejor).

Así llegan el andador súper dinámico, una cuna eléctrica que sube y baja lentamente cual ascensor —lo último llegado a nuestras vidrieras—, el cochecito de alta gama y la mamadera que reduce cólicos y malestares y que no se vende en la farmacia a dos cuadras de tu casa. Así llegan las cremas de luxe, el teatro para bebés, los discos de los Beatles, Pink Floyd o los Redondos para bebés, las clases de natación, de cocina y el minigimnasio con luces y sonidos. La paternidad se convierte en una industria que exige actualización constante. El dato más relevante es que, en su mayoría, estos productos y esta gama de servicios son sorprendentemente inútiles. Quienes los inventan saben dirigirlos a padres que están: 1) inseguros, 2) buscando soluciones, 3) queriendo comprar lo último y lo mejor y 4) presos de un momento en el cual el hijo se ha convertido en un símbolo de status.







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