LEONARDO FAVIO: UNA GLORIA DE LA BALADA

No existió una radio que no lo pasara, en su momento cumbre. Fue desnivelante. Arrancó con una fuerza bárbara y parecía que llegaría muy lejos, y así fue. Con una voz personalísima, diferente, entró por la puerta grande de la fama como cantante con «Fuiste mía un verano» y «Ella ya me olvidó… yo la recuerdo ahora». Tal fue el ruido que comenzó con sus shows personales, primero en Argentina, luego en Uruguay, más tarde Chile, Perú, Venezuela, Bolivia y en toda América Latina. Todavía lo recordamos con aquella presentación que brindó en el bailable de la IASA -Institución Atlética Sud América- de Montevideo, que lo contrató en exclusividad. Corrían los últimos años de la década del sesenta, y el solista a esa altura ya había debutado paralelamente como actor, director, creador y compositor, demostrando un talento único. Haciendo política sin ser político, fue hasta las últimas consecuencias con su forma de pensar,  dejando de manifiesto sus ideas peronistas, en cada historia que le tocó protagonizar, que no fueron pocas. Se llamó Fuad Jorge Jury y se le conoció bajo el nombre de Leonardo Favio. El pasado lunes 5 de noviembre en Buenos Aires, dejó de existir luego de estar varias semanas internado en una clínica, víctima de una neumonía agravada. Con el se fue un pedazo de la balada romántica, y acaso uno de los directores más inteligentes y capaces de la cinematografía argentina.
LAS CATITAS DE
SANTA ROSA
La infancia de Leonardo Favio no fue la mejor, ni la más feliz. Nació en la pobreza de un barrio, donde prácticamente se comía salteado. Y la casa donde él vivía no fue la excepción. Llegó a éste mundo convulsionado el 28 de mayo de 1938, en el distrito de Las Catitas del departamento Santa Rosa, en la provincia de Mendoza. En el entorno carenciado y dificultoso del lugar, soportó además que su padre sin decírselo a nadie, decidió abandonar el hogar para irse con otra mujer. Eso, para él fue terrible, pasando una buena parte de su niñez y adolescencia internado en un albergue, debido a que se dedicó a la vagancia y hasta llegó a robar, siendo enviado en ese caso a la cárcel. Aunque no podían con él, se fugaba dos por tres, hasta que orientado por algunos familiares lejanos estudió por un tiempo, y luego recaló en la Marina, pero también duró un suspiro. Mientras tanto, su madre, guionista de radioteatros -de moda por ese entonces-  le proporcionaba pequeños papeles para que se desempeñara como actor de reparto en los unitarios, con muy baja remuneración.  Así, Leonardo comenzó a escribir sus primeros libretos radiales. Eso, fue el puntapié inicial para el posterior desempeño en su acontecer artístico.
RUMBO A LA CAPITAL
Cansado de tener poco dinero en el bolsillo, y con la esperanza de alcanzar mejores horizontes, creyente de sus verdaderas condiciones, solicitó un préstamo a sus amigos para el pasaje y partió rumbo a Buenos Aires con infinitas ilusiones. Quiso Dios que encontrara trabajo frente a un estudio cinematográfico, pasando la mayor parte del día curioseando por los sets, hasta que una vez ante la falta de un extra, le propusieron trabajar en el filme «El angel de España», en 1958. Posteriormente, inició su carrera de actor participando en «El secuestrador», 1958, y «Fin de fiesta», 1960, bajo la batuta de Leopoldo Torre Nilsson. Su habilidad en el arte de dirigir comenzó con el cortometraje «El amigo», 1960, contando ya con una obra a cuestas, pero inconclusa, «El señor Fernández», del año 1958. En 1965 estrenó «Crónica de un niño solo», producida por Luis Destéfano, aunque quien le aprobó el guion fue Torre Nilsson, quien no se animó a producirla. En 1967 realizó «El romance del Aniceto y la Francisca», con Federico Luppi, Elsa Daniel y María Vaner. A menudo es mencionada como la mejor película argentina de todos los tiempos. En 1969 Favio estrenó «El dependiente», basado en un cuento de su hermano y coguionista Zuhair Jury -también director, autor e intérprete-. La cinta fue catalogada por el entonces Instituto Nacional de Cinematografía -hoy Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales – INCAA- de «exhibición no obligatoria», significando la supresión del apoyo oficial argentino hacia el filme. Fue entonces cuando Favio, quizá motivado por las trabas económicas que el cine le estaba significando, decidió lanzarse sorpresivamente al canto profesional, cosechando un éxito que le permitió en numerosas oportunidades solventar gran parte de sus películas.
FUISTE MIA UN VERANO
De pequeño Favio aprendió a tocar guitarra, intercambiando clases por trabajo. Antes del reconocimiento solo cantó en reuniones íntimas, entre amigos y familiares. Su debut como cantante le llevó a «La Botica del Ángel», bajo la conducción de Eduardo Bergara Leumann. Ese mismo día un ejecutivo de la CBS le propuso grabar un disco, resultando su primer sencillo «Quiero la Libertad, un gran fracaso. La fonográfica entonces le aconsejó grabar «Fuiste mía un verano», referente de su primer álbum que llevaría el mismo título, en 1968. El disco resultó emblemático, constituyéndose en un lanzamiento de catálogo. La fama abatió un poco a Favio. De una vida más bien tranquila como director, pasó a un mundo mediático, lleno de fanáticos y conciertos continuados; tanto lo movió la fama que llegó a encerrarse durante meses en su departamento céntrico. Luego de grabar su segundo álbum, «Leonardo Favio», 1969,  y en pleno apogeo de su hit como cantante, dejó los escenarios para dedicarse por completo a su película «Juan Moreira», 1973. «Nazareno Cruz y el lobo», 1975, consolidó a Favio como director, siendo éste el filme más visto en la historia del cine argentino. En 1976, realizó «Soñar, Soñar», con Gian Franco Pagliaro y Carlos Monzón y, tras el golpe militar, se fue al exilio.
EXILIADO POR
LA DICTADURA
En 1976 dejó Argentina, exiliado por la dictadura que sacudió al país hasta 1983. Comenzó entonces una gira por América Latina, donde vivió casi dos años junto a su familia. Luego se estableció en Colombia, en la ciudad de Pereira, desde donde realizaba giras por varios países del mundo, interpretando sus canciones. De regreso en Argentina, año 1987, reinició su carrera como realizador cinematográfico, filmando «Gatica, el Mono», 1993, y continuó paralelamente la de cantautor, esta vez en giras más cortas debido al tiempo que le brindaba al cine. Entre 1996 y 1999 realizó un documental – sin estreno comercial-  titulado «Perón, sinfonía del sentimiento», relatando en cinco horas y cuarenta y cinco minutos la situación de Argentina entre la Primera Guerra Mundial -1914-1918- y la muerte de Juan Domingo Perón, 1974. Su última obra es «Aniceto», donde el propio Favio interpreta el tema que cierra el film, el que a su vez es obra de su hijo, el músico y compositor  Nico Favio, premio Clarín al artista revelación 2005.

No existió una radio que no lo pasara, en su momento cumbre. Fue desnivelante. Arrancó con una fuerza bárbara y parecía que llegaría muy lejos, y así fue. Con una voz personalísima, diferente, entró por la puerta grande de la fama comopage cantante con «Fuiste mía un verano» y «Ella ya me olvidó… yo la recuerdo ahora». Tal fue el ruido que comenzó con sus shows personales, primero en Argentina, luego en Uruguay, más tarde Chile, Perú, Venezuela, Bolivia y en toda América Latina. Todavía lo recordamos con aquella presentación que brindó en el bailable de la IASA -Institución Atlética Sud América- de Montevideo, que lo contrató en exclusividad. Corrían los últimos años de la década del sesenta, y el solista a esa altura ya había debutado paralelamente como actor, director, creador y compositor, demostrando un talento único. Haciendo política sin ser político, fue hasta las últimas consecuencias con su forma de pensar,  dejando de manifiesto sus ideas peronistas, en cada historia que le tocó protagonizar, que no fueron pocas. Se llamó Fuad Jorge Jury y se le conoció bajo el nombre de Leonardo Favio. El pasado lunes 5 de noviembre en Buenos Aires, dejó de existir luego de estar varias semanas internado en una clínica, víctima de una neumonía agravada. Con el se fue un pedazo de la balada romántica, y acaso uno de los directores más inteligentes y capaces de la cinematografía argentina.

LAS CATITAS DE SANTA ROSA

La infancia de Leonardo Favio no fue la mejor, ni la más feliz. Nació en la pobreza de un barrio, donde prácticamente se comía salteado. Y la casa donde él vivía no fue la excepción. Llegó a éste mundo convulsionado el 28 de mayo de 1938, en el distrito de Las Catitas del departamento Santa Rosa, en la provincia de Mendoza. En el entorno carenciado y dificultoso del lugar, soportó además que su padre sin decírselo a nadie, decidió abandonar el hogar para irse con otra mujer. Eso, para él fue terrible, pasando una buena parte de su niñez y adolescencia internado en un albergue, debido a que se dedicó a la vagancia y hasta llegó a robar, siendo enviado en ese caso a la cárcel. Aunque no podían con él, se fugaba dos por tres, hasta que orientado por algunos familiares lejanos estudió por un tiempo, y luego recaló en la Marina, pero también duró un suspiro. Mientras tanto, su madre, guionista de radioteatros -de moda por ese entonces-  le proporcionaba pequeños papeles para que se desempeñara como actor de reparto en los unitarios, con muy baja remuneración.  Así, Leonardo comenzó a escribir sus primeros libretos radiales. Eso, fue el puntapié inicial para el posterior desempeño en su acontecer artístico.

RUMBO A LA CAPITAL

Cansado de tener poco dinero en el bolsillo, y con la esperanza de alcanzar mejores horizontes, creyente de sus verdaderas condiciones, solicitó un préstamo a sus amigos para el pasaje y partió rumbo a Buenos Aires con infinitas ilusiones. Quiso Dios que encontrara trabajo frente a un estudio cinematográfico, pasando la mayor parte del día curioseando por los sets, hasta que una vez ante la falta de un extra, le propusieron trabajar en el filme «El angel de España», en 1958. Posteriormente, inició su carrera de actor participando en «El secuestrador», 1958, y «Fin de fiesta», 1960, bajo la batuta de Leopoldo Torre Nilsson. Su habilidad en el arte de dirigir comenzó con el cortometraje «El amigo», 1960, contando ya con una obra a cuestas, pero inconclusa, «El señor Fernández», del año 1958. En 1965 estrenó «Crónica de un niño solo», producida por Luis Destéfano, aunque quien le aprobó el guion fue Torre Nilsson, quien no se animó a producirla. En 1967 realizó «El romance del Aniceto y la Francisca», con Federico Luppi, Elsa Daniel y María Vaner. A menudo es mencionada como la mejor película argentina de todos los tiempos. En 1969 Favio estrenó «El dependiente», basado en un cuento de su hermano y coguionista Zuhair Jury -también director, autor e intérprete-. La cinta fue catalogada por el entonces Instituto Nacional de Cinematografía -hoy Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales – INCAA- de «exhibición no obligatoria», significando la supresión del apoyo oficial argentino hacia el filme. Fue entonces cuando Favio, quizá motivado por las trabas económicas que el cine le estaba significando, decidió lanzarse sorpresivamente al canto profesional, cosechando un éxito que le permitió en numerosas oportunidades solventar gran parte de sus películas.

FUISTE MIA UN VERANO

De pequeño Favio aprendió a tocar guitarra, intercambiando clases por trabajo. Antes del reconocimiento solo cantó en reuniones íntimas, entre amigos y familiares. Su debut como cantante le llevó a «La Botica del Ángel», bajo la conducción de Eduardo Bergara Leumann. Ese mismo día un ejecutivo de la CBS le propuso grabar un disco, resultando su primer sencillo «Quiero la Libertad, un gran fracaso. La fonográfica entonces le aconsejó grabar «Fuiste mía un verano», referente de su primer álbum que llevaría el mismo título, en 1968. El disco resultó emblemático, constituyéndose en un lanzamiento de catálogo. La fama abatió un poco a Favio. De una vida más bien tranquila como director, pasó a un mundo mediático, lleno de fanáticos y conciertos continuados; tanto lo movió la fama que llegó a encerrarse durante meses en su departamento céntrico. Luego de grabar su segundo álbum, «Leonardo Favio», 1969,  y en pleno apogeo de su hit como cantante, dejó los escenarios para dedicarse por completo a su película «Juan Moreira», 1973. «Nazareno Cruz y el lobo», 1975, consolidó a Favio como director, siendo éste el filme más visto en la historia del cine argentino. En 1976, realizó «Soñar, Soñar», con Gian Franco Pagliaro y Carlos Monzón y, tras el golpe militar, se fue al exilio.

EXILIADO POR

LA DICTADURA

En 1976 dejó Argentina, exiliado por la dictadura que sacudió al país hasta 1983. Comenzó entonces una gira por América Latina, donde vivió casi dos años junto a su familia. Luego se estableció en Colombia, en la ciudad de Pereira, desde donde realizaba giras por varios países del mundo, interpretando sus canciones. De regreso en Argentina, año 1987, reinició su carrera como realizador cinematográfico, filmando «Gatica, el Mono», 1993, y continuó paralelamente la de cantautor, esta vez en giras más cortas debido al tiempo que le brindaba al cine. Entre 1996 y 1999 realizó un documental – sin estreno comercial-  titulado «Perón, sinfonía del sentimiento», relatando en cinco horas y cuarenta y cinco minutos la situación de Argentina entre la Primera Guerra Mundial -1914-1918- y la muerte de Juan Domingo Perón, 1974. Su última obra es «Aniceto», donde el propio Favio interpreta el tema que cierra el film, el que a su vez es obra de su hijo, el músico y compositor  Nico Favio, premio Clarín al artista revelación 2005.