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La vida después del Ministerio…

Excuras del Uruguay

Mate y asado de por medio reunió a un grupo de ex curas junto a sus familias el pasado 6 de enero en Parada Daymán, donde compartieron un momento muy ameno, fraterno y agradable.
De una manera muy natural y abierta compartieron con EL PUEBLO sus testimonios de vida, los motivos que los Movimiento de Sacerdotes Casadps [1]llevaron a dejar el Ministerio y los problemas que debieron y deben afrontar todavía después de dejar el sacerdocio, así como las cosas lindas que les pasan.
Entre siete y diez años deben estudiar en el Seminario para ser curas pero a muchos el camino del Señor les marca un rumbo diferente al elegido. En su mayoría ,el amor de pareja los llevó a alejarse de la Iglesia, otros, con diferente motivos, se alejaron también, pero no todos de forma permanente. Algunos continúan vinculados y colaboran con la comunidad religiosa y otros se alejaron por completo, incluso hay quienes permanecen muy lejos de la fé en Dios.
Más allá de la diversidad que los caracteriza, los une el hecho de haber sido curas y eso los lleva a unirse tras compartir muchas cosas en común.
Lo que comenzó como un grupo de whatsapp desde hace algún tiempo, al día de hoy cuenta con 41 miembros y ya llevan el tercer encuentro de estas características. Se trata de un grupo muy diverso en cuanto a su forma de pensar, en lo político, en lo que respecta a la familia que han formado, a sus orientaciones de vida y más allá de esa diversidad han compartido muchas cosas en común y por eso la respuesta a la convocatoria de cada encuentro es cada vez más grande.
Lo conforman personas de todas las edades, hay algunos con cerca de 80 años y otros más jóvenes, quienes tras cada encuentro además de compartir un momento de júbilo y fraternidad, reflexionan sobre su situación y analizan los problemas comunes a modo de poder ayudarse mutuamente y orientar a aquellos que inician ese proceso de dejar el Ministerio.
En la Teología Católica la persona ordenada al episcopado, al diaconado o al presbiterado imprime lo que se llama técnicamente “carácter” y quien recibió dicho sacramento nunca deja de serlo. Por lo tanto aunque no ejerza el Ministerio públicamente, esa persona será sacerdote toda la vida, hasta la muerte, precisó a este medio uno de los integrantes del grupo de excuras.
El hecho de que más de un centenar de personas hayan dejado a la fecha el Ministerio muestra una realidad que la Iglesia debe atender, para buscar una solución a los problemas que se les suscitan a estas personas, sobre todo en el ámbito laboral y en el posterior vínculo con la comunidad.
En el presente informe, compartimos con los lectores los testimonios de vida de algunos ex curas y el parecer de la máxima figura de la Iglesia Católica en Salto, el Obispo Mons. Pedro Galimberti, quien también se refirió al tema.

“Nosotros dimos mucho a la Iglesia”, dijo Arbiza, ante las dificultades laborales que aparecen al dejar el ministerio

Jesús Arbiza, recuerda que su abuela siempre quiso que estudiara una carrera, algo que con los años se dio cuenta que le habría servido mucho, sobre todo al dejar el Ministerio.
Sin embargo, “una Iglesia muy perseguida”, una situación económica difícil en Bella Unión donde vivió su niñez y juventud durante la última dictadura cívico militar le hizo adentrarse “en una Iglesia comprometida por lo social”.
Así, se ordenó Sacerdote y estudió unos años Licenciatura en Teología en Italia, ejerció el Ministerio en varias parroquias del país hasta que con los años llega a la parroquia Santa Cruz en Salto, donde conoció a su actual señora, Alessandra, quien en ese entonces era educadora adolescente.
En ese momento fallece su padre, su madre se enferma y regresa a Bella Unión, donde comienza a vivir esa tensión entre continuar con el sacerdocio o alejarse para formar su familia porque “me enamoré profundamente de Alessandra”, dijo Arbiza, al punto que pidió un año para ordenar sus ideas aunque ya tenía claro su objetivo. Entonces nació su primer hijo, después se casaron, primero por civil y después por iglesia, y luego nació su segundo hijo. Arbiza cuenta que lo que le salvó en el ámbito laboral fue el apoyo de su mujer lo que le permitió estudiar la carrera de profesorado de Filosofía y esa es su actual fuente de ingresos económicos. En el 2013 pudo inscribirse en la carrera de Psicología y tras varios años de estudio ya está por terminar esa carrera. Actualmente sigue vinculado a la Iglesia con algunas charlas puntuales y con su mujer mantienen ese acercamiento que “nos hace mucho bien”, comentó.
“NOSOTROS DIMOS MUCHO A LA IGLESIA”
Arbiza reconoció que para todos los que dejan el Ministerio conseguir un trabajo es una de las mayores dificultades y no todos corren la misma suerte.
En ese sentido, recordó las palabras de otro excura que le comentó en la reunión del pasado 6 de enero -estudié Filosofía, Teología y lo que me sirvió para trabajar fue la libreta de chófer-. Este tipo de situaciones los lleva a cuestionar el hecho de que la Iglesia Católica no realice ningún aporte por el trabajo que los sacerdotes realizan. «También esta eso que dicen que – la Iglesia te dio mucho – y es cierto, nos dio una formación, muchos vínculos, pero también nosotros dimos mucho a la Iglesia, muchos años de trabajo, de experiencia, de reuniones, gastando nuestra vida y nuestro esfuerzo trabajando en las comunidades y también la Iglesia es lo que es, por nosotros», agregó Arbiza. «Se da una contradicción donde dentro de la Iglesia sos todo y fuera de la Iglesia no sos nada (…) en mi caso, dejé un currículum en un hotel para ser portero y me dijeron que tenía mucha formación para eso, pero yo necesitaba trabajar y en otros lugares no tienen en cuenta esa formación previa que uno tiene. Las realidades son muy diferentes, hay gente que antes era maestro o que trabajó en un colegio que le hizo algún aporte jubilatorio, hay de todo, hace poco un sacerdote en Montevideo dejó el Ministerio con 62 años», remarcó el entrevistado. “Todos coincidimos que lo laboral es el problema más grande al dejar el Ministerio. Comprendemos que el trabajo remunerado, son las condiciones materiales para construir cualquier proyecto de vida. El trabajo dignifica y te hace libre. Estando dentro de la estructura eclesial, cuesta ver eso, uno de los propósitos que salió del encuentro es tener en cuenta eso y apoyar y ayudar a aquellos compañeros que están en dificultad. Hay compañeros que están cursando la vejez y enfermedades varias y el apoyo en estos casos es una preocupación permanente. También los problemas jubilatorios son otra cuestión a analizar”, agregó. “También, resaltar la importancia de los vínculos como promotores de puertas abiertas, tanto para lo laboral como para lo familiar. En definitiva, lo que constituye nuestro grupo son los vínculos y ellos determinan nuestro ser parte y estar en el grupo”.
UN ENCUENTRO AMENO Y FRATERNO
Sobre el encuentro que mantuvieron el pasado 6 de enero, dijo que fue “un encuentro ameno, fraterno, buscando reencontrar a aquellas personas que por diferentes motivos dejaron el sacerdocio, donde el único punto de convergencia era que “todos somos ex curas”, al decir de Jesús Arbiza. “La fraternidad es el eje que mueve a nuestro grupo y ella es nuestra riqueza, la búsqueda de un mundo mejor. El poder compartir nuestras vivencias y nuestras búsquedas sabiéndonos hermanos en la tolerancia y el respeto. Nuestra diversidad es nuestra riqueza, porque nos permite ver que aún siendo tan diferentes desde el punto de vista político, religioso, afectivo, somos capaces de construir un espacio de diálogo y encuentro. Es por ello que decimos que este espacio es a la uruguaya, es decir, en el marco del respeto y la solidaridad a las opciones y orientaciones de cada uno. Esa diversidad es nuestra riqueza”, concluyó.

La Iglesia Católica debería tener diversidad de ministerios
y permitir la elección de la praxis del celibato a sacerdotes

Ariel Irrazábal, es oriundo de Artigas, y cerca de los 20 años entró al Seminario Interdiocesano para formar a los sacerdotes vinculados al clero diocesano, esto es a las parroquias de las Diócesis de todo el país. Previamente estuvo un año para discernir su decisión en Paysandú, en una casa que tenía la iglesia para chicos que sentían que el Encuentro compartiendo vida [2]sacerdocio los llamaba. Después estuvo siete años en el Seminario y un año de práctica pastoral en Bella Unión, hasta que en el 2005 fui ordenado al Diaconado como al Presbiterado y su destino fue la parroquia de Fray Bentos.

Sin embargo, Irrazábal resalta el hecho de que su vocación fue haber sido llamado al sacerdocio y eso era prácticamente innegociable para él. «Cuando dejé el ministerio sentí que no podía hacerlo de otra forma que no fuera manteniendo el sacerdocio y eso me llevó a transitar otros caminos y descubirr en la Iglesia Anglicana un espacio donde podía ejercer el ministerio y tener una familia», comentó.
En el 2009 fue recibido como miembro de la Iglesia Anglicana y en el 2010 tuvo las órdenes reconocidas como Presbítero, en lo que fue como una convalidación del ordenamiento tras estudiar solamente lo que era propio de la tradicicón anglicana.
«Desde el 2010 soy sacerdote anglicano y trabajé en Brasil hasta el año pasado, fecha en que pasé a Argentina donde estoy casado con una argentina y tengo dos hijos, Santina y Francisco. Yo sentí al momento de dejar la Iglesia Católica que no podía haber sido mentira todo lo que yo sentía y que si Dios me había llamado al sacerdocio eso debía ser así y por eso empecé a buscar otros caminos», precisó Irrazábal.

LA IGLESIA CATÓLICA DEBERÍA TENER UNA DIVERSIDAD DE MINISTERIOS
«Yo creo que en la Iglesia Católica debería haber una diversidad de ministerios. La propia tradición de su historia dice que es posible que personas casadas sean Presbíteros y yo lo puedo testimoniar porque puedo vivir plenamente el ministerio sacerdotal y vivir una familia, así como pasa en la tradición luterana y otras más, e incluso en la tradición Católica Romana donde los sacerdotes católicos romanos de rito oriental pueden tener familia», señaló Irrazábal, «sololos sacerdotes de rito occidental no pueden tener familia», agregó.
Para él, la praxis del celibato sacerdotal es una praxis secrecial, una norma canónica y no de derecho divino por tanto podría ser revisada. En el caso de que un sacerdote anglicano transite a la Iglesia Católica Romana, ellos sí pueden conservar la familia y eso demuestra que en la propia Iglesia Católica Romana haya personas que mantienen la vida ministerial y familiar y eso existe y no es contradictorio, afirmó el entrevistado.
Sobre este punto, informó que en España existe un movimiento pro celibato opcional, con sacerdotes que han dejado el ministerio y que luchan para que el celibato sea opcional, han tenido encuentros internacionales y reuniones en la Iglesia, buscando una respuesta.
En este marco, el sacerdote anglicano señaló que «el Papa Francisco ha tenido dos gestos fundamentales, uno de ellos es su discurso hacia un iglesa en salida, camino a la periferia, a la periferia existencial, porque hay muchas personas que no pueden ejercer ese ministerio para el cual la iglesia les confió una misión. Después, estuvo el hecho de que en el año de la Misericordia, el Papa Francisco se acercó a visitar familias de sacerdotes que habían dejado el ministerio», precisó.

DIÓCESIS CON ESCACÉZ DE SACERDOTES
Después está el hecho de que hay una mano de obra calificada para la iglesia que llevó a que muchas personas hayan tenido una formación de más de siete años en el Seminario e incluso algunos con cursos en Roma. Entonces, Irrazábal se preguntó «¿qué pasa en los lugares donde hay escasés de sacerdotes, Diócesis que tienen solo una decena de sacerdotes y regiones enteras del país que tienen diez?, entonces, ¿cuántos de los que han dejado el ministerio para formar su familia no les gustaría mantener las dos cosas?».
A modo de ejemplo, la Diócesis de Salto tiene 20 Presbíteros para cubrir los departamentos de Artigas, Salto, Paysandú y Río Negro, la de Tacuarembó poco más de diez, comentó el entrevistado junto a otros ex curas de la Iglesia Católica.

Integra el Movimiento de Sacerdotes Casados
Luis Guarino – “La soledad que vivimos en el internado nos hace mirar otras realidades humanas”

El exsacerdote Luis Guarino compartió la historia de sus inicios en la carrera sacerdotal hasta que decidió formar su familia.
“Uno empieza de niño, va cursando los estudios y sigue con suerte hasta el final.
No teníamos oportunidad de tomar contacto con la realidad de afuera, de cómo es y vive la gente. Los mayores, Jean Paul Bidegain y Luis Guarino [3]
Estás internado en el seminario. Cuando se recibe el primer destino pastoral nos vamos dando cuenta de lo que es verdaderamente la vida real.
Por eso, somos muchos hoy lo que nos encontramos como sacerdotes casados.
Estos encuentros que organizamos aquí, ya se vienen realizando hace años que existe en Europa y toda América Latina”.
-¿Cómo vivió usted su experiencia?
-“Con tranquilidad, no es un misterio para nadie… hay cosas hermosas, hay otras en las que uno no encaja.
La soledad en que vivís tu vida te hace mirar otras realidades humanas.
Influye mucho la orientacion que te van indicando compañeros y superiores.
Y uno llega a la decisión del matrimonio para crear un estilo de vida como sacerdote casado.
Ello nos obliga hoy día a vivir en matrimonio, sin perder nuestra cualidad de sacerdote.
No somos “ex curas”, título que no me gusta porque no somos tales, seguimos siendo sacerdotes, sólo que cambia nuestra relación con el Clero, diocesano o religioso.
En esa situación estamos hoy, viviendo una realidad laboral para vivir dignamente con la familia.
Ello no quita que sigamos con la posibilidad de poder realizar acciones propias del sacerdote si es necesario.
Es una realidad no fácil de solucionar en la realidad de la Iglesia actual.
Como también es difícil la integración del laico y de la mujer, pero no por difícil, pienso que naturalmente se dará si Dios así lo quiere.
¿Cómo funciona el movimiento?
-“Una vez organizado, intenta ir ayudándose mutuamente en las dificultades, atendiendo sobre todo a los nuevos integrantes, porque no es fácil dejar la integración al sacerdocio en el clero, para buscar un trabajo y formar familia.
La Iglesia exige el celibato, lo que ya en nuestro caso vivimos como sacerdotes no célibes, lo que crea muchas dificultades, de allí la importancia de un movimiento que te pueda orientar y ayudar, así vivas fuera de la Iglesia como integrado a la misma.
A medida que nuestro movimiento de sacerdotes no célibes crece, en la Iglesia va creciendo la preocupación por ver la realidad de la escasez de nuevos sacerdotes que acepten la opción del celibato como es en la actualidad.
No es fácil dar este paso de aceptar integrar a sacerdotes no célibes.
Esta situación tiene muy preocupado al Papa Francisco, como también es una preocupación la integracion de la mujer para acciones pastorales o al propio laicado para una mayor integración en la vida pastoral actual de la Iglesia.
No son temas fáciles y sin duda pasará mucho tiempo para cambiar costumbres muy arraigadas.
Nuestro movimiento intenta poder ir realizando todo lo que se pueda.
“ENCONTRÉ PUERTAS ABIERTAS PARA ACTUAR COMO MINISTRO DE LA EUCARISTÍA”
En mi caso tuve la dicha de seguir integrado, casarnos por Iglesia, integrar consejos parroquiales, participar en tres períodos la Junta Departamental ocupando diversos cargos, integrando los consejos diocesanos en representación del laico en el mundo, últimamente estuve en la Dirección de Radio María Uruguay integrado al Dpto.de Comunicación Diocesano.
Encontré puertas abiertas para actuar como Ministro de la Eucaristía, lo que enriquece fuertemente en lo personal. Mantenemos muy buena relación con el Obispo Pablo y con sacerdotes más cercanos de diversas parroquias.
Ello permite a acciones para las que uno está preparado”.
-¿Los sacerdotes cuentan con los aportes de previsión como cualquier otro trabajo o cómo se resuelve ese tema?
-“Desde que realizamos trabajos remunerados vas haciendo los aportes que nos permitan jubilarnos, como ha sido mi caso.
La vida te va llenando de vida y de años.
Pienso a veces que el futuro de la Iglesia va en camino a echar mano de célibes y no célibes, de mujeres y hombres de buena voluntad, tal cual haría Jesús si volviera a estar entre nosotros, para lograr su misión.
No debemos olvidar su palabra Yo estaré con ustedes hasta el fin y ciertamente lo está a través de su Espíritu Santo.
Mal haríamos en querer resolver las cosas a nuestra manera y a nuestra comodidad y no a la voluntad de Dios”.

Al dejar el ministerio y formar su famlia “tenía que ver
cómo encajaba en mi cabeza todo eso”, asintió Lalindre

Artigas Lalindre, es de Florida pero vive en Montevideo. En su caso, provenía de una familia de muchos problemas económicos, vivía con sus tíos en Florida y cuando llegó a Montevideo fue a parar al Seminario para poder continuar estudiando, no por una inclinación religiosa.
“Pero una vez que estuve ahí me empezó a interesar todo eso y cuando terminé quinto de liceo ya era seminarista y después hice seis años en el Seminario Mayor. Una vez que me ordené sacerdote fui a una Catedral de Florida”, dijo Lalindre.
Allí, estuvo tres años, hasta que se enamoró y la joven quedó embarazada.
Lalindre no tuvo la opción de reflexionar ya que todo se dio muy rápido y tomó la decisión de dejar el ministrio para hacerse cargo de la situación en que se encontaba.
Dejó también Florida y volvió a Montevideo donde comenzó una nueva vida.
“Ahí tenía que ver cómo encajaba en mi cabeza todo eso para lo que yo me había preparado durante años y ahora tenía que ocuparme de una familia, trabajar para pagar un alquiler y muchos gastos. Empecé con un trabajo zafral y después conseguí en un autoservice trabajando en la noche y vi que tenía que hacer algo más, entonces me puse a estudiar ingeniería química.
De día iba a la facultad y a la noche trabajaba, cursaba solo algunas materias pero la iba llevando.
Al tiempo conseguí un trabajo en un hotel y dejé el autoservice pero además trabajaba tres días de la semana en un taller mecánico.
Eso me permitió hacer tres años de facultad de química pero de ingeniería llegué a hacer un solo año”, comentó Lalindre sobre el arranque de su nueva vida.
“Para ese entonces yo tenía cinco hijos, uno que tenía mi comapñera y después tuvimos cuatro.
Pero la relación no fue buena, tuve que dejar de estudiar y me separé.
Para ese entonces había pasado la crisis del 2002, el Hotel cerró y terminé abriendo un cyber café en un momento en que el negocio iba muy bien.
Actualmente sigo con ese negocio pero le anexé otro tipo de cosas”, precisó.
Para Lalindre, la cuestión laboral fue lo más complicado para él y ahora a partir del grupo de whatsapp comenzó a vincularse más con otros excuras que pasaron por situaciones similares, lo que le sirvió mucho para su crecimiento personal.

“Pensé que sería lindo llevar el amor de Dios a otros”, dijo
Bertolotti, un ex cura que vive con su mujer en Mercedes

Gilberto Bertolotti, es oriundo de Colonia, pero actualmente vive en Mercedes con su señora.
Su historia de vida es muy particular, viene de familia de campo quienes desde pequeño le transmitieron esa vivencia de fe.
A través del grupo de jóvenes comenzó a sentir que su camino era compartir la fe con otras personas, se ilusionaba viendo las imágenes de los misioneros y pensó que “sería lindo llevar el amor de Dios a otros”, comentó.
Tendría cerca de 19 años, de carácter más bien tímido, tranquilo, planteó su vocación de hacerse sacerdote y al año siguiente ya estaba en el seminario, estudiando filosofía, teología y un montón de materias en las que no le iba muy bien.
“Yo quería ser cura, no sabía que había que estudiar tanto, mi interés era estar con la gente y compartir la fe en Dios”, comentó.
El primer destino que le tocó fue Carmelo, donde estuvo cinco años, se sintió muy bien y tiene muchos vínculos y amistades.
Con el tiempo pasó a otra parroquia donde comenzó a sentir la soledad y la crisis en el ministerio comenzó a hacerse más honda.
Creyó encontrar cierto enamoramiento con una mujer del lugar dando cabida a otros afectos y el Obispo del lugar le dio la posibilidad de realizar un retiro durante seis meses en Argentina para reflexionar si quería continuar con el sacerdocio o no.
Estuvo 17 años en el ministerio y cuando comenzó a sentir que había perdido la alegría de compartir la fe, comprendió que ya no podía seguir allí.
Luego de un tiempo de retiro tomó la decisión de alejarse del sacerdocio y si bien esa primera relación amorosa no prosperó, luego de unos años comenzó otra relación de noviazgo y tras una larga convivencia se casaron en el 2016.
Actualmente continúa ligado a la Iglesia, “de cierta manera seguimos integrados”, comentó.
También reconoció que para su familia “fue un gran dolor” que dejara el sacerdocio pero aceptaron su decisión e igualmente lo recibieron de brazos abiertos cuando volvió.

43er. Encuentro de Sacerdotes Católicos que han dejado el Ministerio

Testimonio de Julio Correa – Ordenado Sacerdote por Juan Pablo II en mayo de 1988

El 6 de enero pasado se realizó en Salto el 3er. Encuentro de Sacerdotes Católicos que han dejado el Ministerio. Un encuentro animado por la participación familiar. “Un encuentro que realmente procuraba encontrarse con quienes hemos compartida nuestra vida durante algunos años, y hemos compartidos los mismos problemas en común, para rearmar nuestro futuro. Distintas vidas y distintos modos de ver los problemas y como hemos llegado a resolverlos”. Julio Correa – quien fuera ordenado Sacerdote por Juan Pablo II en 1988 nos compartió su experiencia. “Hubo un IMG-20180107-WA0070 [4]momento donde pudimos comentar qué hacíamos, a qué nos dedicamos, donde estábamos, y con quién. Cada uno se presentó y cuales han sido y son las dificultades a la hora de abandonar el Ministerio. Hay quienes se han sentido excluidos y han buscado en otros ámbitos fuera de la Iglesia un lugar donde participar, otros han encontrado un espacio de la comunidad, e incluso otros dentro de otras comunidades cristianas. Y buscar modos de ayudar a quienes pasan por situaciones similares. Sin aportes jubilatorios, sin recursos para afrontar el nuevo camino y con la espalda de muchos que consideraba amigos. Dentro de un clima cordial y familiar nuestros hijos se integraron y también disfrutaron de la jornada.
Pero ¿Qué me hizo pensar en ser sacerdote, sabiendo que no iba a tener familia, ni recursos propios para disponer? porque siendo cura no te vas hacer rico…
Hay claves para interpretar la historia, para entender los problemas y encontrar soluciones. Y casi podría decir que hay tantas formas de ver los problemas como cantidad de personas que buscan soluciones. En lo personal pienso que difícilmente puedo resolver un problema de otra persona, así también nadie podría resolver los míos, sino facilitar. Así es la historia personal de cada uno. Aprendimos a querer, o caminar, a leer o escribir pues hubo alguien que nos indicó, y animó. Aprendimos a compartir y reír y sentirnos libres porque vimos a otros, otros que nos animaron y fuimos capaces de hacerlo. Por eso quise ser cura. Para facilitar el encuentro con Dios. Ese encuentro me lo habían facilitado otras personas. Algunas consagradas y otras no. En la historia de cada uno hay maestros profesores, amigos que te van marcando en tu vida, y a ellos los recordarás siempre con mucho cariño. Recién ordenado cura fui destinado a la ciudad de Artigas y años más tarde a Fray Bentos. Pude compartir la tarea con personas maravillosas, conocer sus dificultades, problemas y buscar iluminar aquellas situaciones, un hijo enfermo, un familiar en etapa terminal, los hijos en Montevideo, ancianos abandonados a su suerte, adolescentes y jóvenes sin perspectivas de trabajo. En algún momento ya no estaba conforme con mi manera de facilitar el encuentro de esas personas con Dios. Buscaba que me escucharan pero no yo a ellos. Sus problemas de falta de trabajo, inundaciones, de familiares drogadictos golpeaban a mi puerta sin que yo pudiera hacer casi nada por alguien. No puedo culpar a nadie de mi vida, ni a la estructura jerárquica de la Iglesia, ni a personas de mis decisiones, sino más bien agradecer porque me permitieron encontrarme con Aquél que nos hace libres, Jesús de Nazaret. Yo estaba salvado, de esos problemas, pero tenía otro… no estaba con mi vida, ni mi manera de facilitar ese encuentro con Dios con los demás. Así que después de rezar y con mucha calma, decidí buscar otra forma, junté mis cosas y me fui a buscar otros caminos. Ya sin el amparo de la Iglesia, tuve los mismos problemas que otros para solucionar trabajo, casa. Fui solucionando casa, comida, trabajo y luego mediante el estudio pude acceder a mejoras en lo laboral.
Luego de diez años, conocí a Adriana quien es hoy la madre de mi hija.
Entiendo que para mí fue difícil, al igual que para la comunidad católica, aceptar una relación diferente con quien antes presidía.
Hoy después de más de 20 años, todos podemos ver muchas cosas de otra manera, valoramos los encuentros, los afectos, los recuerdos. Aquello que le entregué mi vida no lo miro con nostalgia, sino como un camino que hace recordar quien soy”.

Padre José García – Sacerdote de la Iglesia Católica

“Dichos compañeros nunca se van de la Iglesia, continúan estando pero de otra manera”

El Padre José García, fue uno de los organizadores de los encuentros que se han realizado desde el verano de 2016, entre sacerdotes y sus familias. Considera que la Iglesia, la que ha animado dichas actividades de fraternidad-, tiene el compromiso de acogerlos, de corazón abierto.

El abandono del sacerdocio, ¿es por una cuestión de fe?
Depende de los motivos por los cuales se pide el retirarse del Ministerio. He leído, en algún momento, hace muchos años, una solicitud en donde el por qué, era precisamente la fe. No era un tema de enamoramiento, o de un proyecto matrimonial. Es muy difícil poder poner cada cosa en su lugar, porque es un detalle muy grande. Tampoco, el enamoramiento es motivo para abandonar el Ministerio; sí lo es, el hecho de querer contraer matrimonio, ya que la Iglesia latina tiene como condición, la “promesa de celibato”, para la ordenación sacerdotal.

¿Cómo prosigue la relación entre el sacerdote que “cuelga la sotana”, y la Iglesia, una vez que aquel decide tomar otro rumbo?
En primer lugar, agradezco la pregunta; y en segundo lugar, no colgamos la sotana, porque ya no las usamos más. Evidentemente, en este tema muchas veces hay una confusión. El sacerdote que decide abandonar el ejercicio del Ministerio, y lo que se llama la “promesa de celibato” –dos elementos que van juntos-, es considerado por la Iglesia como un miembro más de su comunidad, absolutamente, en todos sus derechos y términos, como un cristiano más. Ahora, evidentemente, la persona que es ordenada sacerdote, el Sacramento del Orden, lo tiene para toda la vida. La Iglesia usa un término técnico que se llama “Imprimen Carácter”, como lo es el Bautismo y la Confirmación. Lo que la Iglesia autoriza, frente a una solicitud expresa de una persona, es eximirlo del ejercicio del ministerio y de la “promesa de celibato” que realizó. Luego, tenemos que abrir un amplio abanico de posibilidades. Por ejemplo: hay quienes abandonan el ministerio, y deciden pasarse a otra Iglesia, como la Anglicana (de lo cual hay casos), porque se les permite ejercer el sacerdocio, no teniendo la Ley del Celibato de forma obligatoria. Esa decisión, es tomada individualmente por el compañero, no siendo la Iglesia Católica quien lo excluye. Después, están los que abandonando el Ministerio, realizan el Sacramento del Matrimonio, estando en condiciones –sobretodo su pareja-, de contraer ese sacramento; o sea, casarse con quien no estuvo previamente en matrimonio. Esto no significa que el sacerdote no pueda participar de las eucaristías; no pueda participar de la comunión, pero sí de la eucaristía, pudiendo participar en un montón de actividades de la Iglesia.Hay compañeros sacerdotes que se han casado, otros que no lo han podido celebrar por el motivo antedicho, y ejercen distintas tareas de servicio en la Iglesia. Unos más integrados, otros menos. También hay que tener en cuenta otra dimensión que es, cómo se dieron las situaciones de salida. A veces menciono una expresión que es “a veces es más difícil salir, que entrar”. Entonces, muchos de los compañeros que han salido, han vivido situaciones muy difíciles, que los han lastimado, por las circunstancias en las que se fueron, a veces muy problemáticas, y aclaro que no hago juicios, por favor; simplemente estoy basándome en datos sociológicos, digamos. Por otro lado, muchos de los compañeros que han salido, no tienen cómo manejarse en la sociedad, como por ejemplo, la facilidad de conseguir trabajo, porque no tienen otra formación, porque ya tienen una determinada edad, y eso es realmente un problema serio, para sostener su vida personal y la de la familia que conforma. Ahí hay una problemática muy compleja, que nos preocupa.
Por lo tanto, dichos compañeros nunca se van de la Iglesia, continúan estando pero de otra manera, cada uno en su situación personal, diferente, algunos en la plena comunión –cuando han podido celebrar el Sacramento del Matrimonio-, otros en una situación diferente, formando “familias imperfectas”, como dice el Papa Francisco, en una variedad de situaciones, y es por eso que la Iglesia siempre está de corazón abierto, porque siguen siendo parte de ella; salvo, los que expresamente deciden irse a otra Iglesia, respetándose su decisión.

De acuerdo con esa línea de pensamiento, se han realizado encuentros en los que participaron sacerdotes con sus familias, organizados por la Iglesia, ¿qué nos podría comentar sobre los mismos?
La idea surgió en el año 2016, a raíz de una conversación mantenida con Jesús Arbiza, con quien se hizo una pequeña lista, la que luego él se encargó de acrecentar, con un entusiasmo muy grande; hasta se hizo un whats app, con unos 40 compañeros, desde quienes tienen más de 80 años de edad, algunos de los cuales se encuentran en el extranjero, y otros de 30 y pico, 40 años, y de ahí para arriba. El primer encuentro fue en los primeros días de enero del año pasado, en la Posta del Daymán, del cual participaron 7 u 8 compañeros, con sus familias (esposas e hijos). El segundo, fue en Montevideo, durante el Carnaval del año pasado, habiendo concurrido unos 10 o 12 compañeros. Y en éste último, que acaba de celebrarse en la Casa de Blandengues, casa de la Diócesis, en Parada Daymán, concurrieron unos 15 compañeros, cada uno con sus esposas e hijos, y éramos más de 40 personas, provenientes de Montevideo, Florida, Soriano, San José, Guichón, y obviamente de Salto. Fue un momento de reencuentro muy lindo, y de encuentro con quienes no nos conocíamos. Dichos encuentros están hechos en el marco de la Iglesia. La Diócesis estaba en conocimiento y ha animado a quienes estuvimos en la organización. Me parece que la Iglesia debe hacerlo, debe animar a que en un estilo de fraternidad, todos estos compañeros sacerdotes, en mayor o en menor escala, hablando de gente muy mayor a muy jóvenes, con realidades muy diferentes, se congreguen y sientan que son parte de la Iglesia; porque verdaderamente lo son.Entonces, creo que la Iglesia tiene el compromiso de acogerlos, y al mismo tiempo, ellos, están invitados a participar en estos encuentros, y algunos han venido. A raíz de estos encuentros, van apareciendo determinadas problemáticas; una, que no es nada pequeña, es la laboral como lo mencioné anteriormente. Cuando se forma parte del sacerdocio, la Iglesia da una cierta cantidad de seguridades como: casa, comida, colabora con la seguridad social; si bien nuestro salario es muy pequeño, tenemos una serie de seguridades y de instrumentos, como por ejemplo los vehículos, para realizar nuestro trabajo pastoral, que hace que no tengamos mayores gastos. Ahora, quien no tuvo una experiencia laboral previa, se enfrenta a una realidad compleja.

¿Alguna historia en particular que considere mencionar?
La historia de un compañero que era sacerdote en Canelones, César, quien ahora es camionero, tiene 3 hijos, y entre 8 o 9 niños como hogar sustituto del INAU a su cargo, lo que constituye, sin lugar a dudas, una forma de profesar la fe, dándoles una oportunidad a esos niños, de tener una familia.