Las crónicas de viaje de Nacho Toso en Europa

Exclusivo para Diario El Pueblo – Sábado 13 de Abril 2019.

Sábado a la mañana, al gris del cielo lo contrastan los colores de las flores que se van asomando en la primavera europea. Matecito, música francesa, gente mayor que se toma un café en el bar de la esquina con ese acento italiano propio de la trilogía “The Godfather”. nacho1 Vieron cuanta mezcla cultural no? Así estamos mundo. Lo del bar en la esquina suena muy poético, pero acá hay 2 o 3 bares por manzana (literal), es la diversión del europeo.
Ayer hablaba con varios amigos de Uruguay, charlábamos de todo. Muchos de ellos muchas veces se quieren venir, muchos de nosotros muchas veces nos gustaría estar ahí. Entre esos altibajos – o mejor dicho movimientos geográficos – a los que nos sometemos muchas veces en la vida por la necesidad misma de “moverse” para cambiar el enfoque, para cambiar nuestra calidad de vida, etc., la pregunta que hay que tener de cabecera es: para qué?
Un lugar no te salva, un trabajo tampoco, ni la salud, ni la familia, ni un amigo, ni una pareja. Todxs son herramientas e inyecciones de bienestar (o no) para sumar a nuestro propósito en la vida. En mi caso, todo es un movimiento en búsqueda de mover el enfoque, la perspectiva, y atravesar los miedos paralizantes, como lo he mencionado en todas las columnas anteriores, y ya “no dá” para repetirlo.
“El aprendizaje sin emoción no perdura” leí por ahí, que gran frase! Estoy seguro que mi ahijada aprendió que el arte es la mejor manera de conectar con todos y con uno, al subirse a varios escenarios conmigo en muchas ocasiones. Y lo veo con niñxs de varios colegas, que gran generación que se viene! Que dosis de optimismo me da el saber que nuestra generación, en gran parte, despierta a tiempo. A tiempo para conectar con uno mismo y sus cercanos, a tiempo para revertir el cambio climático, a tiempo para saber que no hay fronteras geográficas ni psíquicas para entender que todos somos una misma cosa. Que todo esto repercuta en los niños que son el futuro, me da optimismo. Perdón por los contras, por los que velan un futuro “cada vez peor”, pero me encanta pensar que si uno mismo se esfuerza en romper las viejas estructuras para darle lugar a lo nuevo, lo mismo pasará a nivel colectivo. Puedo pecar de ingenuo, pero hace 10 años no veía tanta gente meditando, ni haciendo yoga, ni apostando a las terapias alternativas. Menos aún gente cuidando su salud, reciclando, corriendo por la costa, comprando productos orgánicos, etc.
Yo que sé, desde mi lugar de hormiga veo de a poquito un cambio, una intención al cambio. Creo, humildemente, que estamos ante un aburrimiento generalizado, todo nos aburre, incluso ir de compras! Díganme sino, si luego de usar un par de veces esas “pilchas” que se compraron no volvieron a sentir esa especie de vacío, de aburrimiento, de desgano. Al menos la mitad de los padres que conozco, se está preocupando en hacerle entender a sus niños que no es por ahí el camino, que el remedio para esas sensaciones no tan lindas, es ir por un camino de adquisición de herramientas propias, “inteligencia emocional”, para empoderarse de su calidad de ser humano y no de un humano mecanizado. Les enseñan a frustrarse, a entender que la cosa no funciona como nos la muestran en la tele, no existen esos macaquitos. Divierten? Si, pero hay otra realidad. De chico quería ser piloto, luego arquitecto, quise ser futbolísta, trabajar en Wall Street, estudié de todo, pero de todo un poco. Terminé siendo músico. La clave? Nadie me dijo (y tampoco di mucha “bola”) a lo que DEBÍA hacer, mas bien me fue guiando el instinto. Cual es mi propósito en la vida? hacer música. Cumplí mi función en este mundo? Si. Y todo lo que aún queda! Imagínense estos niños desde tan pequeños sabiendo seguir ese instinto, con padres que mas bien acompañan sin imponer que “tenés que ser esto, tenes que ser aquello”, con padres que aceptan, intervienen cuando deben y permiten, en la medida de lo posible: SER. Imagínense esa generación con esas capacidades y virtudes aprendidas desde chiquitos, que –sana- envidia, yo lo aprendí a los 30. Para terminar: que sabré yo que no soy padre?! Sigue siendo una columna de opinión, gracias por acompañarme, hasta la próxiima!