La situación de los equinos también les preocupa a las rescatistas de animales que trabajan en este tema en Salto

Cindy Verdala

Cindy Verdala

En la edición del pasado miércoles, EL PUEBLO publicó expresiones de tres rescatistas de animales (Milagros Tessadri, Cindy Verdala y Glena Miranda) quienes manifestaban, además de posibles soluciones a la problemática, la preocupación por el número, lamentablemente en aumento, de perros y gatos abandonados en las calles de Salto.

Es pertinente agregar a esto, que la situación en cuanto a tenencia de caballos también preocupa. Caballos sometidos a tareas de un esfuerzo físico que muchas veces supera sus posibilidades (sobre todo en el transporte en carros) es algo frecuente. Por otra parte, se ha vuelto bastante habitual, en muchos barrios de la ciudad, encontrar caballos totalmente carentes de asistencia sanitaria, así como víctimas de maltrato. En cuanto a los perros, vale recordar que en Salto existe, aunque desbordada, un Protectora. Pero si de equinos se habla, esto no existe.
“En su momento se intentó formar un grupo de ayuda a equinos, ya que en Salto hay muchísimos dueños de caballos que no tienen posibilidad de acceder a atención veterinaria para sus animales, porque los medicamentos son más caros que los de pequeñas mascotas o porque no hay muchos veterinarios especializados en su atención, pero no se logró porque se necesita una dedicación importante de tiempo y dinero, por eso se disolvió el grupo”, explicó Cindy Verdala, quien sostiene además que “el tema requiere un trabajo conjunto de los dueños como tenedores responsables y por parte del gobierno brindando soluciones a las mayores dificultades”.

Glena Miranda

Glena Miranda

Lo que señala la ley
Importa destacar que la ley 17.841, conocida como “Ley de bienestar animal”, en una parte del artículo 9º establece que “Todo tenedor, a cualquier título, de un animal será responsable de: A) Mantenerlo en condiciones físicas y sanitarias adecuadas, proporcionándole alojamiento, alimento y abrigo en condiciones adecuadas según su especie, de acuerdo a las reglamentaciones establecidas por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y a las pautas de la Sociedad Mundial para la Protección de los Animales. B) No abandonarlo ni dejarlo suelto en lugares públicos de libre acceso, excepto en los autorizados a tales fines. C) Observar las normas sanitarias y legales destinadas al paseo, manejo y tenencia responsable de los mismos. D) Prestarle trato adecuado a su especie o raza. E) Permitir el acceso de la autoridad competente a los efectos de la fiscalización y contralor de la tenencia del animal y de su estado, sin perjuicio de lo establecido en el artículo 11 de la Constitución de la República”.
Las rescatistas entrevistadas por este diario, así como otras personas vinculadas al tema que también fueron consultadas, coinciden en que una de las carencias fundamentales para al menos comenzar a remediar estas situaciones, radica en la falta rigurosidad en el control de cumplimento de esta ley.
Los conflictos que no faltan
“Esto me ha llevado a tener varios conflictos, especialmente por los maltratos –expresa Glena-, hemos tenido que enfrentar personas, no todas aceptan que les llamen la atención, a pesar que siempre trato de hablar con respeto, no solamente llamar la atención sino también ofrecer ayuda para cambiar la situación del animal”. Cindy dice que “como en todos los grupos humanos se generan conflictos; personalmente he tenido discrepancias por los tiempos de castración. Considero que es antiético castrar animales con avanzado estado de preñez, hay un tiempo que los veterinarios consideran propicio para hacerlo”. En tanto Milagros cuenta que “lo más cercano a conflicto que tuve fue un problema con una mascota que me trajeron a casa para conseguir buen hogar ya que donde estaba no le daban sus debidos cuidados, me di cuenta que está mal dar una mascota de otra persona pero me parece que fue justo ya que se habló varias veces con la persona que lo tenía y siempre se volvía a lo mismo, hoy podría estar muerta esa mascota y sin embargo está en un buen hogar”.

Milagros Tessadri

Milagros Tessadri

El amor es el motor
Las tres tienen múltiples anécdotas referidas a su tarea con animales, buenas y malas, con finales felices y con finales tristes. Esta es narrada por Glena: “Hace unos tres años, llegaba a casa con mi esposo cerca de las once de la noche. Muchísimo calor, el aire y el asfalto calientes.
Vimos pasar dos chicos en una moto con un perro muy débil al costado. Tuve sospechas y los seguimos, cuando llegaron al Gramon aceleraron con todo y al perro no le daban las patitas, se empezó a revolcar, lo arrastraban, gritaba, entonces les grité, se percataron que los estaban viendo y soltaron la piola, paramos y lo auxiliamos, ya estaba desmayado. Lo llevé, lo atendí, yo lloraba mucho, me desbordé emocionalmente porque podía ver el sufrimiento, las patitas quemadas por el asfalto.
Lo curé, lo alimenté y quedó conmigo tres meses, le puse de nombre Joaquín, y una familia lo adoptó. Hasta el día de hoy sigo en contacto con ellos, como hago con todos. Él me recuerda, me ama, no hay como los animales de agradecidos. Siento que ellos me necesitan realmente (se emociona) si no lo hacemos nosotros, están solos, porque en este mundo hay mucha gente insensible. Ojalá que esto cambiara, es lo que deseo, mi anhelo, mi sueño”. En esa misma línea que expone Glena, razona Cindy: “dedicamos tiempo y dinero de nuestros bolsillos por ayudar a los animales porque los consideramos nobles, leales y sin voz para luchar por sus propios derechos”.
Y Milagros también: “Estoy en esto por amor, porque ellos necesitan de nosotros, ellos no tienen voz, no pueden pedir agua o comida y nosotros tenemos la misión de ayudarlos, son muchos animales en abandono y por suerte hay muchas personas dedicadas a ellos”.