Merendero «Luz del Barrio»: una proeza de chapa y cartón que ilumina el alma de niños carenciados

GCuando los vecinos se unen contra la pobreza

Andrea Severo, Matías Puigvert y Mónica Da Silva  son tres de los quince integrantes que conforman la Comisión del Barrio “La Humedad” y que llevan adelante  – contra viento y marea – el merendero “Luz del Barrio” que  es iluminado por la dedicación  de las madres, pues la rudimentaria  edificación ni siquiera cuenta con luz eléctrica.

Antes de contar con la más que precaria edificación de paredes de cartón – donde se les brinda alimento a más de setenta menores –  las valerosas mujeres, hondamente preocupadas por el déficit alimentario de los niños que son azotados por la torturante mano de la pobreza extrema, comenzaron a brindarles la merienda en las esquinas.

Los voluntarios de “Cine Galera” al tomar contacto cercano con la realidad, quedaron muy sensibilizados y organizaron la campaña para recolección de juguetes, ropa y alimentos para que los niños el próximo domingo puedan ser gratamente sorprendidos, el día que celebrarán en la parroquia barrial. Nuevamente se  pretende llegar al corazón de empresas y personas que puedan y deseen colaborar con juguetes, prendas de vestir y alimentos para que los niños  que concurren al comedor “Luz del barrio” puedan tener una Navidad memorable.

Las donaciones pueden ser dirigidas a  Avda. Paraguay 1183 o Errandonea 46. También pueden comunicarse al Cel 098 40 34 77.

Cuando llovía o hacía mucho frío, improvisaban un amparo de nylon, donde los niños iban pasando de a uno o bien se refugiaban en un techito de la casa de una vecina porque sí o sí la gurisada debía recibir el café con leche y galleta, que muchas veces sería la única ingesta del día… esa es la realidad de la gente pobre del asentamiento “La Humedad”.

“Comenzamos hace prácticamente dos años atrás, brindando la merienda en las esquinas, pues no contábamos con un lugar físico. Con la ayuda de los vecinos; uno nos prestaba sillas, otros mesas, conseguíamos una olla grande y así asistíamos a más de setenta chicos, pero la realidad es que son muchos más los que necesitan atención” – reveló Severo, que es la enfermera del barrio.

En mayo de este año consiguieron prestado por medio de Zulma Ifrán, vecina, un lugar de techo de chapa  y paredes de cartón para organizar la merienda.

Las necesidades son cada vez mayores y los recursos son escasos.

El sueño de esas sensibles personas es poder llegar a atender los niños de todo el barrio. Entre pasteleadas y rifas, se van aunando esfuerzos y la comisión trata de dividirse en varias puntas; desde lo prioritario hasta velar por la higiene del lugar.

“SIEMPRE APARECE UN ÁNGEL QUE NOS AYUDA”

La gente humilde fue donando cucharas, vasos y demás implementos que permitieron armar un equipo para la hora de la leche.

La donación de la leche hasta el momento proviene de Gonzalo Bisio – dueño de una empresa que funciona en la zona céntrica – que se mostró sensibilizado por la situación desde el principio.

Los bollos son donados por el Dr. José Martínez pero la buena voluntad de estas personas resulta insuficiente, dada la gran necesidad y la gran cantidad de niños que viven en contexto crítico, nos señalan.

En la zona se halla la Escuela No. 111 de Tiempo Completo, donde funciona un comedor. Pero al finalizar las clases, hasta que no comienza el Verano Solidario los escolares se quedan sin almuerzo.

En este momento el merendero puede darles la leche los miércoles, mientras que los sábados se les da el almuerzo y la merienda.

Los integrantes de la comisión están muy preocupados por la situación, pues desean que al menos los niños puedan recibir alimentos una vez por día.

“Los recursos hace tiempo que vienen menguando y muchas veces tenemos que poner de nuestro bolsillo para que muchos niños reciban su comida” – enfatizó Mónica.

Los vecinos están contentos y sorprendidos porque personas que no son del lugar – muchas de ellas están residiendo en el exterior – están haciendo sus aportes en pro de la obra.

CONTAR CON UNA EDIFICACIÓN PROPIA

La prioridad hoy – aparte de los alimentos – es poder tener un pequeño terreno para edificar un salón al que se le daría múltiples actividades: comedor, merendero, salón para realizar talleres y un espacio de Primeros Auxilios.

“Nuestra inquietud no se queda en darles solamente los alimentos a los niños, sino  en continuar con los talleres, realizar actividades didácticas, leerles cuentos, ayudarlos en los deberes y brindar charlas informativas, sobre todo para las madres adolescentes” – agregó Severo.

Muchas son las jóvenes muy jóvenes que tienen hijos pequeños y no se sabe a ciencia cierta si todas se controlan el embarazo.

Han hecho los trámites ante las autoridades municipales a efectos de conseguir un terreno para construir el salón, pero aún no han recibido respuesta.

“Luz del Barrio” es casi un milagro de paredes de cartón y techo de lata que sobrevive por la unión y hermandad existente entre vecinos, que saben de las estrecheces económicas y seguramente sueñan con que sus pequeños hijos puedan tener su juguete navideño.

Nosotros, desde nuestro lugar hacemos votos para que en ninguna mesa falte el pan en una noche tan especial y que el corazón solidario salteño vuelva a hacerse presente, como ya nos tiene acostumbrados.