“Mi Salto querido es un lugar al que siempre quiero volver”

Con la licenciada en Relaciones Internacionales Gessy Márquez

Si algunos de los lectores de EL PUEBLO llegan a utilizar los servicios del Aeropuerto Internacional de Carrasco, de regreso al país a través de alguna compañía aérea, su equipaje será controlado por funcionarios de Aduana en el Departamento de Arribos y Partidas. Es probable que en ese control nos encontremos a salteños desempeñando esa tarea; uno de esos coterráneos es Gessy Márquez Goncalves. Gessy Marquez
Apenas pasa la barrera de los treinta años, es licenciada en Relaciones Internacionales y la vida la encuentra formándose para avanzar y seguir trabajando de lo que le gusta. Estuvo a punto de ser becada para estudiar y trabajar en la sede de la Organización Mundial de Aduanas (OMA) en Bruselas y encaminar un proyecto en Japón. Vive en Montevideo hace quince años y está casada con Federico, pero no pierde de vista a su Salto natal. Sus sobrinos, especialmente, la mantienen pisando seguido suelo naranjero.
DEL COLEGIO A
LA UNIVERSIDAD
Gessy Márquez Goncalves nació en Salto el 14 de marzo nde 1986. Su vida ha transcurrido entre el Barrio San Martin, donde vivía con sus padres, y el barrio La Estrella, donde vivían sus abuelos maternos y tíos. “Mi educación comenzó en el jardín María Montesori”, que funcionaba frente al colegio salesiano. “De esta etapa recuerdo con mucho cariño a mi maestra Roxana. La primaria completa la realice en el Colegio Salesiano; al comenzar el liceo decidí cambiarme de colegio y al quedar sin lugar en el Colegio Sagrada Familia (SA.FA), tuve que inscribirme en el Liceo Nº 5. Allí sólo hice 1er año, cambiándome luego al SA.FA. Terminé 4to. año y como todos los de mi generación, comenzamos en el Liceo Nº 1; opté por hacer 5to. humanística y 6to. Derecho. Terminé el liceo con mucho éxito y me vine a Montevideo a comenzar mi carrera, Licenciatura en Relaciones Internacionales, en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (UDELAR).
LA FAMILIA
“Mi familia se compone de mis padres Nelson y Vivian, y mis dos hermanos Florencia y Diego. Mi mamá y mi hermano aún viven en Salto, y hoy tengo dos hermosos sobrinos, de parte de él, que amo con el alma. Mi papá vive en Fray Bentos desde hace un par de años. Y mi hermana estudia el Instituto Superior de Educación Física (ISEF) en Paysandú. Hoy también forma parte de mi familia mi esposo Federico”.
Nos dice que tuvo una “buena infancia”, de donde destaca a “dos personas fundamentales”, sus abuelos: “Vilma que nos dejó este año hace un par de meses y Bibiano. Ellos me mimaban y me cuidaban la mayor parte del tiempo. Con mi abuelo rezaba todas las noches y mi abuela era quien me hacía esa comida que mis padres no me dejaban comer. Era la primera nieta así como también la primera sobrina del lado materno así que podrás imaginarte que todo era por y para mí. Incuso mis tíos-padrinos me “adoptaron” como hija mientras no nació mi primo”.
ENTRE LA ESTRELLA
Y EL SAN MARTÍN
El Barrio la Estrella fue donde pasó sus mejores momentos como familia: “allí festejábamos las navidades y los años nuevos; en el frente de la casa de mis abuelos hacíamos una gran mesa para reunirnos; hasta veíamos a Papá Noel. La gente del barrio me vio correr, andar en bici, y con todos los vecinos éramos una gran familia”. De su otro barrio, el Barrio San Martín, también guarda gratos recuerdos: “ese fue y es mi barrio. Éramos muchos niños y adolescentes que nos juntábamos; a jugar a “la topa”, andar en patines y hasta salíamos en bicicleta en excursión hacia el Club Salto Grande, de donde la mayoría éramos socios. Allí pasábamos los veranos y yo tomaba clases de natación con el profesor Germán, uno de los pocos deportes que hice en mi vida. Mis primos también asistían al mismo club, éramos una cantidad de gurises divirtiéndonos; jugábamos a la paleta entre otras cosas. De verdad sabíamos pasar muy bien, nos sentíamos felices”.
SALESIANOS Y
SAGRADA FAMILIA
Del Colegio Salesiano recuerda las horas que pasaban jugando a “la quemada”, la Fiesta de las Naciones, “que la esperábamos todos los fines de año”. Fue una “buena época, allí tome mi primera comunión y conocí al Padre Carlos Bajac, un hombre fundamental en mi vida como católica”. Gessy nos indica que siempre dice que “en el SAFA me convertí en la persona que soy. Mis amigas, a quien les pertenece un pedazo de mi corazón, las hice en este colegio, y ellas son como mis hermanas. Somos amigas desde hace más de 15 años y como todo hemos pasado por altibajos, peleas, pero pese a todo seguimos juntas y sabemos que estamos las unas para las otras. Por otro lado en este colegio fui formando mi carácter y personalidad, tuve mis peleas con Dios y la vida, mi fé cayó pero ahí mismo volví a creer. Con estas mismas amigas tuve mis primeras salidas, paseos solas y travesuras… de grandes, pero así fue”.
ADIÓS MI SALTO
A los 17 años se fue de Salto para comenzar su carrera. “Siempre supe que quería estudiar algo relacionado con los países y el comercio, quería viajar, conocer nuevas culturas. En ese entonces estaba en curso la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la (Regional Norte de la) Universidad (de la República) en Salto pero no comenzaba nuevamente hasta que no finalizara la que había comenzado hacía dos años si mal no recuerdo. Así que no me quedó otra que mudarme a Montevideo. Con tan solo 17 años era una experiencia nueva y en ese entonces viajaba casi todas las semanas a ver a mi familia que tanto extrañaba. Por supuesto que con el paso de tiempo me fui adaptando, hasta que terminé mi carrera y me quedé a trabajar”.
EL MUNDO DEL
COMERCIO EXTERIOR
A comienzo de su carrera solo soñaba con concursar en el Ministerio de Relaciones Exteriores y hacer la carrera como diplomática. Hasta hizo una pasantía en el Consulado de España y concursó para ingresar a la Embajada Española en una oportunidad y para una de las agencias de cooperación en otra, quedando entre los 8 mejores de 400 que dieron las pruebas. Su carrera fue avanzando y fue descubriendo “el comercio exterior. Me fasciné por ese mundo, cambiando mi perspectiva profesional. Me capacité y especialicé en esta área y allí me quedé para nunca más salir. Me recibí, y un poco antes de eso ya estaba trabajando en una empresa en el departamento de comercio exterior. Las empresas en las que trabajé son Portvan e IPUSA; fue durante unos cinco años, realizando las más diversas tareas”.
DEL OTRO LADO
DEL MOSTRADOR
Hoy en día trabaja en la Dirección Nacional de Aduanas, en el Aeropuerto de Carrasco. En este trabajo “pude conocer el comercio exterior desde «el otro lado del mostrador». En la aduana he crecido profesionalmente, hoy me siento mucho más preparada; aunque no tengo la intención de salir de acá, sino concursar y hacer carrera aquí. El capacitarme en una de mis prioridades hoy en día, desde cursos de la propia aduana hasta cursos del BID y ALADI, en todas las materias de mi interés. Pongo mi mayor empeño y dedicación, hasta aprobé uno con mención de excelencia; de este modo me preparo también para las oportunidades que puedan surgir en la Aduana. De hecho hace un par de meses me presenté a un llamado de la Organización Mundial de Aduanas (OMA), que consistía en una carrera de 10 meses en Bruselas, al servicio de la OMA y una semana de preparación de un proyecto en Japón; fui seleccionada por nuestra Dirección Nacional y presentada como candidata junto con otros dos compañeros. Si bien, la OMA luego decidió no seleccionar a ninguno de los tres candidatos de Uruguay, para mí fue un inmenso orgullo el haber sido tenida en cuenta por el Director, significando que mi currículum y mi carrera son reconocidas por mi institución”.
SALTO QUERIDO
“Mi Salto querido es un lugar al que siempre quiero volver. Mis raíces, mi familia, mis amigos todo me hacen querer volver. Volví a vivir allá y estuve dos años pero lamentablemente hoy mis oportunidades laborarles y profesionales están aquí (en Montevideo). Pero no hay oportunidad que no aproveche para ir de visita. Mi Salto, así es y será siempre”.
ATARDECERES
0EN EL PUERTO
Si tuviera que elegir un lugar de Salto al que siempre volvería, ese es el puerto, “a ver los atardeceres”. Recordó que “en el SA.FA. teníamos un grupo de jóvenes, la mayoría aún son mis amigas, que éramos guiados por el hermano Javier (Gonzalez). Él nos enseñó lo que es la solidaridad y nos aconsejaba mucho en los primeros años aquí en Montevideo. Con él descubrimos lo bellos atardeceres de Salto, más que nada en el puerto. Cada vez que podíamos íbamos a contemplar y hacer una oración por lo que sea que «viniera a nuestra mente» decía el, una oración para agradecer ese día que se iba y pedir por el que venía. Sin duda las mejores anécdotas de mi juventud las viví en y con el colegio. Hacíamos misiones cada Semana Santa y las vacaciones de septiembre; recorríamos los barrios del Uruguay haciendo servicio; y un año nos tocó organizarla a nosotros en Salto, y en ese entonces pudimos conocer lugares como Colonia Lavalleja y sus alrededores como el Barrio las Flores. Son experiencias que me marcaron porque conocimos otras realidades de nuestro país y a su vez ayudábamos en lo que podíamos”.







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