Llega a Salto domingo 7 de abril “El sonido de los libros”

El domingo 7 de abril llega a Salto la propuesta intitulada “El sonido de los libros” orientada a bebés y niños en general.

A las 15 horas se recibirán a los bebés hasta 24 meses, los niños a partir de dos años a las 16,30 horas. El evento será en calle Córdoba 135. Por información comunicarse al 098185673.

En los últimos años, Gabriela Mirza y Santiago da Rosa han ofrecido una modalidad de taller que propicia el acercamiento vivencial de los bebés a los libros, con la música como elemento fundamental.
La pareja llevó a distintos rincones del país las bebetecas, ese concepto acuñado por Gabriela Mirza para designar esa situación tan particular, que propone un vínculo muy especial e intenso de los más pequeños con los libros, y se prepara para hacer lo propio con Cuna de libros, proyecto conjunto con Verónica Mariño y Natalia Castelo que ganó un fondo regional del Ministerio de Educación y Cultura, por lo que durante 2019 viajará por Colonia, Soriano, San José y Canelones. sonidos libros 001
Al mismo tiempo, en marzo dará inicio una nueva propuesta, El sonido de los libros, en el muy montevideano barrio Palermo, en Espacio Durazno (Durazno esquina Salto), una serie de encuentros en los que “nos abrazamos de una guitarra y de una canasta llena de libros para desatar un amor de humanos: el sonido de los libros”.
Esta nueva propuesta, que sigue la línea de las anteriores, plantea también matices propios. “Creamos esta actividad pensando en una secuencia de encuentros que tendrán lugar una vez por mes para compartir nuestra manera de aproximar los libros a los niños o los niños a los libros, que es desde su sonoridad, con las ilustraciones siempre muy presentes.
Buscamos cuál es el sonido que tiene para dar y lo musicalizamos como una manera de compartir que a nosotros nos motiva y nos resulta natural”, describe Mirza. Como siempre, manejar los imprevistos y estar dispuestos a dejar a un lado la planificación, por minuciosa que sea, son elementos imprescindibles.
“Trabajar con bebés es distinto de leer con niños más grandes, y está alucinante. Es algo muy vivo. Es inmediato: no hay manera de que estés con tu atención en otro lugar, tenés que estar muy presente. Nuestro entrenamiento consiste precisamente en estar completamente disponibles. Eso implica un gran desapego con respecto a lo que preparamos: preparamos millones de horas, de las que capaz que no usamos nada, y vamos dispuestos a que eso ocurra.
La atención de los bebés es como una ola que vamos llevando de acá para allá; no siempre quiere acompañar nuestro movimiento, entonces nosotros vamos hacia donde ellos van, esa es la manera que tenemos de tomar su atención.
No se puede pedir su atención ni que hagan silencio, te la tenés que ganar. Es como una conquista.
Es muy adrenalínico porque siempre es distinto; por más experiencia que tengas, nunca vas a tener la certeza de cómo van a reaccionar”, explica Mirza para describir las bebetecas, y ese espíritu se extiende a esta propuesta con niños más grandes, que se alimentará de sus intereses y de lo que surja en el trabajo colectivo.
La idea es darle continuidad a lo que se genera en los encuentros, dejar decantar aquello que germinó, que quedó latente en cada uno de los participantes.
“Con El sonido de los libros se retoma la esencia de lo que hacemos siempre, que consiste en buscarles la sonoridad a los libros, pero esta vez buscamos la continuidad, en una propuesta que consta de encuentros mensuales, desde marzo hasta noviembre.
La idea es retomar situaciones que tienen mucha intensidad y que quedan reverberando: es importante lo que pasa durante el mes, en todo ese tiempo en que no te ves; aquello que surgió en el taller queda dentro de cada uno, como en un espiral, y va adquiriendo forma, tomando cuerpo.
Es importante retomar ese lazo”, dice. Menciona, además, como una de las razones por las que eligieron trabajar con frecuencia mensual, que intentan “que no se vuelva una cosa rutinaria: a veces, cuando una actividad se fija en una grilla semanal termina volviéndose una tarea más.
No queremos eso”.
La idea es formar grupos estables con los que se trabajará durante el año, un sábado por mes, divididos en tres franjas etarias: con bebés (hasta cumplir los tres años) acompañados por un referente, de 16.00 a 17.30; niños y niñas de tres a seis años, de 11.00 a 12.30, y niños y niñas a partir de seis años, de 14.00 a 15.30.
La propuesta abarca este tiempo común, como también estímulos y materiales para ahondar en el lapso entre talleres.
También se ofrece un sistema de préstamos con libros especialmente seleccionados.
La expectativa, como de costumbre, es compartir un diseño de taller que se planifica pero es abierto: los participantes le darán forma de acuerdo con su individualidad, y en esa sorpresa radica buena parte del encanto de la propuesta.
“Lo que surja dependerá de los presentes, de lo espontáneo del momento.
Nos gusta leer el interés que hay en el grupo, que nos va a marcar el después, el devenir de los talleres, tanto en lo temático como en los autores con los que propongamos trabajar”, dice Mirza. Por otra parte, destaca que se trata de un espacio de creación que “no vivimos como espectadores, sino que se construye entre todos una nueva visión” que dependerá de las diversas lecturas.
Uno de los tipos de textos preferidos para el trabajo con los más chiquitos son las canciones de cuna.
Mirza menciona, sin intentar ser exhaustiva, sólo a modo de ejemplo de por dónde van a ir, algunos de los autores que eligen para trabajar: Didi Grau, Paloma Valdivia, Suzy Lee, Anthony Browne, Mercedes Calvo, Gonzalo Moure, etcétera. Y también destaca, aunque resulte paradójico, “los libros mudos, a los que les hemos buscado la vuelta: nos atraen porque al no tener texto nos permiten dar rienda suelta”. Aunque la experiencia con los más pequeños quizá sea la más aceitada, Mirza manifiesta gran expectativa con respecto al trabajo con los más grandes: “Queremos compartir alguna novelita, un texto más extenso, que vaya avanzando en el transcurso de los meses; Graciela Montes y Magdalena Helguera son dos autoras con títulos que me gustan para esto, aunque, claro, dependerá del interés de los niños que vengan.
En ese caso, el trabajo requiere un ida y vuelta. Cuando los personajes empiezan a crecer acompañan al grupo, se produce algo diferente a la lectura en solitario, porque es una lectura que se va moldeando en la medida en que se comparte”.