Merece que Ud. invierta unos minutos de su tiempo…

Brasileño, autor de cincuenta y tres libros editados en Brasil y el exterior. Frei Betto ganó en 1982 el Jabuti, principal premio literario de su país…
De su autoría y aportado por el Esc. Enrique Cesio nos llegan  las reflexiones que entendemos merecen que distraigamos unos minutos de nuestras actividades diarias para analizarlas.
Al  viajar por el Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet,  en Mongolia, Japón y China.
Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.
El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares,  preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.
Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como  la compañía aérea ofrecía otro café, todos comían vorazmente.
Aquello me hizo reflexionar: «¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?»
Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté: «¿No fuiste a la escuela?»   Ella respondió: «No, voy por la tarde.»
Comenté: «Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde.»
«No», respondió ella, «tengo tantas cosas por la mañana…»
«¿Qué cosas?», le pregunté.
«Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación», y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada.
Me quedé pensando: «Qué pena, que Daniela no dijo: «¡Tengo clases de meditación!»
Estamos formando super-hombres y super-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.
Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio;  hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!
No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu.  Pienso que moriremos esbeltos: «¿Cómo estaba el difunto?».  «Oh, una maravilla, no tenía nada de celulitis!»
Pero cómo queda la cuestión de lo subjetivo? De lo espiritual? Del amor?
Hoy, la palabra es «virtualidad».  Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio,  sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado!  Todo es virtual.  Somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales.  Y somos también éticamente virtuales…
La palabra hoy es «entretenimiento»;  el domingo, entonces, es el día nacional de la imbecilidad colectiva.
Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea, imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla.
Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: «Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, usted será feliz!»
El problema es que, en general, no se llega a ser feliz!  Quienes ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un analista. O de medicamentos.  Quienes resisten,  aumentan su neurosis.
El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista.   Así,  se puede vivir mejor.  Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima y ausencia de estrés.
Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno.
En la Edad Media, las ciudades adquirían status construyendo una  catedral;  hoy, en Brasil, se construye un shopping-center.
Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo.  Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos de la calle, ni suciedad…
Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquela musiquinha de esperar dentista.
Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas.
Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos.
Si debe pagar con cheque post-datado, o  a crédito se siente en el purgatorio.
Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno…
Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald.
Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: «Sólo estoy haciendo un paseo socrático».  Delante de sus miradas espantadas, explico:
«Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas.  Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía: …
«Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no preciso para ser Feliz»!  (lo que indica  que este asunto viene de hace tiempo no?)
Dele a una persona una tajada de poder y sabrá quién es esa persona de hecho. El poder, al contrario de lo que se dice, no cambia a las personas: hace que se revelen. Es como el artista a quien faltaban pincel, tintas y tela, o el asesino que, finalmente, dispone de arma. El poder sube a la cabeza cuando ya se encontraba destilado, en reposo, en el corazón. Como el alcohol, embriaga y, a veces, hace delirar, excita la agresividad, derrumba escrúpulos. Una vez investida de la función o cargo, título o prebenda, la persona se cree superior y no admite que subalternos contraríen su voluntad, sus opiniones, sus ideas y sus caprichos.
Frei Betto, La mosca azul

Brasileño, autor de cincuenta y tres libros editados en Brasil y el exterior. Frei Betto ganó en 1982 el Jabuti, principal premio literario de su país…

De su autoría y aportado por el Esc. Enrique Cesio nos llegan  las reflexiones que entendemos merecen que distraigamos unos minutos de nuestras actividades diarias para analizarlas.

Al  viajar por el Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet,  en Mongolia, Japón y China.

Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.Frei-Betto

El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares,  preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.

Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como  la compañía aérea ofrecía otro café, todos comían vorazmente.

Aquello me hizo reflexionar: «¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?»

Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté: «¿No fuiste a la escuela?»   Ella respondió: «No, voy por la tarde.»

Comenté: «Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde.»

«No», respondió ella, «tengo tantas cosas por la mañana…»

«¿Qué cosas?», le pregunté.

«Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación», y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada.

Me quedé pensando: «Qué pena, que Daniela no dijo: «¡Tengo clases de meditación!»

Estamos formando super-hombres y super-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio;  hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!

No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu.  Pienso que moriremos esbeltos: «¿Cómo estaba el difunto?».  «Oh, una maravilla, no tenía nada de celulitis!»

Pero cómo queda la cuestión de lo subjetivo? De lo espiritual? Del amor?

Hoy, la palabra es «virtualidad».  Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio,  sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado!  Todo es virtual.  Somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales.  Y somos también éticamente virtuales…

La palabra hoy es «entretenimiento»;  el domingo, entonces, es el día nacional de la imbecilidad colectiva.

Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea, imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla.

Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: «Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, usted será feliz!»

El problema es que, en general, no se llega a ser feliz!  Quienes ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un analista. O de medicamentos.  Quienes resisten,  aumentan su neurosis.

El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista.   Así,  se puede vivir mejor.  Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima y ausencia de estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno.

En la Edad Media, las ciudades adquirían status construyendo una  catedral;  hoy, en Brasil, se construye un shopping-center.

Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo.  Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos de la calle, ni suciedad…

Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquela musiquinha de esperar dentista.

Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas.

Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos.

Si debe pagar con cheque post-datado, o  a crédito se siente en el purgatorio.

Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno…

Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald.

Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: «Sólo estoy haciendo un paseo socrático».  Delante de sus miradas espantadas, explico:

«Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas.  Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía: …

«Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no preciso para ser Feliz»!  (lo que indica  que este asunto viene de hace tiempo no?)

Dele a una persona una tajada de poder y sabrá quién es esa persona de hecho. El poder, al contrario de lo que se dice, no cambia a las personas: hace que se revelen. Es como el artista a quien faltaban pincel, tintas y tela, o el asesino que, finalmente, dispone de arma. El poder sube a la cabeza cuando ya se encontraba destilado, en reposo, en el corazón. Como el alcohol, embriaga y, a veces, hace delirar, excita la agresividad, derrumba escrúpulos. Una vez investida de la función o cargo, título o prebenda, la persona se cree superior y no admite que subalternos contraríen su voluntad, sus opiniones, sus ideas y sus caprichos.

Frei Betto, La mosca azul