López Obrador, el funambulista

Crónica de un viaje al corazón de México (Por Salomón Reyes)

En la sala de prensa del Palacio Nacional, sede del gobierno mexicano, a las 7 de la mañana ocurre un curioso fenómeno de comunicación política. Ahí, en una sala abarrotada por unos 70 representantes de medios mexicanos y extranjeros, se llevan a cabo ‘las mañaneras’ como las llaman de forma pícara, a las conferencias de prensa que el presidente Manuel López Obrador ofrece todos los días. AMLO
La puesta en escena es austera. López Obrador se acerca hasta un atril moderno y con su pausado ritmo, a veces exasperante, desgrana la información que considera oportuna y crucial. En cada conferencia, al lado del estrado, aparecen sentados en sillas modestas, funcionarios de distinto rango que completarán la información, darán respuestas y aclaraciones sobre su área o cartera. A veces se da el caso que aprovechando su presencia, el presidente les da instrucciones para atender asuntos que surgen ahí mismo.
Pero López Obrador ya viene encarrerado. Su actividad real comienza una hora antes. Cuando se reúne a las 6 am con su gabinete de seguridad para ponerse al día sobre los temas que tienen que ver con la delincuencia y la violencia del país.
Pero una cosa es el orden del día que propone el gobierno y otra muy distinta los temas que se derivan en la interacción con los medios. La conferencia se va flexibilizando, hay momentos ásperos, espacios volátiles, cansados y también divertidos. Obrador no le saca el cuerpo a ningún tema por más escabroso e incómodo que le resulte. Incluso sonríe cuando la pregunta del periodista no parece pregunta sino crítica destructiva.
Para muchos, ‘las mañaneras’ son una forma útil y práctica de dictar la agenda a los medios y de ahorrar tiempo durante las actividades del resto del día de la presidencia. Para otros, es una forma demagógica y autoritaria del actual mandatario mexicano.
Lo cierto es que lo que está ocurriendo en México es inédito. Hay un estilo y forma diferente de encarar la dura tarea de resolver la vida compleja de un país incontenible.
En el Río de la Plata, la figura de Obrador se mira como un representante del socialismo latinoamericano, muy emparentado al chavismo, pero AMLO es mucho más complejo que eso. Ante todo es un discípulo de las ideas republicanas de finales del siglo XIX. Su ideología tiene su origen en los postulados que dieron forma a la fundación de la nación mexicana. Cita con frecuencia y de memoria, postulados y pasajes de Juárez1, Madero2 y Lerdo de Tejada3, entre otros. Presidentes mexicanos que construyeron parte de nuestra identidad.
La comparación con José Mujica es inevitable. Ambos con lecturas suficientes para desacomodar cabezas; con austeridad republicana visible; con frases en la lengua que vuelven locos a los medios y ambos, cargando a cuestas el odio acérrimo de la oposición y la clase media que, miran incómodos su desfachatez.
En las conferencias de prensa, Obrador siempre termina por dominar a su audiencia. Se permite ironías, bromas y hasta se da el tiempo de dar clase de historia. En los 8 meses de gobierno también Obrador aprendió a no comprometerse. Ante la pregunta sobre el triunfo de los Fernández en las PASO argentinas, respondió que México practica la no injerencia y respeta la autodeterminación de los pueblos. Otro principio juarista del siglo XIX.
Sobre los periodistas que asisten, se ha dicho que son elegidos, que se seleccionan para hacer preguntas a modo. Por eso no es raro escuchar a periodistas ‘chupamedias’. No obstante, en la práctica, López se encarga de romper el protocolo todo el tiempo, dándole la palabra a periodistas que buscarán enredarlo o comprometerlo. En esa sala se han escuchado preguntas atrevidas, insolentes y hasta violentas. – Eso si calienta – respondió esta semana AMLO, ante un caso judicial complejo en donde el periodista sugería que el gobierno no estaba actuando correctamente.
Las conferencias a veces son largas y aburridas pero el ejercicio que hace Obrador todas las mañanas es parecido a un funambulista. Recorre el cable de un lado a otro con el riesgo latente de caerse. Sin embargo, todos los días él mismo decide cuando termina el acto y sale de la sala para ponerse un día más, a salvo. Debajo del cable, quedan los susurros de la estafa maestra, los periodistas muertos, los narcos y algunos temas más.
No es viable juzgar aún los resultados del gobierno de Obrador, que por otro lado, cualquier presidente que intente meter en cintura a un pueblo tan ingobernable, siempre estará en problemas, pero en mi corto tiempo de observación atestigüé 4 cosas: hay cientos de empresas nuevas ofreciendo empleo; el dólar en un mes bajo un peso; no sufrí ningún acto delincuencial y hay una sinfonía de quejas en contra del gobierno.
Quizá sea muy poco, lo sé, pero son cosas que hoy en el Río de la Plata, al menos las tres primeras, nos vendrían bien. La última es inmutable.