Memorias de un gran día

Hace 25 años (1988), Mons. Carlos Nicolini, Obispo Coadjutor de Salto entonces,  nos había “apurado” a Enrique Correa y a mí, porque quería que los Diáconos del Papa, en su Visita a Salto, fueran diocesanos.  Nos hizo hacer el Mes de Ejercicios en la Casa San José y nos sacó decididos, en tercero de teología, a ordenarnos durante la Misa Crismal.
Diez años antes, en 1978 yo estaba trabajando en el Citibank de la Ciudad Vieja de Montevideo. Salí de trabajar una noche de octubre y compré el diario ( “El Diario”, recuerdo). En la tapa,  en blanco y negro, la foto del nuevo Sucesor de Pedro, Karol Wojtyla, polaco,  desde entonces Juan Pablo II. Me impresionó tan bien que recuerdo haber pensado “ este va a ser un buen Papa” …su rostro tenía firmeza, personalidad, carácter, fe”….
¿Quién iba a decir que diez años después estaría sirviendo el Altar en Salto durante su visita?
Puedo decir que fue el Papa de mis años de Seminario, el Papa de mi vida de Cura hasta hace muy poco.  ¡Santo Varón! Hombre de Dios como pocos!
En la Sacristía, de la Casa de Cujó,  estábamos todos expectantes de su llegada. El Parque Mattos Netto estaba lleno de una multitud entusiasta de fieles, muchos de los cuales habían pasado la noche de Vigilia.  En la Sacristía el P. Pancho, nervioso, acomodaba todo. Los Obispos y Presbíteros esperaban en fila a los costados del camino de entrada.
Días, semanas antes, me las había ingeniado para aprenderme algún saludo en polaco con un compañero de estudios de ese origen. Me lo repetía interiormente hasta que lo aprendí. En Florida, donde también había servido como Diácono, creo habérselo dicho al Papa, pero en Salto, cuando entraba fue dónde tuve su respuesta. “Vitame chen oichez vente”, le dije, en mi bien aprendido saludo (“sea bienvenido Santo Padre”) a lo que él me contestó “¿polaco?” , “no, uruguayo” y ahí quedamos presentados en Salto.
Recuerdo bien la discusión por la Casulla (la vestimenta que cubre al celebrante de la Misa) entre el P. Pancho y el Maestro de Ceremonias del Papa. Había una confeccionada acá, por artesanas locales y otra la que estaba dispuesta por el Ceremonial, que luego quedó en la Diócesis de regalo. Lo cierto que pulseaban hasta que intervino Juan Pablo II y dijo claramente que usaría la vestimenta local. ¡Pastor el hombre!
La entrada al Altar fue impresionante, conmovedora todavía, El Papa vivía intensamente la Misa pero vivía tan intensamente su relación con la gente que celebraba con él. ¡No vivía en una “isla espiritual”!
Me tocó leer el Evangelio ese día. Hago memoria de las palabras de bienvenida de Marcelo (Mons. Mendiharat), el texto de Isaías y el Evangelio (“me envió a anunciar la Buena Noticia a los pobres” y la multiplicación de los panes) y la homilía del Santo Padre sobre la Nueva Evangelización ( nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión)… ¡Todavía estamos en eso! Ahora, gracias a Dios,  ¡Francisco nos da un “empujoncito” más!
Cada tiempo tiene su visita de Dios, su Palabra “hecha carne” en hombres y mujeres concretos.  Hay que estar atentos, abrir los ojos y los oídos…¡No dejar pasar la oportunidad!
Dos cositas más. Durante la Misa  apareció un cartel enorme que decía “DIGA ADOLESCENTES”. El Papa lo vió, preguntó y dijo “ADOLESCENTES”, para alborozo generalizado de los mismos y sonrisa alegre de todos.
Años más tarde me encontré, cuando fui a estudiar a Roma con otro Wojtyla. Me encontré con sus libros, con sus textos profundamente personalistas, con su pensamiento ordenado.
Agradezco a Dios por haberlo conocido en mi tiempo, a este hombre, al que pensándolo bien, no estaría nada mal hacerle un monumento ahí en el mismo lugar donde nos visitó a todos.
Fernando
Pigurina

Hace 25 años (1988), Mons. Carlos Nicolini, Obispo Coadjutor de Salto entonces,  nos había “apurado” a Enrique Correa y a mí, porque quería que los Diáconos del Papa, en su Visita a Salto, fueran diocesanos.  Nos hizo hacer el Mes de Ejercicios en la Casa San José y nos sacó decididos, en tercero de teología, a ordenarnos durante la Misa Crismal.

Diez años antes, en 1978 yo estaba trabajando en el Citibank de la Ciudad Vieja de Montevideo. Salí de trabajar una noche de

<p>El entonces Diácono Fernando Pigurina –hoy Párroco de la Catedral de Salto- en la lectura del Evangelio.</p>

El entonces Diácono Fernando Pigurina –hoy Párroco de la Catedral de Salto- en la lectura del Evangelio.

octubre y compré el diario ( “El Diario”, recuerdo). En la tapa,  en blanco y negro, la foto del nuevo Sucesor de Pedro, Karol Wojtyla, polaco,  desde entonces Juan Pablo II. Me impresionó tan bien que recuerdo haber pensado “ este va a ser un buen Papa” …su rostro tenía firmeza, personalidad, carácter, fe”….

¿Quién iba a decir que diez años después estaría sirviendo el Altar en Salto durante su visita?

Puedo decir que fue el Papa de mis años de Seminario, el Papa de mi vida de Cura hasta hace muy poco.  ¡Santo Varón! Hombre de Dios como pocos!

En la Sacristía, de la Casa de Cujó,  estábamos todos expectantes de su llegada. El Parque Mattos Netto estaba lleno de una multitud entusiasta de fieles, muchos de los cuales habían pasado la noche de Vigilia.  En la Sacristía el P. Pancho, nervioso, acomodaba todo. Los Obispos y Presbíteros esperaban en fila a los costados del camino de entrada.

Días, semanas antes, me las había ingeniado para aprenderme algún saludo en polaco con un compañero de estudios de ese origen. Me lo repetía interiormente hasta que lo aprendí. En Florida, donde también había servido como Diácono, creo habérselo dicho al Papa, pero en Salto, cuando entraba fue dónde tuve su respuesta. “Vitame chen oichez vente”, le dije, en mi bien aprendido saludo (“sea bienvenido Santo Padre”) a lo que él me contestó “¿polaco?” , “no, uruguayo” y ahí quedamos presentados en Salto.

Recuerdo bien la discusión por la Casulla (la vestimenta que cubre al celebrante de la Misa) entre el P. Pancho y el Maestro de Ceremonias del Papa. Había una confeccionada acá, por artesanas locales y otra la que estaba dispuesta por el Ceremonial, que luego quedó en la Diócesis de regalo. Lo cierto que pulseaban hasta que intervino Juan Pablo II y dijo claramente que usaría la vestimenta local. ¡Pastor el hombre!

La entrada al Altar fue impresionante, conmovedora todavía, El Papa vivía intensamente la Misa pero vivía tan intensamente su relación con la gente que celebraba con él. ¡No vivía en una “isla espiritual”!

Luego del  saludo en polaco a Juan Pablo II, la sonrisa y  el servicio como diácono en el altar.

Luego del saludo en polaco a Juan Pablo II, la sonrisa y el servicio como diácono en el altar.

Me tocó leer el Evangelio ese día. Hago memoria de las palabras de bienvenida de Marcelo (Mons. Mendiharat), el texto de Isaías y el Evangelio (“me envió a anunciar la Buena Noticia a los pobres” y la multiplicación de los panes) y la homilía del Santo Padre sobre la Nueva Evangelización ( nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión)… ¡Todavía estamos en eso! Ahora, gracias a Dios,  ¡Francisco nos da un “empujoncito” más!

Cada tiempo tiene su visita de Dios, su Palabra “hecha carne” en hombres y mujeres concretos.  Hay que estar atentos, abrir los ojos y los oídos…¡No dejar pasar la oportunidad!

Dos cositas más. Durante la Misa  apareció un cartel enorme que decía “DIGA ADOLESCENTES”. El Papa lo vió, preguntó y dijo “ADOLESCENTES”, para alborozo generalizado de los mismos y sonrisa alegre de todos.

Años más tarde me encontré, cuando fui a estudiar a Roma con otro Wojtyla. Me encontré con sus libros, con sus textos profundamente personalistas, con su pensamiento ordenado.

Agradezco a Dios por haberlo conocido en mi tiempo, a este hombre, al que pensándolo bien, no estaría nada mal hacerle un monumento ahí en el mismo lugar donde nos visitó a todos.

Fernando Pigurina







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...