La UTU se redefine ante el creciente interés por su formación y el apoyo presidencial

Cenicienta” educativa” que va por la revancha

Menores acusados de robos, “vagos”, y otros a quienes sus madres entregaban a la Policía para que fueran “corregidos”. Así eran descritos en 1878 los primeros alumnos de la Escuela de Artes y Oficios –posteriormente llamada Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU)–, según un informe del sargento mayor José Sosa dirigido al jefe del Ejército. Dos siglos después, la enseñanza técnica aún lucha por desembarazarse de “la mala fama” de sus oscuros comienzos.

“La UTU no tiene marketing y ha estado como una cenicienta desde sus orígenes”, dijo el presidente José Mujica en una de las múltiples ocasiones en las que, cual príncipe azul, intentó devolverle el zapatito de cristal a la humilde dama del sistema educativo.

Con la obsesión de reinsertar a los “botijas que abandonan la enseñanza” y generar una “inteligencia de las manos” que acompañe al ideal de país productivo, el presidente parece haberse encomendado la tarea de romper el hechizo contra la enseñanza técnica. En ese afán, la propuesta de Mujica recupera un proyecto educativo truncado por el batllismo, cuando a principios del siglo XX el ideario de Pedro Figari, que vinculaba la industria con el arte, fuera rechazado por el progreso ilustrado de José Batlle y Ordóñez, para quien la industria pertenecía al taller y el arte a la academia. 

Aunque la idea de Mujica de crear una universidad tecnológica y dotar de autonomía a la UTU se encontró con la oposición de su propio partido –finalmente seguirá dentro de la ANEP (aunque con más autonomía) y la universidad tecnológica se creará a partir del Instituto Terciario Superior–, la insistencia del presidente y las largas colas que se registraron en la UTU durante el pasado período de inscripciones ponen de manifiesto una pregunta: ¿la enseñanza técnica está dejando de ser la oveja negra del sistema educativo para convertirse en la nueva abanderada de la enseñanza?
Para el sociólogo experto en políticas públicas para la juventud y consultor de la ONU, Ernesto Rodríguez, el crecimiento en el interés por la UTU en los últimos años tiene sus raíces en el elevado fracaso escolar en los liceos (sobre todo a nivel público y en las zonas más populares) que lleva a “que quienes quieren seguir apostando a la educación busquen alternativas más viables, algo que la UTU ha vuelto a brindar en el imaginario social”. También incide, señala, la promoción presidencial del tema –siendo este un factor de gran relevancia “dado el carácter popular (no universitario) del presidente”–, y “la amplia oferta de capacitación laboral que ha surgido de la mano de la expansión económica de los últimos años, que insiste en la necesidad de tener una profesión o un oficio con el cual defenderse en la vida”.

Crecimiento y estabilidad

Desde la UTU no solo se habla de un aumento del interés de los estudiantes sino también de un incremento del alumnado. Wilson Netto, director de esta institución educativa, señala que ha habido un  crecimiento “sostenido”.

Sin embargo, lo que se observa en la evolución de la matrícula desde el año 2002 a 2011 es que la UTU se ha mantenido con un promedio de 70 mil alumnos (en 2011 se registraron 71.484 estudiantes, poco más que en 2010, pero menos que en 2009). Se han incrementado, en realidad, determinadas modalidades educativas en detrimento de otras.

Según el informe de matrícula de 2011 de esta institución, la educación media básica de UTU creció 17% en relación con 2010, el nivel terciario 5,3% y la educación media superior 5% (pero las instancias sin continuidad educativa como el nivel básico y el nivel superior de formación profesional se vieron reducidas en 35% y 47%, respectivamente).

Los números en cuanto al crecimiento de la UTU se tornan más confusos cuando se constata, según el Anuario de Educación de 2010 del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), que la educación media incrementó su matrícula en 0,8%, mientras que la educación técnica se  redujo 4,4%.

No obstante, Netto explica que en realidad este descenso responde a que hubo una jerarquización de la oferta por motivos presupuestales que llevó a que se favorecieran las propuestas que tuvieran continuidad educativa. En casos como el de la educación terciaria, indica Netto, mientras en 2001 la UTU poseía el 0,3% de este segmento, en 2011 tiene el 5%. “Es un cambio significativo”, afirma.

Los sectores de estudio con mayor matrícula en 2011 han sido electricidad y electrónica, el área agropecuaria, gastronomía, artesanías, informática, construcción, comercio y administración. A los cursos que ya se están realizando, la UTU agregó además tres bachilleratos que comenzarán sus cursos este año: el bachillerato de Deportes, realizado en conjunto con el Ministerio de Deporte y el Instituto de Educación Física, el bachillerato en Aeronáutica, en colaboración con la Fuerza Aérea, y el bachillerato en Guardaparques, que se realiza en Piriápolis, en conjunto con la Dirección Nacional de Medio Ambiente.

“La explosión de crecimiento hace que se necesiten estos perfiles profesionales”, destaca Netto, quien agrega que una de las áreas de mayor demanda es la informática. “Empezamos en 2005 con 800 estudiantes y ahora tenemos unos 6.000”, afirma.

Pese al crecimiento de la UTU en las instancias con continuidad educativa, la enseñanza técnica tiene altos índices de abandono, al igual que el resto de la enseñanza media. De acuerdo al Anuario de Educación de 2010, la tasa de abandono en la educación media tecnológica supera en el primer año el 30%, mientras que en la educación media profesional y el bachillerato tecnológico la desvinculación alcanza el 36% y el 31%, respectivamente.

Otros aspectos del crecimiento, indica Netto, es que la demanda en muchas ocasiones supera la oferta de cursos, la falta de docentes en algunas áreas de conocimiento –en este sentido, Mujica afirmó que pretende flexibilizar las exigencias para el ingreso de profesores en la UTU–, así como la insuficiencia en infraestructura.

País productivo

Sin embargo, el sindicato de UTU (Afutu) no es tan optimista ante el aparente crecimiento de este sector de la educación. “Lo que crece, en realidad, son las colas de la gente que quiere entrar, pero la UTU tiene 70 mil alumnos hace muchos años y tiene cupos. Habría que abrir las puertas a todos los que quieren estudiar”, señala Andrés Olivetti, dirigente del mencionado gremio.                        

Sin embargo, estipula, sin un cambio de matriz productiva que implique producción e inversión propia, el sistema educativo uruguayo seguirá formando “diez mil pesistas”. (Algo que Netto desmiente sosteniendo que muchos jóvenes de La Teja y el Cerro, después de dos años de tecnicatura, ganan entre U$S 1.500 y U$S 3.000 mensuales).                             

“Se está formado a los estudiantes en términos de mercado, no para tener un proyecto productivo propio, sino para que diez o veinte puedan manejar las máquinas que trae Botnia”, indica Olivetti.                                           

Al respecto, el economista Jorge Notaro advierte que el actual crecimiento económico presenta dos limitaciones. “Desde el punto de vista técnico no hay una modificación importante de la matriz productiva. O sea, Uruguay crece porque el complejo agroindustrial exportador responde a condiciones favorables en los mercados internacionales, pero no utiliza estas condiciones para diversificar la producción y estimular otras actividades. Pero lo más preocupante es la composición social de ese crecimiento, que se asienta en una propiedad de medios de producción concentrada y extranjerizada, que le quita al país capacidad de decisión sobre su propia economía”. Por su parte, el historiador y trabajador del museo de la UTU, Raúl Marfetán, indica que los momentos en los que la UTU tuvo un gran desarrollo coincidieron con las buenas etapas a nivel industrial del país, como en la década de 1940, durante el período de sustitución de importaciones.