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Luisa Curú: un cuento de Mercedes Milans Correa

Rescatamos un pasaje de la vida de Luisa Medina, la Curú protagonista de un hecho acaecido en “la Redota”, que pinta el desorden moral en que se incurría en esta circunstancia.
En San José de Mayo se iniciaba la marcha hacia el norte, que los criollos llamarían “La Redota”.
Un cordobés de nombre Juan Gallardo aunque no tenía mayor interés en plegarse a ella, al enterarse que la mujer que le robaba el sueño se iba también,  se ve en el apuro de la urgencia y roba  una carreta. En ella lleva a la mujer, Luisa Curú, al marido de ésta y sus tres hijos menores, frutos del sagrado matrimonio. En el largo trayecto de días y noches, calurosas, agobiadoras, en el diario contacto, la pasión de Gallardo por la mujer, fue creciendo de forma incontrolable
Tuvo el tiempo suficiente para enamorarla, haciéndola olvidar, en su locura, al marido allí presente y lo más grave, a sus tres hijos. La Curú fue cediendo a la pasión que provocaba su belleza de diosa, su cutis terso, transparente y suave cual pimpollo en flor. Ya no eran solo miradas, roces, insinuaciones, sino que aprovechan cualquier ocasión que se les brinda entre la muchedumbre, para unirse en los montes.
Así iban las cosas, hasta que una noche en que todos dormían, Gallardo roba dos caballos y con la complicidad del sueño de los inocentes, se fugan subrepticiamente. Fue una carrera desenfrenada como el amor que los unía. El retumbar de los cascos de los caballos era ahogado por los latidos de sus corazones, ardientes brasas que solo se apagaban al unirse los amantes. Infierno y cielo de egoísta y desgraciado amor.
Galopan alucinados cruzando campos, arroyos, montes…
Él, para que ella no piense y pueda arrepentirse. Ella, loca de miedo de que el marido la siga, ya perdida toda conciencia de esposa y de madre. Al llegar al Sur del Cerro de Vera, Gallardo es mortalmente herido por los hombres del Virrey Elío, y la Curú es tomada prisionera: nadie tuvo el valor de herir a una mujer tan bella. Es llevada ante los Jueces y el Tribunal muestra toda su severidad para condenarla. Pero ella al ser juzgada, llora, gime y desgarrándose la blusa muestra sin pudor, su bello pecho desnudo, para hacer ver su desgracia en tan mal nacido amor, mientras dos trémulas palomas muestran todo su candor.
Y es tan bello lo que miran los Jueces en la mujer, que olvidando su poder, la perdonan prestamente, sin dejar de encomendar: es por tu marido y tus hijos, vuelve a ellos, que ya no te condenamos.
Era tan dulce su rostro y su mirada tan pura, su talle fino, cimbreante,  toda ella era hermosura y su nombre perfumado, quedó flotando en el aire… musical: ¡Luisa Curú! Que es “pimpollo” en guaraní.
Mercedes
Milans Correa

Rescatamos un pasaje de la vida de Luisa Medina, la Curú protagonista de un hecho acaecido en “la Redota”, que pinta el desorden moral en que se incurría en esta circunstancia.

En San José de Mayo se iniciaba la marcha hacia el norte, que los criollos llamarían “La Redota”.

Un cordobés de nombre Juan Gallardo aunque no tenía mayor interés en plegarse a ella, al enterarse que la mujer que le robaba el sueño se iba también,  se ve en el apuro de la urgencia y roba  una carreta. En ella lleva a la mujer, Luisa Curú, al marido de ésta y sus tres hijos menores, frutos del sagrado matrimonio. En el largo trayecto de días y noches, calurosas, agobiadoras, en el diario contacto, la pasión de Gallardo por la mujer, fue creciendo de forma incontrolable

Tuvo el tiempo suficiente para enamorarla, haciéndola olvidar, en su locura, al marido allí presente y lo más grave, a sus tres hijos. La Curú fue cediendo a la pasión que provocaba su belleza de diosa, su cutis terso, transparente y suave cual pimpollo en flor. Ya no eran solo miradas, roces, insinuaciones, sino que aprovechan cualquier ocasión que se les brinda entre la muchedumbre, para unirse en los montes.

Así iban las cosas, hasta que una noche en que todos dormían, Gallardo roba dos caballos y con la complicidad del sueño de los inocentes, se fugan subrepticiamente. Fue una carrera desenfrenada como el amor que los unía. El retumbar de los cascos de los caballos era ahogado por los latidos de sus corazones, ardientes brasas que solo se apagaban al unirse los amantes. Infierno y cielo de egoísta y desgraciado amor.

Galopan alucinados cruzando campos, arroyos, montes…

Él, para que ella no piense y pueda arrepentirse. Ella, loca de miedo de que el marido la siga, ya perdida toda conciencia de esposa y de madre. Al llegar al Sur del Cerro de Vera, Gallardo es mortalmente herido por los hombres del Virrey Elío, y la Curú es tomada prisionera: nadie tuvo el valor de herir a una mujer tan bella. Es llevada ante los Jueces y el Tribunal muestra toda su severidad para condenarla. Pero ella al ser juzgada, llora, gime y desgarrándose la blusa muestra sin pudor, su bello pecho desnudo, para hacer ver su desgracia en tan mal nacido amor, mientras dos trémulas palomas muestran todo su candor.

Y es tan bello lo que miran los Jueces en la mujer, que olvidando su poder, la perdonan prestamente, sin dejar de encomendar: es por tu marido y tus hijos, vuelve a ellos, que ya no te condenamos.

Era tan dulce su rostro y su mirada tan pura, su talle fino, cimbreante,  toda ella era hermosura y su nombre perfumado, quedó flotando en el aire… musical: ¡Luisa Curú! Que es “pimpollo” en guaraní.

Mercedes Milans Correa

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