Mañana se cumplen los 10 años del fallecimiento del recitador Nico Cunha

El 6 de noviembre del presente año, se cumplen 10 años de la desaparición física del Recitador Criollo, Nico Cunha.
Su apego incondicional a la literatura gauchesca, su convicción idealista de los más altos valores humanos, lo llevaron a recorrer la vida de una forma única e irrepetible.
Supo llevar a los mejores poetas de la región, como Osiris Rodríguez Castillo, Wenceslao Varela, Yamandú Rodríguez, a festivales como Durazno, Cerro Largo, Treinta y Tres y Artigas, representando a Salto.
Fue la fonoplatea de Radio Cultural, única en el interior del país, la que domingo a domingo encendía ese inolvidable “Fogón de los de Viana”.
Defender y difundir el recitado criollo era una tarea más que difícil, no la absorbían los medios masivos de comunicación, y no la tomaban los grandes fenómenos culturales, el trabajo era doble, había que luchar contra el olvido y el desconocimiento.
A pesar de ello, la defensa del género y la certeza de que llevarlo a lo más alto, iba mucho más allá, que defender la identidad nacional; era una consigna de lucha.
La filosofía y la historia encontraron en él, un apasionado lector.
Una vasta biblioteca de los clásicos autores de todos los tiempos, era su mayor tesoro.
Su pasión por la natación, y el disfrute tan simple del sol, le permitieron vivir cada día como único.
En tiempos tan materialistas, el desapego de lo mundano, pudo permitirle abrazar las letras y la retórica como expresión insalvable en su ADN intelectual.
Su amistad con Abel Soria y Julio Gallegos, llenó las noches de charlas sobre literatura y poesía.
Su admiración expresa por las figuras más relevantes de la política nacional, como Enrique Erro, Zelmar Michellini y Wilson Ferreira Aldunate, entre otros, le permitieron ver en el fenómeno político al hombre capaz de transmitir una idea a través de la palabra.
Quien supo conocerlo, descubrió en él, su bondad infinita, que hacía incapaz de pensar siquiera, en actos mezquinos capaz de ofender al otro.
Carlos Gardel, Alberto Castillo, Agustín Magaldi, y Julio Sosa, fueron su música preferida, el habitante de su radio a pilas, que llevaba siempre consigo, para no perder tiempo alguno en disfrutar de sus creaciones.
Imitarlos era su mayor hobby.
Difundirlos con su oído privilegiado, era su mayor afán.
Su memoria envidiable le permitió recordar tangos, milongas y poesías en cada instante del día.
Un estilo de ver la vida muy distinta al resto de los mortales, ni mejor ni peor, lo llevaron a disfrutar con aspectos absolutamente intangibles, cada minuto de su pasaje por este mundo.
Nada fue más importante que aprender, que estudiar, que disfrutar del agua y del sol, que charlar sobre literatura, filosofía o historia, que encontrar en sus semejantes la pasión por la música y el canto, que escribir sus décimas sobre la vida. No hubo nada más importante que creer en el amor y la pasión como fuente de vida.

El 6 de noviembre del presente año, se cumplen 10 años de la desaparición física del Recitador Criollo, Nico Cunha.

Su apego incondicional a la literatura gauchesca, su convicción idealista de los más altos valores humanos, lo llevaron a recorrer la vida de una forma única e irrepetible.

Supo llevar a los mejores poetas de la región, como Osiris Rodríguez Castillo, Wenceslao Varela, Yamandú Rodríguez, a festivales como Durazno, Cerro Largo, Treinta y Tres y Artigas, representando a Salto.

Fue la fonoplatea de Radio Cultural, única en el interior del país, la que domingo a domingo encendía ese inolvidable “Fogón de los de Viana”.

Defender y difundir el recitado criollo era una tarea más que difícil, no la absorbían los medios masivos de comunicación, y no la tomaban los grandes fenómenos culturales, el trabajo era doble, había que luchar contra el olvido y el desconocimiento.

A pesar de ello, la defensa del género y la certeza de que llevarlo a lo más alto, iba mucho más allá, que defender la identidad nacional; era una consigna de lucha.

La filosofía y la historia encontraron en él, un apasionado lector.

Una vasta biblioteca de los clásicos autores de todos los tiempos, era su mayor tesoro.

Su pasión por la natación, y el disfrute tan simple del sol, le permitieron vivir cada día como único.

En tiempos tan materialistas, el desapego de lo mundano, pudo permitirle abrazar las letras y la retórica como expresión insalvable en su ADN intelectual.

Su amistad con Abel Soria y Julio Gallegos, llenó las noches de charlas sobre literatura y poesía.

Su admiración expresa por las figuras más relevantes de la política nacional, como Enrique Erro, Zelmar Michellini y Wilson Ferreira Aldunate, entre otros, le permitieron ver en el fenómeno político al hombre capaz de transmitir una idea a través de la palabra.

Quien supo conocerlo, descubrió en él, su bondad infinita, que hacía incapaz de pensar siquiera, en actos mezquinos capaz de ofender al otro.

Carlos Gardel, Alberto Castillo, Agustín Magaldi, y Julio Sosa, fueron su música preferida, el habitante de su radio a pilas, que llevaba siempre consigo, para no perder tiempo alguno en disfrutar de sus creaciones.

Imitarlos era su mayor hobby.

Difundirlos con su oído privilegiado, era su mayor afán.

Su memoria envidiable le permitió recordar tangos, milongas y poesías en cada instante del día.

Un estilo de ver la vida muy distinta al resto de los mortales, ni mejor ni peor, lo llevaron a disfrutar con aspectos absolutamente intangibles, cada minuto de su pasaje por este mundo.

Nada fue más importante que aprender, que estudiar, que disfrutar del agua y del sol, que charlar sobre literatura, filosofía o historia, que encontrar en sus semejantes la pasión por la música y el canto, que escribir sus décimas sobre la vida. No hubo nada más importante que creer en el amor y la pasión como fuente de vida.